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Refugio de rapaces de Montejo
COMENTARIOS DESDE EL REFUGIO
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uando escribo estas líneas, estoy agazapado bajo una piedra, junto con mis bártulos, en los altos sabinares del Refugio de Rapaces de Montejo, esperando que amaine una intensa lluvia que de momento me impide continuar con los censos de los pollos de los buitres, con los que llevo ya una semana y que aún me supondrán algunas semanas más en el Refugio este año, al igual que los diecisiete años anteriores. Estoy a varios kilómetros de cualquier casa o núcleo habitado, y el paisaje que se ve desde mi escondrijo, en el que he pasado la noche, rezuma belleza salvaje; con sol o con lluvia, es increíblemente hermoso. En estos momentos he recordado el artículo "Comentarios desde un refugio", que publicó el célebre naturalista Jesús Garzón Heydt, hace ya treinta años (en 1972) en la antigua revista de ADENA (núm. 5), dirigido a los miembros juveniles de la Asociación.
Al igual que él entonces, estoy escribiendo en parte para pasar el rato, mientras cantan el mirlo y el colirrojo tizón bajo la lluvia, pero también, por si estos comentarios pueden servir para que alguien pase un rato agradable con su lectura.

Como he indicado antes, todavía no he terminado los censos del presente año y, por tanto, no sé si aún saldrán más o menos pollos de rapaces que en los años anteriores, aunque los trabajos realizados por los guardas y por diferentes ornitólogos indican que los inicios de la temporada han sido muy buenos. (Hago un paréntesis para indicar que ahora mismo está cantando una totovía y se oyen cerca gorriones chillones.) Sin embargo los magníficos resultados habidos en Montejo en los últimos años (desde el retorno de la nutria y - antes- del águila real, hasta los intentos de instalación del corzo y el águila culebrera, pasando por las cifras más altas que conocemos para casi todas las rapaces diurnas nidificantes y para las aves acuáticas del embalse, las observaciones más frecuentes del buitre negro y del águila pescadora, y un largo etcétera) me obligan a compararlos con la situación de años anteriores, cuando además hubo que librar largas desagradables luchas para que el Refugio pudiera conservarse en las condiciones en que hoy lo conocemos (e incluso pudiera mejorar de forma natural). Tan solo ensombrece claramente este panorama (aparte de la evolución de unas cuantas especies, como, por ejemplo, el colirrojo real que parece que se observan mucho menos ahora que antes, aunque nunca parecieron abundantes) la desaparición del águila perdicera , cuya historia en estos parajes conocemos con bastante detalle y sin cuya presencia parece que estas tierras no son las mismas de antes. (No sabemos si algún año volverá la perdicera, a pesar de la disminución o desaparición de esta rapaz en otros muchos lugares de la meseta; pero para quienes la hemos seguido y hemos buscado sus nidos aquí, durante años, el Refugio entero parece reclamar su presencia.)
Sigue lloviendo. Cantan la tórtola y la paloma torcaz y gritan las chovas y otras aves. Y sigue cantando la totovía. También se escucha la voz de una lejana oropéndola, del próximo colirrojo tizón y del cuco.
Me viene a la memoria un recuerdo agradecido hacia todas las personas que han hecho posible la supervivencia del Refugio; desde el guarda Hoticiano Hernando (ahora guarda de Honor), cuyo trabajo callado y constante nunca será suficientemente elogiado, hasta los guardas Jesús Hernando y Juan Francisco Martín, que también están realizando una labor extraordinaria; pasando por los guardas anteriores y por muchos otros habitantes de los pueblos; sin olvidar el trabajo prolongado y generoso de varios centenares de naturalistas, y de bastantes otras personas, que también se esforzaron desinteresadamente para defender esta tierra.
(Ahora se oyen rabilargos, y también, el mirlo, el incansable colirrojo tizón, etc... y continúa la lluvia)

Pienso también en los Pioneros, desde Félix Rodríguez de la Fuente (que fue quien propuso el refugio, a comienzos de 1.974) hasta Francisco Ortíz de la Torre (entonces Secretario General de ADENA), que, junto con otros (alguno de los cuales ha muerto ya), y con la ayuda de las poblaciones de Montejo de la Vega (sobre todo) y de algunas localidades más y gracia a ADENA con la colaboración de diferentes entidades, consiguieron convertir en realidad aquel sueño, el Refugio de Rapaces. Viví aquella época, y puedo dar fe de la ilusión y de esperanzas que despertó este proyecto ente muchos defensores de la vida salvaje.
Varios años después, cuando gran parte de lo conseguido parecía hundirse, y la defensa del Refugio suponía casi un disgusto diario y parecía una batalla en algunos aspectos perdida, no podíamos imaginar que íbamos a llegar a la situación actual, que creo es, en muchos sentidos, y a pesar de todos los problemas que existen, posiblemente la mejor que hemos tenido nunca.
(Ahora canta un pinzón vulgar. Se sigue oyendo el colirrojo tizón. Ha graznado un cuervo, por el valle donde escuché esta noche al búho real. Canta de nuevo la totovía y se oye el reclamo de algún jilguero. Y prosigue la lluvia).
Por eso quisiera pedir, al que llegue a leer estas líneas, que cuando visite - si lo hace - el Refugio de Rapaces de Montejo y observe el vuelo de los buitres, o de alimoches y contemple los horizontes inmensos de los páramos o se adentre en los bosques de encinas o sabinas, y recorra las estepas cerealistas o los sotos y las vegas fluviales del Riaza, y vea las gargantas calizas de hoces y barrancos donde hay controlados cientos de nidos de aves de presa, que tenga asimismo un recuerdo agradecido hacia todas esas personas (unos habitantes de la zona, y otros de diferentes regiones) que trabajaron desinteresadamente, durante largos años, a menudo de forma anónima, para que él también pudiera disfrutar de este paraíso.

(Se ha oído una corneja. Continúan cantando el mirlo y el colirrojo tizón. Grazna de nuevo el cuervo. Canta un verdecillo, y la tórtola. Se escucha el estornino. Vuela algún buitre, a pesar de que sigue lloviendo con fuerza, sobre un paisaje cuajado de vida y belleza. El refugio es así, salvaje y fuerte. Y el que no lo acepte así, no lo podrá entender.)
Han pasado unas horas. Sigue la lluvia, pero ahora con bastante menos intensidad. Y debo salir, para continuar los censos. (ESCRITO EN 1992)
Texto de Fidel José Fernández y Fernández - Arroyo
Ornitólogo y Doctor en Matemáticas
Recientemente, el Dr. Fidel José Fernández y Fernández - Arroyo ha publicado el Nº 25 de la "HOJA INFORMATIVA SOBRE EL REFUGIO DE RAPACES DE MONTEJO" (112 páginas), dedicado sobre todo a las novedades relativas a las aves no paseriformes. Esta publicación puede comprarse (por cinco euros, más gastos de envío) en la Tienda Verde (Cl Maudes 23, 28003 Madrid; Telef. 91 535 38 10).
El texto sin las fotos está disponible también en Internet www.naturalicante.cjb.net en la misma página web, y también en la www.biologia.org , está disponible asimismo, en formato PDF, la "Breve reseña sobre la historia del Refugio de Rapaces de Montejo" (12 pág.).