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En Madrid
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Cuando se iba a proceder a la fundición de la estatua comenzaron los problemas ya que por la postura violenta del caballo, no había forma de mantenerla en pié ya que el centro de gravedad estaba desplazado hacia la cabeza.
Tras muchas dudas y opiniones se consultó con el más prestigioso físico del momento, como era Galileo Galilei, que dio una solución tan lógica como sencilla: Dejar maciza la parte posterior y mayor cantidad de hueco posible en la parte delantera. Además se puso como refuerzo una base de forma romboidal entre las patas en la que se apoya, una barra vertical que llega hasta la cola y otra que llega longitudinalmente hasta la cabeza del caballo. Este sistema ya había sido descubierto por los maestros de Quattrocento florentino y se cree que su inventor fue Leonardo da Vinci para la gigantesca estatua ecuestre nunca realizada de Francesco Sforza en Milán. Por fin, llegó el momento de hacer la fundición, el lugar elegido fue el Campo del Moro y allí se hizo un gran hueco en el suelo que tenía mas de tres metros de profundidad. Tras terminar la obra se esperó varios días para que el enfriamiento se hiciese poco a poco para evitar que el bronce se rajase. Juan Martínez Montañés le hizo los últimos retoques poniendo en la cincha del caballo el año de su terminación, 1640, año trágico, por otra parte, de la monarquía hispana ya que en ese mismo año se produjo la sublevación de Portugal, que acabó con su independencia así como los movimientos secesionistas en Cataluña, Sicilia y Andalucía, lo que al margen de otros muchos problemas causó la destitución del Conde Duque de Olivares. En 1643 la estatua se colocó en un alto pedestal en el lugar destinado como fue una plaza del llamado Jardín de la Reina del Palacio del Buen Retiro. Pasaron los años, y durante el gobierno de Carlos II, era Primer Ministro ó Valido Don Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV que había sido reconocido por su padre y que había conseguido escalar los mas altos puestos de la Corte. En una época de fuerte crisis económica en la que se había producido un aumento en el precio del pan que era el alimento básico de las clases poco acomodadas, el Primer Ministro se preocupaba básicamente de hacer modificaciones en los palacios reales. Una de sus preocupaciones fue la de bajar la estatua de su padre rebajando el alto pedestal. El pueblo madrileño te dedicó esta copla: “ ¿ A que vino el señor Don Juan? ¡ A bajar la estatua y a subir el pan!”.
Retrato de Don Juan de Austria obra del pintor valenciano afincado en Nápoles José de Ribera que está en la actualidad en el Palacio de El Pardo. Pocos años después, otro valido, Valenzuela la cambió de ubicación y la instaló frente a la fachada sur del Alcázar pero en 1677 se volvió a llevar a un patio del Palacio del Buen Retiro. Durante la Guerra de la Independencia, el palacio fue utilizado por las tropas francesas como cuartel, además, sufrió los rigores de la guerra en el sitio a que fue sometida por las tropas inglesas al mando de Lord Wellington. Ello hizo que el mal estado del edificio obligase a su casi total demolición si exceptuamos los salones que forman el llamado Casón y el Salón de Reinos, hoy Museo del Ejército. Afortunadamente la escultura no sufrió ningún deterioro. Durante el reinado de Isabel II se la trasladó a su ubicación actual tras la remodelación que sufrió la Plaza de Oriente gracias a las gestiones de Agustín Argüelles que había sido tutor de la Reina y a Martín de los Heros que era intendente del Palacio. En la actualidad la magnífica estatua está colocada sobre un pedestal que se apoya en una fuente decorada con conchas y temas marinos realizadas en piedra de Colmenar con leones en bronce que son el símbolo de la monarquía española.
En el pedestal hay dos escenas relacionadas con la vida de Felipe IV como la alegoría en que aparece la protección dada por el rey a las Bellas Artes y en otro lado la imposición de la Cruz de Santiago a Diego Velázquez. Son obra de los escultores José Tomás y Francisco Elías en 1843.
La figura del Rey, al igual que la copia de la galería Pitti y del original del Prado está vestida con media armadura y en su mano derecha lleva la bengala ó símbolo del generalato. En la estatua lleva la cabeza descubierta, mientras que en los cuadros lleva un sombrero de los llamados chambergos. Es posible que ésta fuera una innovación sobre la marcha ya realizada en Madrid que se apartaba del proyecto inicial. Su pecho está cruzado por una banda que al sobresalir por un lado aumenta la sensación de movimiento.
Durante el traslado se descubrió que al estar la boca del caballo abierta, tener forma de embudo y además estar hueca la parte delantera del caballo, habían entrado algunos pajarillos que habían quedado atrapados al no poder salir por lo que se decidió soldar la boca del corcel con unas gotas de plomo. Esta nueva instalación se hizo entre los años 1843 y 1844. Esta es la breve historia de la mejor estatua pública de Madrid que está considerada como entre las mejores ecuestres del mundo comparándola con el retrato del condottiero Colleoni en Venecia que es obra de Andrea Verrocchio entre los años 1479 y 1488 y la del también condottiero Gatamelatta frente a la basílica de San Antonio de Padua obra de 1453 del genial Donatello. Texto y fotografías: José Fernández Palacios | ||
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