Glorioso Mester

En Madrid
 es y son las

Fuentelcésped se encuentra situado a 10 Kilómetros de Aranda y 92 de Burgos. La economía del municipio se basa en la agricultura. El nombre viene de un manantial que está bajo la ermita de Santa Bárbara, en cuyo cauce crece el césped.                Recuerde que si quiere sugerir una idea, pregunta o comentario sobre nuestra página web o nuestra Asociación tiene a su disposición los siguientes apartados: "Ntro Contacto Multimedia/Contacta con nosotros" y "Ntro Contacto Multimedia/Libro de Visitas". Muchas gracias
 
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FUENTELCÉSPED

Pórtico del refugio de rapaces

N

os encontramos, sin duda alguna, con el lugar más idóneo como punto de partida al Refugio de Rapaces de las Hoces del Riaza, también conocido como Refugio de Montejo. La idoneidad del lugar radica en la equidistancia de sus dos entradas al refugio (meridional, cabeza de presa del Pantano    d            de Linares del Arroyo; y septentrional, próxima a Montejo de la Vega) es por eso    u            que Fuentelcésped debe ser el paso obligado a la visita de este Refugio, su ubicación e             estratégica como encrucijada de “cinco caminos” lo pone de relevancia.

               

 

  L

legar es fácil: poniendo como referencia la autovía N I, tomaremos la salida 146 en la población de Milagros, (y no se llama Milagros por que acaeciese allí alguna aparición mariana o portento que curase a algún tullido o poseso, su nombre viene de una medida de superficie; el agro, y esto multiplicado por mil.) Desde allí continuar dirección norte por la antigua carretera nacional y en el punto kilométrico 149,900 se encuentra el desvío a Fuentelcésped, pobremente señalizado, de allí parte una carretera no demasiado ancha pero totalmente recta en sus primeros tres kilómetros, ya  llegando al último ,es decir al 4, el trazado se vuelve algo sinuoso por lo que deberemos aminorar la velocidad del vehículo cuando de repente ante nosotros aparece súbitamente en una hondonada la Villa de Fuentelcésped.

         Pero antes de dirigirte al refugio queremos contarte algo de ella, permanece al menos unos instantes para saborear en su bar el café mañanero y si tienes más tiempo date una pequeña vuelta por su caserío deseando encuentres la iglesia abierta donde podrás descubrir una catedral en pequeño. Verás que como aperitivo Fuentelcésped vale la pena como punto de partida al Refugio de Rapaces,  sin duda el lugar más idóneo de la comarca para tal menester. 

 

Este escritor siempre ha afirmado que Castilla - León, "Castilla la Vieja" cuando estudiaba en párvulos las provincias de España, da al viajero unos sensacionales "sustos", dicho esto metafóricamente, pero además son sustos reales al encontrarte algo que no esperas en el lugar más insospechado. No es el caso de Fuentelcésped, villa milenaria ahora perteneciente a la provincia de Burgos y que hasta principio de siglo lo fue de Segovia.

El susto a que me refiero no es encontrarte con la localidad, desgraciadamente desde 1910 en retroceso demográfico y consecuentemente industrial, es indagar un poco en ella, hablar con sus gentes, convivir, bajar a sus bodegas a más de diez metros de profundidad a catar sus caldos, ya que Fuentelcésped está acogido a Consejo Regulador de D.O. Rivera del Duero.

 

Sin ningún lugar a dudas Fuentelcésped, y repito por enésima vez, es el sitio idóneo de partida para acceder a las Hoces del Riaza, geográficamente hablando, y por ello nos permitimos dar una amplia reseña de esta Villa, que ahora sirve de paso, y que su historia que se pierde en la noche de los tiempos sea más que conocida recordada. Estas crónicas, como las de lugares aledaños (Maderuelo, Villaverde de Montejo, Montejo, Valdevacas etc.) contribuyen de algún modo a enriquecer el patrimonio histórico y cultural de esa “obra natural” que son las mencionadas Hoces del Riaza. Aparte, y si en algo nos hemos referido a sitio idóneo no es ni más ni menos a la presunta equidistancia de los accesos (10 Km. al pié de presa del Pantano de Linares y la mitad a Montejo de la Vega) que además son los más cómodos viniendo de cualquier dirección de la geografía Ibérica.

Por tanto, bien a la ida o al regreso, Fuentelcésped, al igual que París bien vale una misa, esta antigua Villa merece una visita a pesar de la decadencia sufrida desde principios del siglo XX, y al parecer de no hace muchos años muestra indicios de una positiva recuperación; de todos modos hay que comentar que es interesante apostar por Fuentelcésped en cuanto a su futuro se refiere.

 

 

CRONICAS DE FUENTELCÉSPED.

(Tomado del Libro POR LOS CAMINOS DEL TEMPLE, obra de Jesús García y Jiménez, con autorización de este autor)

 

Fuentelcésped, un señorío de abadengo.

  C

 

aminando dirección norte, deja el viajero, viñedos y barbechos a derecha e izquierda, a su espalda los montes de la Serrezuela que dan nombre a la comarca, sobre él cerca de una docena de buitres a considerable altura trazan círculos rayando el cielo.

Pisamos tierras de Burgos, que en otro tiempo fueron segovianas hasta el límite del Duero, pero ya sabemos lo que son las cosas cuando de territorios se trata.

Cuando el sol agoniza tras su peregrinar del día, al doblar una curva, aparecen ante el viajero las primeras casas de Fuentelcésped, tocadas sus piedras calizas con el reflejo del astro rey, le confieren un brillo especial atenuado por los muros de adobe. Los restos de abandonados palomares siguen el mismo camino de los de otras zonas, cuando ya en ellos no hay más que silencio en lugar del arrullo de pasadas épocas. Un perro cojo y escorado se evade del viajero no perdiéndole de vista en su escurridiza huida por la carretera, denominada antaño la calle de los Pajares.

La Villa de Fuentelcésped, como ocurre en todos los pueblos, está dividida en dos barrios: El de los vivos y el de los muertos, este último alberga sus tibias y calaveras en el alto del cerro de Santa Bárbara, nombre que toma de la ermita adyacente al campo santo; allí por tradición no existe sepulturero, al igual que acaece en numerosas localidades; son los familiares quienes cavan las fosas, apartan los restos de sus antiguos familiares que antes descansaban allí y con todo comedimiento los funden yuxtapuestos al nuevo finado, por eso para los que allí residen eso de irse al "otro barrio" no deja de tener un peliagudo doble sentido.

 

Es también la tradición de esta Castilla eterna, que es remisa a los nuevos cambios, que jamás acepta porque "no se dan"; o simplemente es más cómodo vivir como siempre y así evitar complicaciones.

Desde hace lustros los trenes, de los pocos que circulan, ya no paran en la estación, distanciada un kilómetro y que compartía con otro pueblo vecino, de ella se ha apoderado la ruina, con el añadido de transeúntes vandálicos que se ceban contra su edificio pintando incongruencias y destrozando lo poco que queda a modo de imbécil entretenimiento.

El médico no vive allí desde hace bastante tiempo, solo viene dos veces por semana, o cuando la obligación reclama sus servicios. La botica la cerraron al igual que sus bares como del mismo modo la última tienda de ultramarinos. Bajo iniciativa municipal se montó un nuevo bar en la plaza, que abre sus puertas cuando se puede, porque allí sus gentes, mayoritariamente, dicen que no son de bar, "son de bodega" dando un sentido diferente al establecimiento como lugar de encuentro y reunión; lo que no quita que una tarde de domingo se reúnan en él tres o cuatro paisanos alrededor de unos vasos de clarete y una baraja de cartas, lo que les da una tradicional e infinita dignidad celtibérica.

 

El maestro tampoco, pues no quedan escolares en la villa y de quedar alguno es de algunos emigrantes que repueblan la villa, y que se han integrado perfectamente en nuestra eterna Castilla, en estos últimos años son recogidos a diario en un transporte escolar para realizar su aprendizaje docente en Aranda de Duero, aunque si se conservan los edificios municipales que acogieron las escuelas, cuyas paredes fueron fieles testigo de los cánticos juveniles de la tabla de multiplicar. Sobre el descolorido encerado, blanquean las huellas del desaparecido crucifijo y los dos retratos de rigor que por decreto debían figurar a derecha e izquierda, el del extinguido dictador y aquel señor engominado que fundó la falange, con un cierto parecido a Roberto Alcázar, y que fusilaron en el penal de Alicante.

Contrariamente a lo que se piense hay bautizos, si bien aquí no nace nadie; y bodas de personas que tampoco residen en la localidad, es ni más ni menos el apego al lugar de gentes, e hijos de estos, que por problemas comunes, como en muchos pueblos, tuvieron que emigrar a grandes ciudades huyendo de la miseria agraria de tiempos lejanos, mas no es sorda la llamada de la tierra.

 

El declive de esta villa comenzó allá por 1910 cuando la filoxera se cebó en la vid, principal recurso de la población, causando una verdadera ruina. Se repoblaron años después gracias a un vecino emigrante de la localidad, un tal don Fabriciano, que de California, aporto en uno de sus viajes, sarmientos descendientes de los que Fray Junípero Serra llevó a tierras americanas y plantaron por doquier en aquellas tierras del sur de Estados Unidos, pero al ser insuficientes la crisis vitivinícola se prolongaría al menos tres años mas, que tardarían en dar los primeros frutos las nuevas cepas. Hay octogenarios que niegan este suceso, atribuyendo al entonces presbítero Cándido Herrero la labor de importar sarmientos de Francia creando un vivero del que posteriormente serían replantadas sus cepas.

El caserío crece desde la Plaza de España, centro neurálgico de la villa situada en una hondonada, ascendiendo por sus siete colinas. Esta plaza cobija la casa de la villa donde se ubica el ayuntamiento y la Iglesia parroquial de San Miguel, renacentista con campanario adosado, en torre, en su fachada sur.(ver link Iglesia)

El edificio civil más importante es sin duda la aludida Casa de la Villa, que alberga el Ayuntamiento, edificio de dos plantas con balconada, sus orígenes datan de la segunda mitad del siglo XVII, la parte superior aloja la oficina del consistorio y el salón de plenos; en la baja unos soportales con columnas de piedra conforman cinco arcadas y al bar del pueblo, estrenado hace pocos años. Remata la fachada un reloj que marca la vida de la villa, en su frontón que sirve de cumbrera, aparece la fecha de la última restauración del edificio, nadie diría que hace más de un siglo antes de construirse los otros edificios docentes sirvió también de escuela donde asistían 150 alumnos.

Frente a esta construcción, casi en el centro de la plaza, un templete restaurado que entre el mes de mayo a la vendimia, cobija una antigua cruz de madera bellamente labrada, conocida como "El Mayo". Consta documentalmente, que en ese mismo lugar talaron una centenaria olma ya que dificultaba los festejos taurinos que se celebraban en la plaza para las fiestas de San Miguel, existe documentación del año 1638 que el Concejo de la Villa adquirió tres novillos para estas fiestas, luego de antiguo le viene el arte taurino, ahora obsoleto, a la Villa; no debemos olvidar las no muy lejanas localidades de Cuellar y Peñafiel de donde se disputan celebrar los encierros más antiguos de España. Pero esta olma referida, según documentos, era un centenario moral que a su sombra se hubieran celebrado innumerables juntas concejiles; es sabido que en 1641 el Ayuntamiento encargó a un maestro de obra la construcción de ocho gradas perimetrales de piedra y proteger el árbol, favoreciendo la presencia de vecinos bajo su sombra. Sin ningún lugar a dudas la tala del árbol obedeció a la creencia de actitudes paganas, al igual que pasó en innumerables sitios cristianizados, al ser el árbol considerado símbolo pagano se consideraban ritos cualquier reunión mantenida bajo el mismo. De todos modos argumentos más o menos convincentes no faltaron en su momento, el más esgrimido fue acerca del peligro que corrían los niños que se subían a él para comerse los dulces frutos.

 

 Al desmontar las gradas, sus sillares se utilizaron para construir las columnas de las arcadas de la Casa de la Villa. Sin embargo  después siguió dificultando dicho templete, quizás más que el moral, la suerte de la lidia taurina, pero siempre es esta comarca prima mas el carácter religioso que cualquier otro por muy natural que sea; por otra parte hace mucho tiempo que Fuentelcésped no presencia eventos taurinos, ni en la plaza ni en otro lugar de la villa, y eso que tuvo grandes aficionados al arte, fiestas en cosos improvisados, con carros y talanqueras, que al igual que en infinitas localidades de nuestra geografía, primero serían los paisanos quienes dando toda su voluntad tenían la valentía de enfrentarse al artado; después serían cuadrillas con novillero o matador de poco renombre, que se cebaban en la res poniendo mas banderillas sobre el lomo que velas en un pastel de cumpleaños de un jubilado; allí toreaban todos, desde el "maestro"  a los subalternos los cuales daban mas pases que capotazos. Muchas veces la hora de la verdad tras innumerables intentos tenía que rematarla la pareja de la Guardia Civil, ante la ineptitud del torero o sobresaliente; tras el reglamento taurino quedó tan olvidado aquello como los acontecimientos de tauromaquia en esta y otras localidades.

 

Este municipio de la provincia de Burgos con 206 habitantes y que se encuadra dentro del partido judicial de Aranda de Duero y a la diócesis de Segovia que hasta 1833 fue su capital. Enclavado a 892 m de altitud, y 22,66 Km. de superficie, situado a ocho kilómetros de Aranda de Duero, los límites de su término están bañados por el río Riaza y el arroyo de la Nava.

Al mismo tiempo, de  cosecheros de vino, sus habitantes se dedican a los cereales, a la cría de ganado lanar, así como a la elaboración de aguardientes, en desuso esto último hogaño. Nuevos vientos innovadores corren por el pueblo, al optar la mayoría de los vecinos a la adhesión a un proyecto de plantación de viñedo municipal en los terrenos de La Dehesa, finca patrimonial municipal sita a un kilómetro de la urbe.

 

También se está comenzando a gestar la posible construcción de un polígono industrial dentro del término municipal, motivos que sin duda alguna aportará un soplo de aire fresco para evitar el preconizado abandono por el que antes pasaron otras poblaciones.

A la villa le adquiere el nombre de un manantial que está bajo la ermita de Santa Bárbara, en cuyo cauce crecía el césped hasta lo que ahora es la plaza. Grandes obras se acometen en el siglo XVII canalizando este manadero y construyendo una grandiosa fuente, con dos caños desproporcionadamente largos, cuyas aguas vierten a un pilón en el que, según crónicas, podían abrevar a la vez una treintena de caballerías, el líquido sobrante se aprovechaba para llenar tres pozas que se utilizaban como lavadero, con la última actuación urbanística de 1995 quedaron reducidas a dos, pero ahora con fin ornamental y prácticamente secas por problemas de filtraciones a las bodegas sitas en el subsuelo.

 

Este viajero cree que este momento oportuno, para comentar una curiosa y repetida anécdota que suele acaecer en la localidad, y eso para que digan que los castellanos no tienen sentido del humor: Cuando algún foráneo se acerca a beber agua que brota continuamente de sus caños, en los asfixiantes días del estío, no faltara el paisano que le sugerirá que la deje correr un poco para que salga mas fresca.

A lo largo del pueblo se pueden contemplar rincones curiosos; la abundancia de casas con solanas, le confieren un aspecto único en las construcciones autóctonas que conforman la Mancomunidad del Valle del Riaza, lamentablemente condenadas a una lenta desaparición, por anárquicas restauraciones y modernas construcciones.

 

 

 

Dejando atrás la fuente y los citados lavaderos, que denominan Las Pozas, caminando por la calle que toma el nombre del acuífero, Calle de La Fuente, que es algo así como la Gran Vía de la Villa, donde bajo nuestros pies discurren horadados innumerable túneles en la roca, a modo de gigantesco queso de gruyere, son las antiguas bodegas que se construyeron a partir del siglo XIII, y gozan de un verdadero buen estado de conservación. Hablar de estas bodegas constituiría un capítulo aparte, la mayoría de ellas situadas a una profundidad media de 16 metros y una temperatura prácticamente constante durante todo el año que no supera los doce grados; cuentan en la zona, y de eso el viajero da fe, que no hay cosa que más agrade a un paisano de Fuentelcésped en invitar los foráneos a bajar a sus bodegas, pero más les gusta ver cuando salen subiendo a "cuatro patas".

 

Ni que decir tiene, la cultura en honor a Baco está muy enraizada en esta villa, como en toda la comarca, a pesar de seguir prefiriendo el "vino claro", que es como denominan el rosado, no han tenido más remedio que adaptarse a la cultura europea, incluidas las nuevas corrientes que también circulan por nuestra piel de toro; ya que según esta reciente doctrina, hablar de vinos es hacerlo de tintos, y por supuesto de crianza para arriba, por lo que esos vinos que elabora la cooperativa Virgen de Nava, constituida después de la mitad del siglo XX, siguen siendo del gusto local y algún foráneo por añadidura; pero allá por los años 80 de la misma centuria, la familia Pascual de esta localidad, dentro de las bodegas del mismo nombre elaboró dentro de la marca Peñalosa los tintos del año, crianza, reserva y gran reserva, que como algo añadido, contribuye a la prosperidad de la incipiente industria local.

En el número 47 de esta calle un edificio emblemático, recientemente restaurado, con la inscripción latina en el dintel: DECENTER AUGMENTA PATRIAE REDDUNT QUI REGIA POTESTADE CREVERUNT (Devolvieron aumentados los bienes a la patria, los que crecieron en regia potestad) nos indica que perteneció a los recaudadores de impuestos; Pocos metros más adelante llegamos al humilladero, monumento que data de 1613, costeado con los dineros de un matrimonio de la Villa según reza en el pedestal, realizado en cuidada piedra de sillería, se muestra como un

 

 hito urbanístico que avala el desarrollo alcanzado, durante los siglos XVII y XVIII, por las manifestaciones devocionales de carácter popular. A ello se debe unir, además, el gran fervor demostrado siempre por los vecinos de Fuentelcésped a la Cruz y las diferentes fiestas que la exaltaban como signo de redención y señal identificativa de los cristianos.

Ante tal exteriorización, pensamos que tal columna no cumplió los fines que su nombre indica, o al menos quedó olvidado, o posiblemente omitido, ya que no se tienen noticias de haber servido de lugar de escarnio, castigo, escarmiento, mutilación o ejecución, existió un rollo o picota en otro lugar en un tiempo anterior de ser levantado dicho humilladero, engendro vergonzante afortunadamente desaparecido, ignorándose actualmente el lugar de su ubicación. Antes de la reconstrucción en que se le dotó de cubierta, la cruz de hierro que remataba la columna fue sustituido por una imagen de un crucificado en piedra en el anverso y una imagen mariana en el lado opuesto, utilizándose la antigua cruz del remate para colocarse en la cumbrera del tejado. Es curioso señalar que la religiosidad barroca, que tendía a una clara proximidad con las imágenes y símbolos piadosos, podía llegar a transformar estos lugares de veneración en escenario de actividades poco edificantes para la moral. Por ello, en las Visitas de las autoridades del Obispado se señala "que en el humilladero no permita dicho cura se juegue, ni se beba, ni coma en dicho lugar". Lo que no está claro si realmente se utilizó como tal humilladero, como antes se comentaba, o fue simplemente un crucero al estar situado en un cruce de caminos (Carretera a Santa Cruz de la Salceda, Carrequemada y el Camino a la ermita de la Virgen de Nava.)

A escasa distancia una bifurcación a la izquierda atravesando unos antiguos lagares, que las modas han convertido en modernos merenderos, se llega al lugar conocido como Las cuartas partes, para encontrar el origen de dicho apelativo habrá que remontarse el siglo XVII. Según memorias de la época, para sufragar los gastos de construcción del nuevo templo parroquial, se obligó a cada vecino contribuir con el pago de una cantara de vino (16 litros) por cada carro de uva recogida; al ser insuficiente esta aportación, el Concejo consiguió de las autoridades religiosas que autorizaron un impuesto superior, consistente en la cuarta parte de la uva recolectada por cada propietario de viñedos, de ahí procede la denominación a las que se hacía referencia. No obstante, hubo un voto en contra y fue del entonces cura párroco. D. Manuel Álvarez Ordax, que al ser foráneo utilizó tal argumento para librarse de dicho tributo. Continuando por esta pista asfaltada, cuando esta traza una curva de ballesta cruzamos un puente sobre la vía de ferrocarril y a tiro de piedra se ubica la Ermita de la Virgen de Nava.

 

Esta ermita fue construida a principios del siglo XVIII por Antonio García y Diego de Arce. El recinto contiene una bella imagen gótica de la Virgen de Nava, de la que no se sabe si toma el nombre del arroyuelo cercano o por el contrario es al revés.

 

Está situada fuera de la población, en la colina que limita la villa por el norte. Hito arquitectónico que domina la localidad desde el mediodía y los campos circundantes, se configura como referencia visual de la extensión del culto mariano en una amplia área, convirtiéndose en lugar de peregrinación popular durante unos días de todos los meses de junio, principalmente.

 

El actual edificio tiene su fundamento en un proyecto iniciado en 1706, cuando la villa decide levantar una nueva ermita en honor a Nuestra Señora de Nava. Sustituyó a la fábrica anterior que no reunía las condiciones apropiadas para las necesidades de una localidad en continuado ascenso demográfico y social y donde difícilmente podría celebrarse el culto mariano con el correcto decoro. No se conservan restos de la primitiva construcción aunque sabemos que era un antiguo edificio de modestas características materiales reparado en diversas ocasiones y así lo confirma una breve descripción del siglo XVIII.

 

La imagen de Nuestra Señora de Nava es una talla gótica que, a finales del siglo XVIII, los vecinos de la villa la tenían por una de las esculturas llevadas a las campañas militares en tiempos de la Reconquista, pero no existen datos fiables que fuese la Orden templaria quien donase dicha imagen, y no por no ser una virgen negra, sino por que no se encuentra ninguna prueba que atestigüe la procedencia de dicha imagen. De todos modos Fuentelcésped no destaca por somatenes, militares ni gentes de armas; y menos de nobleza, la evidencia está en la ausencia de escudos y blasones de hidalguía, condal, ducal o señorial, ya que de algún modo los monjes premostratenses de La Vid, monasterio al que el pueblo pertenecía hasta que los moradores compraron su libertad mediante la adquisición de la villa, les libraron del poder feudal civil, a cambio los posibles blasones tienen su equivalente en símbolos marianos o simplemente cristianos; cosa que de algún modo les ha forjado una mentalidad de estar mas cerca de la iglesia y del clero que de la nobleza; algo que es perceptible en la actualidad que después de muchos años ha constituido una idiosincrasia generalizada entre los paisanos, que puestos a elegir asistirán antes a una nueva procesión religiosa espontánea, que a una manifestación cultural, lúdica, deportiva o del tipo que fuere.

Volviendo a la ermita, también se barajaban otras hipótesis sobre los orígenes del templo remontándose, incluso, a los tiempos greco-romanos para justificar la calidad de la obra. Frente a esta una edificación posterior que data de 1724, conocida como Casa del Ermitaño, a la solo se le daba uso en las romerías, para el ágape de las autoridades civiles y religiosas. Ahora un nuevo proyecto y restauración adecuada lo ha dado un uso más acorde para nuevas actividades como acogedor albergue.

De la antigüedad de la Villa se le supone anterior al siglo X, pero sin evidencias documentales; se cree que las ruinas de un castillo, próximas al actual cementerio, fue una pequeña fortaleza de avanzada del primer conde independiente de Castilla: Fernán González, que iniciaría o continuaría una efímera repoblación en el lugar. Extraño lugar de asentamiento al no hacerse, como era lo habitual, junto a un río, pero posiblemente la abundancia del agua de sus manantiales compensó la carencia de este; por otra parte al estar ubicado en una hondonada lo ponía fuera de la vista de merodeadores y posibles invasores que no conociesen el lugar, realmente el primer documento que atestigua la existencia del lugar está fechado en 1177, consta como Aldea de Fuen Cespet, muy anterior a la creación del primitivo Monasterio de La Vid, ya que con fecha 1 de abril de 1188 les fue concedido a los premostratenses  el derecho de poder instalarse en una parroquia varios clérigos, dando así lugar a los prioratos parroquiales. Casi con seguridad en los 3 siglos que Fuentelcésped tuvo vinculada su dependencia a La Vid, existió un priorato en la Villa. Esta orden religiosa fundada por San Norberto el 25 de diciembre de 1121, al norte de Francia, al igual que Cluny a otras zonas, trajo el viñedo a la comarca, recordemos que el viñedo fue una de las plantas de cosecha mas protegidas por los Templarios. Los monjes del Monasterio lucharon por que no dependieran de los  señores feudales, oponiéndose a las casas fuertes de estos en la población, a diferencia de villas aledañas que lucen escudos nobiliarios como huella de un patente feudalismo, pero por eso no hay que engañarnos y reconocer que el feudalismo eclesiástico, por así decir, permaneció muchos años después de los señoríos y, salvo en apariencia, fue tan contundente como el civil amparado en unos poderes fácticos que no nos son desconocidos en la actualidad.

El principio de la villa tiene un origen documentado fundamentalmente como señorío feudal; sería D. Fernando Gómez, de supuesto linaje de Roa y Haza, antiguo señor feudal cede en 1217 esta aldea o sitio, sometido a su señorío a los frailes premostratenses de La Vid, pasando por tanto Fuentelcésped diez años después de ser un señorío laico a uno eclesiástico, o de abadengo (ya que dependía del Abad de un Monasterio).

 

Esta cesión, compras y otras acciones incluían edificios, término y vasallos con sus pertenencias. Con el transcurso del tiempo señores que habían arrendado el término a los monjes contrajeron grandes deudas con prestamistas judíos de Ayllón y Aranda, por lo que caro le salió a los arrendatarios al tener que liquidar la deuda y así evitar a los moradores penas de cárcel y confiscación de bienes.

Ante la reclamación de Montejo, a principios del siglo XIV de querer absorber la aldea y sus términos al no estar sus límites amojonados, tuvo el abad del monasterio verse abocado a reclamar al rey Alfonso XI su amojonamiento, cosa que de facto el monarca concede mediante una sentencia propia.

 

Ya eran demasiados problemas que Fuentelcésped causaba al monasterio de La Vid para mantener su señorío eclesial, fue por eso que en un primer paso dado en 1347 el monasterio arrienda la aldea a la población, que entonces contaba con 20 vecinos; mas al ser estas gentes de humilde condición, raro sería, como sucedió, que les pagaran puntualmente las rentas fijadas. Para contrarrestarlo se decide una cesión en usufructo, más accesible a las menguadas rentas del vecindario, constituyendo por tanto un censo, cosa que beneficia al monasterio al causar un incremento en sus rentas, contrapuestas a sus excesivas pérdidas.

 

Ardua fue la lucha, en épocas posteriores; ese mismo año entregada la villa en "comendación" (defensa de la villa de presiones, abusos y atropellos de otros señores) por parte del monasterio a D. Juan González de Avellaneda, hasta que las circunstancias políticas vinieran a cambiar esta situación.

 

Al precisar el emperador Carlos V, en 1550, una notable cantidad de fondos para formar una poderosa armada y así frenar la expansión otomana, que gravemente amenazaba toda la cristiandad; el avance turco que parecía imparable, siendo la capital austriaca la más proclive por su proximidad territorial.

 

Por tal motivo tuvo que vender gran cantidad de activos y villas para poder sufragar tan costosa empresa. Difícil lo tenía el emperador en el caso de Fuentelcésped, al igual que otras muchas villas; al estar sometida la población a un señorío propiedad de un monasterio, tuvo que acudir al pontífice Julio III y conseguir a través de su mediación el desmembramiento de la villa y así poder ser vendida, bien a los vecinos o a algún pequeño feudal aspirante a señor de vasallos; tanto de un modo como de otro las arcas imperiales se verían notablemente engrosadas por las ventas de estas villas y pueblos.

 

La respuesta papal no tarda en materializarse, Julio III accede, por el bien de la cristiandad, a las pretensiones imperiales y, mediante una bula de fecha 1 de noviembre de 1551, concede la posibilidad, limitada, de desmembrar conventos, monasterios y otros cenobios.

 

El Monasterio reclama a la gobernadora de Castilla, la infanta doña Juana, hija de Carlos V y a la sazón hermana de Felipe II, los grandes perjuicios que le ha causado tal acción imperial, consentida por la bula pontificia, por lo que es de menester  poner en venta la villa a los vecinos que en  ella moraba, lo documenta una provisión signada por el secretario real, Francisco Eraso, y firmada por Felipe II en la ciudad de Toledo a 7 de mayo de 1560. Entonces Fuentelcésped contaba con 26 vecinos.

Para paliar en lo posible el mencionado perjuicio económico que reclamaba a la infanta el Monasterio, esta determina crear un título de deuda pública a favor de los monjes premostratenses e indemnizarlos de algún modo, así recibirían una renta de 919 maravedíes. No contentos con ello, puesto que este pago solo era en concepto de la aldea propiamente dicha, y el Monasterio solamente había accedido a la perdida de su señorío jurisdiccional, pero no con el termino solariego, por tanto se establece que la población deberá hacer efectivo un censo, consistente en 180 fanegas (mitad trigo mitad cebada) además dos ducados por la llamada "martiniega", 12 reales de ayuda al Monasterio para traer sal desde Medinaceli, 12 gallinas y 6 reales en concepto de yantar y aportar 15 obreros para trabajar en las viñas monacales. Esto fue llevado a cabo pero estableciéndose mientras un largo pleito, que quedó arbitrado en el pago de 188 fanegas antiguas (203 y 8 celemines de las actuales) mitad de trigo y cebada, más dos ducados de martiniega.

 

De nada sirvieron, excepto para abusos, las medidas desamortizadoras durante el siglo XIX, tampoco las Cortes de Cádiz ni la misma invasión francesa, que como mucho abolieron la inquisición, pero no abrogaron estos impuestos medievales obsoletos, pues el 17 de diciembre de 1846 se adjudica a un vecino de Burgos:

"... el dominio directo de un censo perpetuo de doscientas tres fanegas, ocho celemines de cebada y comuña por mitad que el Concejo del pueblo de Fuentelcésped pagaba anualmente al suprimido Monasterio de La Vid."

Ambos censos perpetuos y no enfitéuticos que proceden de la transmisión del censo perpetuo de La Vid.

 

Este censo fue reclamado, sin éxito, por sus raíces feudales y anacrónicas en varias ocasiones; tras varias transmisiones se dice por providencia de 15 de enero de 1946 y el juez indica otorgarse a costa del Ayuntamiento y los vecinos de la Villa en escritura pública notarial reconociendo el censo.

 

El último pago se efectuó en 1986 y ascendió a 24.195 pesetas. Actualmente, el Ayuntamiento de Fuentelcésped ha sido requerido al pago mediante apercibimiento de embargo e incautación de sus tierras por impago de cantidades estipuladas. En el último año se ha vuelto a interponer una nueva demanda contra la Villa, la cual se ve abocada a mantener un pleito que tiene sus raíces en el siglo XIII, casualmente un siglo después de extinguirse por bula la Orden del Temple, y debido a unas leyes que, contra toda lógica y razón, amparan la existencia de censos anacrónicos y gravámenes, han venido atenazando y esquilmando a los campesinos de las tierras de Castilla.

Un personaje que en su tiempo fue muy querido en esta villa, y que dejó escritos una serie de documentos que se conservan en la actualidad, fue el párroco que mantuvo su curato entre 1752 y 1794 cuando aquejado de una grave enfermedad al final de su presbiterio plasmó en sus escritos la realidad social de la época en pleno apogeo de la ilustración; hace referencia este viajero a don Manuel Rodríguez de Rionegro, recordado simple y afectivamente como el cura Rionegro.

 

Nacido en Ungilde, pedanía dependiente de la localidad zamorana de Puebla de Sanabria, tras militar en las filas de los jesuitas se hizo cura secular. Casualmente al ser Fuentelcésped uno de los curatos más ricos de la diócesis se presentó candidato a ocupar el presbiterio de la Villa, ocupando el puesto por oposición en 1752, año que comenzó a ejercer como párroco. A él se deben los famosos toneles de piedra, que todavía conservan algunas bodegas, para el fermento y conservación del vino, una de las más clásicas bodegas en conocida como "la del cura", denominada así por recuerdo a este personaje; autor de la Novena a la Virgen de Nava, escrita en acción de gracias en 1755 al haberles protegido de aquel devastador terremoto de Lisboa. Falleció tras una penosa enfermedad en 1794, sus restos mortales reposan a los pies del presbiterio de la iglesia parroquial. Igualmente dejó una cuidada colección de documentos que datan de 1786 que bajo la denominación "Estado que tiene la Villa de Fuente el Césped, Vicaría y Arciprestazgo de Montejo, Actas y Memorias de la Sociedad Económica de los Amigos del País de la Provincia de Segovia" se nos permite indagar documentadamente sobre la situación de la villa, tanto en su caserío, sus costumbres, y una pequeña parte

 

Caminos: Hay varios caminos que llamamos principales y de ruedas, que atraviesan el término sin entrar en el Pueblo: uno, que decimos de las rozas, y aquel cabo que viene de Aranda y Fresnillo de las Dueñas, y entra en Santa Cruz de la Salceda derecho a Ayllón; otro, que viene de Fuentespina y Aranda por el término de Santiago de Nava, que llamamos de Fuente - el - trillo y Valdeubon, sale á Valdeherreros y Montejo. Otro, que sale del camino y calzada grande, que desde Aranda a esta Villa viene, llamado Carro - Aranda, y una vega arriba del río entra en dicho Santa Cruz. Hay otros varios caminos que salen del Pueblo para tierra de Ayllón, Maderuelo, Montejo y otros pueblos, y así como los demás, y los particulares, son francos, libres, sin pantanos ni defectos, con algunos puentes, que son quatro de piedra, suficientes para el paso de carros y coches, sobre el arroyo que llamamos de Nava...

Río: Atraviesa la vega un arroyo llamado el de Nava; distante como a un tiro de bala del Pueblo, y capaz para regar la misma vega, que hoy solo produce pan mayor y menor, algún cáñamo, varios huertos y los prados; dicha vega es bastante larga y ancha, y suficiente para que produxese linos, cáñamos y otros efectos, si los habitantes fueran aplicados e industriosos, y extraviasen el agua por los lados, como así se manifiesta lo usaron los antiguos, sin menoscabar la fuerza de agua para molinos, pues en el día las paredes y cáuces se manifiesta hubo dos: Se llama arroyo de Nava, y toma su principio en Castillejo, y atraviesa por la Villa de Santa Cruz de la Salceda. No sirve el agua de este arroyo mas que para lo dicho, y lavar ropa, y no hay otro arroyo, y el general surtido del Pueblo es.

Fuentes: Hay una, digna de atención, en medio del Pueblo, de buena agua, dos caños abundantes en el mismo manantial; tiene un pilón con solas siete piedras muy finas, que basta para que beban a un tiempo 30 caballerías; el agua que sobra gobierna tres preciosas pozas, destinadas para en ellas lavar toda la ropa blanca del Pueblo, limpiándolas y fregándolas todos los Sábados; están cubiertas de texado y las entra el sol; se hicieron por los mismos vecinos con sus ádras, año de 1781, y la fuente y pilón se hizo y compuso año de 1783.

Detrás de la fachada de dicho pilón está una cueba para registro de aguas; está  hecha de cal y canto. Con el sobrante de aguas se riegan varios huertos. Asimismo están manifiestas varias fuentes en las entradas del Pueblo y calles principales de buena agua, si la industria y la necesidad las quisiera usar; pero la desidia y la abundancia de la principal, las tiene cerradas y en su lugar se usa de pozos. En el término solo hay tres fuentes, una llamada de Valde ebrero, otra Fuente - el - trillo, y otra Valdelpozo; no son muy abundantes, pero ésta sirve para dar de beber a los ganados del campo, y las otras no sirven para esto por estar entre las viñas, no se las nota particularidad alguna, aunque son delgadas.

Canteras: También hay varias canteras de piedra dócil, blanca y rubia, que surten al Pueblo y Fábricas de fuera. De ellas han sacado varias columnas, de cuyo número son las de portada de esta Parroquial. No se tiene noticia de mineral ó minas en el término de esta Villa, no obstante que los hay en la comarca de Valdeherreros y en varios sitios de la tierra de Montejo, de oro y plata y otros metales, bien que hasta ahora no se hayan cultivado.

Comercio: Solo hay el grande en la venta de vino, y aunque haya otros no son por ahora dignos de aprecio; y aunque hay quatro tiendas, son de poca fuerza y solo mantienen niñerías, y cosas de comer: acuden forasteros por el mismo vino, sin salir fuera los vendedores con ello.

Posada: Hay una Casa de posada, mesón único en esta Villa y de grande extensión, que a costa de los vecinos se hizo. Además hay Abacería, Taberna y Carnicería, con que se surte y gobierna el Pueblo y Forasteros.

Hospital: Hay una Casa - Hospital, no con la formalidad de tal, sinó para recibir pobres por-dioseros, para dormir tres días sobre pajas, y los enfermos, que si no pueden caminar, se les asiste, ya con la limosna de la Casa, si la hay, y sinó se pide por el Pueblo. Las rentas de esta Casa son muy cortas y se acude con ellas a los pobres enfermos del Pueblo, dándose en la carnicería de valde para un puchero.

Castillo: No hay castillo, pero en la expresada cuesta de Santa Bárbara desde donde se registran castillos y atalayas á distancia de algunas leguas, arrimado a la Hermita hay unas tapias de cal, argamasa y sola tierra con señales de haber sido ó gran casa ó castillo ó atalaya. De tradición nada viene firme: unos dicen fué Palacio de   los Señores antiguos, otros fortaleza que el Señor Conde Fernán González hizo para defensa de esta tierra, en que anduvo, y á una legua fundó un Monasterio ó Priorato de Padres Benitos, llamado San Martín de Casuar, é Hijos del Monasterio de Arlanza. No se registra en todo este Pueblo de Fuente el Césped ni edificio, ni epitafio, ni armas ni otra cosa antigua, sinó varias efigies de Santos, que no se les da culto, y reservan en varias casas..

Otra epístola de este presbítero, esta vez un informe a petición del Obispo de Segovia, datado el 14 de julio de 1775, nos ofrece un panorama humanamente trágico:

"... Por la suma pobreza, porque como la mayor parte de la república se compone de jornaleros en el trabajo de las viñas, que es el principal fruto que se coge, por ser quasi nada el término que queda para pan, en su vejez se hayan tan pobres que, no bastando la caridad para socorrerlos... viven dichos viejos cayendose por las calles muertos y sus enfermedades no tienen recurso, sino que en algunas limosnas y acabar la vida."

"... La suma pobreza e inopia de alimentos en las madres, las que unas por la fatiga a la boca de un horno, otras al acarreo de un az de leña para cocer o su cocina, por andar sus maridos al jornal diariamente; otras porque... no hallan otro medio para un pan andan al campo o al jornal de escardar, tender vasura y otros trabajos; precisadas a dejar sus niños cerrados en casa la mayor parte del día artandose a llorar, una leche después les hace notable daño, especial en verano, como se nota por el calor y decaymiento de los mismos niños en las calles fiados a otros poco mayores, llenos de agua y tierra como el jornal de los padres es tan corto que lo que más del año no llega a tres reales se reducen de tal forma en el comer que se puede decir que no comen a lo mas un huevo y sopas de sebo..."

Algunos años posteriores a estos documentos la estadística de 1850 sobre la villa según Pascual Madóz, era la siguiente:

 FUENTE EL CÉSPED: v. Con ayunt. en la prov., sud. Terr. Y c,g, de Burgos (11/2 leg), dioc. de Segovia y part. Jud. de Aranda de Duero (1) SIT. entre los ríos Duero y Riaza, en CLIMA sano y espuesto a los vientos del N.O. LAS CASAS de que se componen son de mediana construcción, contándose entre ellas la consistorial que sirve también de escuela, a esta que es de ambos sexos concurren 150 alumnos bajo la dirección de un maestro dotado de 1.500 rs.; en el centro de la población hay una fuente abundante con dos caños y un hermoso y grande pilón de piedra muy fina, en el que pueden beber a un tiempo 30 caballerías; la iglesia parroquial (San Miguel Arcángel) es de term. y la sirve un capellán de sangre, consta de tres naves con un gran crucero, presbiterio, órgano, coro, 9 retablos, bóvedas y media naranja de ladrillo con sus canceles, primorosas puertas y mediana portada, todo de moderna construcción; en la jurisd. de esta villa existen también 3 ermitas San Isidro, Santa Barbara y Nuestra Señora de Nava, de las cuales la primera se halla casi arruinada, á diferencia de la última que es famosa y de fabricación moderna, teniendo crucero, espadañas, coro, sacristía, bóvedas de ladrillo y 3 retablos; la otra manifiesta ser muy antigua. Confine el TERM. N. Fresnillo de las Dueñas; E. Santa Cruz de la Salceda; S. Milagros, y O. Fuentespina. El TERRENO participa de monte y llano, bañándolo el arroyo llamado de Nava, que nace en Castillejo y pasa a un tiro de bala de la v. que se describe; hay dos montes poblados de encinas, enebros, álamos negros y blancos y varias canteras de piedra blanca y rubia no muy fuerte. CAMINOS: existen algunos de ruedas que atraviesan el término sin entrar en la población., dirigiendo a diferentes pueblos limítrofes: PROD: granos, patatas, vino, cáñamos, pastos y ganado. IND.; la agricultura y 4 tiendas. POBL.: 214 vec. 857 almas. CAP. PROD: 1.977,610 RS. IMP.: 203,023. CONTR.: 23,968 rs. 15 mrs.

Retorna el viajero a la plaza donde encuentra en un banco, junto a la casa parroquial, apurando los últimos atisbos del tibio sol a un paisano octogenario, que bien podría ser, al poseer una memoria poco corriente, el cronista de la villa. Es Antonio García Montes, que luce con orgullo su lugar de nacimiento que donde combina su estancia a caballo con la capital de España, aunque en raras ocasiones, huyendo de la soledad de los crudos inviernos. Recuerda mas de las tres cuartas partes del siglo XX que ha conocido, y por tradición familiar le han llegado innumerables relatos acaecidos en este lugar. Desde la guerra civil, donde una brigada del ejercito italiano utilizó el

edificio del ayuntamiento como centro de mando, y el grueso de la tropa que utilizaba los aledaños de la estación de ferrocarril; le comenta al viajero que estuvieron poco tiempo al tener unirse con el grueso del ejercito nacionalista en el frente de Guadalajara. Recuerda con cierta gracia los "gorros de plumas negras" de sus oficiales, como los cánticos en largas veladas nocturnas con el popular Facceta nera, que recuerda todas las estrofas...

 

Hace años fue primer edil de la villa, en una de las épocas de prosperidad de la misma, cuando los alcaldes dejaron de ser designados por el Gobernador Civil de la provincia a instancias del Presidente de la Diputación, eso fue a principios de la década de 1980. Pero los relatos de hace dos siglos son los que recuerda haber oído a sus mayores y que, supuestamente a ellos les fueron referidos, es la época conocida en la comarca como en otras como La Francesada y que la historia denomina como La Invasión Francesa:

 

Dada la situación geográfica de Fuentelcésped, a media legua del Camino de Francia y como de una y media de Aranda de Duero, donde el mando francés había instalado la subprefectura, cuya jurisdicción abarcaba una gran extensión de poblaciones mas allá de la comarca ribereña, no era ajena la población al trasiego del ejercito francés por la villa de un modo cotidiano a pesar de estar apartada, según se ha indicado, como 4 kilómetros de lo que fue el Camino Francés, actualmente la Autovía del Norte, más con pequeñas variantes en su trazado original.

 

Ante constantes sublevaciones y actitudes hostiles de los pueblos ocupados, decretó el alto mando invasor severos castigos para evitar bajas en sus filas por parte de la población civil, entre tantas medidas dictadas se amenazaba con pasar por las armas a 5 lugareños si algún soldado francés era encontrado asesinado, o tener algún indicio de haberlo sido. Sin ningún lugar a duda esta villa, al igual que innumerables poblaciones, fue testigo de escaramuzas costando la vida a más de algún prepotente oficial francés como algún miembro de su soldadesca. Fingiendo simpatía y colaboración, se les conseguía con argucias y engaños aislarlos y así en solitario poder acabar con su vida, muchas veces solos los habitantes y otras con la ayuda de miembros de partidas guerrilleras de la zona.

 

Es recordado un fornido personaje, llamado El Tío Besuga, que aprovechaba la ocasión de grupos aislados de franceses perdidos, al preguntarle por el camino para Carrabias (Refiriéndose a la cercana población de Carabias ya que les había insistido el mando pronunciarlo de esta forma para ocultar el "gorgogeo"que en su fonética es característico.) Este paisano les enseñaba el paso, lo situaba por la puerta  de un corral, donde les instaba que pasasen de uno en uno, esperándoles tras la puerta, propinándoles un tremendo golpe, arrojándoles acto seguido a un pozo inmediato.

 

En cuanto a otras escaramuzas en la villa, lo que quedaba después era ocultar el cuerpo del delito, y burlar así las anunciadas represalias, por lo que tanto el cadáver, pertrechos, insignias, armamento y caballerías eran enterrados y tabicados en antiguas bodegas para que no pudiese ser hallado ningún rastro incriminatorio. Se dice que dichas bodegas son las que en la actualidad se encuentran semicegadas y que alguna vez horadaron el suelo bajo las antiguas eras de la zona de Los Pajares, en el primitivo camino de Milagros.

Existen datos documentados, y que algunas publicaciones se hicieron eco en sus relatos recogidas por varios autores, sobre una gloriosa presencia en la villa; se trata ni más ni menos que de Juan Martín Díez, El Empecinado, vallisoletano nacido en Castrillo de Duero el 2 de septiembre de 1.775. De su sobrenombre existen dos acepciones y que, por su carisma, ambas le venían a medida oportunamente: Por Castrillo de Duero, fluyen las aguas del río Botijas, que nace algo mas arriba del valle en la localidad de Cuevas de Provanco, cuyas aguas depositan un cieno muy negro que llaman pecina, por ello a los paisanos de Castrillo, muchas veces en tono despectivo, les apodan empecinados, al decirse que cuando se bañan el río se "rebozaban" en dicho cieno negruzco. También la terquedad y obstinación del personaje, con toda seguridad, le hiciera merecedor de tal apelativo. El paso por la villa mas recordado del famoso guerrillero, se remonta al 13 de noviembre de 1808, cuando preso en la cárcel de Burgo de Osma, denunciado por sus paisanos, logra atenazar las cadenas de los grillos, que sujetan sus tobillos, con los pies y con su fuerza descomunal logra abrir uno de los eslabones rompiendo por mitad las cadenas. Al oír el enorme alarido emitido al realizar el esfuerzo, el alcaide y tres carceleros se precipitan a abrir la puerta de la celda, asombrados no dan crédito a sus ojos. Momento que aprovecha Juan Martín para lanzarse contra la puerta arrollándoles a su paso haciéndoles rodar escaleras abajo antes que puedan hacer uso de sus armas, pasa sobre ellos en su veloz huida alcanzando la calle; corre bajo los soportales ante el asombro de la gente que se percata de sus rotas cadenas que le penden de los maléolos y que de mala manera se ha atado a la pierna para no entorpecer su carrera.

 

Logra abandonar la ciudad por la puerta de la muralla próxima a la catedral, en su huida hacia el oeste, en el momento que unos toques militares y redobles de tambores indican que las tropas francesas están entrando en la ciudad, en su busca con toda seguridad.

 

Sigue en su veloz huida a poniente siguiendo el astro declinante hasta llegar a San Esteban de Gormaz, continúa por los márgenes del Duero evitando caminos transitados y la noche le sorprende antes de llegar a Langa, desde allí a campo traviesa bordea el monasterio de La Vid, sorprendiéndole el amanecer en Santa Cruz de la Salceda. Repone fuerzas en casa del herrero, que al enterarse de quien se trata le libera de los grillos; tras un reparador descanso, evitando vías concurridas, recorre los cuatro kilómetros que le separan de la villa de Fuentelcésped. A mitad de su camino encuentra un buhonero descansando, que le pone al corriente de lo acaecido en el saqueo de Burgos por las tropas francesas en su avance para alcanzar Madrid: casas asaltadas y quemadas, la profanación del monasterio de las Huelgas convirtiendo el cenáculo en caballerizas, sepulcros profanados, posiblemente buscando joyas, siendo venteadas sus cenizas entre los excrementos de las caballerías; grandes daños en la Cartuja de Miraflores, sobre todo en el magnifico retablo pétreo, y eso que no había llegado aún a su conocimiento la voladura del castillo que dominaba la ciudad. El tener noticia de estos acontecimientos le incrementan sus deseos de venganza.

 

Una vez en esta villa, que al igual que todas las de la comarca conoce a la perfección por ser el escenario de sus correrías, se dirige a la posada cuyo mesonero es un buen amigo, el cual informa que han intensificado su búsqueda poniendo un alto precio a su cabeza.

 

No habiendo transcurrido siquiera una hora cuando hace presencia en la posada un pelotón de seis dragones del ejército francés comandados por un sargento, este ordena cerrar las puertas y que nadie abandone el mesón. Los allí presentes les miran recelosos con una mezcla de asco y desprecio. Juan Martín sabe que le buscan, pero también sabe que el conocimiento sobre sus rasgos físicos que estos poseen sobre él son con seguridad insuficientes para una rápida identificación fisonomista; así que tras aposentarse los recién llegados en una mesa y pedir de comer y beber, al Empecinado se le ocurre el modo de escapar de allí y de ellos; guiñando un ojo al posadero se ata un mandil a la cintura, y a guisa de mozo de venta, con gran desparpajo y tranquilidad, les sirve en la mesa sin levantar la más mínima sospecha; continúa su ir y venir proveyendo de vino, pan y viandas a dicha mesa donde se aposenta el escuadrón gabacho.

 

En uno de estos ir y venir por la posada, sale al corral donde los soldados a su llegada ataron sus cabalgaduras, así que eligiendo el mejor caballo, se aleja arrebatando el resto de equinos para que no puedan seguirle, huyendo con todo el armamento que portaban en el arzón de las sillas, sin que en ningún momento achacasen tal robo a una persona tan buscada.

 

Marcha tomando el sudoeste a campo traviesa hasta las proximidades de la localidad de Milagros, donde tras organizar su partida, se cuenta de una escaramuza contra la retaguardia del ejercito francés, que se encaminaba a Madrid, consiguiendo Juan Martín y sus adlateres tal cantidad de bajas enemigas que las aguas del río Riaza bajaban teñidas de rojo.

 

Es triste comentar que después de los grandes servicios prestados a la patria, es ahorcado el 19 de agosto de 1825 en la plaza mayor de la cercana localidad de Roa. Al viajero se le antoja apostillar, asemejándole al Cid, sobre este templario decimonónico, que jamás tan buen vasallo mereció tan mal señor, como el nefasto Fernando VII. 

 

Continúa el viajero su paseo por la villa deteniéndose en la gloriosa fachada del número 4 de la calle Aniceto Ramírez, calle que es compartida como travesía de la carretera que finaliza en Alcoléa del Pinar, pasando antes por los límites de Maderuelo y Ayllón, entre otras poblaciones. De este singular edificio, ahora propiedad privada en restauración, y conocido popularmente como La Capellanía fue residencia de sacerdotes católicos ya que según crónicas, en alguna época Fuentelcésped contó con 15 religiosos. Su parda y semi ruinosa fachada caliza de sillares y mampostería, posiblemente tenga su origen entre los siglos XVII y XVIII, en el centro una hornacina desprovista de imagen y sobre el arco de herradura de su entrada la inscripción latina POTUIT DECUIT ERGO FECIT.

 

Resulta curioso, que a las gentes de Fuentelcésped, se les denominen en la comarca Gallegos en lugar de Fuentelcespénses, según don Antonio, este “mote” se remonta a los trabajadores que a modo de tributo trabajaban en las tierras del monasterio de La Vid, y diariamente a modo de emigración, los habitantes de Santa Cruz de la Salceda a su paso por su villa, comentaban ¡Ya vienen por ahí los Gallegos”. Esto al igual que en todos los pueblos aledaños donde son conocidos más por el apodo que por el gentilicio original. Del mismo modo a las gentes de Santa Cruz se les conoce como “Taragudos”, “Grajos” a los de Fresnillo de Dueñas, “Majos” a los de Aranda de Duero y “Bubillos” a los habitantes de Fuentespina, todas ellas poblaciones limítrofes.

 

La plaza poco a poco comienza a llenarse de esa soledad que precede a las tinieblas del ocaso y piensa este viajero que no sería justo retirarse del lugar sin mencionar a los conocidos Danzantes de Fuentelcésped. (Ver link Danzantes de F.)

Cuesta arriba el viajero encuentra a la señora Blasa, que introduce en su vivienda una gavilla seca de sarmiento de vid para encender la gloria, si así como suena, esta calefacción bajo el piso que posiblemente de su denominación venga la frase de "estar en la gloria". Saluda efusivamente al viajero, que se dirige al merecido descanso de la jornada en la esquina de la calle Nueva, donde ya había transportado el relevo de los pertrechos personales.  Tras caldear la vivienda, pasando a la merecida cena ya no recuerda el viajero como llegó a la yacija solo que vio la luz a hora temprana al despertar el siguiente día.

 

 

 

 

Novena jornada.

Camino Soria.

 

            Aunque el viajero ha madrugado por motivos cocineriles que sabremos después, casi sin darnos cuente vemos que ya es mediodía, las campanas del templo parroquial convocan a los fieles a la eucaristía dominical; esto en Castilla es cosa seria, aunque parezca impensable en muchos lugares, es inimaginable lo "mal visto" que están las personas que no asisten a misa, a pesar de encontrarnos en los albores del siglo XXI. Cierto, también, es que el ritual termina en el cercano bar, pues es el mejor negocio que puede ponerse cerca de un templo.

            Sobre las dos de la tarde conversa el viajero con Carlos Antón, que aunque reside en Madrid está muy apegado a la villa fuentelcéspense por ciertas razones sentimentales; esa tarde me acompañará al último reducto templario castellano, de los más meridionales y citados en la historia castellana,  Castillejo de Robledo lugar del que quizás el apego es mayor al ser la patria chica de sus progenitores, y situado a trece kilómetros al este de esta villa.

            Tres horas después nos dirigiremos a tal histórico lugar, antes de abandonar la villa, observo un indicio con toda seguridad templario, se ubica en lo que fue el edificio un antiguo lagar situado a mano izquierda, y casi a extramuros de la villa, transformado en un moderno merendero bautizado como Los Tercios donde a modo de relieve pétreo han colocado el escudo de la localidad, que no podía ser otro que la apología de su fuente con sus dos desproporcionados caños, pero con la particularidad de figurar en su parte inferior el circulo con la cruz latina inscrita con la de San Andrés superpuesta, como los cinco pétalos (y no los nueve del escudo oficial) colocados en la parte superior de los caños, figura que se puede ver frecuentemente representado en el vecino pueblo soriano, distante 13 kilómetros, de Castillejo de Robledo. Es cosa bastante frecuente como símbolo de la esotérica orden que hemos visto en muchos lugares y seguiremos viendo a lo largo del viaje, esto nos confirma de algún modo algún extraño antecedente templario otrora por estos pagos.

            Pero hoy la Asociación Cultural  Villa de Fuentelcésped, dentro de las Jornadas de la Matanza, celebra el típico cocido de hermandad y al menos seremos cincuenta comensales, así que este viajero, puntualmente como en otras jornadas, estará al amor del fuego viendo los increíbles saltos de los garbanzos dentro del caldero de cobre teniendo el debido cuidado de su cocción….

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FUENTELCÉSPED

Información General

Situación:

Fuentelcésped se encuentra situado a10 Kilómetros de Aranda y 92 de Burgos. Con respecto a la altitud se encuentra a 892. La economía del municipio se basa en la agricultura. La mayoría de los vecinos se han adherido al proyecto de plantación de viñedo municipal en los terrenos de la dehesa. Las bodegas forman una parte muy importante gracias a la presencia de Bodega Pascual y la cooperativa Virgen de la Nava.

También se está comenzando a gestar la posible construcción de un polígono industrial dentro del término municipal.

Historia:
El nombre viene de un manantial que está bajo la ermita de Santa Bárbara, en cuyo cauce crece el césped.
Rincones obligados:

Humilladero: Monumento que data de principios del Siglo XVII.

Iglesia de San Miguel: Construcción del siglo XVII. Es una iglesia grandiosa que cuenta con varios retablos barrocos, algunas imágenes y otros valiosos objetos.

Ermita de la Virgen de Nava: Esta ermita fue construida a principios del siglo XVIII por Antonio García y Diego de Arce. El recinto contiene una bella imagen gótica de la Virgen de Nava.

Pueblo: A lo largo del pueblo se pueden contemplar rincones curiosos. Abundancia de casas con solanas.

Otros lugares de interés: Desde aquí, a 10 kilómetros, nos podemos acercar al pantano de Linares y a las hoces del Riaza, donde se encuentra uno de los refugios de rapaces más importantes de Europa, es un lugar digno de ver, y repetir.

Fiestas:

Romería de la Virgen de la Nava. El domingo más cercano al día de San Antonio, a mediados de Junio. La tradicional traída y llevada de la Virgen, con sus célebres danzantes, de origen del siglo XVII. Es muy popular en la comarca y declarada de Interés Turístico Nacional. Ocho niños ataviados con sombreros de flores bailan con "palotes" al son de la dulzaina.

San Juan, 24 de junio.

San Miguel Arcángel, último fin de semana de septiembre.


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