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En Madrid
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Ruta del Cares
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El Cares y las tres capitales de los Picos de Europa
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ay una ruta clásica capaz de ser realizada por cualquier persona, siempre con un mínimo de condiciones físicas, incluso por niños; También últimamente vemos que hay quien la efectúa en bicicleta de montaña, a pesar de la dificultad de ir agachados en algún tramo y la bajada final que lo hace peligroso para efectuarlo en esta modalidad. Entre el equipo recomendado para realizarla es imprescindible llevar grandes dosis de amor por la naturaleza y dotar a la mente de un toque filosófico al contemplar el paisaje.
El equipo básico consistirá en una mochila (nunca bolsa de viaje). Si se realiza la travesía en primavera y otoño, habrá que ir preparado para la lluvia y el frío. Nos aprovisionamos de agua, comida de "ataque" y buen calzado apropiado para la actividad, como una buena bota de senderismo y calcetines dobles, bien ajustados para prevenir rozaduras. Comenzamos con paso pausado, pero sin pausa. Nos mentalizarnos suficientemente para saber contemplar el paisaje. Parar un minuto para oír crecer la hierba entre el rumoroso curso del Cares aguas abajo.
En este itinerario, denominado de la Ruta del Cares, uno de los de mayor belleza que pueden hacerse por cualquiera de nuestras montañas. En él, aúnan la riqueza ecológica de una naturaleza poco alterada por la acción del hombre y la grandiosidad de las formas del relieve que configuran una serie de paisajes realmente excepcionales. El itinerario se inicia en la capital del Concejo de Valdeón (León), situada a unos 900 metros sobre el nivel del mar y desciende por el valle que surca el río Cares hasta llegar a Poncebos, población esta del municipio de Cabrales (Asturias) que se encuentra a unos 300 metros sobre el nivel del mar, 21 kilómetros, aguas abajo. Normalmente se invierten unas 5-6 horas en efectuar el recorrido, siendo el mismo cómodo y sin dificultad al discurrir todo él por un camino que prácticamente sigue las curvas de nivel, si bien hay que señalar que durante una buena parte del trayecto, el que se corresponde con la magnifica garganta del río Cares, el camino se encuentra bordeado por una de sus márgenes por profundos cortados que confieren una gran vistosidad a este itinerario. Son de destacar en este recorrido puntos como: Los Llanos, Cordiñanes y Caín, el Mirador del Tombo, Las fuentes de Teja Oscura y los Castros, Las Invernales de Sesanes, Corona, San Tiján y las Vegas, El Chorco de los Lobos, el Río de la Peguera y "La Garganta Divina" del Río Cares.
Entre los macizos occidental y central de los Picos de Europa, se abre el Valle de Valdeón, surcado en toda su extensión por el río Cares, que pone así en comunicación las provincias de León y Asturias. Se trata de una zona de singulares características geológicas, orográficas y ecológicas, pues confluyen en ella los más diversos ambientes: abruptas cumbres calizas de los Picos de Europa, ambientes propios de ribera, frondosos bosques en los que es posible encontrar numerosas especies, tanto atlánticas como mediterráneas. Todo ello sin olvidar los asentamientos humanos, pequeños pueblos y aldeas dispersos por todo el Valle, que poco a poco van despertando del profundo aislamiento a que las difíciles condiciones del terreno les obligan. El impulso que están recibiendo desde hace algunos años hace que sean hoy una zona frecuentemente visitada por turistas y montañeros. No hay que olvidar la etimología de Valdeón que se piensa que tiene su origen en el vocablo "Con", que significa QUIETUD, nombre bien merecido por sus valores naturales y paisajísticos. Buena parte de los terrenos del Valle corresponden a espacios naturales protegidos. Así, la zona oriental del mismo pertenece a la reserva Picos de Europa, aunque ahora, al aunar los dos parques, todo se ha quedado en el parque Picos de Europa.
Aunque la ruta del Cares, propiamente dicha, parte de Caín según ciertas versiones, la dificultad de acceso hasta dicho pueblo obliga a iniciarla en Posada de Valdeón, centro neurálgico del Valle, hasta donde llegan los autocares. Esto incrementa el recorrido en unos 9 kilómetros, que no presentan absolutamente ninguna dificultad. De Caín hasta Puente Poncebos, en el Concejo asturiano de Cabrales, hay aproximadamente tres horas de camino, que discurre en todo momento por una senda trazada hace ya algunos años y que vino a sustituir a la primitiva que salvaba grandes desniveles y ofrecía considerables dificultades. Hay que destacar la importancia de este camino como vía de comunicación entre Asturias y León, ya que cuando las nieves cortaban la salida hacia el puerto del Pontón por el sur, la senda del Cares era la vía más rápida de acceso con Asturias. Dando entrada al Valle nos topamos con los imponentes murallones de los Picos de Europa. A nuestra izquierda, el Cornión, representado por el macizo de La Bermeja, con la Torre Bermeja (2393 m.), Torre Parda (2314 m.), Torre Ciega (2261 m.), Torres de Arestas. En él, el Horcado de Pambuches, por el que se accede al corazón del macizo. Por oriente, el Central nos muestra las Peñas Cifuentes, con El Friero (2445 m.) y Torre Salinas (2446 m.). Tras ellos, la Canal de Asotín y la amplísima Vega de Liordes. El Cares está perfectamente integrado en su entorno. Se encauza en la Hoyada de Valdeón, formándose de la conjunción de riegas y arroyos que discurren por los valles menores laterales. Pueden considerarse, sin embargo, sus más notables proveedores los manantiales de los Puertos de Freñana, en las estribaciones de Pico Gildar.
El Cares surca luego el Valle en dirección casi sur-norte, para empezar a encajonarse después de pasar Cordiñanes, hacia las Vegas de Corona, importante masa boscosa de la zona y lugar de su gran tradición histórica y religiosa. Por la Hoz, hasta llegar a Caín, atraviesa el fondo de un valle dominado en las alturas por empinados canales y los murallones y torres de los Picos. Desde aquí y tras ser parcialmente canalizado para la producción de energía eléctrica, el río discurre por un imponente cañón labrado hace miles de años, que sirve de frontera entre el macizo del Cornión y el de los Urrieles hasta llegar a Poncebos. Después, el río continua siempre serpenteando entre las estribaciones de los Picos para alcanzar el pueblo de Arenas de Cabrales, donde recibe las aguas del río Casaño y desde donde, forzado por la Sierra de Cuera, discurre en dirección este hasta Panes, vertiendo allí sus aguas al río Deva.
Desde su nacimiento a Caín, el río tiene aproximadamente 16 kilómetros; en la garganta recorre unos 10 kilómetros, algo menos que la senda; de Poncebos a Arenas, unos 5 kilómetros y hasta su desembocadura en Panes, algo más de 21 kilómetros. Para describir el camino partiremos de Posada de Valdeón, que como ya apunte anteriormente es el pueblo más importante del Valle. Ya en su plaza podemos observar algunos de los aspectos propios de la arquitectura popular de la montaña, pero si nos damos una vuelta por el pueblo apreciaremos muchos más detalles. Las casas, construidas tradicionalmente en piedra y madera, constan de dos pisos y un desván superior que ocupa el hueco del tejado, aunque las casas modernas presentan mayor altura, me lama la atención en la mayoría de ellas la existencia de un corredor, generalmente de madera, bajo el que queda protegida la puerta principal de la casa. Junto a la casa, los establos o cuadras y el hórreo, que da siempre una nota tan característica en todos los pueblos del norte de España. Bajo él, los aperos del campo y a veces el carro viejo que se empleaba para trasegar la hierba recién segada. Asociado siempre a núcleos humanos veremos el Avión Común y el Vencejo, de forma típica ahusada y fácilmente distinguibles entre sí por la diferencia de tamaño y la forma de la cola. Desde la plaza tomaremos el camino que sale a la izquierda y se dirige a Cordiñanes. Justo al salir de Posada entramos en Los Llanos y enseguida empiezan los prados de siega de donde se recoge la hierba que servirá de alimento para el ganado, cuando a finales de otoño se baje de los puertos altos de la montaña. Entre estos prados, que ocupan siempre las partes bajas del valle hasta el río, es frecuente que se dispongan algunos cultivos y huertos. Estos prados se mantienen siempre por influencia humana. Durante los meses de junio y principios de julio, los trabajos de siega y recogida de la hierba se convierten en la actividad predominante en el Valle. Son suelen ser de pequeño tamaño, ya que las laderas escarpadas y el río no permiten su expansión. Los prados de siega mencionados son de gran interés botánico. A finales del mes de mayo quedan cubiertos por multitud de flores. También son relativamente frecuentes algunas plantas de uso medicinal. Entre los prados, bordeándolos o a modo de linderos, encontramos setos naturales, que en muchos casos han sido talados. Son restos de la primitiva vegetación que desapareció por causa antropógena. Están formados principalmente por especies de porte arbóreo, como el avellano, siempre en forma de varas más o menos delgadas y de hojas grandes. Con ellos, fresnos, cerezos, chopos, algún sauce, así como matorrales espinosos, como zarzas, rosales silvestres, majuelos... Los setos sirven de refugio para buena parte de la avifauna asociada a estos prados, como son los escribanos, reyezuelos, pinzones, mosquiteros y carboneros, jilgueros, bisbitas, cucos, mirlos, etc. De gran interés en estos prados son los invertebrados, en especial los distintos ordenes de insectos que viven en ellos. Propias del borde del río son las saucedas, destacando en ellas una especie endémica de la Cordillera Cantábrica, el salix cantábrica. También crecen en ellos el aliso, conocido en estas zonas por humero.
Si lo tenéis a bien, permitirme que sea vuestro guía; pero por favor no tengáis prisa. Cinco o seis horas nos son suficientes para hacer el recorrido, o en más tiempo si la ocasión lo requiere. Lo importante es disfrutar a plenitud de su recorrido, recodo a recodo, paso a paso. Si deseáis correr lo podeís hacer, con chandal, calzado deportivo, agua y poco más que una excelente forma física, llegaremos en menos de la mitad de tiempo. Lo único que perderás la satisfacción de contemplar detalladamente todos los encantos de su recorrido. Eso va en mentalidad de cada uno, pero a la montaña no se va a competir, se va a disfrutar.
Prestad atención: El itinerario no presenta ninguna dificultad ni peligro, a pesar de existir precipicios a derecha e izquierda en el segundo tramo, por lo que es más aconsejable observar que correr. Mas que nada es necesario en verano hacer acopio de agua, pues aunque la tenemos a muchos metros en el río, escasea en el camino.
Es recomendable, aunque se discurra por la senda en "romería" efectuar el viaje en transporte colectivo, que nos deja al principio de la ruta recogiéndonos a la llegada, y así nos evita llevar al menos dos vehículos, y hacer mas kilómetros o desandar el camino nuevamente. Este itinerario es de sobra conocido por la veteranía montañera y cuando es para un fin de semana, si partimos de Madrid, por ejemplo, aconsejo realizarlo de la siguiente forma:
Salid el viernes por la tarde, no después de las 18 horas si es posible, tomando rumbo norte por la N-VI, con las paradas de rigor hasta Tordesillas. De allí por Medina de Rioseco a Mansilla de las Mulas, desviándonos en dirección a Riaño, y llegando antes a Cistierna donde pernocta, ya que con anterioridad habremos reservado plazas. Hay en esta localidad varios hostales muy aceptables y a buen precio al igual que en Riaño. Al fin y al cabo conviene descansar y dormir unas horas que os vendrán muy bien.
Es conveniente madrugar para cruzar Riaño sobre las 9. Vemos que no es el Riaño de siempre. Es un nuevo pueblo en una cota más alta con sus iglesias recuperadas y/o reconstruidas. Algo nuevo se respira en el pueblo. Sin duda alguna, y a pesar de estar en sus estribaciones, puede considerarse la capital leonesa de los Picos de Europa, muy cerca y en poco tiempo se llega al Puerto del Pontón, y rápidamente al otro próximo, Puerto de Panderrueda, antiguo collado y hoy puerto de montaña. El descenso se efectúa por una aceptable carretera bastante mejorada en los últimos tiempos, en la que toda precaución es poca, y más en los días de visibilidad reducida, pues lo más normal es encontrarse en ella ganado de tamaño aparente en medio de la misma, y dichos animales no llevan luz de gálibo ni de posición.

Bajando el puerto donde sus fuentes acuíferas están creando el río Cares, estamos a tiro de piedra de Capdevilla y Soto, que se deja a la izquierda, y se llega al punto de inicio de la ruta: Posada de Valdeón, donde tras un "tentempié" se inicia la andadura. Posada, un antiguo pueblo donde lo moderno no contrasta con lo genuino, este día posiblemente se cruzará bajo la lluvia a un lugareño calzando madreñas, cubierto con un negro y amplio paraguas que le protegerá del aguacero.
Se despide allí el autocar, que marcha con quien prefiera hacer un recorrido periférico de gran belleza pero carente de andadura, realizando así una excursión, panorámica, turística alternativa: Deshaciendo el camino hasta el Puerto del Pontón, a llegar hasta Oseja de Sajambre, y 35 kilómetros mas nos situarán en Cangas de Onís, donde se aconseja no perderse la visita a la Capilla de Santa Cruz, construida por Favila, sucesor de Pelayo, capilla levantada sobre un dolmen. Tal y como la vemos ahora es una reconstrucción del siglo XVII; y el puente romano que se considera el símbolo de la villa, una pequeña desviación ascendente nos puede llevar a Covadonga y siete kilómetros mas al lago Enól..
Cruzaremos Corao, pueblo ligado a una persona enamorada de los Picos de Europa que ocupa un lugar mítico en su historia reciente. Me refiero a Roberto Frasinelli Burnit, conocido por el sobrenombre del Alemán de Corao, que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, a él se deben importantes construcciones en la zona, inclusive el primer proyecto de una capilla (proyecto firmado por otros arquitectos) en la cueva de Covadonga y el principal impulsor de la consagración como santuario. La partida de defunción de Frasinelli se conserva en la iglesia parroquial de Corao, sus restos reposan monte arriba, en el cementerio de Abamia, donde casualmente se encuentra la tumba de Pelayo. Bajando y tomando la carretera de Covadonga se divisa el santuario. Impresionante visión de la Cueva Santa, donde se venera a la "Santina", que según nos cuenta la historia, aquel lugar fue el refugio y fortaleza de quienes protagonizaron la Reconquista. Solo nos queda recordar a los "veteranos" los grabados de los libros de texto donde don Pelayo y sus huestes lanzaban pedruscos a los sarracenos.
Volviendo a Cangas de Onís, se toma la carretera en dirección a Panes y se llega a las localidades asturianas de Carreña, Poo y Arenas de Cabrales, en ambos sitios se puede pernoctar en excelentes hoteles.

Pero no olvidemos Posada, donde se inicia la andadura; ahora a través del barrio de los Llanos, siguiendo el Cares que ya es mas río, recibiendo las aguas del arroyo Arenal. Cordiñanes está muy cerca y al igual que en Posada se pueden contemplar unos hórreos de estilo propio, ni asturianos ni gallegos, propios de la comarca de Valdeón. Salvando las grandes bajadas del camino llegamos a Cordiñanes, en la embocadura del Valle del Cares, al pie mismo del macizo central. A la salida dejamos un momento la carretera y justo antes del puente nuevo nos desviamos a la derecha y cruzamos el río por el puente viejo para salir al Mirador del Tombo Apenas veinte minutos después divisamos el mencionado Mirador del Tombo, coronado por la escultura en bronce de un rebeco, en su columna, también de bronce, el escudo de la R.S.E.A Peñalara, sociedad montañera de cuya cantera han salido y salen excelentes montañeros amantes de estas cumbres, El mirador queda situado a 830 metros de altitud. La caliza carbonífera se extiende prácticamente desnuda desde 600 ó 700 metros hasta las cumbres, formando paredes totalmente verticales en las que solo es capaz de desarrollarse una escasa vegetación rupícola, con plantas especialmente adaptadas a las duras condiciones reinantes en este tipo de hábitat. La fauna característica de este medio está representada por el rebeco, mamífero perfectamente adaptado a estas cumbres. La chova, el acentor alpino o el colirrojo tizón habitaran la pared y el treparriscos variara su hábitat en verano y en invierno, mostrando en cualquier caso su inconfundible plumaje rojizo. No será difícil observar algún buitre leonado o algún cernícalo que anide en pequeñas oquedades de la peña. Bajo este imponente farallón del macizo central se extienden casi hasta el río algunas praderias que la gente del lugar conoce como adras. Son los invernales de Fresnado. En ellas, fresnos y tilos aparecen siempre asociados a unas construcciones de piedra, los invernales, empleados para proteger al ganado durante el invierno. El mirador fue inaugurado en 1964 y se coloco en él, además de una placa dedicada a J.R. Lueje, gran conocedor de los Picos de Europa, un monumento al rebeco, que como ya vimos es la especie representativa de estas montañas. Vemos desde el mirador, el antiguo camino de Santiján que corría paralelo al río y que salvaba un fuerte desnivel en su ultimo tramo, antes de llegar a Cardiñanes, aliviado por su trazado zigzagueante. Podemos también distinguir sin problemas la Canal de Asotín, que da acceso, aunque dificultoso, al macizo central y por el que discurre la riega de Asotín, que vierte en el Cares.
. Bien vale la pena una pequeña parada o un pequeño descanso para contemplar el entorno. Si el día es claro un mapa en relieve nos ayudará a identificar las cumbres que nos circundan.

Según vamos avanzando, el bosque se va haciendo paulatinamente más espeso y la vegetación más abundante, sobre todo el estrato arbóreo, hasta formar un bosque mixto en él aparecen hayas, nogales, robles, fresnos, avellanos, arces, endrinos, algún abedul en las zonas más altas. Corona juega un papel predominante en la vida del Valle. En esta zona se ubican numerosos invernales. El trasiego de hombres y ganados, así como las labores agrícolas están directamente determinados por el ciclo de las estaciones. Hasta hace unos años, los pastores acompañaban a sus rebaños a los puertos, donde se instalaban en chozas. Allí se ocupaban de otra de las actividades tradicionales: la fabricación de queso, que se prepara con mezcla de leche de cabra, vaca y oveja. Una vez cuajada, se pone en moldes y se sala para luego dejarse secar. Al cabo de unos días se lleva a las cuevas, donde permanecerán por tres o cuatro meses.
Cuesta abajo se deja atrás el Llambrión, que la nieve caída en altura hace que sus cumbres peinen canas, continuando camino y sin darnos apenas cuenta se llega a la Majada de Corona. En Corona se edifico una pequeña ermita, Nuestra Señora de Corona, cuya festividad se celebra el 8 de septiembre. Los viejos recuerdan que la fiesta se celebra desde siempre. En el camino de Corona encontramos una construcción que de seguro nos llamará la atención. Se trata del Chorco de los Lobos, estructura de piedra con planta circular que se prolonga en una empalizada de madera. El Chorco se empleaba antiguamente para la captura del lobo, especie relativamente abundante hasta hace algunos años y que hoy sólo está en el Valle de forma esporádica. Continuamos nuestro recorrido, siempre descendiendo en paralelo al río, para llegar a La Peguera, donde el arroyo del mismo nombre vierte en el Cares. En la Peguera se ven todavía los efectos de la última riada, ocurrida en diciembre del año 80 y que costo la vida a algunas personas. La acción erosiva de estas aguas de arroyada es intensa, dada su velocidad y los materiales que arrastran, produciendo así un notable desgaste en orillas y fondo del lecho. A partir de este punto, el Valle se cierra y el río discurre encajonado en un pequeño desfiladero conocido por la Hoz de Caín. Junto al camino, en una cueva tapizada de musgo situada frente al sedo de las Ventosas, nace Fuenteprieta. Un poco más allá, en el lugar conocido como Llambrialmojao, se encuentra un panal natural, en una oquedad de la roca, donde aun pueden verse unas rústicas escaleras de madera que en otro tiempo se utilizaban para llegar hasta la miel. El siguiente puente que cruza el Cares es el Puente Cancelis y un trecho más allá el puente de la Piedra atraviesa la riega Boluga que baja también muy encajada hasta el río siguiendo la Canal de Mueño, nombre que evoca a los mueños o mueyos, cabra montés que pobló los Picos desde el Magdaleniense hasta finales del siglo pasado. El desfiladero se ensancha en el Hoyo, limitado a la izquierda por una enorme pared, Recollugo En la ermita de Coronas donde cuenta la leyenda que fue aquí y no en Covadonga donde se coronó a don Pelayo como primer rey de los hispanogodos cristianos en el año 718. Otras crónicas trasladan el acontecimiento cerca de la Cueva Santa, en el conocido campo del Repelao, en cuyo recuerdo fue erigido allí un monolito. Frente a la ermita a la izquierda de la carretera y al otro lado del río se encuentra un "chorco", últimamente reconstruido:

En tiempos, si alguien veía un lobo en el contorno, daba la voz de alarma a la que debían acudir todos los vecinos, según dictaban las ordenanzas concejiles. Organizada la batida, unos preparaban el chorco, camuflándolo con ramas verdes, mientras el resto, provistos de estacas y cacharros para hacer ruido, peinaban la ladera y obligaban a la alimaña a refugiarse en este foso - trampa, en el que finalmente era alanceado con varales de fresno, una vez muerto el animal era paseado por los pueblos del Concejo.

La vida en estos parajes, décadas atrás, significaba arañar la vida día a día, hasta la muerte, como esas vacas y cabras que todavía se despeñan por esas cortadas. La roca nos envuelve y grandes cascadas, que pintan sobre el gris de la roca caliza el verde profundo de las sabinas, el verde fresco de las hayas o el verde peludo de los robles. Piornos y matorrales en las laderas; y en el valle: fresnos, alísos, sauces, chopos, arces, acebos...
Tras cruzar dos puentes, denominados Canceles y Mabros, llegaremos a Caín situado a 505 metros sobre el nivel del mar, parada obligatoria antes de que nos engulla la roca en el desfiladero. Caín pueblo natal de Gregorio Pérez, "el cainejo", (aquel que con el Marques de Villaviciosa escalaron por primera vez el Naranjo de Bulnes a principios del siglo XX) quedaba aislado por fuertes nevadas durante el invierno. Hace algo más de 15 años llegó el milagro de la TV a los hogares del pueblo gracias al invento de la antena parabólica comunitaria a través del satélite, situada en un alto a la entrada del pueblo, que según el dueño del bar de la entrada nos comentó que "sus buenos duros les costaron". En la comarca, nunca sabemos si con buena o mala intención, se afirma que los habitantes de Caín (de gentilicio cainejos) no se mueren nunca, se despeñan.
Caín esta totalmente rodeado de altísimas cumbres. El aislamiento al que ha estado sometido ha conferido a la aldea unas características muy particulares. El pueblo en sí es un conjunto de casas que se agrupan en torno a la afluencia del río Cares y el río Bolugar. Entre ellas, las callejas de arena y piedra remontan las cuestas hasta las zonas más altas. El único hórreo de Caín se sustenta sobre pegollos de madera. Poco se sabe del origen del pueblo de Caín. El poblado actual no es sino el antiguo barrio de abajo de lo que en su día llegó a ser esta localidad. -algunos datos antiguos apuntan ya al enclave de Caín. La leyenda cuenta, por ejemplo, que don Pelayo mandó precipitar desde lo alto del despeñadero de Caín al obispo de Sevilla, el traidor don Opas, con una mitra de fuego en la cabeza, y que a partir de entonces ese lugar se llamaría Caín en recuerdo de su maldad.
Desde Caín podemos ascender al macizo occidental por la canal de Mesones que nos pone en la base del macizo de Peña Santa o por la Jerrera u Oliseda. Saliendo del pueblo atravesamos la zona de acampada y llegamos al puente de los Pinteros. Allí se puede decir que comienza la garganta del Cares propiamente dicha. En la margen derecha esta el antiguo molino y una zona de grandes pedreros donde vemos claramente el efecto conocido como gelifracción. La parte baja esta colonizada por helecho común, mientras que la roca viva es solo ocupada por líquenes en las primeras etapas de la sucesión xeral. Un poco más abajo cruzamos de nuevo el puente de la Presa, donde el río se encajona en un estrecho desfiladero por el que continuara durante casi 10 kilómetros hasta Puente Poncebos. Es ésta una zona ideal para observar a las truchas. La senda que recorre la garganta está excavada artificialmente en la roca. Se van sucediendo en ella distintos túneles. El canal fue construido entre 1916 y 1921 por la Compañía Eléctrica del Viesgo. La senda fue abierta algunos años después, siendo acondicionada como hoy la conocemos en el año 1946. Su trazado facilita en gran modo la comunicación de Caín y del resto del Valle, pues la senda antigua era bastante dificultosa y poco continua.
Aunque mantiene el secular encanto de siempre, ya no se ve, a la llegada de excursionistas a niños vendiendo pequeñas cruces y cepos de madera; en su lugar han proliferado tiendas de recuerdos, restaurantes y varios establecimientos hospederos.
Tras un necesario refrigerio, se comienza el segundo tramo. Apenas llueve, aunque intermitentemente el cielo nos lanza en ocasiones chubascos iracundos; al fin las nubes levantan y dejan ver en todo su esplendor las cumbres circundantes y envolventes.
Hay quien lleva el coche hasta allí para iniciar desde tal punto el recorrido. Allá cada cual con su conciencia. Pienso que el Cares hay que recorrerlo en casi su totalidad, al menos de Posada a Poncebos.
Hay quien insiste que el camino original se debe efectuar en sentido inverso, cuestión que se respeta para quien proviene de la cornisa cantábrica, pero no de los que ascienden mayoritariamente por el sur a efectuar la ruta. Por lo que se demuestra, en jerga de tráfico que es una "vía de dos sentidos" y válgame la comparación.

A trescientos metros escasos de Caín se encuentra la presa que desvía el agua por el canal; generalmente ruge furiosa con un rápido caudal. La Presa y la senda fueron construidas, como ya decíamos, antes de la primera mitad del siglo XX (entre 1916 - 1925, por la Eléctra de Viesgo), con un canal a la izquierda, aguas abajo, que conduce el líquido elemento a la central hidroeléctrica de Poncebos durante unos 14 kilómetros. Dicha senda en gran parte de su recorrido es paralela al canal que en su mayor parte se encuentra oculto. ¿Quién podría pensar que el acceso trazado de la construcción de una obra de ingeniería fuese en la actualidad un sendero turístico?.

Cruzada esta presa unos túneles penetran en la roca desde los miradores a la derecha se observa un panorama que engloba lo sobrecogedor y magnifico del gran caudal que transporta el Cares. Cuando el cauce es mínimo, hay quien efectúa la marcha por el lecho pedregoso del río. Desde allí nos damos cuenta de toda su grandeza, por arriba y abajo, de su belleza inusitada, asombrosa durante su primera media hora de recorrido, el resto del itinerario es monótono y repetitivo, pero no carente en ningún momento de natural belleza.

Al principio se cruzan dos puentes, últimamente mejorados: Los Rebecos y Bolín, entre los dos y junto a este último, puede admirarse la caída inclinada e impresionante de la Canal de Trea. Avanzando en el camino es imposible ver mas allá de la verticalidad pétrea, salvo la visión de algún rebeco o la imaginada sombra de un oso. Continuamos periplo tras cruzar el puente, dejamos el río abajo a nuestra derecha circulando en paralelo aguas abajo, por el lugar conocido como Las Armaduras, abajo a nuestra derecha dejamos el puente de Los Papos después otro puente que llaman de Pando.

El canal sigue por nuestra izquierda en su parte visible, pero la sed no se debe mitigar por ser dudosa la potabilidad de sus aguas. Luego tras varias curvas en la senda, una cuesta no demasiado dura, pero que fastidia el buen ritmo mantenido en el último trecho, hace ralentizar el paso, con el fin de mantener la adecuada cadencia de la respiración. Pero más tedioso resulta que al coronar la portilla, una larga bajada en cada uno de recodos de la zona conocida como Los Collados, se imagina el final de la etapa, esta no llega nunca. Al final divisamos Puente Poncebos, junto a Camarmeña (225 m. S.N.M.). Superados los primeros túneles, vemos enseguida la casa de la Electra y al otro lado del río la canal de Dobresengos. Continua avanzando la senda siempre entre enormes paredes verticales. En el fondo corre el río que fue excavando su curso sobre un antiguo glaciar. Siempre por la senda vamos avanzando a medida que la garganta se suaviza. Tras subir hasta los Collados, dejando al otro lado del río el imponente murallón de Amuesa, descendemos de nuevo salvando una pendiente bastante fuerte. Llegamos así a Puente Poncebos, a 200 metros sobre el nivel del mar. Puente Poncebos es un punto clave para el acceso a distintos puntos del macizo. Es la encrucijada de los caminos que suben desde Arenas de Cabrales. Parte de allí la senda que asciende hasta el pueblo del Bulnes, cruzando el puente de la Jaya y corre siguiendo el curso de la riega del Tejo o arroyo de Bulnes a través de una estrecha canal. En Poncebos recibe el Cares las aguas del río Duje, que viene de las tierras más orientales de Asturias, de Tielve y Sotres, a los que llegamos por la carretera de trazado paralelo al río.
Suben varias sendas hasta Camarmeña, pequeña aldea suspendida de la montaña y donde se estableció un mirador desde el que, en días claros, se obtiene una impresionante vista de la canal del Tejo y del Picu Urriellu, popularmente conocido por Naranjo de Bulnes. La ruta del Cares termina en Poncebos donde represa el agua del canal para la producción de electricidad. Desde allí, por la carretera, podemos llegar a Arenas de Cabrales siguiendo todavía el curso del río, que vuelve a encañonarse en la garganta de la canal Negra.
Solo faltan cinco minutos para llegar al final de la etapa; por fortuna un bar cercano que nos "deja nuevos" con una cervecita y una tapa de cabrales.

Desde Poncebos a Arenas de Cabrales hay seis kilómetros por carretera de montaña, remontando los ríos Casaño y Cares.
Arenas de Cabrales es la capital asturiana de los Picos de Europa; hay quien la sitúa en Cangas de Onís, así que el viajero elija. En la zona son famosos los quesos. (Quesu de Cabrales), Allí existen dos buenos hoteles Picos de Europa y Naranjo de Bulnes y algunos otros muy aceptables. Si están completos se puede pernoctar en Poo de Cabrales, a poca distancia en dirección oeste, Hotel Principado de Europa cuyo amanecer nos puede regalar al siguiente día una de las mejores visiones del Naranjo de Bulnes, desde la ventana de la habitación, dependiendo de su orientación.

Se iniciará el regreso a la Villa y Corte, no antes sin hacer una parada en Arenas, ya que es obligada, y adquirir "quesu", sidra, cestas, curtidos y artesanía local. A 23 kilómetros está Panes, ultimo pueblo asturiano del Principado, donde el Cares se funde con otro río truchero y salmonero: El Deva. En Panes se puede visitar las iglesias prerrománica de San Juan, la capilla de San Román y la caverna del Mazo, valiosa por sus pinturas rupestres. Mas tarde se llega al Desfiladero de la Hermida, donde cruzaremos la frontera con Cantabria. A la vista está Potes, capital cántabra de los Picos de Europa por excelencia, cruzada por el río Deva que nace 24 kilómetros al oeste, donde se yergue majestuosa la torre del Infantado, convertida actualmente en entidad bancaria. A cuatro kilómetros, también en dirección oeste, llegaremos al cenobio franciscano de Santo Toribio de Liebana, donde se venera el mayor Lignum Crucis que se conserva.
Desde Potes se asciende durante dos leguas por sinuosa carretera hasta coronar el puerto de Piedras Luengas, incluida parada con fotografía que invita al recuerdo por no poder retener la mente tanta belleza. Está enclavado dentro del parque de Fuentes Carrionas y alberga una importante reserva cinegética.
Se inicia la bajada desde el puerto cruzando a tierras palentinas. A lo lejos y a la izquierda el Pico Tres Mares, en cuya cumbre un poema de Gerardo Diego en forma lapidaria nos ambienta a la contemplación del entorno. Este pico tal y como su nombre indica es el "padre" de tres ríos El Hijar que se une al Ebro; El Saja al Cantábrico y el Pisuerga al Duero continuando su trayectoria al Atlántico, allá por la portuguesa ciudad de Oporto.
Comienza a caer la tarde, cruzamos Valladolid dejamos a nuestra derecha el Arco de Ladrillo cuando se encienden las primeras luces de la ciudad. Largo es el camino que nos separa de Madrid, pero lo más importante es que, por su belleza y variedad, el viaje ha valido la pena.

Jesús García y Jiménez
NOTA DE LA PÁGINA
Si existen en España dos rutas "a pie" que aparte de gozar de fama, pueden presumir de haberlo hecho los que "andan poco", y alguna vez hicieron algo grande, se refieren al Valle de Ordesa y a la Ruta del Cares. Aunque carentes de verdadera dificultad técnica en su recorrido, aparte de su belleza, requieren ante todo una mediana preparación física a riesgo de quedarse a medio camino o tener el día siguiente, y alguno sucesivo, unas "agujetas" duraderas. La Ruta del Cares no se trata de un paseo campestre, es una travesía de algunos kilómetros, por lo que debemos evitar los accidentes que comúnmente se producen en la misma, que supone el 80% de los accidentes ocasionados en los Picos de Europa. Hablamos de mas de 200.000 senderistas al año que recorren la mencionada ruta.
Las causas más comunes son:
- Falta de entrenamiento, sobre todo en personas obesas, dados los 21 kilómetros de recorrido.
- Transitar con mal calzado, aquí el calzado de calle y deportivas están desaconsejados. Se exige al menos una bota de tipo medio.
- Imprudencias saliéndose del camino marcado.
-Deshidrataciones por no llevar agua, sobre todo en verano, a pesar de tener el río cerca, pero a varios metros y en vertical con unos cortados que imponen al más temerario.
- No calcular el tiempo y les sorprenda la noche.
El itinerario puede ser realizado en cualquier época del año, pero es poco prudente efectuarlo entre finales de otoño y primeros meses de primavera.
HORARIO
Esta ruta puede hacerse desde Posada de Valdeón ( 21 Km.) en seis o
siete horas, y desde Caín ( 9 Km.) en tres o cuatro horas. Hay que
tener en cuenta que se trata de una travesía larga, y que si no se quiere
hacer el regreso, debemos buscar la manera de cruzar los coches, al
principio y al final de la ruta, o realizarla en dos grupos, uno desde cada
punto de partida e intercambiándose las llaves. También y cuando se realiza
en grupo, ya que el rodeo obligatorio entre Puente Poncebos y Posada de
Valdeón por carretera se aproxima a 100 Km, se aconseja hacerlo grupo, no
demasiado numeroso, y en autocar, que nos dejará en origen recogiéndonos en
destino. Caso de comenzar en Caín es aconsejable contratar en Posada de
Valdeón los servicios de un taxi o todo terreno que nos puede dejar en dicho
punto en poco tiempo.
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