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En Madrid
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La estatua de Felipe IV en la Plaza de Oriente de Madrid.
La mejor y más bella estatua de cuantas decoran la Villa y Corte es ésta ecuestre del rey Felipe IV que está emplazada desde el siglo XIX en la Plaza de Oriente. En 1632, durante la construcción del Palacio del Buen Retiro, el rey decidió hacerse construir una estatua similar a la de su padre, que hoy está en la Plaza Mayor. El motivo era para que decorase uno de los patios del citado palacio que, por aquel entonces, estaba algo alejado de los límites de la ciudad. Para su realización se puso en movimiento a los mejores artistas de los que en esos momento podía disponer. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez era el pintor de corte y se le encargó que hiciese los dibujos preparatorios así como dos cuadros, uno ecuestre con una pose similar a la que tendría la escultura definitiva y otro de busto que fueron enviados a Florencia para que el escultor Pietro Tacca realizase el modelo. Este era el mismo autor de la estatua ecuestre de Felipe III y como tuvo un gran éxito en la capital se le hizo este nuevo encargo.
En este detalle del mapa realizado en 1656 por D. Pedro de Texeira se aprecia el Palacio del Buen Retiro, y en uno de sus patios, el marcado con el número 75, está la estatua en su primera ubicación
De estos dibujos y cuadros quedan muy pocos restos. En el Museo del palacio Pitti de Florencia se guarda este retrato ecuestre de Felipe IV que es una reducción del que hizo Velázquez con destino al Salón de Reinos (1635-1636). Algunos críticos lo han considerado como el lienzo enviado a Tacca pero no se trata de una obra original del sevillano sino que fue realizada por el taller. Esto es algo que no parece lógico ya que lo normal sería que la pintura enviada fuese un original del pintor real.
Dibujo preparatorio de Velázquez que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Según la elección del rey la postura del caballo tenía que ser en corbeta, es decir apoyado en las patas y con las manos levantadas lo que resaltaría la elegancia del jinete. Aunque la obra había sido un encargo del rey de España, el Duque de Toscana, Cosme de Médicis decidió correr con los gastos y regalársela a Felipe IV.
En 1636 el modelo en barro estaba ya en Madrid pero al rey no le terminó de gustar aduciendo que su parecido con el de la estatua no era total. Por si esto fuera poco, se corrió el rumor que Velázquez opinaba de la estatua “ que era un magnífico caballo y un regular retrato”. Parece ser que el monarca encargó al pintor que buscase a un buen escultor que hiciese una nueva cabeza que sustituyese a la original. Velázquez llamó al ya anciano Juan Martínez Montañés que era el mejor escultor de Sevilla que rápidamente realizó el nuevo busto. Precisamente, en el retrato que Velázquez hizo de Montañés, el maestro está modelando en barro un busto del monarca al que tradicionalmente se ha considerado como el que sustituyó a la Tacca. Esta pintura se conserva en la actualidad en el Museo del Prado. | ||
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