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En Madrid
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Sin querer anticipar nada más sobre el contenido debo, al menos, manifestar el por qué de muchas cosas que expongo. Y comenzando por el principio he de pedir disculpas si la susceptibilidad de alguien pudiese quedar en parte dañada
 
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P
ensar que los caminos surgen por generación espontanea, sería lo mismo que afirmar que la leche sale del Tetrabrick, muy a pesar de que en la actualidad hay quien lo supone. Los caminos son obra del tiempo por los que han transitado desde pastores a reyes, de monjes y clérigos seculares a obispos, de soldados a generales así como especies abundantes de animales de cuatro patas para sus desplazamientos trashumantes, con su paso y huellas se fueron horadando y conservando gracias al transito por ellos, la prueba de lo contrario está clara, camino por el que no se transita, la sabia Naturaleza recupera lo que le fue despojado en su día.

La mayoría de lo que fueron caminos se adoquinaron para después asfaltar creando las carreteras que muchas se desdoblaron dando lugar a las actuales autopistas.

Quien solo circula en automóvil, y por consiguiente por carretera, puede libremente pensar para qué sirven actualmente los caminos, las cañadas, las sendas; y razón no le faltaría si el único medio de desplazarse fuese el coche, el tren o el avión. Por fortuna todavía se camina y mucho, no tenemos siquiera que salir muy lejos de las ciudades y ver senderistas, pastores, eméritos gabarreros nostálgicos que caminan buscando níscalos y gentes variopintas que encuentran una actividad redentora en algo tan simple y natural como el caminar.

Y si se camina, y no es de Perogrullo, es porque hay caminos y entre los más famosos y ancestrales de la Península Ibérica, que no el más veterano, es uno de los Caminos a Compostela denominado Camino Real Francés; el hecho de que contase con una guía del recorrido desde el siglo XII ha cobrado tal relevancia transmitida por historiadores que han marginado a otros caminos más antiguos que se mencionan como de menor importancia, y muchos ni siquiera eso.

Consciente de esto desde hace muchos años y sin ningún ánimo revolucionario, que no está uno actualmente en edad para revoluciones, me propuse realizar, peregrinar, caminar, recorrer en definitiva la ruta de Madrid a Compostela por un entorno entrañable, al menos en su comienzo: Cruzando  La Sierra de Guadarrama. La cosa no es nueva, más de treinta años rondando, que no elucubrando, por mi cabeza tratando de darle un sentido lógico, localizando conventos, monasterios y lugares en el recorrido que de un modo u otro tuviesen indicios de ser centro o lugar transitado de peregrinación. Asimismo era necesario un amplio conocimiento de todos los demás Caminos practicados en nuestra geografía por lo que  fue necesario recorrerlos para poder sacar una buena documentación de los mismos a pesar de las guías tan completas con las que contamos en la actualidad de las que, mayoritariamente parecen plagio unas de otras, siempre se sacan nuevos datos, enseñanzas y posibles errores publicados que haberlos hailos y es que en muchos casos se escribe sin conocimiento sobre el terreno, craso error a mi entender.

Sería a mediados de los ochenta cuando esta ruta, recorrida por etapas, ya tenía forma y señas de identidad habiéndose recorrido varias veces, pero esperaría a finales de esta década y contando con la ayuda de algún compañero con ideas afines sobre esta empresa, y con arduo trabajo de campo y material cartográfico conseguimos elaborar minuciosamente el nuevo ramal del Camino de Santiago desde la Comunidad de Madrid. Ya habíamos realizado aparte del Camino Francés desde los Pirineos, el Camino del Norte desde la frontera francesa, y muchas variantes incluyendo el Camino más antiguo: La Vía de la Plata. Por mi parte he puesto toda una experiencia de senderismo para esta nueva ruta, actividad que he practicado desde los años sesenta, que más que como deporte, la entiendo como una filosofía natural.

Es cierto, y ello le avala la estadística de las últimas peregrinaciones a Compostela, que el contingente nacional español que más peregrinos aporta al Camino procede de Madrid y su Comunidad, por lo que es justo dotarles, o al menos informarles de uno o varios Caminos desde la misma. Se han eligieron como lugares de partida, aparte de la capital, tres ciudades emblemáticas, aunque sólo sea por su historia: San Lorenzo del Escorial, Alcalá de Henares y la serrana localidad de Cercedilla, donde por diferentes itinerarios se hacen una en el Monasterio del Paular en las proximidades de Rascafría con la excepción de esta última villa que apuesta por una ruta más directa y menos montañera que las anteriores, solo caracterizada como tal por el paso de la Fuenfría.

Si el Camino aparte de distancia, es poesía, aventura, leyendas…de éstas no faltan en todo el entorno de este lugar serrano que divisado desde la capital de España mi buen amigo Cesar Pérez de Tudela la denominó poéticamente en uno de sus libros y artículos la silueta azul del Guadarrama, con lo que creemos que la Sierra no gana con el Camino, pero este sí al enriquecerse con nuestra Sierra.

Sin querer anticipar nada más sobre el contenido debo, al menos, manifestar el por qué de muchas cosas que expongo. Y comenzando por el principio he de pedir disculpas si la susceptibilidad de alguien pudiese quedar en parte dañada, más esa no es mi intención y me explico:

El Camino aparte de ser un camino de fe, de espiritualidad, de naturaleza y de todas las etcéteras que queramos aportarle, ante todo debe ser de sinceridad, o por lo menos intentar buscarla en todos sus recodos. Casualmente, salvo anécdotas medievales, no se suele relatar fielmente en la actualidad todos esos avatares diarios que conlleva el Camino, sino por el contrario se adornan y adoban de diplomacia y tolerancia, a mi parecer mal entendida que sólo conlleva a generar abusos a los que hay que decir basta, pero siempre que se realice con afán constructivo a pesar de que a estas alturas del hombre, cuando ya no vamos a descubrir ni Américas ni Mediterráneos, nos han acostumbrado a aceptar todo lo que nos presentan, sea de cualquier, índole y ante actitudes poco transigentes nos hacen comulgar con ruedas de molino. Y a la experiencia me remito.

Cuando se circula por el Camino sólo se habla de su historia, leyendas, música, anecdotario, gentes ilustres y menos ilustres que lo recorrieron, nobles que murieron rabiosos por mordeduras de gatos, viejas viviendas que pasamos por sus fachadas y cuyas alcobas han sido testigo de amoríos, partos, estiramientos, enfermedades y duelos que ahora son recuerdo en algún libro; pocas veces plasmamos lo que nos ha sido negativo y, aunque doloroso, hay que hacerlo para tomar soluciones o que sirva de advertencia a los que vengan detrás y no tropiecen con la piedra con la que antes hemos tropezado. Y recordar que no solo el Camino es para andar, hay que detenerse en sus ciudades, observar sus monumentos y perder el tiempo en ellas hasta aburrirse; confraternizar con sus gentes, es importante valorar la máxima que si no hay paisano solo hay un paisaje muerto, es una ocasión excepcional de cultivar el humanismo.

Se observa, y más en año jubilar, una extraña parafernalia en el Camino que nunca ha venido a cuento, que a nuestro paso por Galicia lo llaman Caralladas aunque no es de censurar, pero sí que es de advertir que la filosofía del Camino va por otros derroteros muy diversos. Tampoco se debe jamás subestimar al simple turista o excursionista que sigue la sirga ancestral: he conocido a muchos de estos que han terminado siendo peregrinos, pero nunca a un peregrino terminando como turista. (Demos a todo tiempo al tiempo.) Y eso que peregrinos repletos de filosofía como tales cada vez hay menos y a la realidad me remito. Solo basta escuchar conversaciones en los albergues, pueblos del Camino etc. Donde afirma más del 90% no ir a peregrinar, la mayoría, según manifiestan y eso está comprobado en diferentes lugares, es simplemente ir a “Hacer el Camino” las modas han llegado lamentablemente a tal extremo. Pero a las realidades hay que remitirse, y curiosamente todos estos “pseudo apóstatas” siempre manifiestan en la compostelana Oficina del Peregrino, sita en el nro. 1 de la Rua del Villar, haber realizado el recorrido para conseguir La Compostela, por supuesto a mi entender a modo de trofeo, por motivos religiosos. Creo que debo manifestar esta realidad, aunque sea fastidioso ser este viajero quien tenga que decir una realidad conocida y por muchos no admitida.

El complemento ideal de esta nueva ruta es su comienzo ya que faltaría lo más importante, a pesar de haber elegido como puntos de arranque Alcalá de Henares y San Lorenzo del Escorial. Recomendar a los foráneos un largo recorrido por Madrid antes de arribar a estas dos preciosas ciudades enriquece cultural y espiritualmente nuestro recorrido puesto que pocos son los que pueden incorporar a su bagaje intelectual un amplio conocimiento de la riqueza cultural que la capital de España encierra y no solo me refiero a sus museos, tascas y restaurantes que si están es por algo; es entre otras la monumentalidad que alberga la urbe tan vista y poco conocida de tal modo que nos pone de relevancia la frase  Los árboles no nos dejan ver el bosque. Ya en su comienzo a nuestra nueva Ruta Jacobea ¿qué más se le puede pedir?, teniendo tres ciudades dentro de la Comunidad con su inmejorable oferta y por si fuese poco el atractivo natural del Guadarrama a la vez con la incorporación singular de otros puntos castellano leoneses que si bien no son desconocidos, pocas veces son incluidos en una singular ruta senderista, turista y de peregrinaje espiritual, o al menos puesta de relevancia de este modo.

Al ser una de las rutas jacobeas más jóvenes dentro de nuestra piel de toro veremos en sus primeros tramos la ausencia de albergues que proliferan en las rutas clásicas y que a veces son insuficientes, pero siempre existe en nuestra ruta un simpático párroco en algún pueblo que te acogerá si llega el caso hasta en el atrio de la iglesia, o alcaldes de poblaciones que inclusive nos abrieron las escuelas municipales para pernoctar y también autorizarnos una acampada itinerante, pues ya es sabido lo reglamentado que está este tipo de actividad en casi todas las Comunidades Autonómicas. Al menos a nosotros nunca se nos negó el lugar para pernoctar, dada nuestra condición de peregrinos y más si logramos hacer más conocida la ruta no nos cabe duda que poco a poco surgirán los necesarios refugios o albergues y ayudas de organizaciones Jacobeas. Pero de momento y según indicamos deberemos tener la precaución de ir pertrechados para suplir las ausencias de alojamientos cosa que es muy común para todos los peregrinos  que circulen por cualquier itinerario.

Tampoco es mi intención contradecir a los mas “puristas” que desean efectuar su andadura por la denominada “sirga original” pero al ser el objetivo alcanzar Compostela, a mi entender, cualquier camino es el adecuado, inclusive como en la antigüedad siguiendo la Vía Láctea, curiosamente denominada en el medio rural Carril o Camino de Santiago. Pueden que existan Caminos más o menos antiguos, pero nunca únicos, tengamos en cuenta la alternancia del uso de los mismos a partir del siglo XI en plena reconquista, ya que de algún modo, aparte de la protección prestada por la Ordenes Militares al peregrino, eran imprevisibles las incursiones armadas de musulmanes.

De igual forma deseo dejar patente que si algo repito, mucho y con frecuencia, ha sido intencionado y alevosamente puesto que prefiero reiterar que subrayar. La bibliografía sobre el Camino es tan amplia que hasta ha editado un libro el Ministerio de Cultura que contiene toda su producción bibliográfica, más lamentablemente casi todo se repite hasta tal punto que los autores no pueden afirmar si lo que relatan lo han leído en tal o cual publicación o es de su propia cosecha. Creo comprenderlo, pues a pesar de mi cuaderno de campo, emborronado con tachones y mil correcciones que me ha servido al final para plasmarlo con más o menos orden en estas páginas, ya que contiene frases que me gustaron y jamás pensé si alguien dijo o escribió antes e involuntariamente las pude adoptar como propias. Porque no todo ha consistido en recorrer el Camino, la documentación de otros que lo hicieron antes contribuye al posible éxito de los que van después; ya por tanto he digerido, más que leído, muchas obras sobre el tema, a cuál más bella, y otras donde a modo de sutil plagio, que denotan buena intención pero muestran un total desconocimiento de los lugares, posiblemente por no haber estado nunca allí el autor, presumo que todos estos libros  me habrán influido en la transcripción del Camino a estas páginas y debería mencionarlos. Pero son tantos y tan dispares que, para no omitir a nadie, sería conveniente adjuntar el libro de la bibliografía del Camino que antes mencionaba, a modo de apéndice, años atrás editado por el Ministerio de Cultura,  comenzando por el Calixtino y acabando por ese bloc cuadriculado cuyas amarillentas páginas de dobladas esquinas constituyó mi cuaderno de bitácora durante muchos días, meses o años mejor dicho.

El balance final de la experiencia que ha durado varios años, salvo las menudencias que se describen sin apenas importancia, ha sido positivo en su más amplio sentido, inclusive las ampollas de los pies, las picaduras de los mosquitos y hasta de alguna avispa, sin olvidar alguna fortuita diarrea por beber agua donde no debíamos; varias tormentas por añadidura y por sorpresa, alguna vaca suelta, celosa con su cría, nos hizo correr cuesta arriba a ritmo de plusmarquista. Amén de nevadas, intenso frío o tórrido calor en el páramo que todo depende de cuando se realice el recorrido.

Gente maravillosa como extraña, que de todo hay en la viña del Señor; ciudades con encanto; posibles milagros, otras gentes que estuvieron en los lugares y ahora calzan el cardo borriquero en el osario y la maravilla del paisaje nuevo a recorrer hasta juntarse al más tradicional que culebrea por las proximidades del paralelo 42, hasta cortarse en Finisterre. Raramente, en este caso, la realidad ha mejorado lo que una vez fue un sueño.

Y ahora que vamos a comenzar el Camino con este nuevo recorrido se siente que ya cada vez España se nos queda más pequeña, pero aparte de todo esto tan auténtico sólo me queda añadir que lo importante es tener un bello Camino desde Madrid, y no otro libro más sobre el Camino a Compostela que invitamos a todos a compartir.

  


 

Todos los Caminos llevan a Compostela

A

l final de un largo camino se llega a una ciudad monumental donde la musa se transformó en piedra y la música de la lluvia crea un arte en el paisaje urbano forjado durante siglos. La sorprendente imagen de esta ciudad cuando se divisa desde el monte del Gozo, próximo como algo más de una hora caminando de  Labacolla (o Lavacolla, que de ambos nombres se le llama, aunque hay quién suprime la L) donde el peregrino hacía abluciones para purificarse antes de llegar a ella, se combina la emoción con la belleza, destaca entre su caserío las magnificas torres de la catedral y desde esa sublime visión a tiro de bala habremos llegado en menos de dos horas a la ciudad de piedra: Compostela, y la nominan Santiago.

Esta ciudad se ubica en el NO. de la Península Ibérica en la provincia de La Coruña entre los ríos Sarela y Sar. Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el año 1985, es la capital de la Comunidad Autónoma de Galicia y alberga las sedes de la Junta y el Parlamento Gallego.

Conjuntamente con Roma y Jerusalén constituye Compostela el tercero de los Axis Mundi de la cristiandad. Su historia conocida comienza pocos años después de la desaparición de Cristo, al menos en una primera parte, al existir un paréntesis de muchos siglos hasta que se descubre la posible tumba del Apóstol y la ciudad de Compostela comienza a adquirir unas grandes dimensiones urbanísticas, religiosas y culturales hasta llegar a nuestros días.

El origen, que antes se mencionaba tras el largo paréntesis, se remonta al S IX cuando se descubre la, potencial, tumba del Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan Evangelista e hijo de Zebedeo y Salomé, denominado por Jesús con el sobrenombre de Boanerges, el rayo, hijo del Trueno.

Cuentan, según la tradición, que a la muerte de Jesús se distribuyen sus discípulos las diversas zonas donde deberían predicar el Evangelio. A Santiago se le adjudica la Península Ibérica y el Finisterre (Finis Terrae, fin de la tierra o mundo conocido), y su llegada desde Palestina y pudo ser en una nave romana o posiblemente fenicia, llegando hasta las costas de la Bética, entonces provincia romana. Siguió por tierras lusas hasta Braga y más al norte, en Iria Flavia, constituyó una sede episcopal. De igual forma  refiere la citada tradición que a su regreso continuaría por tierras lucenses tomando camino del este por lo que ahora es Ponferrada, Astorga, Palencia, Osma, Numancia tomando rumbo N.E hasta Caesar Augusta, la actual Zaragoza; junto al Ebro tuvo una aparición mariana sobre un pilar, que dio origen a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de la capital aragonesa, potenciando de algún modo su devoción a la misma, así lo describe un códice del siglo XIII que se conserva en el archivo de la Basílica zaragozana. Después el Apóstol, tomando la Vía Augusta, embarcó en un puerto del Mediterráneo, pudiese ser Cartagena, regresando a Palestina en el año 42 de nuestra era donde fue decapitado dos años más tarde por mandato de Herodes Agripa, siendo por ello el primer Apóstol mártir de la fe Cristiana.

Pero esperemos al final para ver otros hechos que de algún modo podrían cambiar, si no la historia, la tradición citada y que continúa después, pero eso lo dejamos en manos de la cultura, convicciones o fe del lector.

Sin ningún lugar a dudas la leyenda (o realidad) sobre la probable presencia de Santiago en la Península Ibérica y su repercusión histórica en la misma en cuanto al incentivo moral que patrocinaría su tradición, eso claro está teniendo una fe clara que el Apóstol llegó a nuestra “piel de toro”; puesto que de algún modo su recuerdo sin duda motiva esa tarea de reconquista a partir del siglo IX del territorio peninsular invadido dos siglos antes por hordas musulmanas, que en algunas incursiones sobrepasando los Pirineos llegaron hasta las mismas puertas de la ciudad gala de Poitiers. Todos los cristianos puestos bajo el manto protector de Santiago se sienten motivados para ejercitar las acciones más heroicas y desesperadas para combatir al invasor infiel; musulmanes que de algún modo con el paso de los siglos estos ya se consideran hispanos de generaciones, como es lógico tal planteamiento, y por muchas escaramuzas e incursiones por parte de la cristiandad peninsular, no lograrían hasta muchos siglos después realizar una verdadera expulsión hasta tiempos del rey de la Casa de Austria Felipe III del territorio peninsular, casi seis siglos después de este momento histórico que estamos comentando, no creamos que la expulsión fue total con los Reyes Católicos, solo desterraron a una gran parte al sur granadino a la zona conocida como la Alpujarra.

Pensamos por tanto que es discutible que la presencia del Apóstol Santiago para evangelizar y cristianizar lo que ahora es España peninsular y el territorio lusitano, lo que se refiere en cuanto a su presencia personal, del mismo modo si los restos que reposan en el arca de plata de la catedral compostelana son los suyos o no, ya que realmente estas dos cuestiones no implican una verdad histórica dentro de una causa dudosa y legendaria, pero solo de fe o posiblemente de temor por negarlo, ya que creer resulta más cómodo.

La base de las leyendas acerca de las evangelizaciones del Apóstol y su sepulcro en Compostela se salen en todo momento fuera de lo que es el terreno histórico y estrictamente científico ya que sobre ellos manda, en este caso concreto, una fuerza superior: la tradición; por tanto desde el siglo pasado han sido los especialistas en historia eclesiástica que han dedicado su tiempo y atención para estudiar concienzudamente lo que se recoge transmitido por la leyenda o lo que está documentado de alguna manera.

Con todo eso no se puede negar de ningún modo en fenómeno histórico en si de las peregrinaciones desde el siglo X hasta la baja edad media y principios del renacimiento, desde una infinidad de países europeos, que unieron los deseos de fe y de un modo inconsciente de intercambio cultural que tuvieron paritariamente unas grandes repercusiones tanto religiosas como laicas. Pues como sabemos fue la tradición quien incitó estas peregrinaciones, es conveniente saber la base originaria, a pesar de existir controversias de lo que llevo a cabo las mismas, para lo cual nos situamos sobre finales de los años cuarenta del primer siglo de la era cristiana.

De Jerusalén y recogidos por sus discípulos Teodoro y Atanasio, llegan a las costas de Finisterre los restos de Santiago a bordo de una nave (de piedra y sin timón, según la leyenda, la cual está representada en un bajorrelieve  en la fachada este de la catedral en un lienzo de la plaza das Praterias) que fondea cerca de Patronus, actual Padrón, que en aquella época se denominaba Iria Flavia, atracando y amarrando la barca en un “pedrón”. Esta gran piedra o pedrón debió ser una de aquellas Ara Solis que los romanos colocaron por doquier en las costas del Mar Tenebroso y en honor de haber servido para amarrar la barca que condujo los restos mortales del Apóstol a este lugar. Un arrabal de Iria Flavia recibió el nombre de Padrón, y esta piedra se conserva en el altar mayor de su iglesia. Actualmente se han cambiado los patrones urbanísticos, por así decir, e Iria Flavia es un barrio de Padrón. Según la tradición fue en Iria Flavia donde se levantó la primera iglesia sobre la tierra que sería destruida muchos siglos después en una de las incursiones de Almanzor. Y a pocas leguas de allí Teodoro y Atanasio levantan un hipogéo tras una negociación con un personaje, la reina Lupa, una druida que de algún modo con ciertas hechicerías dominaba el lugar, y fue convertida al cristianismo por estos. Este túmulo funerario albergaría los restos mortales del Apóstol. Debido a las persecuciones romanas y a pesar de ser conocido por un gran número de cristianos el lugar, no tardó en quedar en la ignorancia y la tumba durante muchos siglos.

El conocido religioso, cronista e historiador Fray Justo Pérez de Urbel tratando de armonizar, de algún modo, lo tradicional con lo histórico y para no herir los consabidos sentimientos patriótico – religiosos acerca de los restos de Santiago, nos habla del descubrimiento en la iglesia de Santa María de Mérida a mediados de siglo XX, de una lápida de mármol, descubierta por José Serra Rafols, con una de sus esquinas rotas, pero con suficiente texto como para leerse que allí debajo se guardan reliquias entre ellas las de Santiago, por lo que se supone que al igual que otras reliquias que durante la invasión musulmana se llevaron a Galicia lo mismo pudiese haber ocurrido con estas, que bien pudiesen haber sido huesos del Apóstol o algunos resto de vestidos o mortajas mortuorias conocidas como brandeas. Al haberse corrido la voz que Santiago había predicado el Evangelio en España tácitamente se consideró por el entusiasmo popular que el cuerpo del  Apóstol descasaba en Compostela.  Siendo Obispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, demostró, o al menos así consta en el IV Concilio de Letrán, no tener fundamento alguno la tradición de la venida a España de los restos de Santiago. Martín Lutero, en el siglo XVI, aseguró que lo único que había en la ciudad de Compostela eran los huesos de un perro o de un caballo, pero ya nada podía detener el fervor de los peregrinos, necesitados como nunca de fe.

Por otra parte el afamado periodista e historiador gallego Ramón Chao nos afirma textualmente, cuando acompañando a su colega Mermet (de Radio France) le comentaron unos jóvenes en Compostela la víspera de la fiesta del Apóstol del año 2000, que los restos de la catedral no eran los del Apóstol, sino de un hereje nacido tres siglos después llamado Prisciliano cosa que Ramón Chao no había comentado antes a Mermet en ningún momento. Ramón Chao, nacido en Villalba (en la provincia de Lugo), aunque residente en París, es de los que están convencidos de que el apóstol Santiago jamás pisó España y de que los restos que se veneran en la capital compostelana no son los suyos, sino los de un gallego de nombre Prisciliano que en el siglo IV revolucionó el cristianismo primitivo chocando frontalmente con la Iglesia. Un hereje, en fin, ejecutado en la ciudad alemana de Treveris en el año 385 y cuyos restos habrían sido trasladados por sus seguidores hasta Galicia.

Las dudas del periodista Mermet, sin embargo, no habían hecho más que empezar. Una vez en el interior de la catedral, Ramón Chao le animó a que le preguntara a la guía cuál era su versión sobre el origen de las reliquias. «Aquí dentro no puedo decirle nada», le contestó la joven en un impecable francés. “Luego hablamos”. Ya en la calle, la chica le dijo que había cosas que era mejor “no meneallas”.

EL MITO MÁS GRANDE

Después de todo, Santiago, patrón de España, símbolo que animaba a los cristianos contra los ocupantes musulmanes, es el mito más grande de la cristiandad. Con Santiago nació la idea de Europa, Goethe lo reconocía y el Papa Juan Pablo II proclamaba en uno de sus históricos viajes a Compostela: Europa, encuéntrate a ti misma, busca en tu identidad...

A partir del siglo VIII comenzó a peregrinarse desde todo Occidente hasta Galicia para venerar sus restos. De aquel formidable movimiento de masas que dura hasta nuestros días y crece cada año ha nacido una de las mayores industrias turísticas de todos los tiempos. A Santiago llegan miles de peregrinos no católicos, desde monjes sintoístas procedentes de Japón, a personajes como la actriz Shirley McLaine, que no consiguió hacer el Camino de forma anónima como se proponía. El 2004, año Jubilar casi nadie se perdió la foto del Camino, la TV dio reportajes testimoniales del paso de la hija del Presidente de los EE.UU., nuestra querida Reina Dª. Sofía acompañada por un contingente de la Guardia Real, y grupos de jóvenes capitaneados por algún jerarca u obispo de la iglesia entre ellos el Arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco Varela; pero conatos de peregrinación únicamente que jamás cubrieron los últimos cien kilómetros caminando que marcan los cánones.

En un año normal Santiago recibe casi dos millones de peregrinos. En Año Santo, que se celebra cada vez que el día de Santiago, el 25 de julio, cae en domingo (el próximo será 2010, el anterior fue el pasado 2004), puede haber hasta seis millones de peregrinos. Cada año un miembro de la Familia Real española realiza en la catedral la ofrenda al apóstol. ¿Quién se atrevería a remover los cimientos que sostienen ese entramado social, económico y también espiritual?

En Galicia tiene mucha más importancia en el ámbito popular la romería de San Andrés de Teixido, tercia Ramón Chao, autor de Prisciliano de Compostela (Seix Barrall), en el que insiste en que los restos de la catedral no son los del apóstol. Santiago, en Galicia, no tiene el valor mítico que representa en Europa o en Brasil. Santiago es un santo turístico, y su mito nació como una necesidad política, social y militar de los cristianos europeos. El Camino era tan importante que los ingleses llamaban a todo el norte de España en los siglos X, XI y XII, Jacobsland, aunque yo a la ciudad la llamo Compostela, no Santiago.

El apóstol, prosigue, fue decapitado por Herodes Agripa en Jerusalén en el año 42 y enterrado en Palestina. Con el carbono 14 radiactivo sería muy fácil probar que los restos de la catedral son de un hombre del siglo I, pero nunca se ha hecho. No han querido hacer esa prueba, que sería definitiva.

El escritor gallego se suma así a tantos otros historiadores, españoles y extranjeros, que, como el profesor Henry Chadwick, de Oxford, también aseguran que la urna de plata de la catedral encierra las reliquias del hereje Prisciliano, y no las del apóstol. Ya Menéndez Pelayo hablaba mucho de este personaje en Historia de los heterodoxos españoles, y el propio Miguel de Unamuno mencionó en muchas ocasiones la posibilidad de que la historia de Prisciliano se hubiera solapado con la leyenda del apóstol Santiago.

El director de la Biblioteca Nacional, Luis Racionero, recuerda un seminario que se celebró en Santiago en los años 80 en torno a Prisciliano. «Fernando Sánchez Dragó nos contó en una comida su conversación con una marquesa en su pazo gallego. Según ella, el marqués se encontró un día llorando a un joven del pueblo. El chico estaba desconsolado porque el obispo le había mandado destruir una lápida donde estaba escrito: "Aquí yacen los restos de Prisciliano". Creo que sus restos son los de la catedral. Los santos son herejes que tienen éxito, los herejes son santos fracasados. Prisciliano puso en cuestión muchas cosas y le tocó perder».

El asunto es objeto de controversias históricas en las que han participado eruditos de la talla de Claudio Sánchez Albornoz o Américo Castro. Francisco Singul, historiador gallego y asesor cultural del Xacobeo, asegura que el tema de Prisciliano es una “boutade”. No hay noticias escritas de que su cadáver hubiera sido trasladado de Treveris a Galicia. En cambio, la tradición habla de la predicación de Santiago en España y también de su tumba. Los forenses que examinaron los huesos del apóstol en l879 concluyeron que se trataba de restos humanos muy antiguos, de un varón, y el Vaticano ante esos datos ratificó que era el apóstol.

Singul reconoce, sin embargo, que si la ciencia moderna probara que en la urna de plata no estaban los huesos de Santiago Apóstol no cambiaría la fe de los peregrinos ni el sentido del Camino. Porque se trata de un peregrinaje ecuménico. La gente va allí a encontrarse a sí misma.

Para el canónigo archivero de la catedral, José María Díaz, tampoco hay dudas porque, según un estudio llevado a cabo en la cátedra de Anatomía de la Universidad de Santiago, los restos pertenecen a tres hombres del siglo I. Uno sería el apóstol y los otros dos, sus discípulos y compañeros Teodoro y Atanasio.

La leyenda de Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo el pescador y hermano de San Juan Evangelista, nació en el siglo VIII con las visiones de un ermitaño que vio luces extrañas en un bosque de Iria Flavia mientras se escuchaban los cánticos de los ángeles. El obispo Teodorico visitó entonces el lugar y encontró una vieja lápida con restos humanos y los atribuyó al apóstol y a dos de sus discípulos.

Cuando la noticia llegó a los dos hombres más poderosos del momento, el Papa León y el rey francés Carlomagno, ambos se apresuraron a certificar que se trataba del apóstol. El mundo necesitaba creencias, los cristianos necesitaban una fuerza que les moviera a luchar contra los árabes, que habían llegado hasta la localidad francesa de Poitiers y amenazaban de forma permanente Asturias, el único reino de la Península que había resistido sus avances.

SIMBOLO DE PODER

El santuario y Compostela se convirtieron en un lugar de culto, en símbolo del poder cristiano. Santiago empezó a aparecerse en las batallas vestido de blanco, sobre un caballo blanco, matando moros. La Reconquista fue triunfando lenta pero imparablemente, a pesar del temible Almanzor y otros caudillos militares musulmanes. Y cuando Almanzor arrasó Compostela, respetó las reliquias, una circunstancia que afianzó todavía más la leyenda.

Sin embargo, había que justificar la presencia de los restos de Santiago en Galicia, ya que su muerte en el lejano Jerusalén estaba probada.

En el siglo XVI los piratas ingleses al mando de Francis Drake asaltaron La Coruña, lo que obligó al obispo San Clemente a esconder las reliquias del apóstol detrás del altar mayor. Allí permanecieron olvidadas los siguientes 300 años, un periodo en el que decayeron las peregrinaciones, hasta que en 1879 se encontraron las reliquias de nuevo y los forenses de la época, con sus insuficientes medios, aseguraron que se trataba del apóstol y dos de sus seguidores. El entusiasmo volvió a despertarse y las peregrinaciones recuperaron su auge de antaño.

Curiosamente, Prisciliano también salió del olvido y la marginalidad gracias a científicos y estudiosos, que ya no temían la condena de la Iglesia. Originario de una familia de Iria Flavia del siglo IV, el joven Prisciliano tenía inteligencia, don de gentes y de palabra y una gran cultura, que perfeccionó en la Universidad de Burdeos. Estaba llamado a ocupar un sillón entre los clérigos purpurados.

Fue en la ciudad francesa donde descubrió el cristianismo primitivo con tintes judaicos, maniqueos y orientales, y allí fundó una especie de comuna ascética donde se meditaba, se dejaba participar a las mujeres y no se prohibía el matrimonio entre clérigos, aunque se recomendaba la castidad. Además, Prisciliano condenaba la esclavitud y rendía culto a la naturaleza. Ni un milagro podría salvarle de las iras de la curia eclesial

A su vuelta a Galicia, el éxito de sus doctrinas tomó unas proporciones enormes que se extendieron hasta Portugal y que inquietaban a la Iglesia oficial. Le acusaron de excesos sexuales, de celebrar orgías, de permitir que los clérigos llevaran el pelo largo, de que hubiera bailes en su liturgia.

CONDENA A MUERTE

Su elocuencia le salvó de la muerte una primera vez. Defendiéndose a sí mismo en un tribunal romano, logró convencer a la curia. Pero la fuerza con que se extendía su mensaje era imparable, y la desconfianza de sus enemigos también. Su suerte estaba echada Su ejecución en el año 389 en Treveris fue ordenada por el emperador Teodosio. Constituyó la primera muerte de un cristiano a manos de otros cristianos. Se desencadenó entonces la persecución de anacoretas, vegetarianos, ascetas y todo lo que tuviera visos de priscilianismo.

Sus discípulos consiguieron llevar los restos hasta su Galicia natal por una ruta que luego seguirían los peregrinos de Compostela. Había nacido el Camino de Santiago, casi cuatro siglos antes de que empezara el primer peregrinaje oficial.

¿Quién está, entonces, en la catedral de Compostela, el santo llegado de Palestina o el hereje Prisciliano? Tal vez ni siquiera la ciencia pueda llegar a desvelarlo. El prestigioso forense José Antonio Lorente, director del laboratorio de identificación genética de la Universidad de Granada, ha rechazado en dos ocasiones analizar el ADN de las reliquias. Mientras no se tenga con qué compararlas no tiene mucho sentido hacer las pruebas.

A lo sumo, si se conociese el lugar de enterramiento de algún pariente de Prisciliano, se podría determinar si los restos corresponden o no al hereje. Lo demás es leyenda. Y un camino por hacer hasta la Plaza del Obradoiro.

Esta declaración oficial del Vaticano no ha sido refrendada por ninguna de las técnicas que se utilizan en la actualidad, como el controvertido carbono catorce. La ausencia de pruebas científicas da alas a muchas voces. Voces que denuncian insistentemente lo que consideran un montaje. Voces que tampoco están respaldadas por la ciencia, pero que piden que se reconozca que quien reposa bajo las piedras del templo compostelano no es Santiago, sino Prisciliano.

Pero esperemos al final para ver otros hechos que de algún modo podrían cambiar, si no la historia, la tradición citada y que continúa después, pero eso lo dejamos en manos de la cultura, convicciones o fe del lector.

Otro acreditado historiador y periodista, de un modo más agresivo aparte de negar cualquier rastro evidente del paso del Apóstol por Hispania, apostilla ser uno de los mayores montajes y mentiras de la iglesia, y que sería catastrófico que no fuese quien se dice estar enterrado bajo el altar mayor del edificio catedralicio compostelano. Pues aparte de irse al traste la tradición jacobéa, automáticamente el “mito” de la Virgen del Pilar no tendría ningún fundamento. Pero hay comentarios de todo tipo, de grandes personalidades del mundo de la cultura y el periodismo, que me remito a reproducir textualmente sin añadir ni suprimir nada, ni siquiera mi opinión al respecto:

EL MITO DEL CAMINO DE SANTIAGO

Cuenta la tradición que hacia el año 820 un ermitaño llamado Pelayo, afirmó que observaba muchas noches unas luces que semejaban una lluvia de estrellas fugaces, que caían siempre sobre el mismo montículo. El ermitaño, impresionado por la lluvia de estrellas, se presentó ante el obispo de Iria Flavia Teodomiro para informarle del suceso. El obispo se trasladó hasta el lugar y pudo contemplar el fenómeno relatado por el ermitaño. Un fuerte resplandor iluminaba el lugar en donde, entre la densa vegetación, encontrarían un sepulcro de piedra en el que reposaban tres cuerpos, identificados como el de Santiago el Mayor y sus discípulos Teodoro y Atanasio.

El más antiguo se los relatos pormenorizados que se conserva sobre el descubrimiento es la "Concordia de Antealtares", escrito doscientos cincuenta años después, concretamente en el 1077.

A partir del descubrimiento, el sepulcro se convierte en punto de peregrinación de todo el continente Europeo. El camino quedó definido entonces recurriendo básicamente a las numerosas calzadas romanas que unían diferentes puntos de la península.

Hace unos cien años, más de mil después del descubrimiento, en 1878 el Papa León XIII expide una Bula donde confirma la autenticidad de los restos del Apóstol, que habían sido reencontrados tras haberse escondido contra los saqueos casi tres siglos antes. Este hecho, junto al descubrimiento de la tumba de Teodomiro en 1949, hace renacer el interés por el Camino de Santiago. A partir de los años setenta del siglo XX, comienza un resurgir del Camino, gracias fundamentalmente al interés turístico de las administraciones públicas, el desarrollo de múltiples asociaciones y cofradías y, en menor medida, a las visitas del Papa a Santiago en los años ochenta, el renovado esfuerzo de la Iglesia, la declaración de Patrimonio de la Humanidad y últimamente con el otorgamiento del premio "Príncipe de Asturias". 

Hasta aquí llega la historia oficial del Camino de Santiago, basada en conjeturas, las más de las veces, inverosímiles, intereses religiosos, políticos, sociales, turísticos y, curiosamente, poco o nada históricos. Pero existe, también, otra versión sobre de quién son los restos que descansan en la tumba de Compostela. Conozcamos esa otra historia. Hacia el año 349 nace Prisciliano en Iria Flavia en el útero mismo de la Galicia esotérica y mágica, frente a la Costa de la Muerte. Iria Flavia es por aquel entonces un mítico lugar de ancestrales cultos celtas, enclavada en un altozano que pareciera un gigantesco menhir, se decía que era la última etapa de peregrinación de los druidas del continente antes de llegar a los confines de la Tierra, el Finisterrae, esa zona que hoy conocemos como Costa de la Muerte.

Sabemos que aquel joven gallego empujado por su pasión por el gnosticismo conoció a Ágape y Marcos, discípulos de Basílides, hombre clave del hermetismo maniqueo más esotérico, fue Prisciliano también discípulo de Delphidius catedrático de retórica y poeta, considerado descendiente directo de los druidas.

Prisciliano fundo en Burdeos, junto con Elpidio una comunidad de pensadores, vestían túnicas blancas y se dedicaban, entre otras muchas labores, a la recolección de piedras sagradas (abraxas) en antiguas cuevas prehistóricas de Aquitania. Amantes de la noche, trabajaban a la luz de la luna para incrementar la luminaria del fuego, tal como hacían los antiguos celtas que adoraban el plenilunio.

Expulsados de Aquitania por acusaciones de brujería, Prisciliano condujo a sus seguidores a su céltica Galicia, la cuna europea del paganismo, pero ni en su mágica tierra se vio libre de sus enemigos y fue acusado junto a Prócula de escándalo amoroso. Muchos historiadores sostienen que Prócula fue la inspiradora de la elección de la venera (vieira) como símbolo del peregrinaje iniciático hacia la Costa de la Muerte.

Jamás se rindió Prisciliano a las falsas acusaciones de sus enemigos, llegó a ser obispo de Ávila, predicó la pobreza como virtud y los evangelios apócrifos, ampliando con el paso del tiempo el número de sus seguidores que reclutaba entre las elites culturales y del poder.

Fue tan grande su influencia que fue perseguido por las más altas instancias de la iglesia hasta que lograron su condena a muerte tras sufrir grandes torturas acusado de maniqueo, hermetista y llegaron a decirse de él que era la reencarnación de un brujo druida de la prehistoria gallega.

La cabeza de Prisciliano rodó en Tréveris en la primavera del año 385 ante los extasiado ojos de un público que no entendía lo que estaba pasando.  Con la muerte de Prisciliano muere su historia y nace su leyenda.

Cuatro años más tarde un grupo de seguidores gallegos llega a la cuidad alemana de Tréveris a reclamar el cuerpo de Prisciliano y sus discípulos para transportarlos a su hermética tierra de druidas y darle cristiana sepultura. Con él muere la leyenda herética y nace la secreta historia de Prisciliano y sus discípulos.

El cuerpo es llevado a hombros a lo largo de la Galia y la Hispania, recorriendo "casualmente" un itinerario que con el paso de los siglos se convertirá en la ruta jacobea, el hoy popular y turístico Camino de Santiago.

Prisciliano fue inhumado cerca de su tierra natal, Iria Flavia. Muy posiblemente sus restos mortales pasarían siglos después a la cripta de la catedral de Compostela bajo el velo protector de la leyenda de Santiago Apóstol.

Casi nada se puede afirmar del silente trabajo de sus seguidores, si fueron ellos quienes trazaron la ruta jacobea o ésta ya era un itinerario druida anterior que aprovecharon los romanos para trazar sus calzadas, si los restos que hoy se atribuyen a Santiago Apóstol son los de Prisciliano, si los Cátaros, los Masarríes o los Templarios que surgieron años después eran seguidores de este gnóstico o si, aún hoy, otras Sociedades Secretas siguen sus postulados.

Otros de los denominados caminos de Santiago, son anteriores al propio Santiago, Así en denominado camino de la Plata, es una calzada romana que unía Mérida con la ciudad de la Gallaecia, Asturiga (Astorga) donde se ubicaba la Legión Séptima Gémina.

Sea como fuere, Prisciliano creó una escuela gnóstica de gran influencia en los años posteriores y que aún hoy pueden detectarse sus vestigios en el pensamiento religioso del pueblo gallego, ese híbrido se profesa mezcla de paganismo y cristianismo; aquella escuela proclamaba la liberación a través del conocimiento, en contraposición a la salvación a través de la fe.

Pero aún hay más versiones. Para quien conozca bien Galicia, no le resultará extraño oír que gran parte de su tradición cultural, de clara influencia céltica, se ha trasmitido durante siglos de forma oral en la intimidad del hogar, sus muchas las creencias paganas, (Santa Compaña - Premoniciones - Lugares Sagrados - Meigas...) asimiladas muchas de ellas por el cristianismo y han perdurado desde la noche de los tiempos hasta nuestros días.

Entre esas tradiciones orales existe una extendida por toda la Costa de la Muerte que narra las ancestrales peregrinaciones celtas, a través de un camino iniciático que siguiendo las estrellas en la noche clara (Vía láctea) les conducía hasta el fin del mundo (Finisterrae). Era un camino hacia la muerte alegórica, allá donde muere el sol cada día, para renacer en el camino de regreso hacia el oriente.  

La introducción del cristianismo en Galicia es un fenómeno tardío. La primera comunidad cristiana conocida estaba formada por soldados de la Legión VII Gémina y datada hacia la mitad del siglo III

            Nada hay de cierto históricamente del apostolado de Santiago en Galicia. El medio de introducción del cristianismo en el pueblo rural castreño fue el priscilianismo, en el siglo V  tras las invasiones suevas, probablemente porque esta doctrina hereje estuviera muy cercana a la religión pagana de los indígenas castreños. Aún en el siglo VI en el concilio I de Braga del año 561 hay documentos que muestran que se orientó su labor hacia la eliminación de la pervivencia del priscilianismo tan arraigado en la sociedad rural gallega.

Si Pelayo o Teodomino eran o no gnósticos seguidores de Prisciliano y por ello se inventaron la presencia del Apóstol, nunca lo sabremos, pero lo cierto es que su "visión" despertó de su letargo al sendero inciático de los druidas atlánticos, unido a los intereses de la Iglesia Cristiana para ofrecer una ruta de peregrinación alternativa a la fracasada de la Tierra Santa y los intereses políticos por ocupar las tierras despobladas conquistadas a los musulmanes en Castilla, dieron como fruto este camino. Habrían de pasar unos doscientos años -Siglo XI- para que el camino alcanzara su máximo desarrollo y en el XII el obispo Gelmírez le dio el espaldarazo definitivo.

Durante siglos miles de peregrinos europeos popularizaron con su cansino caminar a pie, caballo, barcos y carretas este camino, las razones que los empujaban eran tres, la devoción, la penitencia y las promesas. Poco a poco el camino fue colonizado por Órdenes de Monjes Soldados, destacando entre ellas, la Orden de los Caballeros del Temple, de la que tanto se ha escrito y tan poco se conoce, debido a su carácter esotérico (Secreto). Pero nada es eterno y el camino languideció hasta quedar en el olvido. En el siglo XIV la peste negra asoló Europa y comenzó la agonía del camino desapareciendo dos siglos después, en el XVI

En el siglo XX ante el vacío espiritual provocado una vida de competitividad y el alejamiento de una parte importante de la Iglesia Católica de la espiritualidad para dedicarse a la reivindicación social y el acomodo terrenal, comienza surgir en el seno de la cultura occidental asociaciones iniciáticas que tratan de llenar ese vacío espiritual con nuevas y modernas creencias; nace una nueva espiritualidad, surgen las sectas, decenas de charlatanes ganan adeptos, incontables publicaciones esotéricas que producen pingües beneficios, movimientos que afirman descubrir los secretos de las tradiciones esotéricas ancestrales, en definitiva, ante el vacío espiritual que ofrece la religión, las gentes tratan de llenarlo con nuevas mentiras bien orquestadas.

Una buena forma de encontrarse así mismo es la soledad libremente elegida: el desierto, los navegantes solitarios, las cientos rutas despobladas y, justo es aceptarlo, un largo y olvidado camino que antaño fue transitado, una leyenda que aún guarda cientos de tesoros arquitectónicos, que está salpicada de bellos paisajes, goza de una buena infraestructura hostelera y ofrece una gastronomía variada.

Así, de nuevo hoy, confluyen los intereses de políticos, ciudadanos e Iglesia para revitalizar el Camino. Compostela se erige nuevamente como la meta para miles de cristianos, turistas, negociantes y un sinfín personajes que se erigen en los genuinos portadores de la verdad ancestral del camino. Las editoriales publican miles de libros de ficción, turísticos, guías, gastronómicos, iniciáticos, deportivos que tienen por protagonista este camino ancestral.

Un negocio floreciente que crece año tras año y en el que gobiernos y empresarios invierten inmensas cantidades de recursos incentivando el viajar por tierra, mar y aire hasta la tumba del Apóstol. Se da el caso de disputas entre municipios vecinos, peleándose entre ellos por la genuina razón histórica de disfrutar de estar ubicado en el camino, negándole al otro la posibilidad de ofrecer alojamientos para peregrinos.

Se constituyen cofradías, ordenes y asociaciones que dictan las normas de cómo debe hacerse el camino, establecen un trofeo (La Compostela) para colgar en la pared de su casa o enseñar a los amigos, que acredita haber recorrido el camino de forma genuina,  como ellos disponen que es necesario hacerlo para llegar a ser un iniciado. Así quien viaje en avión, coche o barco no será merecedor del título de peregrino, ignorando que en la Edad Media los peregrinos utilizaban todos los medios disponibles en su época para llegar a Compostela, muchos eran quieren hacían el camino en carretas y hoy quién así la hiciera, no sería reconocido por los detentadores de las esencias jacobeas. En el siglo XII Abu-abd-Alla Mohamed-al-Idrisi recoge en un libro cuatro itinerarios a Compostela, uno de ellos recorre el litoral en barcos de cabotaje desde Bayonne (Francia) hasta el Finisterre, la actual Costa de la Muerte, probablemente hasta el puerto de Barizo, para desde allí, recorriendo una calzada medieval de la que aún hoy se conservan algunos tramos en Corme con el nombre de "camino de las pescas", dirigirse por tierra caminando o en carreta hasta Santiago. Quien hoy emule a aquellos peregrinos marítimos no sería merecedor de la Compostela. Hoy los supuestos detentadores del saber del camino, sólo reconocen como peregrinos a aquellos que hayan hecho un mínimo de kilómetros para llegar a Compostela a pie, bicicleta o caballo, desconozco si se la darían a quien haga el recorrido en burro o mula.

La Iglesia Católica, más atemporal y prudente, concede el jubileo a todos los que visitan Santiago en los años santos, siempre que se confiesen, oren por el Papa y comulguen, al margen de cómo hayan viajado hasta allí.

El universo en torno al camino está plagado de ese tipo de personajes que se comienza a reconocer con el nombre de “pijigrinos”, además del aluvión de turistas caraduras que desean gozar de unas vacaciones diferentes y sobre todo baratas, de competitivos deportistas que desean batir récords caminando, de pedantes que nos aburren con sus supuestos conocimientos esotéricos, un universo diverso en el que se echa en falta cristianos con fe -ortodoxos o priscilianistas- que por devoción, penitencia, promesas o en acción de gracias peregrinan hasta la tumba del apóstol Santiago o el druida Prisciliano para abrazarlos o ganarse el jubileo. 

De seguir así el camino, como ya hay quien se ha hecho famoso y rico con sus libros sobre el camino,  pronto habrá quien publique alguna tesis doctoral sobre la iniciación esotérica en la histórica calzada que nos conduce a Galicia o, incluso, reivindique en el Guinness ser el peregrino que menos tiempo ha invertido en recorrer a pie los cientos de kilómetros que separan Compostela de París, Saint Jean Pied de Port o Roncesvalles, compitiendo con las decenas, cientos, miles de patanes organizadores de conferencias, simposios, tertulias, libros y estudios que cuentan su experiencia iniciática del camino, el cambio, a mejor por supuesto, que se ha producido en su vidas tras la peregrinación, gentes que hablan... y hablan... y hablan... sin decir absolutamente nada. Quizás sea la justa condena a una tradición que, comenzó con una gran mentira, está sentenciada a nutrirse con nuevas mentiras.

 

Personalmente pienso que lo expuesto es debido principalmente al hecho de contar con más documentación del siglo IV, que del primer milenio de nuestra era por lo cual se pueden establecer más datos constatados del hereje Prisciliano que del Apóstol Santiago y que de ser cierto que la tradición es un mito, el Camino no perdería nada y la asistencia de turistas, visitantes y peregrinos a Compostela no se reduciría en absoluto, pues este ya es un comentario demasiado difundido, y esté aceptado o no es de dominio público, y curiosamente no reciente.

Pero no sería justo escuchar solo a detractores de lo que llaman el mito Jacobéo; creemos que Juan José Cebrián Franco, algo tiene que decir en contra de las tesis o argumentos expuestos:

El año 1900 el eminente hagiógrafo, Mons. Louis Duchesne, publicaba en la revista de Toulouse Annales du Midí un artículo bajo el título Saint Jacques en Galice, con el propósito de afrontar el estudio de dos tradiciones españolas: La predicación del Apóstol Santiago en España y su sepulcro en Compostela. El éxito que obtuvo entre los estudiosos puede ser considerado sorprendente, si atendemos a la solidez histórica de sus argumentos. No todo lo que publican los grandes genios es genial. Cae fuera de nuestro propósito analizarlo aquí. Más bien lo rememoramos porque en él se encuentra la insinuación que ha inspirado a muchos para relacionar a Prisciliano con Santiago.

En las página 160-162 se ocupa de este asunto partiendo de la afirmación de que al final de la época romana Galicia se nos presenta como la tierra bendita del priscilianismo (terre beni); va después desgranando la historia y conflictos habidos aquí con los seguidores del heresiarca y concluye: "Si los católicos en esta región no han tenido santos locales, otra fue la suerte de los priscilianistas. Entre ellos el jefe de la secta obtuvo gran honor. Se sabe que fue ejecutado en Tréveris el año 385 junto a dos de sus clérigos, Felicísimo y Armenio. Otros cuatro, Latroniano, Eucrocia, Asarbo y Aurelio, estos dos últimos diáconos, fueron también decapitados. Mas estos suplicios no sirvieron más que para exaltar el entusiasmo de sus partidarios. Los siete cadáveres fueron trasladados a España, enterrados con grande pompa y honrados como mártires.

¿Dónde fueron celebrados sus funerales? Prisciliano era obispo de Avila en Lusitania; pero es poco probable que su culto haya florecido en esta región, que volvió en seguida a la ortodoxia. No existe ningún texto, ni indicio que permita creer que los llamados santos del priscilianismo hayan recibido sepultura en Galicia, pero es de notar, como se ha visto, que fue en este país donde conservaron por más largo tiempo la simpatía del pueblo".

De la lectura de esta larga cita resulta evidente, a pesar de lo escrito por muchos, que Duchesne no afirma nada. Se limita a insinuar una idea que sin duda debió parecerle feliz, pero la ausencia del mínimo apoyo documental o indicial impidió a su honradez científica hacer ninguna afirmación. Los que no tuvieron escrúpulos en hacerlo fueron, en primer lugar, escritores amigos de novedades provocativas; después políticos anticlericales o antirreligiosos que vieron en esta identificación la forma de destruir uno de los símbolos de la fe del pueblo gallego y español; por último, se ha convertido en bandera de pretendidos eruditos y charlatanes con fácil acceso a medios de comunicación, que la proclaman como tesis demostrada.

Prisciliano y Galicia.

La falta de claridad sobre la personalidad de Prisciliano afecta también a uno de los datos que sobre ella se suele dar como más seguro: su condición de gallego. En ella se han basado muchos para explotar su figura como una gloria nacional víctima de su rebeldía contra el poder. Sin embargo ni es seguro, ni siquiera probable que fuese gallego. Cierto que Próspero de Aquitania lo presenta como Princilianus epíscopus ex Gallætia (Cronicón, pars secunda), poco puede decir esto a los gallegos de hoy si sabemos que nuestra Galicia es una mínima parte del territorio de la Gallætia romana. Desde la creación de Diocleciano, Galicia llegaba hasta el actual Euzkadi, comprendiendo pues Cantabria, Burgos, Palencia, Valladolid, hasta la Cordillera Ibérica y Somosierra. Limitaba por el Sur por los ríos Eresma y Duero. De hecho la vida conocida de Prisciliano discurrió en el Sur, fue Obispo de Avila y probablemente jamás pisó el territorio actual de Galicia.

Aunque la sagacidad que se ve en sus escritos de defensa podría tomarse como típica del carácter gallego, no tenemos en absoluto seguridad de que el estereotipo de "gallego" de los últimos siglos fuese aplicable a los del siglo IV. Lo que sí tiende a disuadirnos de su condición galaica es su doctrina, claramente emparentada con las corrientes gnósticas que se desarrollan en Egipto en los comienzos de la andadura cristiana.

No obstante es indudable que en el territorio de nuestra Galicia fue donde más persistieron sus adeptos tras su muerte. Esto encuentra fácil explicación en el apoyo militante que los Obispos de Astorga y Braga les prestaron hasta el año 400, fecha en que fueron condenados en el Concilio de Toledo. La adjuración de éstos redujo al priscilianismo a la parte más occidental de Galicia. A mediados del siglo V la presión de estos grupos tiene fuerza suficiente para obligar al exilio al Obispo de Celenes (Caldas de Reis), lo que parece suponer que fue por esta zona donde más arraigo consiguió. Ciertamente los restos de priscilianismo debían aún persistir en el siglo VI (Concilios I y II de Braga, años 561 y 572) si atendemos a los anatemas contra proposiciones priscilianistas que en ellos se contienen, lo que no obsta para que el II afirme que en Galicia ya nadie se aparta de la recta doctrina.

Es precisamente esta persistencia lo que parece sugerir que fue aquí adonde Prisciliano y sus compañeros fueron trasladados, sepultados y venerados como mártires.

Tampoco resiste a un análisis detenido la afirmación de que la religiosidad popular gallega es una pervivencia priscilianista. Nada de lo que constituye el contenido religioso y las creencias rurales tiene que ver con esta doctrina, más que de esto se trata de un catolicismo captado desde los parámetros de una sociedad rural arcaica.

El Sepulcro de Prisciliano no está en Santiago.

La insinuación de Duchesne fue convertida sin fundamento alguno en afirmación tajante, según la cual el sepulcro sobre el que se asienta la Catedral Compostelana es en su origen el de Prisciliano. ¿Qué fundamento puede tener esto? ¡Absolutamente ninguno! Aquí si que podemos hablar con seguridad basándonos en datos contrastados y claros. El sepulcro de Compostela ciertamente no es el de Prisciliano. Dos razones nos apoyan:

 

1.- Los sepulcros descubiertos en el subsuelo de la Catedral son únicamente tres y los esqueletos contenidos en ellos pertenecen a tres varones. Tal fue el dictamen de los doctores Antonio Casares, Francisco Freire Barreiro y Don Timoteo Sánchez Freire, tras detenidos estudios y exhaustivos exámenes. Prisciliano y los compañeros fueron siete y de ellos una mujer, trasladados a España sin duda alguna cinco, probablemente todos. No hay pues la mínima coincidencia.

 

2.- El sepulcro central, atribuido desde siempre al Apóstol fue cubierto con un mosaico de mármol que llegó hasta el siglo XIX. Este mosaico ha sido estudiado de forma seria exhaustiva y, a juzgar por el asentimiento obtenido, terminante por el profesor Don Isidoro Millán González-Pardo.2 Según este estudio pertenece a la segunda mitad del siglo II (175/230 p. C). Prisciliano vive, muere y es sepultado en el siglo IV (385) unos doscientos años después! Cuando esto ocurre el sepulcro de Compostela existía ya, y llevaba dos siglo cerrado y adornado con el mencionado mosaico.

Estas dos razones son suficientes para dejar zanjada la cuestión artificial que unos cuantos irresponsables no dejan de airear sin el mínimo contraste con los hechos gozándose en su feliz ocurrencia.

 

¿Hay algún indicio del lugar de su sepultura?

La única razón para fijar en nuestras latitudes la tumba del heresiarca y sus compañeros es la persistencia de adeptos aquí. Mons. Guerra Campos indica la existencia de un lugar altamente sugerente en sus proximidades: Os Martores, perteneciente a la parroquia de San Miguel de Valga. Aquí hay una ermita, dedicada a San Mamed, en cuyo interior han aparecido sarcófagos antropoideos tallados en piedra que bien pudieran pertenecer al siglo IV, al menos son semejantes a los de Tines. El nombre de Os Martores se ve claro que es una evolución popular de Os Mártires.

Hemos de notar que, tras examinar todos los topónimos existentes en Galicia, no he encontrado ninguno que se pareciera a este. Está situado en territorio que por toda lógica debía pertenecer a la diócesis de Caldas de Reis (Aquæ Celenes) donde, como hemos indicado, en el siglo V los priscilianistas tenían fuerza suficiente para constreñir al exilio a su Obispo, Ceponio.

El que la ermita esté hoy dedicada a San Mamed no hace más que sugerirnos la existencia de una de las tácticas de cristianizar, en este caso sería "ortodoxizar", un lugar consistente en substituir el culto combatido por otro ortodoxo. Este santo es un mártir de los primeros siglos del cristianismo muy venerado en el territorio de lo que fue la Gallætia Romana.

A modo de conclusión.: Creo que se puede concluir de lo dicho que lo más claro que tenemos sobre Prisciliano y su movimiento es que no tiene nada que ver con Santiago y el hecho jacobeo. Me uno aquí a la petición de que de una vez se le estudie e investigue por lo que realmente fue y que no se le utilice irresponsablemente como parásito de la cuestión jacobea.

 

Pero sigamos con la tradición, que nos relata que en Iria Flavia residía a principios del S IX el obispo Teodomiro, que regentaba la sede episcopal, cuando le llegó a través de un ermitaño de nombre Pelayo la noticia de unos curiosos resplandores y luminarias así como una música extraña procedentes de una montaña no muy lejos de allí. Se destaca al lugar el prelado con un séquito muy numeroso, guiado por el camino trazado por las estrellas, y desbrozando el terreno hallan una cueva donde encuentran un sepulcro marmóreo con los restos del Apóstol en el sitio conocido como Campus Stellae (Campo de Estrellas), de donde proviene el actual nombre de Compostela, lo cual según la tradición sucedió en el año 813.

Reinando en Oviedo Alfonso II tuvo conocimiento del hallazgo y contribuyó a la edificación de un santuario pétreo de pequeñas proporciones, y desde esa la sede episcopal fue trasladada allí desde Ira Flavia

Ni que decir tiene que la noticia comienza a extenderse por todo el mundo católico y comienzan a acudir peregrinos de todo el orbe a postrarse ante el sepulcro del Apóstol, lo que paulatinamente fomenta el incremento de la ciudad. Se construyen albergues, hospicios, conventos y hospitales para peregrinos; de tal modo que pocos años después el siguiente monarca asturiano Alfonso III se educa en la ciudad, más tarde derriba la iglesia que construyó su padre edificando otra de mayores proporciones, cuyas obras duraron 10 años, de un primitivo estilo románico asturiano; los materiales proceden de antiguos edificios en ruinas del interior de la Península. Además de Alfonso III, los reyes Ordoño II y III la dotan con privilegios y cuantiosas donaciones.

Al producirse en las costas gallegas, con demasiada frecuencia, invasiones de sarracenos y normandos se funda la Orden de Santiago que defiende y guía a los peregrinos (aunque hay versiones fundadas de que esta Orden procede de la de los Freires de Cáceres transformada por motivos políticos, religiosos y económicos) en el Camino, cuando fue la orden templária quien sin cobrar protagonismo dio la debida protección al peregrino. De este modo las peregrinaciones quedan aseguradas a la vez que en todo el Camino Francés y del Norte se construyen puentes, carreteras, hospitales y albergues; simultáneamente los monjes atesoran reliquias en los monasterios y atraen al peregrino que va camino a Compostela.

Por esa época, concretamente en el año 930 y en tierras ahora riojanas próximas a Navarrete, se libró entre el rey Ramiro de Navarra y Abderraman I la conocida Batalla de Clavijo surgida por suprimir el Tributo de las Cien Doncellas. Al parecer cuando el rey Ramiro tenía la batalla perdida y el ejército diezmado tiene esa noche un sueño premonitorio: El Apóstol le relata su victoria que tendría el siguiente día. Ciertamente según crónicas tradicionales y no documentadas, aparece el Apóstol culebreando sobre un blanco corcel capitaneando las tropas navarras al grito de ¡Santiago¡ (adaptado de ¡Santiago y cierra España¡) que aplastan al ejercito omeya. Pero al no estar documentada esta batalla muchos historiadores la ponen en tela de juicio, e inclusive afirman que no existió, aunque de ella hablaremos posteriormente.

Todavía es frecuente contemplar esa imagen de Santiago enarbolando una espada flamígera conocida como Santiago Matamoros. No olvidemos que Jesús otorgó a Santiago el sobrenombre de Boanerges, hijo del trueno es decir el rayo, de ahí la representación de su imagen a caballo con la espada flamígera.

A finales del milenio, en 997, Almanzor sitió Compostela arrasándola al completo. Con una habilidosa rapiña la ciudad es saqueada inclusive las campanas se trasladan al sur por esclavos cristianos, para ser utilizadas, a modo de botín, como lámparas en la mezquita cordobesa. Más de dos siglos pasarían hasta ser devueltas a su origen a hombros de sarracenos en el año 1.236 al conquistar Córdoba el rey Fernando III. Se cuenta que Almanzor entró a caballo en la iglesia estando vacía con la excepción de un monje que guardaba el sepulcro del Apóstol y admirando su valor al no esconderse le perdonó la vida. Una leyenda cuenta que el caballo del caudillo árabe al querer abrevar en la pila bautismal quedo muerto al instante por tal sacrilegio.

Es el obispo Pedro Mezondo (Mezonzo según otros) el autor de la Salve Regína, a quien muchos asocian con el monje que Almanzor perdonó la vida que huyó de la invasión llevándose las reliquias del Santo y los tesoros de la iglesia que no habían sido expoliados. Regresa a Compostela y comienza a reconstruir el templo con las aportaciones del rey Bermudo II. En tiempos del obispo Pelaez (1.075) se comienzan las obras de una nueva basílica, la actual, y en el año 1.101 es investido obispo Diego Gelmirez que un año más tarde edifica su palacio adosado al ala norte de la basílica. Este obispo también edifica la casa de los canónicos y la iglesia de Santa Susana, y originalmente denominada del Santo Sepulcro, dando un notable empuje a las obras catedralicias, incluso consigue del monarca Alfonso VI la gracia de poder acuñar moneda en la ciudad compostelana.

 

Desde ese momento y durante algunos siglos la ciudad sería testigo de grandes disturbios, concretamente en cuanto al inicio de éstos, el asalto por los ciudadanos compostelanos al Palacio Gelmirez en 1.117 al rebelarse contra la autoridad del obispo de cuya jerarquía dependían. Las hordas ciudadanas sitian la catedral y queman una de sus torres. Gelmirez huye en una noche de luna llena a la sombra de los soportáles de la Rua del Villar, sale por la Puerta Faxeiras uniéndose al ejército de Alfonso VII que pone sitio a la ciudad sofocando la sublevación. Es en esa época cuando los compostelanos, en una de tantas reyertas, arrastraron por el suelo agarrada del cabello a la reina doña Urraca, aliada de Gelmirez. También se conocen las revueltas de 1.449 motivadas, igualmente, por la conducta de un obispo, concretamente don Rodrigo de Luna. Los Reyes Católicos levantan el hospital Real a instancias del Deán don Diego de Muros cuyo edificio es el Hostal de los Reyes Católicos actualmente, ubicado en la zona sur de la Plaza del Obradoiro.

Corría el año de 1.520 cuando Carlos I celebró cortes en la ciudad, con el fin de conseguir los recursos económicos que necesitaba para llegar a Alemania donde sería coronado Emperador, pero al no conseguirlos en esta ciudad celebró cortes en La Coruña.

Cuarenta años después se instaura en Santiago la Inquisición donde tuvo un papel destacado, gemonías de las que fueron fiel testigo las piedras de la actual Plaza de Cervantes en la cual se celebraban los Autos de Fe o al menos se instalaba la pira crematoria.

En 1.589 los ingleses invaden las costas gallegas e irrumpen en Compostela, el arzobispo San Clemente esconde las reliquias apostólicas ante el miedo que sean quemadas por los invasores.

Crónicas negras se suceden en el siglo XVII. La ciudad, mas que eso, asemeja a un hospital, puesto que el hambre y la peste se adueñan de la misma, lo que no es ningún freno para acometer grandes obras, tales como el Palacio Rajoy, frente a la fachada catedralicia, el Hospicio de Santa Isabel y el Hospital de Carretas.

Aparte de los ingleses, concretamente en 1.809 los franceses inician su particular expolio, e imponen contribuciones de guerra. Al quedar abolidas las señorías jurisdiccionales por las Cortes de Cádiz el 6 de Agosto de 1.811 llega a su fin la autoridad civil del arzobispado compostelano. En 1.812 se le exime del Voto de Santiago y un año después se suprime la Inquisición que tan duramente llevó su papel en la ciudad. No sería hasta 1.878, cuando, tras estar ocultos 289 años aparecen de nuevo los presuntos restos del Apóstol, automáticamente y sin ninguna comprobación de modo absolutamente científico se aceptan como las de Santiago y desde entonces reposan en el plateado sarcófago ubicado en la cripta bajo el altar mayor.

Siendo Compostela la meta del peregrino no sería justo no mencionar algo del Camino, cordón umbilical de unión con Europa, donde era la vecina Francia la que poseía cuatro puntos de arranque y reunión: París (En las proximidades de Notre Dame, concretamente cruzando el Sena junto al Ayuntamiento en la Tour de Saint Jacques), Le Puy, Arlés y Vezelay. Rumbo al sur atravesando los Pirineos unos entraban por Somport (Vía Tolosana) y otros por Roncesvalles confluyendo ambos caminos en Puente La Reina: Un largo recorrido por suelo español de 900 Km. y muchas jornadas. Pero no creamos bajo ningún concepto que estos caminos comenzaban en Francia, estos comienzos franceses son conexiones de otros puntos europeos, principalmente, a saber, de Bélgica, Alemania, Polonia, Holanda y conexiones de rutas marítimas procedentes de las islas Británicas.

Cuando el Camino entra en Galicia muchos son los cruceiros o cruces de piedra que guían al peregrino, y albergues, hospitales y monasterios los acogen y atienden sus perentorias necesidades. Además,  la Orden de Santiago, el Temple tiene sus casas junto al Camino para defenderles.

Nos refieren las crónicas que la primera peregrinación a Compostela se remonta al siglo X, (se supone que existieron varias muy anteriores) concretamente al año 950, iniciada por Grotescaldo, obispo de Le Puy desde la región francesa de Aquitania.

Sucesivas peregrinaciones nos llevan al año 1.122 cuando el Papa Calixto II lo instituye como Año Santo Compostelano o Año Jubilar. Un clérigo de Puitou, de nombre Aymeric Picaud, canciller de este pontífice, tras efectuar la peregrinación a Compostela recibe por encargo del Papa Calixto la confección de un Códice, que escribe en 1.130, compuesto de cinco libros miniados sobre recopilación de crónicas donde explica cómo peregrinar a Santiago, que constituye, a pesar de alguna inexactitud, la primera guía del peregrino y consiguientemente también la primera turística por el Camino a  Santiago de Compostela. Según se cuenta, la peregrinación de este clérigo iba escoltada por una discreta escolta de nueve lanzas templarias francesas.

Según Picaud, el Camino en territorio español, se recorre a caballo y en trece jornadas, cosa que se supone a nivel orientativo puesto que si de automóvil se tratase sería sobradamente posible, pero con la descriptiva del paisaje, lugares, críticas y costumbres que ofrece el Códice requiere mucho tiempo y detenimiento en los lugares descritos para efectuarlo en ese tiempo maratoniano dada la época. Por tanto estimamos que estas etapas, por llamarlo de algún modo, son tramos del Camino.

Un milenio después, sea Año Santo o no, el Camino sigue vivo y frecuentado por peregrinos, turistas y demás viajeros. Generalmente el mes que más tráfico de peregrinos registra es Julio por ser precisamente el día 25 la fiesta del Apóstol, aunque Junio, Agosto y Septiembre son igualmente meses de buena concurrencia dado el periodo vacacional que invita a hacer el Camino “de seguido”, pero inclusive en otros meses, extrañamente, también se observa una aceptable concurrencia peregrina.

Según las estadísticas entre 1.991 y 2004 fueron los franceses y alemanes los que aportaron el mayor número de peregrinos extranjeros, aunque el contingente español sigue siendo el más numeroso con el 68 - 70% de la participación peregrina. Según las citadas estadísticas siguen siendo los madrileños, los navarros y valencianos los que más contingente humano nacional aportan, seguidos por castellano leoneses y valencianos, siendo los canarios quienes ocupan estadísticamente el último lugar.

Dentro del territorio nacional el Camino más largo se inicia en Somport (858 Km) seguido de Roncesvalles (788 Km) pero sin olvidar por ser menos frecuentado el Camino Catalán cruzando, por supuesto, Aragón que es de 1.200 km. Los dos primeros caminos procedentes de Europa reciben varios nombres que ahora no vienen al caso, pero por la costumbre de efectuarlos se les denomina en el recorrido de la Península Ibérica: Ruta Clásica o Camino Real Francés.

Desde Irún  y recorriendo la Cornisa Cantábrica hasta Oviedo existe el llamado Camino Viejo o del Norte, a este camino con dirección a la capital del Principado se dirigían a través de León o Astorga los peregrinos que utilizaban el Camino Francés y así visitar la Cámara Santa de Oviedo a venerar sus reliquias, desde 1.075 cuando Alfonso VI hizo esta peregrinación se hizo popular la frase:

Quien va a Santiago y no al Salvador,

visita al siervo y no al Señor.

Sin ser necesario llegar a Astorga, y siguiendo la ruta de Ribadavia desde Oviedo, se podía enlazar con el Camino Real en Mellid o Melide, que equidista de Compostela y la capital del Principado.

La Vía de la Plata que recorre de Sur a Norte la Península entre Cádiz y Oviedo, cruza las provincias de Sevilla, Badajoz y Cáceres siguiendo por Salamanca, Zamora y León donde se cruza con la Clásica  en Astorga. Precisamente es en tierras leonesas donde el peregrino encuentra menos pueblos habitados. Existe una variante de la Vía de la Plata que se efectúa desde Zamora por Sanabria hasta la villa orensana de Verín.

Dentro del territorio peninsular no debemos desconocer el Camino Lusitano que partiendo de Lisboa sigue hacia el norte cruzando Fátima, Tomar, Coimbra, Oporto, Viana do Castelo, Valencia do Miño, Tui, Vigo, Pontevedra… a escasas jornadas de Santiago; pero pasando antes por la villa de Padrón que es donde a opinión de muchos termina el peregrinaje.

Quien va a Santiago y no a Padrón

o hace romería o no.

No sabemos, pero aunque se ve con más lógica, que acabe en Finisterre (fin de la tierra), otros dicen que es en Muxia, bello pueblo enmarcado en la conocida lamentablemente con los sucesos del petrolero Prestige, como Costa del “Chapapote”. Además informamos a los coleccionistas de Compostelas, que la que otorgan aquí es más bonita que la que entregan en la casa del Deán junto a la catedral compostelana.

Para ser considerado peregrino, según las leyes eclesiásticas, se debe efectuar el recorrido mínimo de 100 kilómetros si se hace a pié o 200 si es a caballo o en bicicleta, aunque hay quien lo hizo en carro a pesar de estar admitido en la antigüedad y no en la actualidad. Inclusive en el 2004 hemos visto hacerlo en patines (solo una pequeña parte del tramo solo en zonas asfaltadas) y otros por impedimento físico con toda admiración lo han realizado con muletas y silla de ruedas; amen de los tiernos infantes transportados por sus padres en “macuto-bebé” y en cochecito, inclusive otros más originales, vimos por TV, que lo hicieron en globo, hasta un proyecto que ignoramos si llegó a realizarse de saltar en paracaídas sobre la Plaza del Obradoíro, de estos últimos casos ignoramos si las jerarquías eclesiásticas lo tendrán contemplado en cuanto al medio de transporte para efectuar el peregrinaje. Con los modernos artilugios ciclistas y lo que han evolucionado, no nos es de extrañar ver casi espectáculos ciclo – circenses por toda la sirga, por suerte no son todos, solo una excéntrica e insignificante minoría.     

No es de extrañar tampoco, aunque tenga una nota discordante, encontrar espectáculos que rozando en lo absurdo nada tiene que ver con la filosofía del Camino, pero todo el mundo es libre para transitar la sirga. Lo que es más sorprendente es hacer el Camino de encargo; así como suena, es decir que pagando a un caminante redimes tus culpas y ganas la indulgencia; pero si así lo admiten las autoridades de la Iglesia… ¡Amén!. Y lo efectuaron en la antigüedad de este modo hasta reyes, según nos refieren crónicas medievales.

Actualmente, poco frecuente, que no imposible, es ver a personas que pasemos de los 50 años haciendo tal recorrido, y ciertamente da cierta motivación encontrarte a alguno de la “misma quinta” y también de otras muy anteriores, que también efectúan la peregrinación o simplemente el viaje caminando a Compostela.

En cuanto al recorrido es habitual hacerlo en una media de 20/35 kilómetros diarios descansando un día de cada siete, pero no es una norma, es lo aconsejado para aprovechar el tiempo vacacional y poderlo realizar en su integridad, tanto desde Madrid como desde Roncesvalles o Somport (pero insistimos que el Camino lo traza el peregrino o caminante) que se tardaría entre 24 y 30 días, en bicicleta el tiempo se acorta a más de la mitad casi al tercio.

Los periodos pueden ser fraccionados, y así está admitido, se realizarían en fines de semana o cortos periodos vacacionales continuando la etapa donde se dejó la vez anterior escalonando los días espaciándolos en semanas o meses, incluso en años ya que lo importante es tratar de llegar a Compostela, al menos cuando no se disponen de excesivos días de asueto, o se quiere dividir la actividad vacacional. Para justificar el paso por el Camino, y obtener la Compostela, habrá que proveerse de la Credencial de Peregrino que se puede conseguir en Asociaciones del Camino, algunas parroquias, abadías y albergues del Camino. El documento consta de un apartado que admite un máximo de 40 sellos (ampliable en otras credenciales anexas que se pueden ir obteniendo a  lo largo del Camino) más los datos personales del peregrino con la fecha y lugar de salida y la modalidad elegida para realizarlo; este documento además de acreditar el recorrido y sus fechas puede aportar una serie de ventajas como la casi gratuidad de albergues de peregrinos (una minoría de ellos), donde es aconsejable dejar en ellos un pequeño donativo cada cual con arreglo a sus posibilidades como ayuda a su conservación y continuidad de tal hospitalario lugar. Hay en el Camino algún establecimiento que presenta descuentos a los peregrinos, y en Compostela algunas visitas, ente ellas las catedralicias, existen otros tradicionales ofrecen hasta un plato de sopa y un vaso de vino como hacía  nuestro amigo de Villasirga Pablo Payo, fallecido en 2003.

Para conseguir la Compostela que antes hemos citado varias veces, que es un documento en lengua latina que acredita haber realizado el Camino, habrá que poner el último sello en el pasaporte en la Oficina del Peregrino, ubicada en la Casa del Deán en la Rua del Villar  próxima a la Plaza de las Platerías de Compostela, ultimo de una serie de ellos que irá obteniendo en el Camino. Actualmente existen, en teoría, dos tipos de documentos (yo solo conozco uno): el tradicional que se entrega por motivos religiosos y  otro por motivos culturales, eso es a elección del solicitante.

SOBRE EL AÑO JACOBÉO

Año Santo o Jubilar es un tiempo en el que la Iglesia concede singulares gracias espirituales a los fieles a imitación de lo que la Biblia dice del Año Jubilar de los israelitas: cada 7 años era Año Sabático.

El caso es que fue el Papa Calixto II, en 1122, quien, dada la magnitud que alcanzaba la peregrinación a Santiago, decidió distinguir al santuario compostelano con el "Privilegio jubilar" o de los "Años Santos", dispensador de gracias muy singulares. Ratificada esta concesión por Alejandro III por la Bula en 1179, se establece en ella que serán "Años Santos Compostelanos" aquellos en los que el día 25 de julio, festividad del martirio de Santiago, coincida en domingo. Hasta ahora ha habido 123 celebraciones jubilares. Es curioso constatar que la de 1993 coincidió con la plena entrada del "Acta Única" que configura una nueva Europa sin fronteras, situación muy unida al fenómeno europeísta de la peregrinación a lo largo de los tiempos.

Las Gracias jubilares del Año Santo, Indulgencia plenaria se otorgan bajo las siguientes condiciones:

Visitar la catedral recitando alguna oración por ejemplo el Padre Nuestro o el Credo, orando por las intenciones del Romano Pontífice. Recibir los Sacramentos de la confesión (15 días antes o 15 días después de la visita). Comulgar tras la confesión. En esta circunstancia se gana la Indulgencia anunciada, pero nunca la Compostela, que solo se otorga, como hemos repetido cuando se realiza el Camino en las modalidades, enunciadas,  elegidas. Por tanto, y a la realidad me remito es la escasa presencia de grupos que realizaron el Camino a pie o bicicleta en la conocida “Misa del Peregrino” que dependiendo de la época del año se conmemora en la catedral a las 12 o 13 horas; siendo mayoritaria la asistencia de otros fieles que llegaron por otros medios a Compostela. Debemos tener en cuenta que la consideración de Peregrino puede así realizarse en viajes a Roma o Jerusalén, pero no a Compostela salvo para ganar la mencionada Indulgencia Plenaria del Jubileo.

Otro capítulo especial merece la "apertura de la Puerta Santa", con la que se inicia el Año Jubilar. Se abre en la tarde del 31 de diciembre del año precedente. Entonces, el Arzobispo de Santiago derriba desde el exterior, tras golpearlo por tres veces con un martillo, el muro que tabíca la llamada "Puerta Santa", sita en la girola catedralicia entre los bajorrelieves de los 24 ancianos. Desde ese momento permanecerá abierta todo el "Año", hasta el siguiente 31 de diciembre en que será de nuevo tapiada, hasta ser derribada en la víspera del próximo Año Santo.

Dentro del código del Camino existe un modo de obtener el Jubileo, que no la Compostela, si por  enfermedad, indisposición u otras causas graves no pudiese llegar a Compostela, siempre recorriendo el Camino Real Francés, y terminar el viaje, es en la localidad leonesa de Villafranca del Bierzo, siempre que sea Año Santo, que se abre la Puerta del Perdón en la iglesia de Santiago de dicha localidad.

El punto de origen como de destino siempre es voluntario siempre que el recorrido a píe, como antes he comentado, no sea inferior a 100 kilómetros andando o a caballo y 200 en bicicleta teniendo siempre la meta en Compostela, no sirve el recorrido entre itinerarios intermedios. Tristemente el carro, tan utilizado en peregrinaciones pretéritas no tiene en la actualidad “homologación eclesiástica” para conseguir la Compostela, y por supuesto el automóvil ni mencionarlo.

En cuanto al Año Jubilar, como la mayoría sabe es siempre que la fiesta del Ápostol (25 de Julio) coincide con ser domingo. Para ver cual será el próximo año, hay una sucesión numérica , que por los años bisiestos, queda como 6 – 11 – 6 – 5, por lo que el próximo Año Jubilar será el 2010

Como la picaresca es un invento español, y no me cansaré de repetirlo, se observa con cierta frecuencia una serie de personas que descienden del coche un kilómetro antes del albergue y llegar corriendo para parecer sofocados sellando pasaporte de albergue en albergue para beneficiarse de su bajo precio. La prueba de hacer el Camino a píe no está en el resuello a la llegada al refugio si no en las marcas que en los píes deja el Camino, al caminante o peregrino se le reconoce enseguida y más los hospitaleros, que para eso, y a la hora de entregar plaza parecen ser poseedores de un olfato especial en cuanto al recién llegado se refiere. Además existe una buena y rápida comunicación entre ellos, eso que sirva como aviso a los impresentables asilvestrados que van montando bronca en los albergues y otras acciones del mismo tenor, y tengan la seguridad que en el resto de algún modo se les negará la entrada.

De todas maneras, y a la realidad palpable me remito, es observar mayoritariamente grupos de jóvenes haciendo el Camino, y según sus manifestaciones es la mejor manera de obtener unas vacaciones baratas, que haciendo cálculos en el Jacobéo 2004, culminando etapas de 30 días durmiendo en albergues, alimentación seria de noche y frugal de día (o viceversa) y otros pequeños gastos, no bajaría de 500 Euros; y eso sin grandes excesos.

En cuanto al número de peregrinos para efectuar juntos el recorrido, pienso sinceramente que entre dos y cuatro es lo correcto, inclusive hasta uno solo que sin duda no pasará una jornada siquiera para que su espíritu gregario encuentre compañía, pero ya cuando hablamos de grupos nutridos, es harina de otro costal,  en primer lugar al tener su propia idiosincrasia son cerrados, salvo sea el diferente, a los demás por sistema. Suelen generalmente y por lógica tener problemas de alojamiento y máxime cuando no han previsto esta eventualidad con anterioridad, y caso de encontrarlo va en detrimento de los minoritarios.

Dentro de la Ruta Clásica existen una serie de desviaciones de la sirga clásica que los peregrinos han utilizado para visitar lugares de santidad como iglesias, monasterios apartándose bastante del Camino para luego retornar a él, estas desviaciones en su punto más distante son considerados como punto de arranque del Camino; engrosando con ello el amplio patrimonio de Caminos que nuestro suelo posee. Con ello se incorporan nuevas localidades con sus correspondientes iglesias y monasterios y algo muy importante, lograr con el conocimiento conseguir una buena filosofía del Camino.

Tampoco se puede obligar en absoluto a atenerse a unas rutas clásicas (Camino Real, Camino viejo, Vía de la Plata…) previamente establecidas solo por el motivo de haber sido recorridas multitudinariamente por españoles y foráneos, por eso solo con seguir la Vía Láctea esta nos indica el Camino desde cualquier punto de nuestra geografía; aunque es de aconsejar conocer todo el Camino en su versión original tradicional o parte de él, por lo menos está de moda.

Opino que no se puede imponer, por poner un ejemplo, a un burgalés comenzar en Somport o Roncesvalles y menos en la Tour de Saint Jacques de París, uno de los puntos de partida de los peregrinos franceses, cuando el camino pasa por la puerta de su casa, o a un leonés, logroñés o pamplonés por poner otro ejemplo.

El recorrido siempre debe de estar acorde del tiempo disponible para realizarlo, y además sin ninguna prisa, ya sabemos que se puede continuar donde se finalizó la última vez. Cada vez, esa práctica de hacer el Camino está más extendida y para muchos viajeros, caminantes o peregrinos, resulta de algún modo tener que asumir la frustración de dejar la ruta a medio Camino, a pesar que se pueda continuar desde el mismo sitio; pero siempre se siente la mencionada desilusión por dejar a amigos de varias jornadas y otras cosas importantes que no son posible describirlas sin haberlas vivido en esta gran aventura del Camino. Cuando se habla del Camino o hacer el “Camino completo”, se hace referencia el realizarlo desde Roncesvalles o Somport, de algún modo de tanto repetirlo por ilegítimos entendidos, estamos falseando el sentido de la historia y la peregrinación compostelana; Ahora parece ser que la costumbre quiere ser ley. ¿En que cabeza normal cabe la idea de que un peregrino tenga que trasladarse al Alto de los Pirineos para comenzar su ruta tras un largo viaje en tren, coche o autobús? ¿No resulta incongruente?. De siempre el Camino comenzó en el umbral de la casa del peregrino, y no forzosamente en la cumbre de un monte o en un collado según los desinformados quieren dar a entender. Como su propio nombre indica el Camino Francés es el que recorrían los francos (generalizados a otros europeos) y no arranca de ningún lugar concreto de Europa, y menos de los lugares peninsulares mencionados. Jamás se podrá plasmar en ninguna guía el arranque de todos los caminos europeos. Por eso dejemos los consejos de “expertos iluminados” y arranquemos el Camino desde nuestro propio domicilio o lugar próximo, ya sabemos que a píe con los últimos cien kilómetros nos lo justifican, si queremos hacer más, tracemos él nuestro propio y cuantos más lo frecuenten mejor, así crecerán en torno infraestructuras jacobeas, y necesarios albergues de los que no está sobrado ningún Camino, ni siquiera los más tradicionales, con ello fomentaremos la riqueza de pueblos olvidados, y los más desarrollados prestarán, interesadamente, más servicios y ayuda al peregrino, viajero, caminante o senderista.

Una práctica, por comodidad y que últimamente se lleva bastante es llegar con el vehículo al punto de partida, y al llegar al final de la etapa diaria regresar en un transporte público para retornar al citado punto de partida a retirarle y así sucesivamente, lo que supone dejar una gran parte de la carga en el mismo. Solo hay un inconveniente, el económico, ya que Castilla y León carece mayoritariamente, y solo en casos muy puntuales, del necesario transporte público entre la localidad de salida y llegada y al ser los conductores en los tiempos que vivimos poco proclives a recoger autoestopistas (aunque sean peregrinos), y tomar un taxi cada día proporciona un buen disgusto al bolsillo. Ya metidos en el Camino en tierras gallegas y a partir de Sarria es muy fácil encontrar un autobús que nos lo permita; pero eso está dentro de las “costumbres del Camino” casi tan mal visto como ver a un peregrino sin mochila, o el tan socorrido vehículo de apoyo.

Así que rompiendo absurdas utopías nos lanzamos al Camino, sin prejuicios y con la mente clara de que cualquier Camino lleva a Compostela.

Y claro está que el Camino llamado Clásico o Francés, ha sufrido muchas variaciones para evitar accidentes orográficos, cruces de modernas vías, vallados, construcciones, e inclusive últimamente después de realizar esas marcas amarillas hace años a lo largo de la sirga el fallecido cura de El Cebreiro, don Elías Valiñas Sampedro. Hay momentos que la carretera coincide con la sirga pero muchas veces no es así. Y esto como información para los más puristas.

Verbigracia tenemos dos casos, a mencionar entre infinidad, de los arranques de caminos que se incorporan a la sirga y otros que se han utilizado como nuevos Caminos antes de exponer la nueva ruta que se terminó de recorrer en 1985.

CAMINO RIOJANO.

 

En tierras de la Rioja, llegando a Nájera, toma el peregrino la ruta hacia el sur visitando los monasterios en Bercéo de Yuso y Suso donde están las tumbas con los cuerpos, y no las cabezas, de los siete infantes de Lara y de su ayo Nuño Rasura, lugar cuna del idioma español y vascuence en cuanto a los primeros documentos escritos, Santa María de Valvanera y la abadía cisterciense de Cañas, pueblo de nacimiento de Santo Domingo de Silos. Después entre Azofra y Alexanco alcanza la ruta en Santo Domingo de la Calzada donde antes de llegar a la catedral calceatense se ubica el albergue de peregrinos, posiblemente el mejor del Camino, en cuyo corral existen una infinidad de gallos y gallinas blancas que mensualmente el amable Florentino cambia del gallinero de la catedral, estos gallos evocan el ya famoso conocido milagro del ahorcado.

CAMINO BURGALÉS.

 

Entrando en la ciudad del Arlazón y visitando la Cartuja de Miraflores y San Pedro de Cardeña, el sur burgalés ofrece mucha riqueza histórica, cultural y espiritual, y al ejemplo me remito. Bajar a San Quirce, Quintanilla de las Viñas con la artística y antigua ermita visigótica de reducidas dimensiones, las tierras de Lara donde prevalece la leyenda de los siete infantes, cuyas cabezas se encuentran en un arcón en la iglesia de Santa María en la localidad de Salas  de los Infantes. Como la tierra que vio las hazañas del Conde Fernán González, primer conde independiente de Castilla y su monasterio, o lo que queda de él, San Pedro de Arlanza donde estuvo enterrado antes de su traslado a la Colegiata de Covarrubias con su esposa doña Sancha, Santo Domingo de Silos, La Yecla, Caleruega, patria chica de Santo Domingo de Guzmán. A esta ruta se incorpora una variante soriana que tras pasar por tierras de Osma, Cañón de Río Lobos y Quintanar de la Sierra, se incorpora por Salas de los Infantes a la Burgalesa.

OTRAS RUTAS.

 

Era este el comentario anterior por lo que estas rutas se toman como punto de arranque para incorporarse a la tradicional

Ateniéndonos a la amplia participación de los peregrinos en 1.991 que efectuaron el Camino afincados en la Comunidad de Madrid nos consta que muchos optaron por la ruta “clásica” desplazándose a Somport o Roncesvalles, aunque hay quien lo realizó desde tramos intermedios. Un contingente nada despreciable partiendo de Madrid, alcanzó Avila y Salamanca, llegando a Zamora por la Vía de la Plata confluyendo en Astorga. Otros llegaron a la capital maragata por Tordesillas y Benavente y hay quien por tierras de Sanabria y Verín entró por Orense.

GLORIOSA RUTA JACOBEA  MADRILEÑA.

 

Creemos haber aportado un nuevo recorrido, en parte de uno antiguo recuperado, que une Madrid con Compostela que además de incorporar una amplia zona de la Comunidad de Madrid lo hará asimismo con las provincias castellanas de Segovia, Valladolid y Palencia uniéndose al Camino Real casi en la mitad de su recorrido en la comarca de Tierra de Campos, en la localidad palentina de Frómista. No nos cabe duda que exista en gran parte antecedentes de haber sido transitada como Camino esta nueva ruta, pues versiones de peregrinos procedentes del sur nos relataban haber pasado por una serie de lugares que posteriormente indicamos. También hemos buscado en sus ciudades, monumentos, iglesias… indicios de dichos antecedentes o pruebas que tengan o pudiesen tener, significado de lugar o paso de peregrinación. Dicen que lo más grande del Camino es hacerlo descubriendo, en el arte, el paisaje, su geografía, la historia ancestral y sus leyendas. Para eso hay que detenerse, mirar, observar, preguntar.  Buscar el Camino haciendo camino. Más que un camino de ocio y vacaciones es un camino de fe, convivencia humanista, espiritualidad, encuentro consigo mismo.

Llevamos tiempo requiriendo de los monasterios, al menos a los que hemos incorporado a esta ruta, parroquias, ayuntamientos, Asociaciones Jacobeas, albergues, hospederías y a las Consejerías de las Comunidades Autónomas correspondientes por donde transcurre este itinerario solicitando su interés y colaboración.

Este Camino tiene dos orígenes haciéndose uno en el Monasterio del Paular, próximo a la localidad madrileña de Rascafría, y que hemos denominado Ruta Escurialense y Alcalaína hasta la confluencia de ambas que hemos pasado a denominar. Gloriosa Ruta Jacobea Madrileña desde este punto de unión.

Como más adelante veremos, las rutas que circulan por el Guadarrama son las clásicas, a las que lo único nuevo que se ha aportado es hacerlas coincidir con otras, no menos clásicas, hasta  Compostela. Casi todos los recorridos van por senderos del GR y PR, lo que quiere decir que ya estaban inventados, pero jamás tomados para continuarlos en peregrinación o viaje a Compostela.

A pesar de haberla realizado en invierno, es perfectamente practicable en verano la Ruta del Escorial, con la ventaja que en el segundo tramo se efectúa prácticamente toda ello bajo la sombra de los pinares, existiendo numerosas fuentes, lo que no debe preocuparnos la falta de agua durante esa etapa, en la primera, El Escorial – Puerto de la Fuenfría no encontraremos tantas fuentes, por lo que conviene ir aprovisionado de ella.

Casualmente, y no hará más de diez años, una Asociación Jacobéa madrileña apostó por una ruta más cómoda, en cuanto a desniveles al atravesar el Guadarrama se refiere, publicó una ruta Jacobéa desde la capital de España, que fue por tanto la tercera desde Madrid, solo coincidente 3 kilómetros con la anterior entre el Puerto de la Fuenfría y la Fuente de la Reina (hitos jacobeos 599 –596.) De respetar son todas las rutas, pero si transitar por una gran ciudad es agobiante, ingrato, feo e incomodo, más lo resulta cruzar por sus extrarradios, donde los caminos ya son inexistentes o están cortados por vías rápidas, vallados, o urbanizaciones y solo tiene acceso el automovilista, como mucho el ciclista. Por tanto ya comenzamos hace más de treinta años con este intento que tras haberlo realizado hasta Colmenar Viejo, Manzanares el Real, Navacerrada y Cercedilla, desistimos de él, al menos por seguridad y también por apatía, y realizarlo desde El Escorial, Alcalá de Henares (en los últimos tiempos más difícil) o la mencionada localidad serrana de Cercedilla, pues coincidiendo con la Asociación Jacobéa, nuestra primitiva ruta de este tercer itinerario, (desestimado según comentaba por lo anteriormente expuesto) coincidía casi al 90%, cuando en aquella época no nos encontrábamos con la ingente cantidad de autovías que han relegado al caminante ante el automovilista, como no nos casaremos de repetir hasta la saciedad.

La primera aventura del Camino, ya que así lo llamábamos, fue allá a principio de los años sesenta, cuando con compañeros del Bachillerato elemental “alguien” (entonces Jefe de Escuadra de la O.J.E.) propuso la ocurrencia de ir a Santiago andando, y eso que aún no estaba de moda. La autovía de la N-VI, no anidaba ni en la imaginación de los ingenieros del antiguo M.O.P., y  pensábamos que simplemente la carretera de La Coruña, era el mejor Camino para ir a Compostela. En las vacaciones de ese año no se pensó más; pertrechados como pudimos con los repletos macutos “Bergans” partimos sin haber cumplido los 15 años, como si de exploradores a lo desconocido se tratase, caminando por el diminuto arcén y cuneta de la carretera encontrando la primera dificultad en la conocida Cuesta de la Perdices. Al ser apercibidos un par de veces por nuestro modo de circular por motoristas del Benemérito Instituto; en la estación de ferrocarril de Las Rozas, tomamos un tren (que entonces no existían los actuales cercanías) que nos dejó en la serrana estación de Tablada. La ascensión desde allí al Alto del León fue dura posiblemente tardásemos más de una hora en coronar el puerto, y algo más a los dos que en relevo les tocaba ese día llevar las tiendas de campaña. Era medio día y tras devorar un bocadillo de chorizo regado con un refresco “Mirinda” en la barra del Restaurante Hilario, bajamos a San Rafael a tumba abierta, allí en un pinar y al sereno al abrigo de las estrellas pasamos la primera noche, rebujados en mantas, eso del saco de dormir no era entonces asequible. No volvimos a tener problemas con los agentes circulando por carretera, ya habíamos aprendido lo de la fila india y por la izquierda, quince días después haríamos la entrada triunfal en La Bañeza, (unas jornadas antes dos compañeros abandonaron y regresaron “haciendo dedo” a Madrid) donde las rozaduras, tendinitis, el cansancio y desanimo nos hizo tomar un autobús a Astorga, de esos que se accedía a la baca donde iba el equipaje con una escalerilla abatible en su popa, y las ventanillas eran practicables por eso del mareo y la inexistencia del aire acondicionado; y de allí el tren de regreso a Madrid con destino a la popular estación del Norte, donde nos dejamos las últimas pesetas de ahorros y las propinas de la familia que todavía quedaban. Pero de esto hace mucho tiempo, para ponernos en fecha hay que recordar que cada llamada de teléfono (para informar casi a diario a la familia) era una “conferencia” desde el locutorio, donde una señora con auriculares, metía y sacaba cables de un cajón negro, dando voces que parecía hablar con media España, y daba vueltas a una manivela, señora que como la mayoría de su oficio sabia la vida de todo cristiano por experta en escuchas telefónicas. En el mejor de los casos encontrábamos un teléfono público, de esos que había que comprar una ficha que con una ranura por delante y dos por el reverso, que costaba una peseta, se colocaba en una caja bajo el teléfono debiendo apretar un botón simultáneamente cuando atendían la llamada… Mucho ha llovido y nevado desde entonces, pero la asignatura pendiente de caminar hasta Compostela no quedó en el olvido.

Hubo muchas variantes, pero el mayor obstáculo estribaba en ver el recorrido más recto al paso elegido para cruzar el Guadarrama. Se bordeó el monte del Pardo, e inclusive llegamos por carretera hasta Colmenar Viejo, y de allí del mismo modo hasta el Puerto de Navacerrada y realizarlo por los márgenes de la conocida N-601 (Madrid – León, por Segovia) y seguir por la sirga que llaman clásica. Pero no hay nada duradero, cada vez el campo estaba más lejos, y por la ruta que habíamos pasado hacía apenas unos meses estaba cortado, descubrimos una serie de ellos, pero todos al final con el mismo resultado. Solución, evitar siempre que se pueda comenzar en la capital, pero sin desestimarlo del todo, creyendo terminada sobre 1978 la primera ruta madrileña a Compostela.

Esta ruta primigenia en cuestión partía de la puerta de la casa de cada peregrino (como se hizo toda la vida) hasta la actual Catedral de la Almudena (que entonces estaba en obras, y otras veces paralizada, el culto se celebraba en la cripta)o en su defecto de la Iglesias de San Isidro en la Calle Toledo, que en esos tiempos servía de sede catedralicia; hay quien se inclina por la madrileña iglesia de Santiago, donde se pone el primer sello a la credencial. Continuando por el Paseo de la Castellana hasta su finalización llegaríamos a Fuencarral, aquí ahora comienzan las dificultades para transitar sin riesgo, si es que antes no las hemos encontrado en el periplo urbano.

El final del ramal, habiendo cruzado las provincias de Segovia, Valladolid y Palencia, tiene un punto final común del que desembocan tres ramales, el primero a Frómista, el segundo a Carrión de los Condes y el tercero a Sahagún, hemos preferido realizarlo de ese modo, sin decartar estas dos últimas alternativas no queremos rechazar la primera para seguir fieles a la unión con el Camino Real del primer Camino que efectuamos desde Madrid.

Cuando desde Alcalá de Henares y El Escorial, este se hacía uno en el Monasterio del Paular, se marcó todo el Camino del Palero, que une el Puerto de Cotos con El Paular, como el Camino Viejo del Paular entre la Fuente de la Canaleja y Cotos con flechas amarillas, pero la indiscriminada tala de pinos se las llevaron con ellos. Se cruzaba Rascafría y Lozoya para ascender los catorce endiablados kilómetros ascendentes hasta el Puerto de Navafría (alternativo del medieval Malagosto), por la senda que hoy la ha hecho desaparecer la maleza por no utilizarse; y tras llegar al puerto descenso por la pista forestal y miradores que discurren junto a la carretera y al río Ceguilla, atravesar la villa de Navafría y cruzar la N-110,  tomando la cañada Real de Orejana, alcanzábamos la villa de Pedraza. Posteriormente caminaríamos a Sepúlveda, donde hay indicios de paso de peregrinaciones, un caso curioso fue la presencia del santo de Asís cuando regresaba de una peregrinación jacobea, rumbo a Ayllón donde fundó un monasterio. Atravesaríamos las Hoces del Duratón hasta Villaseca, San Frutos, San Miguel de Bermuy, Fuentidueña y Sacramenia donde:

 Siguiendo con la tónica de comenzar al alba dejamos Sacramenia cuya oferta de servicio es superior a la que habíamos estimado y nos dirigimos a Cuevas de Provanco, ubicado en otro valle, el del Río Botijas denominado así por el pequeño río del que toma su nombre, más que eso es un aprendiz de río que forma un fértil valle. Solo hemos tardado dos horas a esta localidad cuyo nombre proviene, como es de imaginar, por estar el pueblo sobre un promontorio horadado de cuevas que según nos dijeron son utilizadas como bodegas. Aunque a ambos lados de la carretera existen sendas y cañadas paralelas elegimos esta primera para transitar y así tener contacto con las gentes que circulan por ella o efectúan labores en las inmediaciones. Eso también es parte del Camino, posiblemente alguien te preguntará de dónde vienes y a dónde te encaminas, posiblemente le asombres o dude del comentario, hasta quizás te ofrezca la bota de vino o un pitillo. No lo desprecies, ese gesto ofrece un cierto inicio de amistad.

POR TIERRAS DE VALLADOLID

Desde un buen trecho que hemos abandonado la provincia segoviana, llegamos a la primera localidad vallisoletana:

Castrillo de Duero.

La carretera cruza el pueblo de sur a norte y coincidimos en la misma con dos fuentes, una de ella indica “Agua no potable”, pero una siguiente la proporciona buena y fresca, para contemplar la iglesia de la Asunción hay que subir por una empinada calle.

El ábside está apuntalado con vigas metálicas, nos dijo un paisano que así lleva años hasta que sepan qué hacer con él. Rodea la edificación un Vía Crucis pétreo de 14 piezas.

Este pueblo supo de nobleza, de ello dan fe varios palacetes blasonados, recuerdos de otra época que presentan un lamentable estado.

Si se visita el 8 de septiembre se verá arder en bullicio a sus vecinos y visitantes, son las fiestas patronales en honor a su patrona, La Virgen del Socorro, que por cierto es una de las pocas representaciones de imágenes que se veneran en un icono por la iglesia católica.

Y algo importante, recordar que este pueblo vio nacer a una de las glorias de España y héroe en la francesada general del ejercito regular: Juan Martín “El Empecinado”, que al igual que el Cura Merino por esa zona dio tanta “guerra”, y nunca mejor dicho, al ejército invasor. Pero como por desgracia los favores a la Patria se pagan, fue ajusticiado por sus mismos compatriotas tras la contienda, eso sucedió en la no muy lejana localidad de Roa el 20  de agosto de 1825; no estaría de mas comparando a este personaje con el Cid, añadir que: Nunca tan buen vasallo mereció tan mal señor, como el desastroso Fernando VII.

El señor cura párroco de estos contornos tiene la casa a corta distancia, en Olmos de Peñafiel, buen lugar para descansar a la sombra y de paso, si es que le localizas en alguna de las poblaciones que abarca su curato, que te selle la credencial, al menos un sello parroquial tiene más valor peregrino que el obtenido de un bar.

Quince minutos han transcurrido tras de salir de Olmos cuando en lontananza se divisan las torres y murallas del castillo de Peñafiel, pero antes de estar bajo sus pies tendremos que atravesar la población de Mélida.

Peñafiel.

La fortaleza de Peñafiel es sin duda su edificio más emblemático, colocado sobre un espigón donde se divisan los valles del Duero y Duratón. En esta ciudad este último río pierde su identidad al fusionarse con el Padre Duero.

Castillo de estilo ojival germánico, mide 210 m de longitud por 20 de anchura máxima y tiene forma de barco. La Torre del Homenaje con 34 m de altura posee tres plantas y dos patios a ambos lados. Tras reconquistar Peñafiel en el año 1.013 lo comienza a reconstruir el conde de Castilla Sancho García y nuevamente vuelto a reconstruir en el siglo XIV por el infante don Juan Manuel. En el siglo XV es remodelada la Torre del Homenaje, durante el reinado de Juan II. Hasta el siglo XIX perteneció a las familias de los Villena y los Girón.

Nos han comentado que existe una iniciativa, no sabemos si municipal o autonómica, para habilitarlo para museo. (Actualmente alberga el Museo del Vino)

Fue prisión del conde de Benavente, habitó en el doña Urraca  que en una de las batallas mantenidas con su esposo Alfonso I de Aragón fue arrasada la villa. Pedro el Cruel y doña Blanca de Navarra habitaron igualmente en esta fortaleza, se tienen noticias que fue lugar de nacimiento del príncipe de Viana.

Su nombre procede de Penna fidele y según documentación fue fundada por Sancho García. A esta fortaleza  que desempeñó un destacado papel en la defensa de la frontera del Duero en la Reconquista hay quien le saca un parecido arquitectónico a la de Peñaranda de Duero, esta última en peor estado de conservación, y son coetáneas.

Existen noticias que en su retirada a Francia, el ejército invasor quiso volar este castillo, al igual que hizo en Burgos, por suerte no llegaron a realizarlo, lo que no sabemos si fue por el apresuramiento de la huida o la hostil resistencia de la población que contribuyó a forzar la mencionada retirada.

En la villa su iglesia más destacable es el convento de San Pablo de impecable ábside mozárabe, fundado en 1.324 por don Juan Manuel que lo donó, al igual que su obra el Conde Lucanor escrita al abrigo de los muros del castillo, a los dominicos a condición de asegurarse su sepultura en el templo, donde fue enterrado y allí sigue su sepulcro con estatua yacente de pulido alabastro, pero se comenta que este es un descendiente del mismo, igualmente enterrado allí, pero de los restos del antecesor no se sabe dónde se pueden encontrar. El exterior del templo es de estilo mudéjar del siglo XIV con  un crucero frente a la entrada, Peñafiel alberga otras tres iglesias no carentes de interés: San Miguel de Reoyo (S – XVI), Santa María (S –XIV) y la de Santa Clara (S – XVII), barroca y de planta octogonal.

Tuvo Peñafiel la judería más importante de Castilla, de la que quedan restos de este barrio típico caracterizado por calles angostas que le dan un estilo inconfundible

Precisamente hoy 14 de agosto comienzan las fiestas de la localidad, y la Plaza del  Coso, con edificaciones que la rodean de tres pisos y de grandes balconadas de madera, está engalanada como “moza en día de fiesta”. En esta plaza que desde la Edad media presenció fiestas, justas y torneos celebrarán hoy un festejo taurino de los que la villa goza fama bien merecida. El encierro comienza en el Valdabar, distante como un kilómetro, hasta llegar a la plaza; por la tarde novillada y en la noche jolgorio, verbena y charanga. Hablando de encierros, existe una discrepancia sobre la antigüedad de los mismos ya que a pesar de estar documentado en el último cuarto del siglo XV los de Cuellar, aquí afirman ser anteriores los de esta villa

Es zona de vinos caros, excelentes quesos, ganado ovino y porcino y la Azucarera entre otras actividades son la base económica de Peñafiel, que ofrece al viajero y al peregrino una buena oferta variopinta entre ella la hotelera y hostelera. Ciertamente es el lugar más importante del contorno que goza durante todo el año de una muy intensa actividad, buen sitio para acabar una jornada del Camino. Quien quiera conocer el yantar de estos pagos, que suba la cuesta camino del castillo, allí que pregunte por Mauro y después comentamos ¿de acuerdo?.

Hemos observado que Peñafiel alberga una numerosa comunidad de raza gitana que normalmente suelen dedicarse mayoritariamente al comercio en mercadillos, también una gran mayoría de ellos, según nos han comentado, pertenecen, en cuanto a su confesión religiosa, a una comunidad evangélica cosa bastante chocante en Castilla, pero otro comentario, y este lamentable, que hemos oído es la mala relación y enfrentamientos existentes desde hace algún tiempo entre las comunidades payas y gitanas en dicha localidad, y al parecer es cierto según pudimos presenciar, es de esperar que la mutua tolerancia de los vecinos entre ambas partes consiga una buena armonía, que sería lo deseable.

En la siguiente jornada, rumbo norte, pasamos una vía de ferrocarril que lleva muchos años sin servicio, se trata de la línea férrea Valladolid – Ariza, a fin de darle una solución turística con ingresos para su explotación, El Glorioso Mester aportó hace años una idea para recuperarla. Dotándola con vagones de época y locomotora de vapor adaptada a un combustible más moderno que el carbón, esto ya se está realizando en algunas partes, y crear el  Tren turístico de la Ribera, entre Valladolid y Aranda de Duero. Esperamos que esta idea sea recogida, como se nos indicó y no caiga en “saco roto”. Al fin y al cabo buenas ideas no se ocurren todos los días; otra cosa es llevarlas a cabo.

Triste es ver el estado de su estación ferroviaria en la que se encuentran estacionados restos de oxidados vagones en triste estado; estación que nos da la magnitud del esplendor de otros tiempos. Sus edificios víctimas del atropello de mentalidades salvajes que se han cebado en una destrucción gratuita.

Existe un dicho vallisoletano: ¡Estar en Peñafiel! que tiene una acepción literal sobre la permanencia o estancia en dicha villa,  curiosamente cuando lo oigamos no pensemos ni por un momento en ello, ya que desde antaño lo utilizan para designar a quien tiene algo empeñado o debe algún dinero a alguien, aunque lo más frecuente es para designar el destino de un objeto empeñado como comentaba.

Al pie del promontorio de la fortaleza se encuentran las bodegas de Protos, fundadas en 1927, tal como su nombre indica (Protos = el primero, en griego) fueron consiguientemente los primeros vinos de raigambre en la zona que se conoce con la denominación de origen Ribera del Duero, que los postmodernos cambian el “del” por “de”), precisamente fueron estas bodegas las que hicieron cesión de su nombre para la denominación de origen del Consejo Regulador que desde 1982 rige en la zona que abarca parte de las provincias de Soria, Burgos, Segovia y Valladolid. El problema de que siendo unos excelentes vinos en el sentir popular los han hecho malos por el precio excesivo de su producto en el mercado. Actualmente se deja sentir hasta en los mejores restaurantes de la capital de España al faltar demanda por parte de sus clientes que prefieren otros precios puesto que en el resto de la Península ya están compitiendo en reservas y crianzas con uno de los mejores vinos del mundo: El Rioja es él mas conocido dentro y fuera de nuestras fronteras y que  mantiene un precio pagadero, el resto de los caldos, que son excelentes, de este bendito país, tendrán que ganárselo a pulso, pero no con el precio, así que si queremos política de competitividad, fuera de las acostumbradas políticas de subvenciones ya sabemos el camino y es una realidad; a los incrédulos, les aconsejo que aguarden acontecimientos, a pesar de que sea tarde. ¿Pero es posible pensar que en una región eminentemente vinícola pueda venderse la botella de vino al doble de precio que la de Güisqui escocés de importación?. Me comentaban tiempo atrás unos cosecheros burgaleses dentro del Consejo de Denominación de Origen “... Nos vamos a cargar a la gallina de los huevos de oro”.

En la capital castellana, y me refiero a Valladolid, mi amigo Miguel dice que es inmoral pagar su chato de vino a 300 pesetas de las de antes, así que se ha pasado al de otras zonas; ¡Que panorama tan triste!,

Desde el Valle del Río Botijas hemos visto, y lo seguiremos contemplando durante largo recorrido, en las lomas donde se ubican bodegas bajo tierra, unas extrañas chimeneas construidas con bloques de piedra caliza y que no son ni más ni menos que los respiraderos de las mencionadas bodegas que en la zona se conocen con el nombre de zarceras

Pesquera de Duero.

Tomando rumbo norte, atravesamos la nacional Valladolid – Soria, caminamos por una  carretera adoquinada en su primer tramo que después pasa al asfalto, dejamos a la izquierda la Azucarera del Ebro y un instituto de secundaria, hemos cruzado el Duero por un antiguo puente de hormigón, pasada esa vía, y a menos de una hora de camino ponemos los píes en Pesquera de Duero, pueblo también de vinos caros, como en toda la zona y que sin duda, saben de asados. Aquí tiene su cuartel general el afamado Alejandro Fernández con una elaboración vinícola puntal en la D.O. Ribera del Duero

Como no es esta toda su cultura, es aconsejado dedicar unos momentos a su plaza porticada y su iglesia parroquial de San Juan de Nales, lamentablemente inacabada al no ser construida su segunda torre, sus dos ermitas, la del Santo Cristo del siglo XVII y Nuestra Señora del Rubialejo, un crucero en la salida del pueblo nos reafirma en el Camino junto a la primera ermita, allí existe una bifurcación tomamos la de la izquierda en dirección a Valbuena, la otra que no debemos seguir indica Valoria la Buena 42 Km.

 

Santa María de Valbuena.

Caminamos en dirección oeste por la izquierda de una arreglada carretera, dejando a derecha e izquierda grandes vegas de regadío durante 11 kilómetros, los chorros incontrolados del riego por aspersión fortuitamente cruzan la carretera y mientras refrescan al caminante asustan al automovilista cuando de súbito le empapa ruidosamente el parabrisas del vehículo.

Así entre conversación fácil, pan de hogaza y buen chorizo hemos llegado en cosa de dos horas a Santa María de Valbuena, monasterio cisterciense del siglo XII de notable iglesia. Abadía ubicada en la localidad de San Bernardo.

Fundada realmente en 1.143, la iglesia presenta un buen estado de conservación al eliminar yesos dejando el aspecto austero de la piedra desprovísta de ornamentación tal y como prescribía la norma del Císter. Sacristía de preciosos frescos medievales todo ello muy cuidado. La luz que entra por sus ventanales se filtra a través de lajas de alabastro y no por cristales, excepto la del rosetón sobre la entrada. El coro sobre un arco carpanel alberga un recio facistol carente de cantorales.

El resto: Claustro de dos cuerpos, siglos XII y XIII en los que son de destacar pinturas posteriores de influencia italiana; refectorio con bóveda de cañón apuntado, cocinas de transición al gótico y otras dependencias que hace años pedía a gritos una correcta restauración a manos de profesionales.

El crucero le remata una linterna poligonal y la espadaña está colocada entre la iglesia y el monasterio, propiamente dicho. El retablo de la iglesia es barroco del siglo XVIII.

Cuando llegues, el señor cura don José Luis Velasco, si se lo solicitas te acompañará y explicará el monasterio, y no es que lo haga bien…lo borda. Si vas peregrinando pide que te selle el pasaporte, lo hará con sumo agrado. Yo te pido, y es de agradecer que dejes algo para mantenimiento del cenobio, el nunca te lo va a demandar, un excelente anfitrión de los pocos que quedan en Castilla.

También te dirá que en un futuro no muy lejano, espera ver un cambio positivo en el lugar, llegando monjes al monasterio, rehabilitar la hospedería, o algún otro uso que lo preserve de un cada vez más cercano precoz deterioro. En los últimos años ha ganado calidad y conservación al albergar la sede permanente de la Fundación de las Edades del Hombre.

La población próxima al monasterio y su construcción de piedra, data de unos 50 años atrás, cuando se incorporaron los que fueron expropiados por lo del Pantano de Entrepeñas, y está constituida como pedanía de la localidad de Valbuena.

En un pequeño bar frente al monasterio hemos tomado un refrigerio con la agradable compañía y conversación del presbítero.

Si el tiempo te lo permite, pues lo importante es poder hacer el Camino sin prisas, solo la única que marca la sociedad actual del tiempo de vacaciones, no como en la antigüedad que, de algún modo, el tiempo lo marcaba la duración de la vida. Detente si puedes a oír crecer la hierba, descubre nuevas cosas en los caminos: el arte en las villas, en las iglesias y monasterios; escucha cuentos y leyendas, la música del Camino, el sonido del silencio. Da tiempo a la alimentación, al descanso; la contemplación e higiene también tienen su lugar, respeta el entorno y párate a preguntar y a conversar. El Camino es una Universidad.

Por eso no abandones rápidamente este cenobio, baja junto al río Duero que está próximo y en su fachada sur donde una inmensa arboleda te permitirá descansar y relajar tu cuerpo y mente; en una fuente de agua fresca calmarás tú sed, busca en el zurrón algo que comer. Todavía hay larga jornada y tampoco son buenas las “andorgas” demasiado ligeras.

Son momentos de clara reflexión, ya que el Camino da para eso y más, son muchas horas de conversación y otras de silencio donde el dialogo es interno con uno mismo. Ahora hay que dar lugar a la ilusión y a la esperanza, aunque solo sea por realizar el Camino, no olvidemos que el hombre que vive sin esperanza muere sin dignidad.

El camino continua paralelo al Duero, aguas abajo, ya que el paso es obligado por Valbuena de Duero; junto a la otra orilla del río se ubica la conocida finca Vega Sicilia, la de los caros y afamados vinos conocidos internacionalmente, lo triste que algunos foráneos crean que son italianos, grave pecado a fe mía.

De estas prestigiosas bodegas, que por seguir el Camino no hemos visitado en esta ocasión, nos contaron que elabora mas vino que producen sus cepas (Que me expliquen esto), cosa que por ignorancia no me atrevo a afirmar, pero si es cierto que solo elabora vino cuando las cosechas son merecedoras de ello, solo las buenas y excelentes vendiendo la uva en las mas deficientes; ello le da por tanto una pequeña justificación a los precios de sus caldos.

Otra nueva lluvia de estrellas, cometas, meteoritos y otras brillantes maravillas fugaces en la oscura bóveda celeste nos han tenido absortos en una tranquila noche, sin apenas brisa, pernoctando al sereno en nuestros sacos de dormir, ciertamente hay fenómenos puntuales en la naturaleza que solo pasan pocas veces en la vida, y ciertamente ha valido la pena contemplar nuevamente este espectáculo inenarrable que se guarda con agrado en la mente durante mucho tiempo, La Vía Láctea luce con todo su esplendor, nos indica la ruta a seguir.

De Valbuena a Villafuerte nos separa una distancia por carretera de 15 kilómetros, en gran parte con arbolado, en poco más de tres horas a muy buen paso hemos salvado ese recorrido, conviene hacer una parada intermedia en las cercanías de Jaramiel y efectuar un corto descanso, e ir provisto de agua que en esta zona escasea.

 

Villafuerte.

 Continuando camino desde el cruce de Jaramiel, en algo mas de dos horas llegamos a Villafuerte, los dos últimos kilómetros han transcurrido con escaso arbolado y por tanto se nota la escasez de sombra. Es impresionante el castillo que alberga esta villa y que de no haber pasado por allí no hubiésemos imaginado su existencia. Es propiedad de la Asociación de Amigos de los Castillos y monumento nacional desde 1931, en su torre del homenaje y el lienzo adjunto se pueden apreciar tres escudos de armas diferentes. Actualmente se encuentra en reconstrucción dirigiendo las obras Javier Bernard. Desde su construcción en 1470 pasó a la Orden de Calatrava, con el caserío y vecinos incluidos, de lo que no tenemos datos que hubiese allí encomienda de la Orden, salvo comentarios no documentados. Fue residencia de los Franco, que adquirieron el señorío de Villafuerte. El conjunto amurallado es una construcción gótica del s-XV cuyo patio de armas está dominado por una esbelta torre del homenaje. Conserva ventanas con rejas  de tracería cuadriculada.

Tras habernos provisto nuevamente de agua, en previsión que siga escaseando en el siguiente tramo, salimos de la población en sentido descendente bordeando esta, dejando a la diestra unos malecones de hormigón en una pronunciada curva a la izquierda, a poca distancia cruzamos un estrecho puente sobre el río Esgueva, con buena fama de río cangrejero, que mal caudal de agua le acompaña en este caluroso agosto. Este río muere en Valladolid y antes de ser cubierto su cauce en esta ciudad, en el lugar que ocupa la actual calle Miguel Iscar, se tiraban a él todos los desperdicios, lo que dio lugar a una frase “El Esgueva más mierda que agua lleva”.

Seguimos camino por este valle, su paisaje amarillo dorado de barbechos segados no hace mucho tiempo donde grandes alpacas de paja se muestran dispersas por sus campos en lugar de las ancestrales mieses cuando la siega era manual y doblaban el espinazo docenas de cuadrillas de segadores, que con hoz y zoqueta en mano compartían el cigarrillo de las mil muertes y el embarrado botijo cubierto por una inexistente sombra.

El sol está en su zenit y debemos, haciendo caso del consejo de descansar en verano cuando no veas tu sombra en el camino, lo haremos en la siguiente población que claramente se divisa en este caluroso y claro día.

A 4 Km. de Villafuerte llegamos a un pueblo con nombre y apellido heredado del río; Esguevillas de Esgueva es de destacar su iglesia parroquial de San Torcuato de estilo gótico, con un magnifico ábside. Es el penúltimo pueblo del Camino en tierras de Valladolid

 

LA GLORIOSA RUTA MADRILEÑA, YA ES PALENTINA.

Tras dos kilómetros de Camino por tierras palentinas, nos hemos internado en los Valles del Cerrato, que con su toponimia dan nombre todos a los pueblos de la comarca. Continuando carretera adelante y con escasa sombra, más bien inexistente durante 5 Km. dejamos a nuestra derecha a unos 500 metros Población de Cerrato, y cuatro kilómetros después Cubillas de Cerrato igualmente al margen derecho de la Comarcal 102, que es la que hemos tomado en el cruce de Jaramiel y no abandonaremos hasta Dueñas, Cubillas de Cerrato está ubicado al pié de un promontorio en cuya cima se adivinan las ruinas de lo que presumiblemente fue una antigua fortaleza.

Entramos de nuevo en la provincia de Valladolid cruzando Valoria la Buena, con su iglesia parroquial con un gran cimborrio octogonal y torre adosada con un campanario de dos cuerpos. Entrañable localidad donde lo del nuevo Camino desde Madrid al pasar por la localidad  ha causado pasajera alegría en alguna de sus gentes a pesar del escepticismo del señor cura párroco que muy diplomáticamente nos deseó suerte en la pequeña aventura Jacobea, el Buen Camino.

La carretera CL-102 gira bruscamente al norte y en cosa de dos kilómetros estamos nuevamente en tierras palentinas. Ya en poco menos de una hora en un paisaje más verde, por eso de se zona de regadíos. Carretera adelante a manderecha unos agricultores apagan un incendio sobre un barbecho que comenzó en la cuneta cabe la carretera, es de suponer del automovilista imprudente que tiró por la ventanilla un cigarrillo sin apagar, que tristeza supone ver un campo o monte quemado, y más en este caso que el humo es visible sobre el negro chamuscado del campo.

            Cruzamos un puente de hormigón sobre el río Pisuerga y no mucho mas lejos otro “triple” que salva la línea de FF.CC. Madrid – Irún, la Autovía E – 80 y el Canal de Castilla por la esclusa 39 de dicho Canal y entramos en una población bien comunicada que cuenta con todo tipo de servicios.

            Dueñas

            Situada en la confluencia de los ríos Pisuerga y Carrión, conquistada a los sarracenos en el siglo IX por Alfonso III de León.

            Se cuenta que los Reyes Católicos pasaron aquí su luna de miel y también nació su primera hija, lo que deja lugar a dudas es que se celebrasen aquí sus esponsales como se dice en esta localidad y no solo por no estar documentado sino que Valladolid era idóneo para ello además de existir en los archivos de la ciudad del Pisuerga datos más que sobrados como para afirmarlo. Viudo Fernando I se volvió a casar en Dueñas el 22 de marzo de 1.506 con su sobrina Germana de Foix, señora de Arévalo, el acontecimiento tuvo lugar en el Palacio de los Buendía, posiblemente y por confusión este hecho haya dado lugar al comentario anterior sobre su primer matrimonio en esta localidad palentina.

            Su iglesia parroquial es la de Santa María del siglo XIII de estilo románico ojival, posee un bello retablo en el altar mayor obra de Alonso de Ampudia y el Maestro Antonio.

            A sus habitantes les llaman “botijeros” ¿Por qué?, solo hay que dar una vuelta por la localidad y se adivinará enseguida y para dar una pista observemos que es la única que tiene un monumento al botijo, mejor dicho dos. Pero lo de botijeros, se cuenta, que va por otros derroteros, en este caso bélicos, cuando derrotaron en una batalla los habitantes de Dueñas al árabe invasor utilizando como armas arrojadizas botijos destruyendo la fortaleza. Realmente es para dudarlo, eso fueron cantos de juglares, aunque dicen que las piedras del castillo destruido sirvieron para adoquinar las calles, reforzar la construcción del Canal de Castilla y hacer cercas para los corrales.

            Existen varias teorías, todas contradictorias, sobre el origen del nombre de esta población; el relato más verosímil procede, según documentación del año 845, del monasterio habitado por mujeres llamado Santa María del Remolino que fue saqueado por Almazor, levantado en un lugar próximo al actual de San Isidro, donde figuraba el nombre de Domnas, al extenderse las posesiones del monasterio llegando hasta la actual villa, de donde le vino tal denominación. La población se aproxima a los 5000 habitantes.

            Aprovechando los caminos de sirga que bien por la derecha, izquierda o ambos lados del Canal, llegaremos hasta la unión con el Camino Francés en Frómista, que de algún modo nos evita el asfalto que desde la segoviana localidad de Sacramenia estamos padeciendo, pero el interés en visitar poblaciones próximas nos hacen salirnos de la sirga, al fin de cuentas no perderemos excesivo tiempo, ganando con ello cultura peregrina y caminera. Pero es de resaltar el buen uso de los edificios de las antiguas instalaciones del Canal que podría darse, entre otros rehabilitar albergues tan necesarios para este Camino, compartido con otros excursionistas para rentabilizarlo… es por poner un ejemplo viable y positivo. Igualmente es conveniente destacar que hay tramos de los caminos de sirga cortados, lo que no es fundamento para no continuar, ya que existen pasos alternativos, que en su día marcamos y todavía supervivían muy borrosas en 2004 algunas flechas amarillas.

            Es también de advertir que la construcción de nuevas carreteras a ras de los márgenes del Canal, cruzando este, han cortado en ese tramo la sirga, lo que obliga a una acción suicida de cruzar con precaución la carretera o tener que dar un rodeo, pero nada exagerado. Realmente la mayoría de estos tramos de sirga se hayan despoblados de cualquier tipo de arbolado, y es de comprender sabiendo que el mayor enemigo del árbol es el hombre, unos lo entienden como negocio de la madera, otros que dicen que sus raíces próximas harían bajar el nivel de Canal y otros por que daría sombra a sus regadíos, hoy puede verse el desolado panorama. Pero una reforestación de árboles de rivera por su cauce sería un alivio a los caminantes, al menos en un día como hoy que el sol abrasa sin ninguna piedad, y solo se agradece el contemplar el color esmeralda del agua del Canal que psicológicamente parece que aporta frescor al ambiente.

            Si nos desviamos y tomamos la N-620 a 6 Km, y tras cruzar un paso a nivel, ferroviario, que permanece más tiempo cerrado que abierto por el tráfico existente, llegamos a otro importante lugar de la Ruta Jacobea madrileña en tierras de Palencia.

 

 

 

SAN ISIDORO DE DUEÑAS

            Monasterio fundado por los monjes benedictinos en el siglo IX, la iglesia románica es reformada en el XII.

            Es de destacar su ábside triple, portada y torre campanario de dos cuerpos, el inferior tapiado. Es una de las primeras fundaciones de la Reconquista

            Hay otras versiones que apuntan a la fecha de su fundación al año 911 por el rey García y su mujer Munia Dona para benedictinos cerca de la orilla derecha del Pisuerga y que hoy se conoce como la Trapa de Dueñas. En 1073 Alfonso VI introdujo en este cenobio la reforma cluniacense y de esta época debe datar lo que hoy queda en él de románico.

            El cenobio quedó arruinado durante la francesada, parte de cuartel del ejército invasor que albergaba las tropas del general Merle sirvió de hospital de guerra, pues en sus proximidades tuvo lugar una batalla cruenta que se cobró muchas vidas, principalmente de españoles, la conocida batalla de Cabezón. Las tropas francesas no solo se conformarían con expulsar a los monjes de allí, después de la contienda regresarían de nuevo, sino  que además de expoliar y vender sus pertenencias se cebaron en destrucciones parciales muy a su estilo.

            Los monjes  volvieron a ocupar el derruido edificio en 1.814 cuyas obras de restauración costaron 102.800 reales. Puso la guinda el señor Mendizábal con la Desamortización  en que todas las posesiones son vendidas a particulares. Manuel Polo adquirió la fábrica para utilizarla como casa de labranza. Pensar que desde el siglo X habían regido el monasterio 52 abades. Tras décadas de abandono y ruina en 1891 los cistercienses franceses de la Estrecha Observancia (La Trapa) devolvieron este histórico cenobio al igual que el de San Pedro de Cardeña, a las funciones para las que se fundó hace mas de un milenio, a través de 10 monjes españoles que llegaron desde Francia, siendo recibidos por los vecinos con una calurosa acogida después de tanto tiempo de ausencia monástica en el cenobio.

            Lo que esencialmente se conserva es la estructura románica básicamente, aunque convenientemente disfrazado. Es una réplica de San Martín de Frómista y poco posterior a ella (1075) por lo que se trata de uno de los monumentos románicos más antiguos conservados en la provincia. Tiene planta de cruz latina con tres naves de seis tramos cada una y crucero bien remarcado. Lamentablemente no conserva ningún elemento del edificio restaurado por Alfonso III en el siglo IX, solo sus cimientos sustentan la actual construcción que ha sufrido varias reformas debidas a las destrucciones e incendios que fue sometida, la mayoría de ellas en el siglo XIX al igual que la mayoría de estas construcciones en la Península. No debemos olvidar que el mayor siniestro en el edificio se produjo en 1.604 que ocasionó las mayores pérdidas.

            La fachada principal fue levantada en el siglo XVII, alberga dos esbeltos claustros, uno de ellos es utilizado como cementerio de la comunidad. La decoración de la sala capitular es moderna al igual que otras dependencias, y ello está a la vista.

            Los monjes regentan una hospedería en el monasterio bastante confortable y acogedora, inclusive en invierno, pero el incesante tráfico ferroviario y por la autovía causa un efecto no esperado en el deseado silencio del lugar, a pesar del doble acristalamiento de sus ventanas, pero todo es acostumbrarse, ¡A buen cansancio no hay insomnio!.

Lo regenta una comunidad cisterciense (Trapense), separados por una verja conventual, es posible presenciar sus oficios religiosos en la iglesia todo esto con el debido silencio y respeto mínimo que se precisa en cualquier lugar de oración para que estos buenos monjes no sean molestados en dichos oficios. La Trapa es una de las Ordenes religiosas más rigurosa que concede una especial importancia a la oración y el trabajo manual a la vez que exige abstinencia y silencio completamente. Curiosamente existe, y no en este cenobio, una rama de la Orden femenina. Sin querer que me acusen de machista, lo veo difícil, pero por lo del silencio, a pesar de tener servidor la misma “virtud” que se atribuye a las damas, de “charlatán impenitente”.

Venta de Baños.

Localidad que en época de recolección de remolacha la azucarera triplicaba su actividad  dejando un hedor característico en el ambiente, nada agradable, en la actualidad por motivos ya conocidos nos privamos de su aroma. Constituye uno de los nudos de comunicaciones más importante de Castilla. Sus orígenes se remontan cuando Baños de Cerrato fue ciudad romana. Hoy día es uno de los más importantes nudos ferroviarios de la Península, compitiendo con el manchego Alcázar de San Juan.

Cruzando la población, y algo apartada de esta, se encuentra una joya arquitectónica del siglo VII, de la que cuentan que regresando de Toledo el rey godo Rescesvinto consciente de la existencia de unas termas romanas y aquejado de “mal de riñón”, permaneció una larga temporada en el lugar. Siendo este devoto de San Juan Bautista atribuyó su curación a las aguas bautismales y en agradecimiento en el año 611 mandó erigir la actual basílica de San Juan de Baños. En el siglo VIII fueron destruidas las dos capillas laterales durante la invasión sarracena.

La actual data del siglo XVI y fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1966. Sería el 24 de junio de 1.976 cuando se celebraron por primera vez ritos visigóticos – mozárabes por mozárabes toledanos.

A pocos metros, frente a la portada de la iglesia, existe un restaurante, El Lagar, especializado en gastronomía de la zona, con una decoración muy acertada y buena relación precio calidad que se recomendaría hasta el mismo Rescesvinto de haberlo conocido.

A unos cincuenta metros del muro sur de la Basílica bajando unas escaleras existe una fuente de agua fresca con dos soberbios caños de abundante caudal que hay quien atribuye propiedades medicinales, posiblemente aquellas que llevaron allí al fundador de esta Basílica, un agua fresca en un día como hoy sin duda alguna no faltarían argumentos para no llamarla milagrosa.

Existe un proyecto arqueológico de excavaciones en los alrededores de la Basílica para tratar de descubrir una antigua necrópolis en sus alrededores, a pesar de que existe la creencia que también se hallen restos bajo el templo.

Desandando camino, que es de advertir que es demasiado largo este desvío en ambos sentidos pues en el mejor de los casos nos puede ocupar media jornada, volvemos a la sirga junto al Canal junto a la localidad de Soto de Alburez, junto a la esclusa 36 donde apenas en una hora llegamos a las inmediaciones de la siguiente localidad cruzando por el puente de la esclusa al margen opuesto que es por donde ahora discurre la sirga.

Villamuriél de Cerrato.

Lo encontramos a una legua antes de llegar a la capital palentina. Allí existió un castillo de la Orden del Temple. Destacamos la iglesia de Santa María la Mayor, de transición del románico al gótico, que perteneció también a la Orden, es una construcción cisterciense del siglo XIII en la que destaca su cimborrio octogonal que se levanta sobre su crucero, con ventanas a ambos lados. Curiosamente esta iglesia es contemporánea al templo de Santa María en Dueñas, que antes se citaba.

La construcción introduce novedades típicas del Císter, llevando adosada una de las más recias torres románicas defensivas de la provincia palentina. Fue declarado monumento nacional en 1931.

El Cristo del Otero.

Antes de llegar a Palencia se divisa en la lejanía la figura del Cristo del Otero, obra del palentino Victorio Macho, cuyos restos mortales se encuentran sepultados a los pies de la escultura.

Fue levantada en 1931 y se divisa desde los alrededores a varios kilómetros de distancia. Como dato curioso diremos que es la segunda imagen del Corazón de Jesús mas alta del mundo, después de la de Río de Janeiro conocida como El Corcovado.

Palencia.

                Seguimos camino dejando a la derecha el Canal que nos acompaña paralelamente hasta llegar a la antigua dársena donde este adquiere una mayor amplitud Para internarnos en La celtibérica Pallantia, tomamos la carretera N-610 por su arcén izquierdo, que en apenas 30 minutos nos sitúa en ella, habiendo pasado de nuevo al margen opuesto al Canal de Castilla. En Palencia entre todos sus monumentos destacamos la catedral de antiquísima cripta visigótica construida en el siglo VII sobre la cual el rey Sancho III de Navarra ordenó la construcción  de un templo románico cuyos vestigios se pueden contemplar en dicha cripta; una antigua leyenda representada en los bajorrelieves de la escalera que conduce a la misma relata que en una cacería fue persiguiendo el rey don Sancho un jabalí herido, este se ocultó en una gruta donde casualmente Wamba había enterrado las reliquias de San Antolín. Cuando don Sancho se disponía a lanzar la flecha contra el animal herido, su brazo queda paralizado impidiendo hacerlo, lo que él toma como un aviso entendiendo que es la voluntad del Santo que el animal siga vivo. Por tanto hizo la promesa de levantar un templo si su brazo sanaba.

El posterior templo que origina la actual catedral se comienza a construir en 1.321 aunque no fue terminada hasta el siglo XVI. La última restauración data de este siglo, observaremos por tanto en una de las gárgolas del ábside que en vez de representar el clásico grifo u otra bestia mitológica lo hacen con un fotógrafo, así como suena, y con cámara incluida, según se cuenta la razón de tal imagen fue un homenaje póstumo del escultor, autor de la misma,  a su padre que trabajó de fotógrafo.

No muy lejos de la catedral, llamada con justicia La Bella Desconocida, se encuentra muy cerca del río la iglesia de San Miguel, con torre de estilo religioso militar edificada sobre una primitiva que según cuentan contrajo aquí matrimonio el Cid, otros sitúan el acontecimiento en San Isidoro de León; hasta hay quien dice que al ser Jimena asturiana, fue por esos pagos astures en una desconocida iglesia prerrománica.

Como dato curioso mencionaremos que Palencia tuvo la primera Universidad de España, denominada Estudium fundada originalmente en el Siglo XII por Alfonso VIII, aquel de las Navas de Tolosa, con Bula Pontificia, y que por supuesto estaba en pleno funcionamiento cuando la de Salamanca no estaba ni en proyecto, oficialmente fue la pionera de Europa, a pesar de que funcionaron antes Bolonia y La Sorbona más obtuvieron después la mencionada Bula. Pero a partir de la época napoleónica a cualquier cosa (centros de estudios superiores) se le denomina Universidad a pesar de que ningún Concilio renunciase la rescisión de esta prerrogativa, la Bula, que reconocía dichos centros de estudio.

Ofrece la ciudad una amplia oferta hotelera para todos los bolsillos al igual que la gastronómica, cosa que aprovechamos para realizar aquí el fin de la larga etapa y las visitas rituales al lugar.

           

Apenas amanece, hemos vuelto a cruzar el Canal y retomado la sirga en dirección norte; sin haber transcurrido una hora cruzamos al otro margen por la esclusa 30 al continuar la sirga por el lado opuesto. Es agradable el discurrir por estos caminos en este caluroso día teniendo al lado las aguas mansas del Canal, de algún modo refresca la vista la presencia de las mismas y hace más llevadera la jornada a través del páramo de esta ancha Castilla.

 Siete kilómetros más abajo nos encontramos con El Serrón, lugar donde el Canal de Campos gira a y nace, en dirección a la izquierda, el Canal del Sur. Es la confluencia de los dos ramales, el de Valladolid y de Medina de Rioseco (Canal de Campos) con el norte de Alár del Rey.

Monzón de Campos.

El siguiente tramo hasta Frómista se antoja largo y pesado por sus casi 30 kilómetros acrecentando nuestra impaciencia a cada paso. Pasamos cerca de Fuentes de Valdepero y Venta de Valdemudo, la sirga cruza la carretera que a nuestra derecha coincide con la nacional en Monzón de Campos, en cuyo castillo tuvo lugar la boda en 1.106 entre doña Urraca y Alfonso I el Batallador, matrimonio pintoresco del que hablaremos bastante a lo largo del Camino por la vinculación histórica a lo largo del mismo.

Creado el condado de Monzón a mediados del siglo X fue edificado sobre el XI y después derribado. Destruido el primitivo se edifica el actual sobre sus ruinas en el S-XIII. Desde el siglo XIV perteneció a los Rojas, marqueses de Poza. Ultimamente la Diputación Provincial de Palencia lo ha restaurado y convertido en hotel de precios soberbios en sus servicios, claro está que la justificación que nos dieron es que era ”frecuentado por gente guapa” a lo que hay que deducir que alguien les tendrá que pagar, pero creemos que se trata de habladurías, a pesar del “trabucazo” económico.

Curiosamente en la comarca, a las gentes de Monzón les apodan ”Nabos” al asegurar que tienen “pocas luces”, mas ellos dicen sin darle ninguna importancia que es por la envidia que les tienen.

            Unos tres kilómetros después tras cruzar el río Carrión, nos aproximamos a la población de Calahorra de Rivas, el lugar más importante y de significado histórico del Canal, pues fue allí donde se iniciaron las obras en 1753 terminándose en el Ramal del Norte, según reza en un monumento conmemorativo se unen las aguas del Carrión con las del Pisuerga, y además se construyeron un conjunto triple de esclusas (la 22,23 y 24) aparte de numerosos edificios como batanes, molinos y posteriormente central eléctrica La espadaña del convento que sirvió de guía a los constructores del Canal. En primer lugar, pasamos por la esclusa de retención. En las dos orillas hay sendos caminos y una densa y tupida alameda, al final de la recta por la que nos lleva ahora el Canal, al puente de Valdemudo, este fue uno de los primeros en construirse, pues por aquí pasaba y pasa una Cañada Real Leonesa. Para que los ganados merinos no se vieran entorpecidos se construyó este puente fabricado sobre el suelo, ahorrando los arcos. Después fue usado también por la carretera de Palencia a Carrión. Actualmente se encuentra fuera de uso.

Unos tres kilómetros después tras cruzar el río Carrión, dejando a nuestra izquierda la enorme laguna de La Toja cruzamos el puente del Gallo, continuamos nuestra ruta por la sirga, ahora por el cauce opuesto; hemos dejado atrás la población de Calahorra de Rivas y una hora más tarde dejamos a la izquierda el puente de Amusco, en sus proximidades una laguna, es la charca de la Besana, sobre el canal alcanzamos la localidad del Amusco, en dirección este, tras cruzar antes la vía del ferrocarril.

Amusco.

            Villa señorial de antiguo origen, que no incierto, hasta no hace mucho tiempo estaba incorporada al Camino de Santiago. De ello nos da fe el antiguo Hospital de Peregrinos de San Millán de los Palmeros, del que solo se conserva la fachada, actualmente la contigua es de una entidad bancaria. No tiene perdón no deleitarnos con la visita al museo parroquial de esa gran iglesia de San Pedro del S XVI conocida como El Pajarón de Campos, una gran nave interior de enormes proporciones y un gran coro y sus dos puertas que parecen de ser de una época anterior, seguramente románica. El edificio sobresale ampliamente por encima de todo el caserío y divisable en lontananza desde muchos kilómetros. El lienzo del ábside ostenta visiblemente una grieta vertical; según unas versiones se debe a que cedieron sus cimientos, dada la consabida altura y peso, y según otras al terremoto de Lisboa de finales del S XVIII.

Frente al atrio de esta iglesia existe una antigua sinagoga judía del S XV atribuida al judío Rabí Yuçe Milano, administrador del IX señor de Amusco, D. Pedro de Manrique. Con el fin de no quebrantar las Leyes Castellanas, entonces en vigor, que prohibían a los templos no cristianos superar en belleza, altura y esplendor a las iglesias católicas; el inmueble se encuentra semienterrado y si externamente representa una edificación común, su interior fue realizado de acuerdo y según los cánones cristianos.

Consta de una gran nave central bajo bóveda de crucería rellena de ladrillo árabe de “galletilla” y argamasa y sus arcos de medio punto apoyados sobre gruesos pilares de piedra albergan nueve capillas en arco ojival. Acertadamente se ha procedido a sanear, excavar, e inclusive reconstruir el conjunto transformándole en un pequeño hotel y un gran restaurante. Establecimiento que mantiene el nombre de su antiguo menester La Sinagoga, y sus comedores en los sótanos le imprimen un soberbio ambiente medieval.

Aparte, es un ejemplo de gastronomía tradicional e internacional que junto al entorno le da un severo carácter, regentado por Santiago, ha hecho de dicha sinagoga una catedral de temas gastronómicos.

Entre personajes célebres que se albergaron en esta villa cabe destacar a San Ignacio de Loyola según nos relatan en esta localidad. Sus fiestas patronales se celebran el 29 de Junio en honor a San Pedro.

Tras el almuerzo no hemos olvidado visitar a escasos metros del cementerio la ermita de Nuestra Señora de las Fuentes. Iniciada su construcción en el siglo XII se culmina en el XIII, la organización de su estructura es puramente románica pero llena de goticísmos, fue declarado monumento nacional en 1963.

Volviendo sobre nuestros pasos y continuando por la sirga, al otro lado del Canal dejando a la izquierda la citada laguna de la Toja, una de las más grandes que hay junto al Canal. Probablemente veamos garzas y algún aguilucho lagunero. También veremos azulones y fochas. Muy próxima se encuentra Amayuelas de Abajo el cual ya no es un señorío de Tierra de Campos, cinco siglos lo separan de cuando Pedro Manrique, Adelantado de León, decidió dejar en su testamento las villas de Amayuelas de Abajo y de Arriba, son dos pequeños pueblos que poseen una vieja fuente romana y una iglesia románica. Las tierras del señor feudal, se repartieron entre pequeños y medianos agricultores. Si hoy Amayuelas de Arriba sigue siendo una entidad local con entidad jurídica propia, Amayuelas de Abajo la perdió; fue integrada como pedanía en San Cebrián de Campos en 1971, adivinar porque es fácil: primero marcharon los más jóvenes, luego los viejos al distar solo 30 Km de Palencia. La escuela cerró y poco a poco el pueblo quedó casi desierto perdiendo su independencia. Hasta hace poco era candidato para la lista de los dos mil pueblos que han quedado abandonados en lo que va desde comienzos del siglo XX. Pero por suerte se ha salvado y gracias a la actuación de un colectivo agrícola innovador que ha convertido esta localidad en un pueblo ecológico. Lugar interesante por su proximidad al Camino Real Francés y al Canal de Castilla, en sus inmediaciones se puede recorrer la Ruta de las Avutardas, una de las aves más emblemáticas de las estepas que anidan en pequeñas depresiones de terreno, en prados y sembrados. En la Península Ibérica habita la mitad de la población mundial y en Tierra de Campos residen unos 5.000 ejemplares, la población más numerosa de avutardas. Es una de las aves que cuenta con una de las mayores protecciones oficiales de conservación entre todos los alados. Como no existe excepción y todos los plumíferos voladores defecan también en pleno vuelo, avisamos a quien tenga la casualidad de pasar en el momento justo por el sitio inadecuado puede tener una sorpresa no grata proveniente del cielo en forma de “meteorito” no rocoso, por lo que se me ocurre dar gracias porque las vacas no vuelan.

Por esta experiencia ha pasado más de un automovilista y a algún transeúnte por esos parajes, de eso doy fe.

Tras haber dejado atrás Amusco y pasar Piña de Campos en algo más de hora y media, y con ciertas dificultades con el acceso, llegamos a Frómista, capital de los Campos Góticos, cuyo nombre hace referencia a la cantidad de trigo que se recolectaba; dicen que a sus habitantes se les llama rabudos pero no es por lo que vuestras mercedes maliciosamente están pensando; al existir en la antigüedad una importante judería, por degeneración del apelativo Rabí se les dio tal apodo a los queridos moradores de esta localidad palentina.

Precisamente el hacer coincidir la Gloriosa Ruta Jacobea Madrileña desde Madrid con Frómista es por ser desde la antigüedad el cruce de caminos desde el centro con Santander y el Camino de Santiago en su itinerario francés. Así el cruce de caminos se multiplica al coincidir otros dos constituidos por el ferrocarril y el Canal de Castilla, todo fuese desde este último por llevar trigo a Cantabria.

La distancia al punto final, en cuanto a tiempo se refiere, aproximada de 18 – 20 días de Compostela. Esta fue nuestra gran experiencia y aportación a la red de Caminos peninsulares que llevan a Compostela.

Como por ello no debíamos descuidar el otro ramal, casi coincidente en alto porcentaje con el que después realizo una Asociación jacobéa madrileña y señalizó en una gran parte con flechas amarillas, vamos a describirle como se hacen todos los Caminos: andando, pero ya que podemos evitar, en este caso las salidas y vericuetos de grandes ciudades, vamos a elegir para detallarlo en este caso la serrana villa de Cercedilla, creemos que esto nos está permitido, y nos tomamos esa licencia. Pero antes un prudente comentario a modo de preparación:

 

En cuanto a lo concerniente de salir de la capital de España, damos las correspondientes indicaciones, de las que actualmente no podemos responsabilizarnos al 100% dados los cortes recientes por nuevas vías, urbanizaciones, corte de caminos, vallados y cambios rápidos y sucesivos de esta naturaleza que día a día se realizan en la Comunidad de Madrid, lo mismo que se ejecutan en otras Comunidades autonómicas.

Pensamos que para comenzar este recorrido de unos 700 kilómetros, que las distancias en el Camino son muy dispares, resulte reconfortante para el tema espiritual  y lo menos agotada posible para el cuerpo, antes de ponerse en camino viene muy bien buscar información y conocer al menos básicamente la historia del Camino y prepararse físicamente para poder realizar con éxito la peregrinación, viaje o aventura; eso queda en la mentalidad e idiosincrasia de cada uno. Nada mejor para esto que establecer contacto con las oficinas de Información al Peregrino o con la Asociación de Amigos del Camino de Santiago más próxima a tu domicilio, o en su defecto con personas con la experiencia suficiente; que haberlas ahílas, que sin duda alguna nos aportarán unos consejos vitales que sin ningún lugar a dudas nos llevarán, o al menos lo intentarán, a  nuestro destino. Nosotros por nuestra parte lo queremos pretender, sin desear hacer una detallada guía viajera, es solo hablar de experiencias que sin duda serán practicas a quien haga acopio de las que aquí se refieren.

La peregrinación a pie a Compostela, dejando a un lado el incremento del cúmulo cultural y el viaje interior que propician, se constituye en todo un reto físico y mental que debemos preparar a concienzudamente. Los siguientes consejos pueden ayudarnos a extraer lo mejor de la experiencia y a quitar importancia a los posibles problemas que pueden surgir.

 Antes de partir ambiéntate leyendo algo sobre la historia del Camino y la peregrinación; te ayudará a sentirte un eslabón más de la gran cadena de peregrinos que te ha precedido, conseguirás disipar el esfuerzo físico y psicológico a realizar puesto que las comodidades en el viaje son pocas y el cansancio puede ser importante, y te preparas mentalmente para disfrutar mejor de la gran experiencia cultural en que se convierte el recorrido. No olvides una cosa, el Camino “engancha” más que el tabaco, y lo más normal después de acabar la peregrinación es desear volver de nuevo al Camino.

 Debes intentar planificar previamente las etapas, pensando que lo normal es recorrer 20/25 ó 30 kilómetros cada día, y si puedes cada siete un día de descanso, pero sin ningún tipo de paro total ese día para no perder la forma. Es muy conveniente, dentro del estudio del itinerario, programar en un principio etapas cortas, hasta que el cuerpo se vaya haciendo a la idea de nuestro proyecto. Al cabo de una semana, ya estarás entrenado y podrás afrontar etapas más largas. Puedes disponer algún día de descanso, como hemos indicado, pero lo mejor es realizar algunas etapas cortas, casi paseos (de unos 10 Km.), coincidiendo con el paso por los lugares que quieras visitar detenidamente; así podrás descansar sin perder el ritmo y sin dejar de avanzar.

 La peregrinación, viaje, o aventura andando está al alcance de cualquier persona, aunque no sea un gran caminante, deportista o ciclista, siempre que se sepa suministrar dosificando el esfuerzo, todo ello en función de las posibilidades físicas de cada uno.

 Es recomendable realizar una preparación física previa, tanto para el peregrino de a pie como para el que va en bicicleta o a caballo. Un entrenamiento en recorridos cortos y zonas montañosas es muy aconsejable. Entrénate con caminatas cada vez más largas y, a ser posible, con la mochila cargada con un peso similar al que llevarás al Camino y las botas que vayas a llevar al viaje. Te aconsejo, si es que comienzas en Madrid, y por proximidad sugerimos largos paseos por nuestra Sierra del Guadarrama, es sin duda el mejor entrenamiento, sobre todo practicando en desniveles, que serán más fuertes que los que encuentres en el Camino y servirá de mucho.

 Si no llevas teléfono móvil, es aconsejable que comuniques a tu familia el recorrido con las fechas previstas, para que en caso de urgencia te localicen en caso de necesidad, o simplemente por interés sobre tu recorrido.

 

En el tema sobre ¿qué llevar?, nuestra respuesta será muchísima moral y poco peso, cuanto menos mejor. No carguemos la mochila (máximo 8/12 kilos proporcional con el peso del “transportista”) con objetos innecesarios o que se puedan adquirir en el Camino;  saber evitar siempre las rozaduras de las correas, eso es muy importante comprobar la mochila al adquirirla y debe de ser cómoda y ligera. Procurar una de tipo anatómico acolchada en la espalda, con correas en la cintura y el pecho, y con bolsillos laterales y superiores. Hay que meter las cosas en la mochila de forma ordenada y a ser posible en bolsas de plástico de diversos colores para facilitar su uso e identificación de objetos y de paso prevenir que se puedan mojar, y distribuir bien el peso para que quede equilibrada y no se venza hacía atrás o a los lados.

 Lleva un calzado adecuado, es la parte fundamental del equipaje, y jamás estrenes las botas en el Camino. Indispensables unas botas bien adaptadas al pie, cómodas, que sujeten el tobillo y con una suela con buen dibujo que no resbale, si es en tiempo con riesgo de lluvia o frío las fabricadas con fibra Goretex son idóneas. Lleva calcetines de algodón, siempre limpios, secos y bien colocados, para evitar rozaduras aconsejamos que sean transpirables y fáciles de secar tras la colada. No olvides unas chanclas para usar en la ducha, se pueden así prevenir infecciones en las plantas de los pies y para descansar en los finales de etapa; No está permitido en los albergues y muchos otros establecimientos (tiendas, bares, restaurantes…) caminar descalzo.

 Es preferible realizar el Camino en primavera o a principios de otoño. En verano, y más si es Año Jubilar, será difícil conseguir dormir en los albergues llegando tarde, previsiblemente llenos hasta en el servicio. Y encontrarás tramos en los que el calor será asfixiante, con riesgos de golpes de calor. En invierno, algunos tramos de montaña, sobre todo en Madrid, León y Galicia resultan gélidos, amén de páramos castellanos, que se antojan siberianos.

 La indumentaria debe ser adecuada al tiempo. En verano, ropa ligera de algodón, aconsejamos calcetines fibra Coolmax y camisetas transpirables de fácil lavado y en invierno, anorak de montaña o similar a los de moto, guantes y ropa de lana, las botas y otros elementos de abrigo con fibra Goretex o similares. Un gorro para el frío, en invierno; y para el sol, en verano, casi mejor el sombrero de paja de centeno como antaño usaban los segadores. No olvidemos las gafas de sol ni el bañador. Una pequeña bolsa con detergente o el clásico jabón Lagarto facilitará la limpieza y que al final de la jornada uno se pueda hacer la colada.

 El saco de dormir resulta muy útil y en invierno imprescindible, ya que los albergues ofrecen muchas plazas en el suelo. Si no se lleva saco, conviene incluir en la mochila una funda de almohada, o una segunda toalla, puesto que la higiene en algunos albergues al ser muy rudimentaria deja mucho que desear, aparte de abundar mucho “marranete”. Es aconsejable llevar una esterilla, para cuando no hay otro remedio que dormir en el suelo como ocurre si no llegamos pronto al albergue o no encontramos otra alternativa y tenemos que hacerlo al raso.

 Nunca deberemos pertrecharnos de perolas, cazuelas y sartenes, es un tremendo error. Hay albergues que sirven comidas, y el Camino está invadido de restaurantes con menús a precios medianamente asequibles, también los hay que cobrando se “pasan tres pueblos”. Los albergues en los que se permite cocinar cuentan, en principio, con los utensilios necesarios. Lo mejor es llevar sólo cuchara, tenedor y una navaja.

 No olvidemos la cantimplora con agua, en su defecto la botella grande de agua mineral. Tampoco el bastón o bordón para acompañar el paso en caminos resbaladizos o abruptos; pero insistiremos que su mango no sea de madera por las posibles rozaduras en la mano tiene el mismo efecto que los remos de los barcos, mejor de piel, plástico blando o goma. Actualmente bastón telescópico de aluminio por ser ligero y fácil de llevar tiene mucha aceptación.

 Papel higiénico, toalla y cortaúñas no deben faltar en la mochila. Los imperdibles pueden usarse para colgar la ropa húmeda de la mochila mientras andamos, o cualquier tipo de pinza.

En cuanto a un pequeño Botiquín: aguja e hilo para pinchar las ampollas, desinfectante, tijeras, esparadrapo, apósitos de silicona para las ampollas, puntos de sutura, vendas de algodón, alcohol, un laxante y un antidiarreico, crema antinflamatoria, antiestamínicos y aspirinas o paracetamol. Y crema de alta protección para evitar quemaduras solares, evitando la exposición al sol de las zonas donde hayamos aplicado pomadas o aceites que contengan alcohol.

 Aparte de la documentación (tarjeta de la Seguridad Social o sociedad médica y DNI), imprescindible. Opcionalmente una guía escrita del Camino, y si es posible croquis, ayuda mucho al peregrino o caminante viajero, al igual que una pequeña libreta para tomar notas. Si queremos conseguir la Compostela, nos haremos con el libro de sellos o credencial del peregrino en nuestro punto de inicio del Camino. De todos modos en cualquier libreta pueden estamparse los sellos, ordenadamente y con la fecha, y tiene la misma validez, y a la experiencia me remito, salvo que cambien las normas.

 No aconsejamos llevar mucho dinero en efectivo, conviene que utilicemos tarjetas de crédito al ser más seguras, en este y todos los viajes, cajeros automáticos encontraremos al menos en algún lugar de la etapa diaria. Sugerimos llevar tapones de oídos, sirven para evitar escuchar los ronquidos de los compañeros de habitación, aunque no siempre dan resultados satisfactorios.

 Una vez en marcha y al caminar, tengamos en cuenta que todo el Camino, sobre todo el Francés, está marcado, exageradamente, con flechas amarillas y mojones de piedra. Sigue la flecha que seguro que ni los invidentes se pierden.

 En verano, y más en los días tórridos, evita las horas de más calor, sal lo más temprano posible y que el amanecer te sorprenda ya en el Camino, si puedes deja de caminar cuando no veas tu sombra. Aplícate  crema de alto grado protector para el sol y no utilices durante muchas horas,  sobre todo los primeros días, camisetas y pantalones cortos si no estás relativamente “curtido” en cuanto a la piel se refiere.

 

 Procura no caminar muy rápido al comienzo del Camino hasta que conozcas tu ritmo más idóneo. Si peregrinas o viajas en grupo procura adaptarte al ritmo del más lento, en el Camino no hay que llegar el primero, sino alcanzar la meta. No hay competición alguna y por mucho que corras siempre alguien habrá llegado antes que tu.

 En los tramos de carretera, siempre ve por el arcén izquierdo, no olvides que eres la parte más débil al llevar una frágil “carrocería” y que los automóviles no se fijan mucho en un "simple peatón" el ser peregrino no te inmuniza de accidentes y por otras experiencias lo irás comprobando a lo largo de tu ruta. Si se hace el Camino en grupo, no se deben crear apelotonamientos en la calzada,  procurando la “fila india”; y eso también cuenta para los chicos de la bici.

 Caminar por la noche no es aconsejado, y menos en solitario por arcenes de carreteras, pero si hay que hacerlo por las causas que fueren, siempre por la izquierda y se deben usar reflectantes que avisen de nuestra posición a los vehículos.

 En caso de padecer agotamiento por calor, busquemos cuanto antes un lugar fresco para descansar, beber líquido en abundancia e intentar recuperar los minerales perdidos (un litro de agua con una cucharadita de sal y media de bicarbonato, añadiendo algo de zumo de limón si nos es posible). Si los calambres son fuertes, se debe aumentar la cantidad de sal. Las personas hipertensas consulten antes de salir a su médico.

 Llevar siempre a mano algo dulce y frutos secos para reponer energías en un momento de desfallecimiento, es una buena solución Y sobre todo que no falte el agua y proveerse de ella siempre que sea posible; en los páramos castellanos apenas encontramos fuentes.

 Realizar la peregrinación a Compostela nos implica una cierta sobriedad en los gastos, no es de recibo pedir refugio gratuito, ya que pocos hay así, y gastar el dinero sin control en cosas prescindibles. Ser auténticos peregrinos nos obliga a ser honrados y austeros, y es igualmente recomendado a otro tipo de viajeros, pero nunca confundamos la austeridad con la miseria, pues esta vuelve al individuo miserable; tampoco está de más, a quien se lo pueda permitir, darse un “homenaje peregrino – gastronómico” de vez en cuando, así como buscar de vez en cuando una mejora para el alojamiento, el cuerpo lo agradece.

Trata con amabilidad a las gentes que encuentres en las poblaciones al borde del Camino. No son ingenuos a tu servicio,  aunque puedan existir “espabilados burlones”, sino personas normales y que corrientemente suelen tratar bien a los peregrinos, y más si son los hospitaleros, hospederos, o comerciantes. Siempre se ha recomendado que si encuentras alguna deficiencia o se te ocurre alguna sugerencia para mejorar las cosas, te pongas en contacto con alguna de las Oficinas de Información al Peregrino (Sí es que la hallas.), lo cierto que vale de poco, y caso de existir realizarla por cauces normales, de ser incidencias de tipo mayor ya eso es competencia de los cuerpos de seguridad a quien debas acudir.

 Nunca debes desanimarse ante imprevistos, a pesar de no ser el peregrinaje un viaje turístico "todo controlado e incluido"; los problemas surgirán, pero forman parte de "tu Camino" y muchos peregrinos antes que tú los han sufrido y superado. De todos modos tampoco te hagas ideas prematuras; el Camino es cambiante, su luz, los paisanos, los agentes meteorológicos, otros peregrinos que los transitan y que con muchos de ellos entablas una frugal amistad, al menos en el Camino; por rutina afirmamos que si la distancia entre  nuestra residencia geográfica es considerable, será difícil que sea duradera y de eso damos fe por la mencionada experiencia de muchos Caminos recorridos, pero creemos que vale la pena y será un recuerdo imborrable.

 Ya he indicado varias veces que es difícil perderse en el Camino, al menos en el tramo francés. Debes seguir siempre las flechas amarillas. No hace falta que adquieras ningún libro de mapas del Camino de los que estamos sobrados, sólo basta con que te fijes en las citadas flechas amarillas que están marcadas a lo largo del recorrido. Aunque cruce todo tipo de suelos o se complique su trazado, las encontrarás en los lugares más insólitos: árboles, pequeñas piedras en el suelo, muros, talanqueras, postes etc. Y muchas veces en demasía.

En algunos albergues del camino, solían entregar unas cintas plásticas amarillas para que, en determinados puntos del recorrido, cuya indicación de las flechas amarillas están deficientes, ates voluntariamente estas cintas a los árboles, arbustos, donde sea, para que sirva de señalización para los próximos peregrinos al pasar. Pero al menos desde Frómista, Carrión o Sahagún no es necesario. De todas formas, si tienes temor de perderte en algún momento, es suficiente preguntar a la primera persona que encuentres, con seguridad no te faltará información.

 Repetimos que la mejor época para hacer el Camino es en verano, sobre todo en julio y agosto, hay muchísima gente en el Camino y además son los meses en los que el calor es más duro, y si es un verano de esos que hace honor a su nombre podemos tener problemas. Sin embargo está demostrado que para evitar los calores sofocantes,  aprovechemos otros meses de la temporada vacacional si esta puede ser entre últimos de abril y mediados de octubre.

 En invierno sucede todo lo contrario, es decir, no hay casi nadie, está demasiado solitario, y por supuesto está el problema añadido del frío, muchos albergues cerrados, de esos que solo abren en buen tiempo, por lo que conviene ver establecimientos alternativos. Hay que informar, para los que por primera vez andan el Camino que los Albergues son únicamente Albergues y no establecimientos hoteleros.

  Consulta la lista de albergues de peregrinos actualizada si deseas usarlos. Estos refugios son exclusivamente para quienes peregrinan a pie o en bicicleta sin hacer tramos en vehículo. No se puede hacer reservas, esto no es Francia. Para los grupos grandes de peregrinos conviene buscar alojamientos distintos a los albergues, así a quien su capacidad económica se lo permita. No es lógico que llenen los albergues y dejen a otros peregrinos en la calle. En la mayoría de estos, a los ciclistas y peregrinos sin mochila no se les permite el acceso hasta última hora (sobre las 20 h) eso si quedaran plazas disponibles, y por supuesto al conductor del “coche de apoyo”, cuando se lleve, “ni agua”.

 Es imprescindible portar la Credencial para poder pernoctar en los albergues de peregrinos, si los usas comprobarás que no todos reúnen buenas condiciones, acepta lo que te ofrezcan y agradece el esfuerzo de muchas personas que trabajan desinteresadamente para ayudarte. Ten en cuenta que, normalmente, los albergues, no abren hasta mediodía, y otros hasta las 14 horas, eso en temporada estival.

 Aunque no son gratuitos, es conveniente, si alguno lo fuese es de menester colaborar para dejar los refugios limpios y cooperar con un donativo para contribuir a los gastos de mantenimiento.

 Por la noche, respeta el descanso de los demás. En los refugios se exige silencio a partir de las 22:00 o las 23:00 horas hasta el amanecer.

 Los albergues están concebidos para pasar una sola noche en caso de malestar o enfermedad, consulta con los hospitaleros (responsables del albergue).  En los albergues y en todo el Camino en general, procura seguir las máximas "Peregrino, deja lo que puedas; toma lo que necesites" y "El turista exige, el peregrino (y no todos) agradece".

Siempre encontraremos normas similares en los albergues, horario de apertura, condiciones de aceptación, prioridades; a pesar de existir un factor común en todos ellos, siempre hay hospitaleros que marcan sus normas particulares.

En cuanto a la alimentación en el camino, se recomienda ante todo una dieta bien planificada. Si se comienza a caminar por la mañana, es fundamental dedicar tiempo suficiente, al menos 20 minutos, a disfrutar de un desayuno completo que incluya lácteos, cereales (cereales en copos, pan, tostadas, pan de molde…), fruta o zumo y complementos (mantequilla o margarina, queso, fiambres, mermelada, miel, azúcar...). Si la marcha se va a realizar por la tarde, conviene tomar una comida sencilla y sin demasiadas grasas dos horas antes de comenzar. Por ejemplo: un plato de pasta, arroz o verdura con patata, carne o pescado (todo esto cocinado de manera sencilla, sin mucha grasa) con guarnición de verdura o ensalada. La comida debe ir acompañada de pan, siempre que no sea en exceso un vaso de vino, y una fruta o algún lácteo suave de postre. En los días de descanso se puede permitir algún exceso. En caso de optar por comer un bocadillo, es preferible que sea de tortilla de patata, o un buen filete vacuno, acompañado de fruta y/o zumo y batido o infusión azucarada, ya que de este modo aseguramos un buen aporte de hidratos de carbono, el mejor antídoto contra la “pájara”. Puesto que el desarrollo de cada etapa dura varias horas, conviene que cada 60 ó 90 minutos nos tomemos un breve descanso para beber e ingerir algo sólido que contenga hidratos de carbono, lo que nos permitirá mantener mejor el ritmo de ejercicio, y sobre todo por dos razones fundamentales: evitar la pájara y la deshidratación.

 Hidratación antes, durante y después del recorrido. Durante el ejercicio continuado, el agua es tan importante como los hidratos de carbono, sobre todo en días de mucho calor y humedad. Es un error relativamente generalizado no beber agua ni antes ni durante la caminata, así como esperar a tener sed o hambre para comenzar a beber agua y tomar alimentos. La sed aparece después de que el cuerpo ha comenzado a deshidratarse. Por tanto, se deberá beber agua regularmente, dependiendo del calor y de la humedad, antes de que comience la sensación de sed. Para saber si se están tomando líquidos suficientes, basta con observar el aspecto de la orina. Un color blanquecino o amarillo pálido indica una hidratación adecuada, mientras que, micciones frecuentes, en pequeña cantidad y de un color amarillo dorado o intenso y olor fuerte es indicativo de que no se cubren los requerimientos de líquidos. La deshidratación puede llegar a provocar una sensación de mareo, náuseas, e incluso, vómitos y diarreas. Si el ejercicio se prolonga durante horas, se aconseja tomar al menos tres vasos de agua, o equivalente, 1 ó 2 horas antes de iniciar la actividad, dos vasos 15 minutos antes y beber la cantidad de líquido equivalente a un vaso, cada 40 minutos aproximadamente, durante el desarrollo de la etapa. Es recomendable que la bebida se mantenga fresca, para lo cual al peregrino no le ha de faltar, preferentemente, una cantimplora adecuada, o bien aislada en la mochila, nunca colgada en el exterior ya que aparte de desiquilibrarla  absorbe el calor solar. Asimismo resulta fundamental la rehidratación una vez concluido el esfuerzo físico del día, incluyendo agua e hidratos de carbono; y si la transpiración (sudor) ha sido importante será preciso, además de hidratar, reponer los electrolitos perdidos, por lo que existen productos aditivos para mezclar con el agua, de venta en buenos establecimientos deportivos.

Si es en invierno, cuando el Camino es casi una aventura, no te dejes llevar por el consejo de algunos paisanos de quitar el frío del cuerpo basándose en aguardientes o orujos, craso error, estas bebidas calientan de momento y se acentúa el frío al poco tiempo, si se puede es muy socorrido tomar caldo caliente. 

 

 

MADRID – TRES CANTOS – COLMENAR (51 KM)

Desde Madrid, como de cualquier sitio el Camino no sale de ningún punto determinado sino que ha ideado para que cada uno comience desde la puerta de su casa. En cualquier caso es aconsejable pasar antes de la salida por la Iglesia de Santiago en la plaza del mismo nombre, próxima a Opera, o por la Iglesia de las Comendadoras y solicitar allí los creyentes la bendición del peregrino, estampando también el primer sello en la credencial. Pero para encontrar la señalización con flechas amarillas nos queda un largo tramo en dirección norte, ya que no la encontraremos hasta el final del barrio de Fuencarral, en el conocido Paseo de las Alamedillas, dejando a la izquierda las instalaciones deportivas Santa Ana. Desde allí un camino nos conduce hacia la autovía de Colmenar que salvamos mediante un paso elevado junto a una gasolinera y donde se encuentra la primera flecha amarilla del camino, algún ignorante ha pintado varias en otro color y despistan. Nos encontraremos después con un pequeño núcleo urbano en el que atravesamos, buscaremos las calles de Preventorio, Benetúser y Arnedillo que seguiremos; al final ascendemos una pequeña cuesta y cruzamos la carretera Fuencarral - El Pardo para dirigirnos hasta el final de la tapia del cementerio de Fuencarral por la calle Afueras a Valverde, más flechas amarillas. Una vez aquí giramos a la izquierda y nos dirigimos, descendiendo, a cruzar por un paso inferior la autopista M-40 y la vía férrea. Desde  aquí debemos proseguir por el camino que encontramos frente a nosotros, donde iremos en progresivo ascenso, que se dirige hacia la esquina de la tapia del monte del Pardo. Hallaremos  diversas desviaciones que evitaremos en todo momento debiendo seguir siempre por el camino principal y seguir  en dirección hacia la vía del tren dejándola siempre a nuestra izquierda. Una vez situados en este punto y tomando orientación avanzaremos cuando el camino, progresivamente, va encajonado entre la tapia y la vía durante varios kilómetros, veremos un paso bajo la vía férrea que debemos omitir, ya que nos desviaría, continuamos hasta algo antes de llegar al apeadero del Goloso, llegamos a una pequeña explanada donde hay una puerta cerrada que da acceso al monte del Pardo y desde donde divisamos ya el apeadero citado; hacia él nos dirigimos siguiendo unos postes amarillos de conducción del gas que nos acompañarán durante un buen tramo. La vía del tren ahora la dejamos a la izquierda y a la derecha tenemos la autovía de Colmenar Viejo. Si queremos regresar desde aquí a Madrid, este apeadero puede ser una buena opción, para continuar al día siguiente donde se dejó, ya que la siguiente alternativa par tal menester sería la localidad de Tres Cantos o localizar alguna parada de autobús interurbano junto a la autovía y la tercera para hacerlo de seguido pernoctar en esta moderna localidad madrileña.

 Continúa el Camino con poca probabilidad de pérdida al ir encajonados, por así decir, entre la vía y autovía.  No demasiado lejos de allí a tiro de piedra tenemos Tres Cantos que queda al otro lado del Camino, y por supuesto de la carretera. Como se ha comentado si pensamos realizar en este lugar fin de etapa, o regresar a Madrid y continuar posteriormente, acceder por un paso elevado, y que al comienzo de la siguiente etapa deberemos retornar a él; por quedar bastante lejos del centro urbano, tengamos en cuenta que esta ruta no cruza la población sino que continúa por el lado izquierdo de la carretera y poco más allá: Alcanzaremos a continuación un punto desde el que vemos la señal del Cercanías de la estación de Tres Cantos, allí la valla del monte del Pardo gira  como a 90º, y comienza una vía de servicio que se dirige hacia las instalaciones de una empresa multinacional AT&T. Tomamos dicha vía y unos 250 metros después (justo enfrente de la estación de RENFE Tres Cantos)  damos un giro a la izquierda por una pista ancha (hace unos años de tierra.) Una referencia orientativa para los que se incorporen en este lugar es fijarse que el complejo de la citada multinacional debe quedar siempre a la derecha de nuestra ruta.

Dejaremos poco después a la izquierda dos casas y nos encontramos con que nuestro camino toma una pista pequeña a la derecha de un terreno vallado. Por ahí descenderemos después a una vaguada por unas escaleras ruinosas, y luego debemos girar a la derecha para caminar por una vía pecuaria (hace tiempo estaba señalizada) que atraviesa la chopera del arroyo de la Tejada, ocho kilómetros después en que casi invertiremos dos horas, haremos nuestra entrada triunfal en Colmenar Viejo, localidad con todo tipo de servicios. Efectuamos la entrada a la población por el cementerio, (siempre se entra en todas las localidades, o se sale, por el camposanto) ermita de Santa Ana y pasaremos el Polideportivo Lorenzo Rico. Después tomaremos la calle Santa Ana subimos hasta la Iglesia. Proseguiremos, y en este orden, por las Calles: Católica, Viento, Reloj, Plaza de la Berenjena, Calle Colmenar del Cura, Plaza del Maestro Almeida, Carretera de Hoyo, Calle Jacinto Benavente, Avenida América, tras este tramo urbano que nos prepara para las travesías de grandes poblaciones debemos llegar a la Avenida de los Poetas y Ronda Oeste hasta la Calle Pilar de Zaragoza donde giramos a la izquierda para coger al fondo la cañada que nos lleva hasta Manzanares el Real.

Pero no dejemos Colmenar Viejo muy rápidamente, salvo que la travesía de esta jornada la hayamos comenzado en Tres Cantos, pues allí se puede pernoctar o continuar hasta las faldas de la Pedriza: Manzanares el Real, alojamiento, que no albergue no nos faltará

 

COLMENAR – MANZANARES (8 KM)

Dejamos atrás Colmenar Viejo, seguimos a través de nuevas urbanizaciones de pisos y adosados, muestra clara de la expansión de estos pueblos tradicionales que se empiezan a convertir en ciudades - dormitorio y que amenazan con el tiempo a transformarse en barrios de Madrid perdiendo su identidad de población y tomando la de barriada periférica. Nuestro camino nos lleva rumbo hacia la sierra dejando a la derecha una finca ganadera. Unos mil metros después nos encontramos una bifurcación y tomamos el camino de la derecha que nos permite franquear por un paso inferior la vía férrea Madrid - Burgos. Sin mayores complicaciones y por un aparente tramo de cañada muy atrayente, contemplando ganado vacuno y curiosamente han pintado flechas color butano y las amarillas, poco después llegamos a un puente sobre el río Manzanares que cruza aquí la carretera Colmenar-Cerceda.

Salvamos el río por un puente de piedra y 100 metros más allá cruzamos una carretera en no muy buenas condiciones que se dirige a las instalaciones del Canal de Isabel II del Embalse de Santillana. Seguimos ascendiendo por un camino que después gira a la izquierda y en el que pronto encontramos señales de vía pecuaria y, aproximadamente y a  unos 300m. después, una pequeña  finca de explotación ganadera denominada  La Venta.

Continuamos periplo y a dos kilómetros de aquí, encontramos una bifurcación secundaria a mano derecha, que no debemos tomar, por lo que seguimos por el camino principal que nos conduce hasta la entrada a la finca Valderrevenga y que debemos dejar a la izquierda. Continuamos por nuestra senda como 1,5 km. más, hasta encontrarnos con un ramal a nuestra derecha que abandona claramente el camino que traíamos. Tomamos, pues, esta desviación que asciende suavemente hasta que llegar a una cota desde la que se comienza a divisar a nuestra derecha la población de Manzanares el Real.

En nuestro descenso nos encontramos con otra bifurcación, podemos tomar cualquiera de las dos, pero si tomamos la de la derecha, antes de llegar a Manzanares cruzamos un puente sobre el embalse de Santillana y un poco después la carretera Soto del Real - Cerceda. A la entrada del pueblo y antes de cruzar el río que da nombre a este lugar tomamos a la izquierda un camino en el que nos encontramos con las ruinas de un antiguo castillo, no  se trata del tradicional que recuperó la Comunidad de Madrid de su ruina, sino del antiguo castillo encuentra al otro lado del pueblo, aquí aparecen  las señales rojas y blancas del GR-10 que seguiremos hasta llegar a Cercedilla.

 

MANZANARES EL REAL – CERCEDILLA (28 KM)

Seguimos las señales del GR-10 donde también han pintado flechas amarillas solo pocos somos a  los que nos recuerda que seguimos caminando hacia Compostela. A la salida de Manzanares pasamos por la entrada del Parque Natural de la Pedriza que vamos a ir bordeando durante bastantes kilómetros y a nuestra derecha. Dejaremos atrás Matalpino y al llegar a la Urbanización Vista Real tenemos dos alternativas bordearla por la derecha, un tramo más largo, pero sin pisar el asfalto de la carretera o tomar el GR -10 que va por la izquierda. Podemos elegir aquí el itinerario que queramos. Al llegar a Navacerrada nos dirigimos a la Plaza de los Angeles donde está el edificio del Ayuntamiento y  desde allí tomar una calle a la derecha que, tras pasar por el restaurante “La Galería”, continuamos el GR-10 para subir por la desnivelada cuesta de la calle Abel que nos conducirá a la salida del pueblo camino de Cercedilla, después de cruzar la carretera que asciende hacia el puerto de Navacerrada a la altura de “La Fonda Real” girando a la izquierda ya estamos encaminados. Continuamos dejando a la derecha una talanquera metálica que corta la pista forestal que conduce a la Pradera de las Cortes.

La llegada a Cercedilla se realiza por la Avenida Manuel González de Amezúa. Al final de ésta, se gira a la derecha hacia el centro del pueblo; después, tomamos la Avenida de José Antonio y llegamos a la Plaza Mayor y comienzo de Avenida del Generalísimo donde giramos a la derecha por un callejón estrecho llamado del Capón que, tras pasar por el Bar 7 Picos y Bar El Refugio, lugares que nos sirven de referencia, nos dirigimos escaleras arriba hacia la iglesia parroquial de San Sebastián donde podemos añadir otro nuevo sello a la credencial.

 

CERCEDILLA- SEVOVIA (25 KM)

 

Desde la parroquia, el camino sigue ganando altura atravesando la zona residencial 'Herrén de Reales'. Las flechas amarillas desembocan enseguida en el cruce con la vía del FF.CC. que asciende hasta los puertos de Navacerrada y Cotos. Ascendemos junto a la vía por la carretera que se dirige a la urbanización de Camorritos y, unos 200 metros después, giramos a la izquierda abandonando el GR-10 que habíamos retomado en el cruce con la vía antes citada. El camino sigue la c/ Río Guadiana, última linde de la colonia de Las Heras y Los Castaños, hasta un paso 'canadiense' previsto para facilitar el paso a los senderistas sin que se escape el ganado. Progresamos ya por terreno montañoso buscando culminar el collado entre las dos pequeñas cumbres que se alzan a ambos lados de nuestra ascensión: el Cerro Colgado y la Pimpollada de los Barros.

Desde el collado descendemos ligeramente para adentrarnos en la ladera oeste del valle de la Fuenfría. La ruta discurre por un pinar y, tras un fuerte ascenso, pasa por el Raso de Pedro Morales. Poco a poco vamos ganando altura entre los pinos albares de la ladera de las Berceas, aprovechando sendas y veredas que recalan en el arroyo Cerromalejo, desde el que hay que afrontar una brusca subida que desemboca en la pista forestal que conecta las señales con el arroyo de la Fuenfría. Avanzaremos por la derecha de este arroyo siguiendo la señalización en círculos amarillos hasta la Pradera de los Corralillos. Aquí entroncamos con la calzada romana que nos llevará a Segovia. A nuestra izquierda se alza, dominando todo el sugerente entorno, el chalet de la R.S.E.A. Peñalara. Aprovechando la señalización (círculos blancos) que existe en este tramo, llegaremos hasta el límite provincial, justo en lo alto del puerto de la Fuenfría. En este punto reaparecen las flechas amarillas y comenzamos a descender.

De todos modos para partir desde Cercedilla, concretamente desde la estación de FF.CC. es más sencillo, saliendo de la misma frente a un restaurante giramos a la derecha tomando la carretera que nos encaminará al paraje conocido como Las Dehesas, dejaremos a nuestra derecha el Reste. Cirilo donde también sellan la credencial, tomando después la Calzada Romana, desde aquí y en muchos kilómetros no veremos apenas construcciones, al menos hasta llegar a la siguiente población.

 

Para comenzar el Camino siempre he sentido aversión a cruzar, salir y entrar de las ciudades en lo que a los caminos se refieren, y como eso hay que dejarlo al gusto de cada uno, y con toda humildad, después que durante muchos años hubiese efectuado ese recorrido, cada vez menos parecido al realizado desde hace mas de 30 años con las obligatorias variantes a las que nos han condicionado vallados y urbanizaciones, he tomado mi licencia particular para obviarlo y dejarlo en mentalidades más urbanas y al menos intentar hacer un recorrido puramente guadarramista en sus comienzos, tiempo tendremos para visitar dentro del Camino, y con detenimiento, ciudades de interés, sin menospreciar otras localidades, donde esos avatares urbanos los vamos a sufrir. Al menos el recorrido descrito está indicado para todo aquel que sus escrúpulos personales, divergentes de los míos y tan respetables, lo efectúen.

Así que eligiendo un final de otoño, cargada la conciencia, la mochila y el ánimo me pongo en marcha levando anclas a hora temprana desde la Villa y Corte. Tomo el tren de Cercanías en el andén 2 de la estación de Atocha, siendo aproximadamente las 8 de la mañana.

No habría transcurrido mucho más de una hora cuando el tren efectúa parada en la localidad serrana de Cercedilla, punto final del recorrido ferroviario programado de esta jornada. Estación notable desde antaño, que la tecnología la ha transformado en un fantasma olvidado, la taquilla cerrada y fuera de servicio ha dado paso a la inhumana maquina expendedora, la cantina reformada y cerrada con apariencia de no haber sido inaugurada, y unos servicios innovadores que la mala utilización de algún usuario anárquico en sus micciones y otros actos los hacen impracticables, una voz robotizada anuncia la llegada o salida de trenes; algo tan mecánico que se nota la ausencia del factor humano, salvo algún vigilante de seguridad por casualidad añadida.

Los incesantes cambios violentos en la sociedad de este tiempo han quitado, sin ningún lugar a dudas, esa gran parte de romanticismo de tiempos pretéritos hasta en lo que se refiere en el menester ferroviario: El vestíbulo de las estaciones con la humeante estufa de carbón, en torno de la cual se calentaban en los fríos inviernos los viajeros que esperaban, el toque de campana dada por el jefe de estación indicando la inminente partida del convoy; Aquél hombre con martillo de largo mango del que solo se percibía su ruido y nunca se le veía cuando golpeaba las ruedas de los vagones, aquel otro que buscándose la vida hacia rifas en los trenes burlando al revisor y a la pareja de la Guardia Civil; y lo más entrañable de los vagones de tercera como compartir la tortilla de patatas, pimientos verdes fritos o filetes empanados, según economías, con el viajero de enfrente, que curiosamente no conocías de nada y seguramente jamás se volverá a coincidir en ningún otro viaje.

Acerca de Cercedilla algo se debe a comentar al lector, por ser una localidad digna de tener en cuenta, de no ser así este viajero hubiese seguido camino en el tren que aquí le dejó hace unos instantes, hasta la última: Segovia y comenzar allí la andadura. Sin que este viajero niegue que existan anteriores rastros, puede afirmar que Cercedilla entra en la historia conocida a través de la presencia romana, y eso por ser lugar de paso, es decir que fue una primitiva aldea situada al margen de la Calzada Romana. Esta vía arrancaba en Titulcia, pasando por Miacum, en las inmediaciones de Madrid, Las Rozas, Villalba, Guadarrama, Los Molinos y Cercedilla llegaba a Segovia por el Paso de la Fuenfría. Construida en el S-I de nuestra era, en tiempo de Vespasiano, en pleno apogeo del Imperio Romano. De esta aldea, durante casi un milenio no se conservan datos relevantes de su importancia, inclusive con la llegada de los bárbaros que de modo violento destruyen todo vestigio tardorromano; sólo se puede suponer que los que allí habitaban abandonan su antiguo asentamiento para ponerse mas al abrigo de la Sierra retrocediendo al norte en la entrada meridional del Valle de la  Fuenfría, lugar mas favorecido para el desarrollo ganadero. La población se agolpa alrededor de la Iglesia de San Millán, ahora en el centro de la población. Se especula, por tanto, que la primera traza del edificio a partir del siglo XII fuese puramente de origen militar destinada a la vigilancia y defensa del valle de las hordas sarracenas, y casi con seguridad fuese la Orden Templaria la encargada de vigilar uno de los pasos más importantes entre las dos mesetas al ser una vía de comunicación fuertemente frecuentada, entonces, desde más de un milenio. Este paso de la sierra tuvo una importancia vital para los segovianos por facilitar la repoblación, la cual pondría de relevancia  un largo pleito que mantendrían estos con los concejos madrileños; fundamentalmente en el año 1.152 el rey Alfonso VII, a pesar de que la ocupación por la repoblación corría a cargo de los segovianos, dona estas tierras a Madrid; tras estos largos litigios es en 1.208 cuando Alfonso VIII las retorna a Segovia. El fallo del monarca es recurrido en 1.247 a Fernando III por los madrileños, a modo de arbitraje toma este terreno bajo su protección, creando una zona de aprovechamiento de pastos y montes comunales entre madrileños y segovianos, formando el Real de Manzanares. Su muerte no le permitió llevarla a cabo, y como continuasen los pleitos en 1.383 Juan I entrega el territorio del Real de Manzanares a la familia Hurtado de Mendoza, adscrita a la Casa Ducal de Guadalajara.

Conviene recordar que excluyendo el Puerto de la Fuenfría, existieron otros dos pasos de vital importancia para salvar la Sierra en el medioevo: Malagosto y Tablada. El Puerto del León es bastante posterior y alternativo a Tablada, del mismo modo que Fuenfría cedió el testigo a Navacerrada y  Malagosto a Navafría...

En la primera mitad del siglo XVI es cuando aparecen referencias de esta villa. Se hace con alusión a la riqueza de la explotación de sus montes, madera para la construcción, proliferan los carboneros que elaboraban carbón vegetal en las proximidades de la villa.

No sería muy boyante su producción agrícola, en cuanto al cereal se relaciona, puesto que en 1.580, el Consejo de Castilla, por decreto autoriza a esta villa a comprar y sacar de la ciudad de Segovia en todo el tiempo el trigo, pan y cebada que necesitase.

En el archivo parroquial de Cercedilla existen referencias muy concretas desde el siglo XVII, se habla de cuatro ermitas actualmente desaparecidas (Ermita del Carmen, de Santa Catalina, la Natividad y la Soledad.) La Condesa del Infantado adquiere la jurisdicción del lugar, con rango de villa, de fecha 21 de junio de 1630, a la vez otras propiedades engrosan el patrimonio del Infantado, hasta que en 1812 las Cortes de Cádiz abolieron estas pertenencias y los señoríos de la nobleza; la última duquesa del Infantado a la que afectó tal desamortización fue doña María de Silva y Mendoza que a la vez llevaba aparejado el título de Condesa del Real de Manzanares y Marquesa de Santillana, es por eso que el ventisquero de Guarramillas, sito en la falda sur de las Guarramas y Valdemartín, al haber sido este territorio de su posesión tomó el nombre  que conserva  actualmente: Ventisquero de la Condesa.

El templo de San Millán ha llegado hasta nuestros días después de sucesivas modificaciones, lo que hace irreconocible el edificio frente a lo que fue la primitiva construcción. A mediados del siglo XIX el censo de la población de Cercedilla no llegaba a 800 habitantes.

En esta localidad con los únicos recursos que contaban sus moradores eran los agropecuarios, que pasarían a un segundo lugar al surgir otras rentas a principios del siglo XX, pues lo que en un principio se consideró beneficio complementario, después se transformaría en un buen negocio. Estas gentes comenzaron a mejorar sus ingresos con los pingües beneficios que proporcionaba ese incipiente turismo, que entonces se presentía exitoso. Muchos de sus habitantes vieron un nuevo porvenir relacionado con los primeros excursionistas que preludiaban sus asiduas visitas a la Sierra, y quiere afirmar el viajero que cuando en Madrid o Segovia se habla de Sierra no puede ser otra que la del Guadarrama.

Cuando en 1863 se inauguró el tren a Segovia, lo explotaba la empresa Ferrocarriles del Norte, los viajeros quedaban abandonados en un sitio inhóspito llamado Cercedilla; razones no les faltarían pues la subida en frío hasta El Ventorrillo, antiguo y vetusto edificio que sería en Guadarrama el primer albergue del Club Alpino Español, aunque no larga, tiene bemoles. El edificio es terminado e inaugurado en 1907 denominándole Twenty Club (Club 20), ya que veinte eran los asociados con los que contaba dicha formación y que originalmente también tomó ese nombre. Muchos vecinos de Cercedilla comienzan, en temporadas invernales, a hacer su agosto particular transportando, desde la llegada de los trenes, al albergue del Ventorrillo a esquiadores con sus pertrechos a lomos de caballerías desde la estación; estos equinos darían lugar a los primeros taxis serranos guadarramistas; si bien, generalmente, era un turismo de buena bolsa,  pese a que muy pocos eran los que subían en automóvil.

La afluencia es incesante con un contagioso crecimiento por la afición a la nieve, entonces privativa de clases acomodadas, por lo que se deciden acometer obras de un nuevo chalet que pudiera dar cabida al actual y futuro número de socios.

DD. Francisco Ginér de los Ríos paseando por las inmediaciones de Cercedilla

Los selectos excursionistas, entre ellos don Francisco Ginér de los Ríos y otras importantes personas de la Institución Libre de Enseñanza, al mismo tiempo que fomentaban el lugar, dejaron buenos dineros a los paisanos.

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia asisten el 12 de julio de 1923, a la inauguración del primer tramo del ferrocarril eléctrico de Guadarrama, entre Cercedilla al Puerto de Navacerrada, que después se prolongaría al Puerto de los Cotos, que proporcionó notablemente un necesario auge económico a la población serrana; dos años más tarde los monarcas otorgaron el titulo de Real a esta villa. La llegada del ferrocarril posibilitó la afluencia de las clases medias para acercarles a las cumbres y que además podían disponer de una segunda casa en pueblos de la Sierra.

Desde mitad del siglo XX cuando Cercedilla, por su adyacencia a la nieve, se convertiría en una de las principales villas turísticas serranas en temporada invernal y en el estío por su agradable temperatura en contraste con el bochorno madrileño capitalino.

Pero todo lo que fue bueno para esta villa se tornó en nefasto para los enamorados de la soledad de la naturaleza, Manuel González de Amezúa en el Anuario del Club Alpino Español del año 1929 con tristeza exponía: al ponerse el puerto de Navacerrada al alcance de los bolsillos más modestos y excursionistas comodones hacen el lugar vulgar e insoportable, particularmente en épocas de nieve, que ya hay que ir pensando en buscar otros parajes.

Un dato más reciente, curioso y anecdótico, de esta localidad, se refiere a un fallecido personaje tildado de “rojillo” apellidado Montalvo, que fue primer edil de este municipio durante la Guerra Civil, después permaneció oculto en el pueblo durante casi 40 años, salió de su escondite una vez muerto el dictador.

Lo primero que dispone el viajero es asegurarse alojamiento para pasar la noche, que a pesar de no ser festivo ya sabemos lo que pasa habitualmente, desde que este viajero tiene conocimiento,  en estas zonas serranas.

Es necesario aconsejar, que cuando se quieren recorrer caminos no hay nada mejor que hacerlo macuto a la espalda, donde transportamos mejor ropa y material suficiente para superar cualquier eventualidad, pero no así lo asumen muchos hospederos reacios que consideran al individuo así pertrechado con un apelativo despectivo de "mochilero" o equivalente a persona de pocos recursos; Mientras que no se demuestre lo contrario España no es ningún salón de lujos para turistas. Más ignorando que el habito no hace al monje, algunas veces suelen existir sorpresas y encontrarse príncipe por mendigo y viceversa. Por tanto un consejo, si previamente no han reservado alojamiento, lo correctamente astuto es que  depositen vuestras mercedes en un portal, bar, tienda o lugar seguro su mochila y acudan sin ella a contratar, dando aspecto indiferente y relajado como de acabar de aparcar el coche; probablemente luego vendrá la sorpresa y encontrará posteriores excusas: Van a pintar, esta averiado el inodoro, hay goteras, se estropeó la calefacción, hoy fumigan...  evasivas conocemos estas y muchas más, ocurre en demasiadas localidades y esta no podía ser la excepción. Lo más aconsejable es llevar la reserva previa del hotel confirmada, y si es posible el bono de la agencia de viajes, o cheque de hotel con el comprobante escrito de la reserva, evitando cuando sea posible a hospedadores tendientes a actitudes negativas en esta época de competitividad que nos ha tocado vivir, y mas cuando el servicio se realiza por personas mal pagadas que al tener nula experiencia el cliente paga las deficiencias asumiéndolas, mientras aumentan, por estos fundamentos, los márgenes empresariales. No le es complicado suponer a este viajero, que el negocio fácil conlleva al abuso ligado a una falta de calidad, cuando ante la demanda el trabajo es generalmente realizado por trabajadores provisionales en una época de provisionalidad. La desidia e improvisación de nuestro tiempo, lo condena a su fracaso, y con eso a no dejar huellas del mismo, por mucho que lo los irresponsables descerebrados que lo han fraguado insistan en lo contrario.

Esta es una de tantas razones por las que al viajero le resulta prácticamente imposible conseguir un hospedaje medianamente decente, que le permita ir a dormir a hora prudente y levantarse antes del alba para aprovechar al máximo la siguiente jornada y tratar de terminarla antes de anochecer.

Otrosí: cuando el viaje es largo, sugiero envíen distribuyendo a sitios estratégicos de la  ruta prevista parte de su bagaje, cosa que permite siempre ir más ligero de equipo y la posibilidad de dar lugar con más frecuencia a un necesario cambio de atuendo.

Bien comenzamos el Camino, desdichadamente, el viajero, ha perdido la mañana encontrándose con alojamientos "completos", sistemáticamente, cuando previamente el día antes y por teléfono le habían informado de total disponibilidad. Triste resulta, de igual forma, tener que padecer el desprecio de gentes que se les presupone medianamente educadas y que pierdan sus papeles arrojando descalificativos orales ante un potencial cliente, por el mero hecho de portar una giba desmontable; lo execrable que tiene discutir con los imbéciles es tener que situarse a su altura para ser entendido, y ahí está el inconveniente, porque ellos saben hacer mejor el imbécil, al estar en su terreno, y tienen las de ganar; salvo sean los diferentes. Ante tal eventualidad, no desea este viajero meterse en largas reclamaciones y no tiene otra solución que aceptar lo que extraordinariamente, por suerte, disponible que ha encontrado.

Casi al final del tramo urbano, de la carretera que conduce a la vecina localidad de Los Molinos, una antigua vivienda particular la han transformado en un establecimiento de esos que llaman de Turismo Rural pero el "encanto" hay que imaginarlo, le han informado que alquilan habitaciones a un precio asequible a los bolsillos más modestos, al ser lo único que se puede lograr, no intenta volver a buscar estérilmente, ni siquiera a mayor precio algo más decente en otro lugar, vistos los resultados. La habitación, última vacante en este día, está situada en el piso bajo, nada tiene que ver con una cálida, iluminada y limpia estancia; por estar próxima a la cocina huele asaz a cena, carece de calefacción; el interruptor de porcelana con manilla giratoria de madera enciende una bombilla que ya amarillea su filamento de antigua; la cama es de las niqueladas, cóncava por arriba, que parece querer juntarse la cabecera con los píes, y la parte de las patas parecen separarse como por enfado, a modo de hamaca caribeña. Arrollado a la mencionada cabecera un retorcido cable con un interruptor rojo en forma de pera, el cual permite apagar o encender la bujía sin moverse de la cama; augura tener que dormir en un colchón de lana con una huella del tamaño de un cuerpo humano en su centro; sin duda de la cantidad de durmientes que la han utilizado o fuese el catre del vegetal abuelo inmóvil durante sus últimos años; visto positivamente no existirá riesgo de caerse de la cama en una de esas espontaneas vueltas laterales. La ventana no encaja, posiblemente por estar mas tiempo abierta que cerrada, la hospedera argumenta que le gusta que esté bien ventilada, pero hay quien todavía confunde ventilar con enfriar habitaciones, aún con esto toda la vivienda hiede, aparte de "a cena", a humedad. Le manifiestan la intención de pasar un calefactor del baño, supliendo la carencia de radiadores, para calentar la gélida alcoba, advirtiéndole que “no lo ponga fuerte debido a que gasta mucha luz". Un armario a la que a una de sus patas mutiladas la han sustituido por un ladrillo, los cajones forrados de unas páginas, casi  incunable, de un rancio ejemplar del arcaico y trágico semanario El Caso, abarquilladas sus esquinas, el color blanco amarillento original se tornó en marrón sucio. Como ornamentación de sus paredes, un marco descascarillado con un dibujo a todo color de un sonrosado tierno infante que cruza plácidamente la vía férrea, mientras en retaguardia un Angel de la Guarda ordena detenerse a un tren humeante que se aproxima por su derecha; un retrato triste, de color sepia de dos niños marineritos, al lado la foto de un señor con patillas y bigote a lo "Amadeo de Saboya" sentado en un sillón mientras su enlutada consorte de pie a su izquierda con su diestra sobre su hombro, tocada de negra peineta y mantilla andaluza de Semana Santa, que ahora denominan española, cuya calavera será actualmente tiesto de raíces; el fondo de dicho retrato lo remata un decorado de palmeras en maceta similar a un elegante café decimonónico.

 Más allá y sobre una desvencijada cómoda, junto a una caracola de "oír el mar" la fotografía de estudio de un aguerrido caballero legionario de fino bigote, que sin duda le enviaría a su novia serrana desde África, se percibe un tatuaje gráfico en los morcillos, casi con seguridad el conocido Amor de Madre. El último cuadro que cierra la colección de la galería es una foto coloreada de forma oval y márgenes difuminados al color blanco, similar a los retratos que se colocaban en las lápidas de los cementerios, de un mozalbete trajeado, camisa sin cuello, a modo de alzacuellos sacerdotal, ni corbata, poseedor de rojos mofletes forjados por los vientos y soles de la Sierra.

Teniendo el viajero la certeza de no verse obligado a dormir bajo un puente queda medianamente conforme cargado de resignación; ahora está algo menos atribulado por haber encontrado un techo donde pernoctar bajo el mismo; por unos momentos se estuvo cuestionando anticipar una jornada su llegada a Segovia. Sin embargo ha perdido casi toda la mañana y debe renunciar al apetecible paseo matutino, previsto, por las sendas del Valle de la Fuenfría. El capítulo gastronómico es más sencillo, desprovísto el viajero de la mochila es muy fácil aposentarse ante mesa y mantel sin encontrar reparos, que en honor a la verdad es otro tema distinto, con peor indumentaria creo que todos hemos almorzado en más selectos y elegantes sitios en otras ocasiones, lugares que no vienen al caso mencionar.

Para eso de ir habituándose al Camino tomando un primer contacto compensa el viajero su frustrado paseo matinal por otro vespertino, después del opulento almuerzo, en honor a la verdad se debe comentar que las artes gastronómicas se dan bien en esta villa. Después se funde por trochas entre los pinares hasta el arranque de la subida de la Calzada Romana en su ascenso al la Fuenfría; el temprano crepúsculo, al faltar pocos días para el solsticio de invierno, lógicamente, le obliga a efectuar el retorno anticipándolo a sus apetencias. Actualmente el Valle de la Fuenfría está perdiendo el encanto natural de otros tiempos, con esta moda de poner coqueta la Sierra con un mobiliario inapropiado, solo falta instalar en las fuentes grifos monomando y las alicaten con plaquetas de baño, además de una señalización excesiva que la asimila con tantos carteles a un supermercado; cuando desde hace mas de un siglo ha sido suficiente señalar las sendas y trochas con hitos de piedra y en los bosques marcas amarillas, rojas, azules o blancas en los árboles, entre ellas la más popular fue la marcada por el socio número 13 de la R.S.E.A. Peñalara, Eduardo Shmid, de origen suizo, que unió el Valle de la Fuenfría con el Puerto de Navacerrada, ayudado por su consorte, a modo de "Pulgarcitos", marcando los pinos adyacentes a la trocha con puntos limonados.

  Comienza a anubarrarse cuando el sol se oculta frente al viajero de tal modo que los cúmulos y nimbos apenas dejan atravesar sus agonizantes rayos casi tendidos y van tapando las cumbres del valle. Entra nuevamente en el pueblo cruzando las urbanizaciones periféricas que, por así decir, amurallan el casco antiguo; tras sus ventanas se perciben numerosas y prematuras lucecítas navideñas, un grupo de escolares retorna a sus respectivas casas corriendo tras un balón.

El viento que trajo esas nubes aumenta su intensidad, cuando este viajero busca lugar y modo de distraer el tiempo libre, hubiese en esos momentos deseado sentarse en el sillón de una cálida habitación de hotel a hojear un libro, o simplemente en la soledad de la misma escuchar una emisora musical ante el desagradable descenso de la temperatura tras el ocaso solar. Con seguridad lo peor está por venir, al menos así lo presienten los lugareños; en la mañana se ha visto repetidamente a Felipe, el responsable de los bomberos municipales acarreando sal en una carretilla mecánica desde una nave, en previsión de nevadas.

Tras un tomar una cerveza en el bar Siete Picos invitado por antiguo amigo de la montaña que por una de esas coincidencias ha encontrado por esos pagos serranos, removiendo recuerdos de glorias juveniles montañeras y nostalgias, el tiempo ha volado en la tertulia mientras el tradicional tapéo sustituye a la cena.

Tras esto y saliendo de la ahumada atmósfera local de cigarrillos, el viajero toma la calle camino de la fonda. A mitad de camino unos vacilantes copos de nieve se desprenden de las nubes, bate las calles un viento crudo y sin aroma que encallejonado en los pasajes aumenta la sensación de frío.

Pulsa al llegar el viajero a su destino un atronador timbre y al buen rato le abren la puerta; le ha preguntado la hospedera si va a salir de noche para dejarle una llave de la entrada, le ha manifestado su deseo de poder retirarse cuanto antes, por tanto no insiste, entra en la habitación donde ya han instalado el aparato calefactor.

Ante el impedimento de conciliar el sueño, por el crujido del somier a cada mínimo movimiento, opta por poner el colchón en el suelo y utiliza el saco de dormir, pues no es por asco a los presuntos ácaros, pero ver desnudo al mencionado colchón entran ciertos picores, pero en “peores garitas hemos hecho guardia”.

 

Segunda Jornada

 

Las huellas templarias en la Sierra de Guadarrama.

 La noche transcurre con todos los ruidos del mundo, el golpear los cachivaches de la cocina al fregarlos, runrún de tuberías, cascadas de desagües, portazos, pisadas secas en el piso superior, y el soniquete más machacante es producido por el termostato del calorífero cada vez que se pone en marcha, con el consabido miedo que la precaria instalación eléctrica no aguante y se produzca un incendio. Transcurridas varias horas se pone en pié recogiendo sus pertrechos; se encamina a la cocina donde hay alguien levantado; allí le ofrecen un frugal desayuno que acepta de buen grado y tras pagar la estancia se despide, no sin antes recoger el carné de "antidá" que le había sido solicitado la hospedera el día anterior; lógicamente por 2.000 pesetas (12 Euros) no se puede pedir magnificencia,  aparte se lleva en su bagaje una curiosa anécdota para ser narrada. Acto seguido inicia camino rumbo a la estación donde en sus proximidades  y frente a la misma hay un bar que está abierto y vuelve a desayunar, pero esta vez en mejores condiciones para afrontar la presente jornada y añadir un sello a la credencial, el último en la provincia de Madrid.

Se encamina en dirección a las Dehesas, cruzando primero un puente sobre la Calzada Romana, que el asfalto la transformó en carretera, a la vez que observa que la nevada que se inició la noche anterior no ha sido demasiado copiosa en Cercedilla.

Ha llegado el viajero a una intersección donde un hito jacobeo anuncia una distancia de algo más de 605 kilómetros a Compostela. Desde ese lugar haciendo señas con el pulgar a los escasos vehículos que circulan a esa hora, continua camino hasta que al fin es rebasado por uno que se detiene pocos metros adelante; en él viajan tres personas que le invitan a acortar el camino y evitar esa calcetinada de asfalto, estos se dirigen al albergue de la Fuenfría de la Sociedad de Alpinismo Peñalara. Llegan en poco mas de diez minutos, abandonando el vehículo que aparcan en la pradera de Majavilán y cruzan el Puente del Descalzo, en menos de un kilómetro alcanzan a la conocida pradera de Los Corralillos, lugar donde se alza el mencionado albergue. Le ha supuesto al viajero un ahorro de al menos hora y media de trayecto en la práctica oscuridad de la noche, no se trata de ahorrar kilómetros defraudando el espíritu peregrino del Camino, sino ganar tiempo al menos el primer día por llegar cuanto antes al final de la etapa; se despide agradecido de estos jóvenes y continúa camino linterna en ristre. Pasado el citado Puente del Descalzo, la Calzada Romana comienza a adquirir una fuerte pendiente ascendente; modera el paso y continua sin pausa; pasaría casi una hora caminando y apenas algo más  de dos kilómetros recorridos en la penumbra que precede al amanecer, cuando alcanza el Puerto de La Fuenfría; se observan recientes reconstrucciones en el último tramo de la Calzada Romana, necesidad de conservación pedía a gritos desde la ultima intervención en esa vía que fue mas o menos sobre el siglo XVI; después los arrastres de pinos por su lecho, que los romanos denominaban "summa crusta", y otros agentes la habían condenado a su desaparición por deterioro después de dos mil años de presencia en la historia y casi dieciocho centurias de servicio,  por lo que sin lugar ninguno a dudas se le puede considerar una vía histórica.

Empieza a despuntar tímidamente un día opaco por las espesas nubes, presentando un panorama de inquietante y monótona tristeza para el ánimo del solitario viajero.

A la izquierda del puerto y arropadas sus cumbres por nublados se eleva el denominado Cerro Minguete y adosado a poniente la singular figura cónica del Montón de Trigo, su imagen da la sensación de estar constituido por ciclópeas moles pétreas de cereal. Es posible que de esta imaginada similitud, proviniese su apelativo y de las grandes extensiones que en épocas pretéritas se cultivaba el cereal en la zona, cuyos terrenos actualmente sucumben bajo los pinares que impusieron la incontrolada repoblación forestal, pantanos y grandes urbanizaciones de chalés adosados.

El viajero habiendo transitado por estos parajes durante casi cuarenta años, jamas conoció rancia leyenda sobre dicha prominencia montañosa; pero mire usted por donde, un paisano de Cercedilla, posiblemente sensible ante tal ausencia, elaborase con ayuda de su imaginación algo en los últimos años. Francisco Acaso, actualmente el último bardo de esta villa, concibió el origen del Montón de Trigo del siguiente modo:

En tiempos inmemoriales un hacendado, tacaño y malvado agricultor, usando extrañas artes consiguió una inimaginable cosecha de trigo; no solo contento con ello tenía que alardear ante toda la población del pingue cantidad recolectada, así que se puso al trabajo. Un ir y venir de una cantidad ingente de carros y carretas, llevaban el grano al Puerto de la Fuenfría, siendo un sitio elevado podrían verlo todos sus convecinos y rabiar de envidia ante tal suficiencia de cereal. Cuando hubo amontonado la cosecha, pasaron por allí procedentes de Segovia dos peregrinos pordioseros, que le pidieron llenar de trigo sus vacíos zurrones. Al negarse este en rotundo y expulsarles con malos modos, quisiera que el castigo divino se cebara con él convirtiendo los granos de trigo en grandes bloques de piedra, sepultándole en sus entrañas.

Todavía jadea el viajero del último tramo de la subida, un par de minutos de descanso le devuelven el ritmo normal de respiración, prosigue después por un tramo donde la Carretera de la República coincide con la Calzada Romana. Rumbo norte todo aquello con más de un palmo de nieve, allí otro hito del Camino nos indica que Santiago se encuentra más cerca, solo a 599 km, estamos en la cota más alta de toda la ruta jacobea desde Madrid con 1793 metros, un relativo privilegio el que disfruto al llegar al puerto de la Fuenfría: está cubierto por un manto de unos diez centímetros de nieve totalmente virgen. Es la primera vez que tengo para mí solo este lugar tan querido, del que guardo tantos y tan buenos recuerdos.  Tras divisar una flecha amarilla a la derecha y siguiendo camino entra el viajero en un paraje cargado de leyendas del Temple, en un recodo de la calzada a la izquierda sobre un promontorio, y es de suponer que solo leyendas, ya que los vestigios que quedan son de la edificación renacentista de 1.571 del denominado convento de Casarás, o antigua Casa Eraso, ruinas situadas como escasamente a una hora de camino desde La Fuenfría.

De estos parajes que se cuentan leyendas de caballeros templarios, relatan que era un lugar de castigo o penitencia para los freires de dicha orden; lo más cierto es que estas ruinas pertenecen a lo que fue una residencia de caza, construida en 1.571 por Felipe II, denominándose por el nombre de su secretario, Francisco Eraso, Casa Eraso y por corrupción del nombre en el tiempo nos ha llegado como Casarás. Posteriormente fue una casa de postas, ahora solo se aprecia un arco que de milagro sigue en pié, a pesar que en tiempos recientes ha sido apuntalado con una reja decorativa. En resumen, salvo que fuese levantada, en pleno renacimiento, sobre otra construcción anterior, posiblemente un antiguo convento o templo de estilo románico tardío, las actuales ruinas son muy posteriores, y no han existido excavaciones que puedan demostrar la existencia de las presuntas anteriores ruinas; a falta de testimonios escritos, salvo en el diccionario geográfico de Pascual Madoz del siglo XIX cuyos datos no son muy concluyentes, las demás referencias son testimoniales comunicadas oralmente desde la antigüedad.

La Casa de Eraso fue durante más de dos siglos residencia ocasional de los reyes Felipe II y III como de Carlos II que a través del paso de la Fuenfría se encaminaban a Valsaín, al palacio el Bosque, que fue pasto de las llamas en 1686. De este primer edificio que fue construido por Gaspar de Vega a instancia del segundo monarca de la Casa de Austria, suplió la escasez de plazas para albergarse los monarcas y séquito que padecía la Venta de la Fuenfría. Siempre muy concurrida y asaz bulliciosa, en esta venta sitúa Cervantes a su personaje de las Novelas Ejemplares Rinconete y Cortadillo,  Pedro Rincón: ¡Yo, señor hidalgo, soy natural de la  Fuenfrída, lugar conocido y famoso por los ilustres pasajeros (...)¡

En estos parajes se forjó una leyenda del alma condenada de un templario, Hugo de Marignac, que vaga por esos lugares y encomendado a la custodia del oro que le confiaron los  templarios a través de un gran maestre de la orden. Posiblemente, y ya comentado, las ruinas del edificio tengan su origen  sobre los cimientos de lo que dicen que fue una encomienda templaria, o posiblemente un convento de los freires; así que confiando en ello, comenzamos los Caminos del Temple por la provincia de Segovia.

Pinos, zarzales y ortigas conforman una vegetación que ha crecido en el solar que ocupaba el edificio, recuperando la naturaleza lo que hace siglos le fue arrebatado.

En un ejemplar de la revista de la R.S.E.A. Peñalara correspondiente al año de 1.934 dentro de un apartado titulado Leyendas de Castilla este viajero consiguió una narración sobre la Cueva del Monje, próxima al lugar, que de ser creíble, puede evidenciar la presencia de los caballeros templarios en esa zona del Guadarrama:

“El antiguo convento de Casarás, del que dan fe en nuestros días unas ruinas sin importancia, disimuladas en una revuelta de la Calzada Romana de la Fuenfría, es el eje de diversas historietas curiosas y entretenidas que perduran en nuestra sierra, y aunque se mezclan en hechos y personajes, podemos hacer la disección precisa para situarlas con la debida independencia.

El héroe de todas Hugo de Marignac, senescal de la Orden de los Templarios, quien no obstante haber desaparecido de este mundo hace siete centurias, dícese que su ánima en pecado vaga todavía por la zona del Monasterio: justificando relatos de hazañas que le atribuyen y de las que pretenden que existen testimonios actuales.

¿Son chuscos  o inocentes los que tal aseveran? Para que no falte la característica del momento legendario, eran días tormentosos cuando en especial se contemplaba el fantasma desorientado del monje templario, que como una centella, jinete en alba cabalgadura, cruzaba los bosques de la Fuenfría con rumbo desconocido, llevando a la grupa de su caballo efebos y doncellas raptados de las cercanías con fines de misterio y a los que cuando gritaban quejumbrosos, cubría con su manto para evitar pudieran ser oídos. Tal es la visión contemplada con estupefactos ojos  por leñadores del lugar frecuentadores del monte, que observaron cuando el viento desplegaba la veste del caballero una cabeza horripilante en rojo bordado que cubría el peto de su hábito guerrero.  Así le vieron desfilar los atónitos campesinos sobre magnífico caballo que en loco desboque salvaba pedreras y breñales de la ruda montaña casi sin posar sus cascos, como si rozara suavemente un tapiz mullido.

Por documentos hallados en el archivo de Valsaín, sede urbana del contorno, se sabe, al parecer, la misión qué no hace al caso de aquel senescal en la época de su aparición en el convento cuando la Orden peligraba por acosos del trono de Francia y el auge del Monasterio ponía nota de gran actividad en el rincón aquel de la calzada.

Todo desapareció por la acción del tiempo menos el templario vertiginoso que es único habitante de la misteriosa zona de Casarás, vigilante sempiterno de los abismos en que se escondieron los tesoros de la comunidad, tan amenazados antes por la turba de codiciosos.

El tal caballero ardía en amores por una condesa, dama joven de la reina castellana, a la sazón de la jornada en el Real Palacio de Valsaín. Deseoso de tener por fuerza lo que de grado no le daban, ya que la dama desdeñosa guardaba con toda pulcritud las ausencias de su prometido, entregábase a  prácticas de misterio en una gruta cercana donde un ser maquiavélico iniciado en las ciencias secretas de Oriente, cultivaba ritos estrafalarios, que tenían por base el sacrificio de un adolescente.

Dícese que Marignac, llegada la hora del véspero, cabalgaba hacia la Boca del Asno y por el arroyo de las Dos Hermanas penetraba en los bosques de la Peñalara, reina de la serranía, deteniéndose ante un canchal hecatómbico que se alza en una pradera extraviada. Con la tranquilidad de saber que aquella soledad no sería quebrantada por nada ni por nadie, asistía a los oficios preparados por el mago, maestro en conjuros y hechicerías, a quien en saludo efusivo llamaba “Hermano”. Tipo era él tal de hombre depauperado, viejo encogido de cuerpo por natural ruina física y peso de sus delitos, que parecían retorcer su osamenta, cubierta en estricto con pardo sayal de ruinoso y desagradable aspecto.

Sabida la existencia del enigmático habitante de aquel agujero, llamado por las gentes lugareñas “Cueva del Monje” huían siempre de su vecindad por creerle en tratos con el mismo Lucifer: La ciencia diabólica que se le achacaba era, sin embargo, utilizada por muy altos personajes que, creyendo en su eficacia, acudían en bastantes ocasiones buscando remedios para males de amor no correspondidos.

Y este era también el motivo de las frecuentes visitas del templario soberbio, que queriendo dominar por artes poderosas a la joven cortesana que se resistía a su pasión, se hizo parroquiano del monje precario, señor de aquel lugar, campo de sus magias aprendidas entre los sabios persas y que solo él conocía en todo el territorio.

El monje, que esperaba la visita de tan destacada figura del Monasterio, dispúsose a la ceremonia que pretendía cobrar, arrancando a Marignac el secreto del sitio donde escondía los tesoros de la Orden, de los que quería tomar una buena parte que colmara su afán de avaricia. Complacido el mago del ajuste de su trabajo, comenzó la labor. Una hoguera verde iluminaba desde el centro la pequeña estancia irregular, de extraña ornamentación, nimbando de tonos lívidos la roja cabeza del dios Baphomet, que presidía el rito, la pequeña víctima que a la grupa del caballo había sido transportada  sucumbió al sacrificio y su sangre inocente pintó las paredes de piedra como preparación indispensable: un horno de emanaciones fuertes que aturdía al visitante condensó sus humos diseñando diabólicamente la estilizada figura de la condesa esquiva que surgió al conjuro de las cabalísticas impetraciones. Sobre una redoma de aguas negras, que ocupa el ara reflejose la bella aparición de la dama, que a una señal del nigromante, erguido en actitud de poseído infernal, momento cumbre del oficio, el templario clavó la espada en el corazón de la amada, cambiándose al instante en rojas las aguas del recipiente. Así quedó consumado el sacrificio de la inconsciente condesa, que herida de amor irresistible tendría que sucumbir.

Presto disponíase a partir el caballero en poder ya de su victoria cuando el oficiante reclamóle con soberbia el precio de su trabajo, la revelación del secreto convenida previamente. Ante la rotunda negativa que obtuvo por su respuesta gritó rabioso y triunfante: ¡Presumí tu infamia y me precaví! ; El oficio que hemos hecho no ha sido para darle el amor que pretendes y que con razón te niegan. Tu mismo has matado la posibilidad atravesando su corazón con tu propia espada y nunca jamas obtendrás ni una sola caricia. Así pues, no me has engañado porque he sido mas listo que tu!. El furor de Hugo estalló imponente al saber su fracaso, y arremetiendo con la espada al monje caduco, que, siempre alerta alcanzó con rapidez otra que guardaba, entabló encarnizado duelo, que terminó a poco por agotamiento del viejo hechicero que quedó atravesado y prendido contra la pared.

A galope furioso salvó el caballero la distancia con dirección al convento, sin que se volviera a saber de su existencia terrenal; pero su ánima vaga intranquila por la sierra en expiación de sus pecados y temerosa de que la del monje nigromante pueda descubrir el escondrijo del tesoro del que era Marignac celoso guardador.

El mago quedó petrificado por la acción del tiempo y es fácil contemplar su silueta desde muchos puntos de la serranía, en especial los que miran hacia la pradera aquella del lado noroeste de Peñalara, donde aún existe la “Cueva del Monje”, denominado así en recuerdo de sus episodios."

Siguiendo huellas de los antiguos viajeros que hasta hace casi trescientos años tenían por estos lugares su camino habitual llega a la intersección de la conocida pista de La Cruz de la Gallega, que conduce hasta el collado del mismo nombre y que al parecer su denominación proviene de ser la antigua ruta de los segadores gallegos que cruzaban por este paso para internarse después en tierras de la Castilla del sur, la evidencia está en otros topónimos  próximos en la zona de los que da fe, verbigracia: Matagallegos. Ya no se encuentra sola esa fuente de aguas serranas, cuyo manadero se ubica a considerable distancia de su caño y pequeño pilón; un monolito recuerda a los viajeros la historia del lugar mientras otro mojón de granito nos sitúa a 596 km de Compostela. Pequeñas capas de hielo adornan el pretil de la Fuente de la Reina, llamada antes Fuente Frida, que se encuentra cabe este lugar estratégico donde bajo el ardiente sol del estío, los caminantes efectúan un alto, toman resuello y refrescan el gaznate, calmando su sed, en estas gélidas y cristalinas aguas; pero hoy como es de suponer, no se da esa circunstancia. Aquí se pueden plantear dos itinerarios para llegar a Segovia, cuya distancia es más o menos similar: Continuar directo a Valsaín hasta La Granja de San Ildefonso, o desviarnos a la izquierda por Revenga, a fin de cuentas es una decisión que no merece grandes consideraciones, de algún modo se han acabado las fuertes cuestas hacia arriba en esta jornada.

Igualmente, resulta extraño al viajero, ver como el tiempo lo borra todo, hasta la existencia de algún rastro de las ruinas, de cuatro siglos atrás, de la que fue muy concurrida y transitada Venta de la Fuenfría, situada como a tres kilómetros al norte del puerto del mismo nombre y en las proximidades de esta fuente; por su extensión mas que venta constituía aldea o poblado según, crónicas y fragmentos literarios ya citados.

Al abrirse en el siglo XVIII el Puerto de Navacerrada, denominado antiguamente Puerto de Manzanares, fue desde antiguo un paso apenas transitado por una estrecha y empinada trocha, de él no hay noticias que se practicase en invierno, tan sólo en verano para monterías a Siete Picos, las Guarramas y la Maliciosa y por los pastores que subían  ganado a las zonas altas de la Sierra. Sería Carlos III, que encargaría las obras a Juan de Villanueva, el promotor de dicho paso entre Madrid y Segovia, quedando a su inauguración, en 1788, cerrado, o más bien dejó de utilizarse, por la nueva ruta, el Paso de la Fuenfría. Las obras comenzaron diez años antes y tuvo un costo superior a un millón de reales,  en ella trabajaron presos, condenados a trabajos forzados, picando piedra para el firme y enlosado de la vía, y de igual forma  compartieron tal ingrata y dura tarea un contingente de cautivos argelinos nada despreciable en número.

En la obra de José Fagoaga escrita en 1845, "Descripción de los Reales Sitios de San Ildefonso, Valsaín y Riofrío" nos relata una versión y descripción de la apertura del Puerto de Navacerrada cincuenta años después:

“... el desabrigo de la Fuenfría y lo pendiente de su cuesta obligó a abrir éste dándose principio el año 1788 bajo la dirección del arquitecto de Palacio, D. Juan de Villanueva desde las puertas del Real sitio de San Ildefonso con un Camino real con algunas subidas y bajadas pequeñas hasta la Venta de los Mosquitos o Peña Agudilla, conocida vulgarmente por La Cantina, distante una legua de este sitio de Valsaín, a  cuya jurisdicción pertenece, y dos y media de San Ildefonso. En esta venta empieza la subida del Puerto de siete cuartos de legua y en ella las siete revueltas finalizando la última en el alto o boquete que separa a Peñalara (Erróneamente lo ha confundido con Las Guarramillas) de Sietepicos y divide las dos Castillas. En una de las revueltas hay una fuente con el nombre de Fría, y su pilón de piedra, punto donde acostumbran a descansar los pasajeros por la frescura de sus aguas, y por ser la vista más pintoresca de sus pinares... "

Del mismo modo que en el Puerto del León, se estableció en el de Navacerrada el pago del impuesto del Portazgo, al utilizar el paso para sufragar el coste de la obra, este impuesto se realizaba en un edificio al pié de la carretera que estaba situado junto al actual emplazamiento de la conocida Fonda Real a pocos metros del Hostal Arcipreste de Hita. La Fuenfría al no ser transitada cayó en desgracia el paso quedó relegado a viajeros de pocos recursos que no podían, o querían, pagar el portazgo, si es que sorteaban a los corchetes del reino y perros pesquisidores cuyo menester era sorprender a estos escaqueadores fiscales del pago del referido portazgo, y aplicarles un cuantioso castigo, físico y pecuniario.

El impuesto de Portazgo desapareció hace algo más de una centuria, pero entrada la mitad del siglo XX, se creó otro similar, el conocido peaje de las autopistas.

Del Puerto de Cotos, también llamado antaño del Paular, no se tienen referencias notables de dicho paso, solo el acceso entre la parte alta de los valles del Eresma y el Lozoya, como alternativo al posterior de Malagosto, sería posiblemente por surgir la carretera  propiamente dicha desde Navacerrada de unos siete kilómetros de recorrido,  ya avanzado el siglo XX, siendo antes un vetusto camino carretero, casi de herradura; puerto unido desde entonces por esta carretera de siete kilómetros que discurre todo su tramo por la provincia de Segovia y, curiosamente, del mantenimiento y conservación de la misma corre a cargo de la Comunidad de Madrid, al parecer los motivos estriban en que esta carretera a pesar de estar su término en la vertiente segoviana solo une localidades madrileñas.

El viajero continúa camino, bajo una fuerte nevada que desde el amanecer le acompaña; casualmente se encuentra con alguien que le parece conocer y que llega caminando en sentido contrario, a una hora desusada para caminantes por ser prematuro el transito por el lugar; Es Vicente un miembro de la guardería de montes de la zona, con quien trabó el viajero conocimiento algunos años atrás de paso por Valsaín. Le recordaba perfectamente a pesar del tiempo transcurrido, parece ser que el recuerdo personal es reciproco al llamarse ambos por su nombre. Es una buena excusa para detenerse y, fumar un cigarrillo a hora inoportuna, tener unos minutos de conversación, bajo la copiosa nevada, al débil cobijo del pinar.

Vicente se lamenta del vandalismo que se experimenta en fechas cercanas a Navidad por el destrozo de desaprensivos sobre los acebos, arbustos protegidos desde hace algún tiempo, cree que la ornamentación navideña con dichas ramas no justifica los referidos destrozos. Apostilla, informando al viajero, que su rojizo fruto es además el alimento del  urogallo, Ante tal aseveración, el viajero sorprendido le pregunta que desde cuando habita el urogallo en estos parajes serranos; a lo que el bueno de Vicente cambia de conversación. Al final, tras una mutua despedida  le aconseja al viajero el mejor camino para llegar a  Revenga, y desde allí alcanzar Segovia por Riofrío. Aquí se desvanecen las dudas del viajero, que eran llegar hasta la altura de La Granja, girando a la izquierda para tomar la carretera secundaria para circular paralelos los 10 kilómetros que restan; o hacerlo por Revenga que a pesar de ser más largo es más atractivo, el bueno de Vicente le sugiere la segunda alternativa por evitar carreteras asfaltadas. Al fin y al cabo los 15 teóricos kilómetros de la ruta por Valsaín y San Ildefonso hasta Segovia se van al menos a duplicar, ya buscaremos el truco para andar lo justo, o al menos intentarlo.

- Ya sabes, deja atrás el cruce, sigues derecho y a unos doscientos metros toma una trocha a la izquierda, la distinguirás fácilmente ya que hay abierta huella en la nieve. Después al llegar a la recula del embalse cruzas el puente y le dejas a la izquierda; Si quieres lo puedes hacer por la otra orilla, pero darías mas vuelta!

Ha llegado el viajero al puente, lo cruza y deja a su derecha las incipientes ruinas de lo que fue el arranque de la toma de agua del acueducto segoviano, la nevada persistente le acompaña hasta Revenga. Se detiene en un bar enclavado en una curva al margen de la carretera de San Ildefonso, bastante mas arriba del muro de la presa.

Tras limpiarse el barro de las botas y sacudirse la nieve, abre la puerta acristalada penetrando en el establecimiento, dando los buenos días, le devuelven el saludo el camarero y tres parroquianos que toman algo, que parece aguardiente, al fondo de la barra.

-         ¡Parece que trae cara de frío!

-         ¡Cierto, hace más de dos horas me pilló la nevada!

-         Ya lo noto, trae usted hasta el bigote blanco

-         Eso no es de la nevada, es de los años; le responde

-         ¿Tomará algo?

-         ¡Si es posible un café con leche caliente¡

-         ¡Tendría que ser de puchero, pues ya he apagado la cafetera!

-         ¡Da lo mismo, mientras esté caliente! Por cierto, ¿Cómo hago para llegar caminando al Palacio de Riofrio desde aquí?

-         ¡Siga por la carretera y luego a la izquierda, no está muy lejos, hay también un camino, tiene como tres kilómetros, pero si no lo conoce bien se puede extraviar, siguiendo el curso del río es más fácil! ¡También le advierto algo: parece que por allí no gustan mucho los montañeros!

-         ¡Hombre de Dios, no creo que por eso me den una paliza al llegar!

-         ¡No se trata de eso, es simplemente que no están bien vistos!

-         ¿Acaso todavía no se acostumbraron a nosotros después de más de un siglo de transitar las cumbres y estos lugares?

-         ¡Ya sabe usted como son los del Patrimonio... ¡

-         ¡Más o menos! , por cierto ¿Podría llamar por teléfono?

-         ¡Si hombre, lo tiene detrás de usted, pero si llama a Madrid o a 

Segovia tendrá que poner al menos veinte duros (60 céntimos de euro)

Se apresura en llamar al hotel Los Arcos de Segovia para reconfirmar la plaza, no desea esta vez sorpresas en el alojamiento, y una vez conseguido apurando el resto del café, que por su sabor presiente que es de recuelo, (que es como llaman al preparado con los restos de las cafeteras automáticas) mientras consulta un mapa de la zona..

A todo esto uno de los presentes, de esos que en casi todos los pueblos hay uno, no le ha quitado la vista de encima al viajero desde su llegada, y se acerca mirando con curiosidad la concha venera del macuto sin parpadear. Le informan al recién llegado que el individuo es de un pueblo o lugar  cercano, pero anda "brujuleando" por todos los limítrofes, y cuanta menos atención se le preste... mejor, que luego toma confianza y es muy "pesado". Le refieren igualmente al viajero que le quisieron llevar a un manicomio siendo mocete pues "estaba para atarle", pero su familia se opuso, puesto que a otro pariente que llevaron a un centro de estos de salud mental, les tardaron muchos años en dar noticia de su defunción. No queda muy convencido el viajero de estos argumentos, pero ellos deben conocer a sus gentes mejor...

Son los habitantes de los pueblos, de nuestra España rural, tan cambiantes en los últimos tiempos que hablar de ellos en los años que siguieron al final de la Guerra Civil sería como remontarnos a la prehistoria de España, en comparación con el presente, pero hay algo básico que no cambia, su idiosincrasia. Gentes de piel renegridas curtidas por cien soles, tímidos y sentenciosos, desconfiados en los dineros, porque no le sobran. Su salida a un humorismo limitado les lleva a poner motes o apodos a sus convecinos. Buscan tiempo para hacer grandes celebraciones de naderías; en fiestas hacen corridas de toros, teatro y títeres y hasta se atreven con escenas de la Pasión, con Cristos horrorosos, comentaba Gaya Nuño, que, por pudor, no son crucificados desnudos con "paño de pureza", sino con calzoncillos largos y camiseta... Mucho más primitivos son en los Carnavales, que realizan con una impresionante latencia mágica. Si, me impresionaban, de pequeño, aquellos mozos que se tiznaban la cara, colgábanse esquilas del pescuezo y corrían el pueblo llevando un caldero de orines y hollín, con cuya mixtura rociaban a las mozas. Sacaban la lengua a las abuelas pesadas mientras levantaban las faldas a las chicas; y algo, sin embargo, ahora está cambiando.

Sale despidiéndose el viajero de los presentes con un ¡Hasta la vista!. Le corresponden con el recordado ¡Vaya con Dios!. Guardando prudencial distancia, este paisano silencioso y curioso sigue al viajero durante largo trecho, le contempla este como si tuviese ojos en la espalda, hasta que le pierde de vista, parece que se cansó de seguirle o acaso encontró otro mejor divertimento de sus desocupaciones.

Pudo ser por estos lugares donde se perdería el Arcipreste de Hita camino de la Fuenfría, según reza en el Libro de Buen Amor que no se sabe sí amor divino, humano o carnal; así que se encontró con otra serrana, Gadéa, tratando de evitar nuevamente el encuentro con la Chata Resia que a su paso por Malagosto le quiso cobrar portazgo y le midió las costillas; esto antes de encontrarse en Tablada con la fea Aldara.

Al filo del medio día, tras cruzar la vía del ferrocarril, llega el caminante a Navas de Riofrío, donde, por unos instantes, se resguarda de la continua nevada en uno de sus dos bares, en esos momentos solitario, este es además tienda de comestibles; por lo húmedo de su pavimento advierte que acaban de fregar y queda vacilante durante unos momentos dudando si pasar o no para no marcar sus huellas sobre el pavimento, pero la señora amablemente invita al viajero al acceso al local. Pidiendo disculpas por desbaratar su trabajo le pide un café que de inmediato le sirve, a este si que se le puede llamar así, además con bollería empaquetada.

Los primeros datos de este pequeño pueblo datan de la época de la Reconquista, entonces formaba parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, dentro del Sexmo de San Millán, que entonces lo componían 19 aldeas y 17 despoblados. Por el topónimo Nava se supone que fuese repoblado por gentes del País Vasco, ya que la traducción del euskera al castellano significa "tierra baja", pero no deja de ser una mera especulación, pues hay quien lo asimila a "terreno plano", a pesar de ciertas dudas. Aunque está documentado el lugar como un gran centro de lavado de lanas y esquileo desde la edad media, por la cantidad de vías pecuarias que atraviesan su término municipal, como el cordel de San Antolín que cruza el pueblo y durante su travesía se llama Calle de la  Sierra. Existieron dos esquileos, está acreditado su funcionamiento a partir del reinado de Carlos III.

Pocos datos existen entre los siglos XV al XVIII, en que se funda el Real Sitio de Riofrío; Cuando Isabel de Farnesio, madre de Carlos III compra en 1751 la dehesa y coto de Riofrío al Marques de Paredes se produce una gran innovación en toda la estructura territorial y poblaciones limítrofes, pues la reina sigue comprando terrenos que anexiona a esta posesión, consiguiéndose con ello que muchas poblaciones vieran sensiblemente reducida la extensión de sus términos municipales. La construcción del Palacio de Riofrío supuso una inyección de prosperidad para los pueblos colindantes, ocupó a jornaleros, constructores, artesanos locales y de muchos lugares de la Península; sin contar que abundantes vecinos pasaron a formar parte de las labores del servicio del Palacio.

El Diccionario Geográfico de don Pascual Madoz nos lo reseña como pueblo agricultor que produce trigo, centeno, algarrobas, patatas y hierba, y mantiene ganado vacuno y lanar.

En 1872 pasa a formar parte, como alfoz o pedanía, de La Losa, desvinculándose de Revenga que venía dependiendo desde 1833. Su caserío ha desarrollado sensiblemente desde 1953 y su población tanto en los fines de semana como en el estío, con una afluencia principal de gentes de la capital de España que se establecen en vacaciones como segunda vivienda.

El viajero deja a su derecha el cauce del río y camina a buen paso en procura de la puerta meridional del Parque.

Parece que al guarda del Patrimonio, ataviado de bandolera de cuero con dorada chapa ovalada, y escarapela con los colores nacionales en el sombrero, no le gusta que cruce andando el parque, y le quiere cobrar peaje como si de un vehículo se tratase, cosa que en breve conversación, que nunca discusión, se arregla y debe hacer la vista gorda al romperle sus esquemas al tener este viajero piernas en lugar de ejes; triste es que algo tan natural como el caminante no esté contemplado por esos lares y sí el automóvil; posiblemente fuese esa la advertencia que le hicieron en Revenga: “Allí no caen bien los montañeros”.

Continúa el breve trecho que le separa, casi a tiro de ballesta, del palacio neoclásico, grandioso pabellón de caza que encomendó edificar Isabel de Farnesio y que utilizaría su hijo Carlos III tras ascender al trono después del fallecimiento de su hermano Fernando VI, también fue el edificio fiel testigo de la autoreclusión de Alfonso XII donde se consolaba en su retiro de viudedad a la muerte de Mercedes, su consorte; se puede afirmar que el edificio de sobria y adusta fachada, que sobresale entre la vegetación autóctona del lugar, goza de un excelente estado de conservación. Gamos, ciervos se cruzan en el camino y diferentes alados sobrevuelan; algún gamo se acerca descaradamente leyendo en su mirada  que está solicitando comida, los automovilistas que paran en la carretera les tienen acostumbrados a ello a pesar de las prohibiciones de las gentes del Patrimonio. Ya hace mucho tiempo que no se practica la caza en el lugar por tal motivo se han multiplicado estas especies.

La nieve ha amainado en intensidad y se vislumbran claros en lontananza que preconizan una transitoria mejoría.

El contenido del palacio lo tiene el viajero de otras ocasiones harto conocido: Paisajes y otras diferentes pinturas, unas magníficas del sevillano Velázquez, el napolitano Lucas Jordán, y otros maestros del pincel; cuadros de bodegones con asquerosas piezas de caza, cabeza abajo, y alguna manzana que devoraría algún orondo gorrino del Renacimiento. Infinidad de fauna autóctona disecada en dioramas, arcos, ballestas, arcabuces y hasta un perro con armadura que dicen que fue Carlos I, quien la encargaría para proteger a su can favorito de caza de los afilados colmillos de jabalís. En cuanto al continente destacar su fachada constituida por un perfecto cuadrado de 84 metros de lado, de granito y mampostería; su esbelta Escalera de Honor, la capilla y los salones que albergan lo todo lo allí expuesto.

Lo que es algo común en todos los edificios del Patrimonio Nacional son sus uniformados guías, queriendo previamente aclarar que el viajero no tiene nada personal contra ellos, pero parecen clonados, si no en el físico sí en su modus operandi, con la enigmática seriedad que les confieren sus levitas engalonadas, siguen dedicándose más a la vigilancia de los presentes que a sus sucintas explicaciones:

¡Señora, no se siente ahí!, ¡Niño, deja el cordón, sepárate de él!, ¡Por favor, no se dispersen y sigan todos juntos! Y de la descriptiva guiada, es punto y aparte, simple como el mecanismo de una boina.

¡La balaustrada de esta escalera es toda ella de mármol de Carrara!, ¡Todas las   piezas son de un valor incalculable!, ¡Observen la imagen de este cuadro, parece que nos sigue con la mirada!, ¡Vean el realismo de este dioráma, parece que los animales están vivos!

Esto se puede trasladar a Aranjuez, La Granja, Madrid, Burgos, etc. siempre que se visite cualquier monumento con el sello del Real Patrimonio, y este viajero no duda que conozcan su oficio, puede ser que de tanto repetir lo mismo se les rayase el disco, por eso que llaman deformación profesional. En este recinto palaciego, cabe la entrada, se ha decidido el viajero a almorzar antes de seguir camino, una sopa castellana, vulgo sopa de ajo, y unas chuletas de lechal a la plancha, que a pesar de no haber sido regalada le han atraído más que la visita, que no ha realizado por esta vez, al conjunto palaciego.

Tras un café postrero, habiendo repuesto fuerzas, pone el macuto en la espalda, deseando buen provecho a los comensales de mesas vecinas, y se encamina a la salida; en el exterior unos rayos de un tumbado sol invernal inciden en la portada le deslumbran, cruza el aparcamiento y toma carretera adelante camino a la puerta septentrional del Parque de Riofrío. Sopla una ligera brisa fresca que anima a avivar el paso. No habrían transcurrido apenas veinte minutos, cuando siente que un vehículo se detiene a su espalda y por su derecha; distingue en su interior a una pareja que almorzaba en una mesa próxima a la suya, el conductor bajando la ventanilla le ha preguntado si le deja en alguna parte, le indica el viajero que se encamina a Segovia y precisamente allí se dirigen ellos, así que agradeciendo su invitación acomoda en el asiento trasero su macuto y su persona, las dos horas que le hubieran supuesto recorrer algo mas de nueve kilómetros serán mas aprovechadas en la Ciudad del Acueducto, que en el trayecto a pie, a fin de cuentas es robar pocos kilómetros al Camino, que se compensarán con desvíos por motivos de visitas culturales.

 

 

Segovia, entre dos aguas.

 

Con una conversación fácil y agradable, tras haber cruzado Hontoria por la carretera de Madrid, divisamos Segovia, después de un pequeño rodeo, dando fin a la mutua compañía en la puerta del hotel Los Arcos frente a los Jardinillos de San Roque, tiempos atrás a este barrio se le conocía como el Arrabal Mayor y el Barrio de Las Brujas, actualmente se le denomina, entre otros nombres, Barrio de San Milán, lugar que habitaron los moriscos que trabajaban la lana y las pieles artesanalmente. Tras tomar la llave en recepción y dejar el carné firmando la ficha, arrincono los pertrechos en la habitación despojándome del peso de las botas, donde me tumbo unos instantes sobre la cama con la mirada perdida por el techo de la estancia; me cambio de ropa no sin antes dar un pequeño homenaje al aseo; la primera vez desde ayer; no estaba la temperatura ambiental ni del agua en la fonda de Cercedilla ni para quitarse las legañas.

Faltando pocas horas para la puesta de sol, este viajero deja el hotel, sito en el antiguo barrio de la morería, como se llamó en su día, pasa por delante de la iglesia románica, a pesar de muchas restauraciones, de San Millán, santo al que Gonzalo de Berceo dedicó una de sus más soberbias páginas en la Estoria del Sennor Sant Millán, que, antes que Santiago, fue Patrón de España.

Segovia fue declarada por la UNESCO Ciudad Patrimonio de la Humanidad con merecimiento, aparte de ser una ciudad como tantas otras, con varias estatuas de hombres bigotudos de bronce o de piedra, que las palomas salpican con sus heces y en invierno pasan mucho frío, cuyos pedestales  los mea algún  borracho en la madrugada y pintan frases los inconformistas sobre política y otras protestas inútiles; esta ciudad tiene un cierto encanto que el viajero descubre escarbando sobre cosas ya descubiertas y que ha visto cientos de veces, pero siempre hay algo nuevo. El viajero se ve desorientado en su camino al haber modificado la tradición de algunas calles como ahora la de Fernández Ladreda, ahora de uso exclusivo del peatón según modas en todas las ciudades ¿querrán  denigrar así al automovilista?.

Por dicha calle, que ahora se antoja más larga, en sentido a la cercana plaza del Azoguejo, digo cercana porque en Segovia todo está cerca; allí se alza el milenario Acueducto (o los Arcos como llaman los segovianos, y que antaño llamaban La Puente; Gómez de la Serna lo cita como "Gran Cordillera de Arcos" y que el Arcipreste de Hita denominó la Serpiente Troya o Groya, que denominaciones no le faltan, pero me da por relacionar el significado de este último apelativo, pues casualmente en Guadalajara me hablaron de una variedad de piedra granítica conocida como piedra groya) atisbo que los andamios que lo cubrían años atrás por suerte han desaparecido dejando saneado el monumento, que buena falta le hacía, dado que desde los tiempos de los Reyes Católicos no se acometía ninguna restauración, esta fue mucho más necesaria puesto que en el ataque de 1072 llevado a cabo por el musulmán toledano Al-Mamún causó el deterioro de 36 arcos, aquel rey moriría envenenado tres años después; magnicidio que sumió a una gran crisis al reino taifa de Toledo. Orgullosa se sentiría la haragana y comodona serrana que ordenó su construcción  al Señor de los Infiernos a cambio de su alma, según la conocida leyenda, para evitarse viajes y acarreos de agua a la fuente, digno es observar su buena conservación  pasados dos mil años, y eso faltándole una piedra. La fantasía popular afirmaba ser huella de las uñas del diablo las marcas en sus sillares, cuando la realidad, y es de dominio público, que se trata, ni más ni menos de las muescas que se les efectuaba  para poder asirlas con un artilugio a modo de tenaza y elevarlas con primitivos artificios de madera. La pura realidad respecto a sus orígenes son un tanto confusos y todavía muchos autores no se ponen de acuerdo; no cabe duda que por su fabrica es romano, pero si fue obra de Trajano que nació en esta provincia, se dice que en Pedraza,  y otros autores sitúan su nacimiento en Andalucía; pudiese ser  también otro emperador de la dinastía Flavia o de la posterior, Antonina,  todavía está por ver, son tantas las versiones que apabullan y confunden a este viajero, a la vez que sus pupilas no dan de sí para apreciar integro su ancho y le duele el cuello de admirar su altura, ni mas ni menos 29 metros en su parte mas alta en la Plaza del Azoguejo, sin contar casi los 15 kilómetros longitudinales desde su arranque en la carretera de La Granja. Conforman dicha mole ciclópea 20.400 sillares que dan forma a los 166 arcos, que curiosamente entre dichos sillares no hay material de unión, ni la más simple argamasa; su equilibrio se consigue con un estudiado perfecto del empuje y peso de los bloques graníticos, curiosamente los arcos inferiores están conformados por quince sillares, excepto uno que tiene dos más.

El lugar de donde, con presunción, procedían estos bloques lo sitúan en las proximidades del Puerto de la Fuenfría, en la denominada Sierra del Dragón que con posterioridad llamaron Peña Caballera, entorno que actualmente es conocido como Siete Picos y más concretamente la cantera se albergaría cerca  del primer pico conocido como Majalasna el más próximo al Puerto de la Fuenfría.

El nombre de esta plaza, Azoguejo, se fundamenta en el diminutivo de "zoco pequeño" o ínfimo mercadillo que allí estuvo situado en ciertas épocas; el zoco principal se instalaba en la Plaza Mayor. A manderecha del viajero una de las catedrales del buen yantar segoviano que lleva el nombre de su extinto dueño, Cándido, maestro asador por excelencia donde tuvo su cuna su jefe de cocina: Tomas Urrialde, otro gran maestro de gran sapiencia gastronómica castellana inconfundible por unos blancos y hermosos mostachos, después pasó a la Cocina de Segovia, del Hotel los Arcos hasta que llegó su jubilación hace pocos años.

Sin prisas sube el viajero la cuesta de la conocida calle Real, que aglutina tres calles y una pequeña plaza, comienza denominándose de Cervantes, después Juan Bravo, Plazuela del Corpus Christi e Infanta Isabel, centro neurálgico y columna vertebral intramuros de la ciudad, en el lado izquierdo de la calle camino de la Plaza Mayor, otro asador de nombre Duque que en vida de este se disputaba con Cándido el mejor arte de asar, en la villa, según reza la fama, junto con el contiguo, mas moderno, denominado El Bernardino. A mi derecha se me antoja curiosa la fachada renacentista de la Casa de los Picos, designación obvia por la estructura decorativa de sus lienzos exteriores, sobre la puerta en arco el escudo de armas de La Hoz, y fue Juan de la Hoz quien añadió los citados picos en su fachada, para olvidar su antiguo origen, o al menos cambiar la imagen de lo que antes era conocida como Casa del Judío o Casa del Verdugo; la contigua Casa de los Del Río goza de una portada adintelada transformada actualmente en un escaparate de botica.

A mano siniestra un antiguo rótulo casi borrado por el tiempo prohibe aparcar carruajes bajo una cuantiosa multa de 5 pesetas. Bajando una escalinata la Alhóndiga, antiguo pósito, y que ahora dicen archivo municipal; el mirador nos ofrece una excelente panorámica del barrio de San Millán y al fondo unas cumbres nevadas del macizo del Guadarrama conocido como Sierra de la Mujer Muerta, formada por los picos Pinareja, Peña del Oso y Pasapán; sierra que goza, después de la del Acueducto, de la más famosa leyenda segoviana obra del académico Enrique García de Diego, publicada en 1954:

Eran tiempos remotos, cuando los hombres vivían sencillamente y en paz, las discordias y enfrentamientos eran inexistentes por inusuales. Las montañas que actualmente forman lo que se conoce como “La silueta azul del Guadarrama” no existía, en su lugar una fértil y vasta planicie en la cual vivían tribus cuya dedicación para su supervivencia consistía en una pobre agricultura y el pastoreo.

Entre estas tribus que habitaban donde en la actualidad se ubica la Ciudad del Acueducto, una familia tenía una hija de extraordinaria belleza querida aparte por todos dadas sus dotes de amabilidad y bondad. Por supuesto ante tales dotes y belleza era codiciada por demasiados jóvenes que intentaban conseguir sus favores, y como siempre él más hermoso, diestro para los juegos, hábil y todos los atributos que puede tener un joven, terminó recibiendo las mejores pruebas de afecto de la joven, hasta el punto de comenzar unos sanos amores caminando entre bosques, bebiendo en arroyo y dormitando juntos a la hora del reposo vespertino.

Al no ser este joven el único que era atraído por la muchacha algún otro se dedicó a pasear cerca de su cabaña con el fin de hacerse notar y obtener sus favores. Pero los celos suelen ser fuertes y su compañero fue presa de ellos hasta el punto que veía a este adversario por todas partes, a pesar de ser él más fuerte y hábil de las tribus vecinas. Pero el capítulo de celos llegó hasta tal punto que su imaginación le pareció ver con una clarividencia real que su contrincante salía de la choza de su amada, cosa totalmente falsa pero que le llevó a un doble crimen: Arremetió un fuerte golpe a su rival y agonizante fue visto por la muchacha  que observando su rostro ensangrentado gimió tristemente, a lo que el agresor entendiendo y juzgándola culpable le golpeó fuertemente y ensañado, ella quedó muerta instantáneamente.

Ante eso las familias de las víctimas juntas al unísono quisieron castigar al culpable de tales crímenes, pero lo único que consiguieron fue un enfrentamiento entre familias de modo vitalicio entablando sangrientos encuentros día tras día, mientras la ira se iba acrecentando paralelamente al odio.

Así, sin que los contendientes se diesen cuenta, espesos nubarrones cubrían el cielo, el viento tornaba en tempestad hasta estallar una terrible tormenta.

Los contendientes sin hacer caso de las fuerzas naturales seguían en sus sangrientas contiendas. En un momento cesaron los truenos y relámpagos, hasta el viento; en ese silencio una voz del azul infinito del cielo consternó la tierra diciendo:

“Malditos seáis todos por entregar vuestra vida al odio, la pasión y la ira. La chica que murió asesinada al igual que la otra víctima era inocente. Ella estaba limpia de cualquier culpa, murmuración y falta, por lo cual dada vuestra deplorable conducta os haré desaparecer de la faz de la tierra, pero esa mujer que murió sin mancha tendrá el más hermoso sepulcro que tuvo ninguna mujer”.

En ese mismo instante la tierra tembló, las piedras surgían de las profundidades levantando montañas, se partían los árboles, se tragaba la tierra los arroyos… y toda la vida de animales, plantas y hombres quedó extinguida formándose a modo de montaña la figura yacente de una mujer. Quedando desde entonces esa figura panorámica que se divisa, principalmente desde Segovia, de la Sierra de la Mujer Muerta que sirve de recuerdo del castigo de los asesinos y de los fratricidas a la vez de construirse uno de los más maravillosos túmulos funerarios que mujer alguna tuvo por su inocencia, bondad y belleza”.

Prosigue el viajero su camino ascendente y encuentra en la plaza próxima, que denominan del Platero Oquendo, la fachada gótica del Palacio de los Cascales, y que otros denominan del Conde Alpuente. En la siguiente plaza, la de San Martín, que se alza en dos niveles, la estatua erigida al comunero Juan Bravo, obra del escultor segoviano Aniceto Marinas, junto a una fuente obra de Francisco Bellver; tras esta la torre de  Lozoya, La casa de los Condes de Bornos, Casa de los Mexía Tovar y la casa de los Soliér y a sus pies, frente a San Martín, iglesia románica con sobrio atrio porticado, que da nombre a la plaza, oficialmente denominada Plaza de Medina del Campo, o simplemente de Medina, para los segovianos, ya que en honor a tal villa vallisoletana que se negó a entregar al pesquisidor Ronquillo sus piezas artilleras para hacer fuego con dichos cañones sobre Segovia; les supuso que en castigo fuese incendiada la ciudad que cruza el río Zapardiél, homenajearon a esta dando su nombre a una plaza.

Rebasada la plaza y a mano derecha el edificio de lo que fue la Cárcel Real o Cárcel Vieja utilizada como prisión hasta 1.933; se dice que Lope de Vega estuvo en ella encarcelado en el año 1.557, en esa época describió al Acueducto como  "puente por el que encima pasa el agua y por debajo el vino". Hoy el uso del inmueble es bastante distinto al convertirse en una biblioteca pública. Los restos románicos que conserva su interior, proceden del traslado desde la desaparecida iglesia de San Medel; la portada está presidida por el escudo de la Casa de Austria. Cerca la iglesia del Corpus Christi de la que recibe la plazuela su denominación, antigua sinagoga de este antiguo bario que fue judería en el medievo, destruida por un incendio a finales del siglo XIX, de la que se supone que pudo tener unas características similares a Santa María la Blanca de Toledo.

La cuesta de la calle Real llega a su fin en la Plaza Mayor, ahora el último tramo y que desde la plazuela se denomina calle de Infanta Isabel; en el centro de la Plaza  se alza un templete donde a la sazón se entiende que celebraban  veladas y conciertos bandas de música. La fachada del Ayuntamiento, obra de Pedro de Brizuela, y el teatro de Juan Bravo inaugurado en 1918. Un frontispicio románico de una iglesia algo escondida, donde tenemos un relieve en su fachada de un San Miguel, como siempre matando a un diablo. El templo que lleva el nombre de este santo fue fiel testigo de la coronación, como reina de Castilla, de Isabel la Católica, después de aquel lío de la disputa con Juana  la Beltraneja, cuando no se tenía nada claro el tema la sucesión al trono de Castilla; antes permaneció doña Isabel en Torrelaguna hasta que el Tratado de Los Toros de Guisando la elevó al trono castellano, permaneciendo las vísperas en el Alcázar. La iglesia entonces era mas aparente de tamaño, pero el posible incendio y el hundimiento de la primitiva en 1532 y por esas cosas de ceder mas sitio a la plaza, quedó recoleto el templo en el lugar donde se encuentra actualmente.

En la cafetería del Hotel Infanta Isabel me había citado con mi amigo Juan Antonio compañero que se incorpora al Camino y que llega tres cafés mas tarde. Al parecer el motivo de la demora es debido a los tradicionales atascos en el peaje de la autopista que le retuvo un tiempo considerable y  por añadido un tráfico bastante lento hasta la capital. Acompañará al viajero, mayormente a modo de cicerone, varias jornadas, incluida la tarde de hoy hasta hora intempestiva, pero debe después atender compromisos adquiridos y pernoctar en su casa de la cercana localidad de La Granja, aunque apetece parar un par de días en Segovia y comenzar a tomar contacto con la realidad humana y urbana después hay que proseguir el Camino.

Pese a que este viajero acusa el cansancio de esta jornada y del mal descanso de la noche anterior, no es pretexto para salir de nuevo y acercarnos a la Catedral, cabe esta plaza, que como todas las catedrales, se comenzó a edificar por la cabecera, o sea el ábside, sobre el año 1525 por mandato del mismo Carlos V, debido a los desperfectos que sufrió la antigua catedral de Santa María durante la Guerra de las Comunidades; y que por cierto estaba emplazada en lo que son ahora los jardines del Alcázar. De allí se trasladó el claustro de Juan Guas y la sillería del coro, ambos del siglo anterior, siendo consagrada en 1768. Aprovechando la ocasión de encontrarse abierta por celebrarse una misa, lo que no exime de pagar algo más de veinte duros (nos sesenta céntimos de Euro), por barba, por la visita, aprovecha el viajero para sellar la credencial colocando un cuarto sello. En un sosegado paseo perimetral bajo sus naves hemos podido maravillarnos de las obras maestras de escultura, pintura y vidrieras que alberga el conjunto, su órgano barroco y las 23 capillas que aloja el templo conocido como Dama de las Catedrales, dicen que por su elegancia y esbeltez que le proporciona su estilo gótico tardío, que de no ser por un rayo, que desmochó la torre, sería la gótica de mayor altura de España, ahora recubierta de andamios para una restauración, posiblemente un lavado de cara con motivo de una futura exposición de Las Edades del Hombre, según nos comenta una de las guías catedralicias; a pesar de su extraña apariencia con el andamiaje, una buena fotografía de recuerdo merece ser efectuada, ya que pasarán demasiados años para encontrarla en un estado similar, si es de menester.

En el siglo de oro (s. XV) destacó en esta diócesis la figura del obispo D. Juan Arias Dávila. Tres son los Sínodos de que hay memoria durante su pontificado celebrado, según orden cronológico, en Aguilafuente, Segovia y Turégano. Los decretos del Sínodo de Aguilafuente (1 a10-VI-1472) fueron impresos por Juan Parix en Segovia, constituyendo el Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España.

El silencio recoleto del templo y la devoción de los fieles que asisten en ese momento al oficio hacen de algún modo a este viajero recordar aquellos casi olvidados  días de Semana Santa de su niñez, de cielos fríos, grises y lluviosos, cuando el mundo se detenía, parecía quedar paralizado, la radio solo emitía música sacra, todo era compungimiento, las iglesias tapaban con sudarios morados todas las imágenes y la España profunda andaluza hería al cielo con sus folclóricas y piadosas “saetas”, y viene a mi memoria un relato de R. Blázquez que nos trae recuerdos de la lejana infancia. Cuando el invernal frío de marzo azuzaba entre las puertas y ventanas, llegados los más viejos de podar y, tras comer un trozo de bacalao seco para echar un trago de vino, había que acudir a la capilla del Cristo a cantar el miserere

    «Anochece. Es viernes de cuaresma. Las campanas tañen lentamente llamando a los feligreses de la parroquia. Algunos faroles alumbran tímida e intermitentemente las calles hacia la iglesia. Los hombres, algunos vestidos de capa, y las mujeres envueltas en sus mantones, avanzan casi en silencio. Los niños corretean con especial curiosidad. La iglesia está en tinieblas. Una vela alumbra en la tribuna el libro de los salmos, desde donde cantarán esta noche también los mozos y los hombres, especialmente los mozos y los hombres. La oscuridad retrocede ante otras velas encendidas en el altar de Cristo, en torno al cual se reúnen las mujeres y los niños. El sacerdote se dirige hacia el altar. "Miserere mei, Deus", canta el pueblo rompiendo el silencio, la oscuridad y la densidad del ambiente. Un canto largo, hondo, lento derrama la gente delante de Cristo. La curiosidad de los niños acecha cuando se levanta ritualmente el velo que oculta la imagen. Al ritmo del canto se ven poco a poco los pies clavados, el cuerpo pendiente, el rostro ensangrentado, la mirada compasiva y penetrante. Durante unos minutos en silencio el pueblo contempla al Crucificado. El pecado de todos está frente a la inocencia y misericordia divinas. La pasión de los hombres y mujeres se concentra en la pasión de Dios. Se baja el velo lentamente, salen de la iglesia, y de nuevo con los móviles círculos de la luz de los faroles retornan a sus casas».

Al salir por la puerta de San Frutos, patrón de Segovia y que fue construida por el maestro Brizuela allá por mil ochocientos y pico, percibimos que se ha levantado repentinamente un viento helado que obliga a subirse el cuello del abrigo e introducir las manos en los bolsillos; contemplo que es cierto en cuanto a la calidad de vida en ciudades pequeñas donde la gente pasea, no corre; habla, no grita, conversa, no discute; la civilización del sosiego parece haberse detenido en esta sociedad.

Por frente tenemos la casa palacete del Marques del Arco, de corte renacentista. Ahora la calle se hace descendente hasta llegar a la plaza de La Merced, al oeste de la misma y en sentido de nuestra marcha se alza San Andrés con dos formidables ábsides románicos albergando el menor, sobre sí, una torre de tres cuerpos con ventanas en sus cuatro lados, rematado por una techumbre de pizarra; curiosamente nunca lo he visto abierto, pero nos informa una paisana que si lo solicitamos al señor cura Párroco gustosamente lo enseña, pero será en otra ocasión. De frente el Convento de San José, de Carmelitas Descalzas y que fundó la inquieta y andariega Cepeda y Ahumada, de nombre con apócope Santa Teresa; y la Casa del Deán. Continuamos por la Calle Daoíz, pasando por las antiguas Canonjías, denominación de este barrio al haber estado habitado mayoritariamente por clérigos y canónigos, hasta el Alcázar y desde la explanada de su entrada que la separa un profundo foso divisamos, mas bien adivinamos por el ocaso solar, abajo la iglesia templaria de la Vera Cruz, La Casa de la Moneda, y el Monasterio del Parral, amojonados por las luces del Barrio de San Marcos.

Luctuosamente a las seis de la tarde se ha cerrado dicho edificio a las visitas, y a pesar de que he recorrido su interior al menos una docena de veces me seduce de nuevo la idea de hacerlo, pero por tal motivo habrá que desistir o esperar a otra mejor ocasión. Edificio que ha sufrido notables modificaciones; de origen incierto, posiblemente romano o presuntamente anterior; su situación es estratégica al estar anclado sobre un escarpado peñón, recortado como si de la proa de un buque se tratase poniendo rumbo oeste, a sus pies la confluencia de los ríos Clamores y Eresma, donde el primero pierde su identidad. Sus muros encierran grandes acontecimientos de nuestra historia: Segovia alcanza su esplendor con la Casa de Trastámara, con Juan II y Enrique IV. Aseveran que posiblemente en el siglo XII sirviera de fortaleza a la Orden del Temple, al menos eso afirman algunas versiones, a pesar de no poderlo atestiguar documentalmente, y desde allí controlaban la Vera Cruz, templo donde se veneraba el Lignum Crucis; el viajero no las tiene todas consigo sobre esto y prefiere no manifestar sus conclusiones por demasiadas dudas al respecto. Sus estancias conocieron, en varias ocasiones, la celebración de Cortes Generales, el momento, antes citado, cuando Isabel I permanecería en el mismo hasta ser coronada en 1474 reina de Castilla. Entre notables casamientos figura la celebración de la boda de su bisnieto Felipe II, en 1570, con Ana de Austria.

Pasarían doscientos años cuando Carlos III instaura en el Alcázar la Academia de Artillería, hasta que el incendio de 1862 destruyó una gran parte del edificio; largas fueron las obras de restauración que terminaron en 1890 instalándose desde entonces el Archivo General Militar del Reino, que permanece hasta nuestros días.

El regreso lo hacemos por la calle paralela de la que hemos llegado, dejando a nuestra izquierda la del Pozo de Nieve, calle Velarde, otro militar que con Daoíz amplían la lista de héroes artilleros decimonónicos. En la Edad Media estos barrios quedaban cerrados con cuatro puertas de las que actualmente solo queda una, la de esta calle,  que denominan Puerta de la Clausura en la hornacina sobre el arco veremos una Piedad, copia idéntica de la que guarda la Catedral. Proseguimos hasta llegar a un cruce que albergan los Jardines de Fromkes, y a su izquierda el antiguo edificio inquisitorial del Santo Oficio, hoy, afortunadamente, vivienda particular; frente a San Esteban situada en la plaza del mismo nombre admiramos una de las torres más atractivas del románico español, considerada  La reina de las Torres Bizantinas, con sus 53 metros de altura conformada de cinco cuerpos, dos de ellos de arquería ciega; es monumento nacional desde 1896. A nuestra derecha la calle de los Desamparados, donde en una pensión habitó Antonio Machado mientras ejercía su docencia como profesor de francés en el Instituto General y Técnico segoviano, desde 1919. En las mañanas de fríos inviernos de esta villa,  don Antonio se aseaba en el viejo palanganero que le había proporcionado doña Luisa, su patrona, cruzaba la habitación de otro huésped, ya que eran contiguas y sin pasillo, cerraba la puerta de la vivienda y partía ligeramente encorvado embutido en un oscuro y usado abrigo rumbo al Instituto General y Técnico (actualmente denominado Mariano Quintanilla) ubicado donde terminaba el Acueducto, su trayecto por la Plaza Mayor, Calle Real, con los ojos casi perdidos en algún punto en el infinito; una bufanda arrollada sobre el rostro y sus maltrechos pies encerrados en unos zapatos acordonados que parecían ser de una talla mayor.

Para él la enseñanza no era una vocación, era el modo de ganarse la vida, no había sido un buen estudiante, acabó de milagro el bachillerato a los 25 años, y pudo opositar a la cátedra de francés al no ser exigida carrera universitaria; su verdadera inclinación estaba entre las cuatro paredes de su habitación llenando cuartillas con tinta, Se enamora de Guiomar, su verdadero nombre era Pilar de Valderrama Alday y Martínez de la Pedrera, también poetisa, y no se sabe por qué Machado la llamaba así en sus poemas y en sus cartas. Ocultó siempre el verdadero nombre de esta mujer y ni siquiera sus hermanos supieron que estaba enamorado. Parece ser que Guiomar estaba casada, por lo que se intuye que fue un amor puramente platónico, y que de algún modo llenó el vacío que desde hacía años sentía al fallecer su esposa Leonor, víctima de la tuberculosis. Desde la mesa de su habitación pasaba horas componiendo versos a su amada Guiomar, lugar donde sin apenas ruidos, podía pensar, escribir, dar escape a su mente ocultando su dolor humano de poeta, mirar por la ventana tras los rojos tejados a sus Campos de Castilla.

La actual casa – museo de Antonio Machado, propiedad de la Academia de Historia y Arte de San Quirce, está en esta calle, pegado al edificio que fue la pensión de doña Luisa, quien con tanto cariño trataba al poeta, pendiente siempre de él como un hijo; cepillándole la solapa del abrigo cuando por distracción la manchaba con la ceniza de un despistado cigarrillo...

Esta casa museo, donde el tiempo se ha anquilosado desde hace mas de setenta años, conserva lo rancio de la austera y espartana vida, pensión modesta que hasta sus moradores así se denominaban, en este lugar vivió en su etapa segoviana el poeta sevillano, tras haber recorrido institutos de secundaria en Soria y Baeza y antes de su último destino en Madrid hasta el comienzo de la Guerra Civil y hasta entonces duraron las relaciones del poeta con Guiomar; esta al comenzar la contienda huyó con su familia a Portugal; Antonio Machado se quedaba en zona republicana vivió una época en Valencia, hasta su exilio con su anciana madre en el pueblo francés de Colliure, próximo a la frontera española oriental, donde fallecería un 22 de febrero.

El frío se va adueñando cada vez más de la noche y algún copo de nieve despistado revolotea tras una farola, este viajero espera cualquier cosa menos bonanza meteorológica, al igual que la noche anterior; la diferencia es el entorno, más confortable y llevadero. Como sin quererlo nos encontramos en la Plaza de Valdeláguila, a la que hemos accedido a través de la calle de la Victoria, tras quinientos años y en un excelente estado se encuentra la conocida Casa del Secretario de estilo neoclásico. Tal secretario no era ni más ni menos que el de Carlos V, Gonzalo Pérez, todo en granito de Guadarrama, bellamente decorado destacando su arco de medio punto.

Débilmente, comienza a nevar en un momento que el frío es menos intenso en apariencia; se observan unas gruesas nubes de color rojizo que invitan a acelerar el paso a ponerse a buen cobijo, pero no es apremiante, la nevada no amenaza con ser pletórica.

De regreso hemos llegado nuevamente a la Plaza de San Martín y a la aledaña denominada, ahora, de Medina del Campo, allí entramos en un curioso restaurante donde las artes gastronómicas alcanzan un título de doctorado, de nombre Narizotas y categoría de un solito tenedor según reza en su portada.

Este lugar rompe ciertos moldes de la gastronomía tradicional castellana, su maestresala don José Luis Guijarro, me ofreció hace algún tiempo su atractiva carta, un soleado día de octubre. A pesar de haber transcurrido casi siete años, todavía recuerda este viajero platos como  “Piquillo con bonito y anchoas”, “Jamón con salsa de mostaza”,  “Ensalada de ibérico con romero”, “Pastel de salmón con jamón de pato y angulas”; vamos como para no hacer ascos. Pero aparte de estas delicias que hablan por si solas, gastronómicamente hablando, un curioso apunte “histórico”, que contenía la carta,  me llamó la atención y con gusto copio:

 

ESTA ES LA AUTENTICA HISTORIA DE LA TABERNA DEL GALÉS (También llamada Narizotas por el vulgo)

 

Corría el año de gracia de 1391, y a Nuestro Señor Enrique III ya le habían hecho la primera “gracia”; coronándole rey a la tierna edad de 11 años, para lo cual tiene que interrumpir una partida de “guá”, frustración ésta que le marcaría para toda su vida.

Al año siguiente, 1392, viénese a Segovia a dar una vuelta dicho monarca (y eso que por aquel entonces no había túnel de Guadarrama, ni ningún otro túnel proyectado). El caso es que vino.

Nueva “gracia” le hacen a Don Enrique en el año de 1393; proyectan su boda con Dª.  Catalina de Láncaster, y cuando se quiso dar cuenta ¡PLAF! ya estaba casado.

Menos mal que, corriendo el tiempo, llega por fin el Jubileo del año 1400. Enrique jubiloso, para celebrarlo, quiere ir al cine Cervantes, pero como resulta que Cervantes no había nacido todavía, tiene nuevamente que chisparse. ¡Hay que ver...!

Sin embargo Dª. Catalina, saltándose a la torera Ordenanzas Municipales y alineaciones, manda edificar un templo y un monasterio pegado a él, y lo paga toda ella solita a tocateja (nada de plazos). Acaece que con tal fausto motivo, llegaron peregrinos a montones de todo el Orbe, e incluso de Escobar de Polendos, y hay gran juerga y algazara, y no hay problemas de aparcamiento, porque todavía no se han inventado las multas de circulación; y también llegan de Inglaterra, y el guateque estuvo muy bien.

Ítem más, llega un galés del condado de Láncaster, llamado Edgerton Driscol, que, fue favorecido por la Reina, se avecina en nuestra ciudad, donde por fin funda aqueste establecimiento, con gran regocijo y celebración por parte de los segovianos, que a él acuden con gran liberalidad, pero también dentro de un orden, y así mismo con buena “pasta”.

Ítem más, como la propia Reina pasa prolongadas estancias en su palacio – apartamento de San Martín, igualmente se deja caer por el recinto para tomar condimentos, e incluso cuando gana la partida al moro zampase buenos  “pinchos morunos”.

Llamada aquella taberna el “Lar del Galés”, es prontamente apodada por el pueblo “La taberna de Narizotas”, aludiendo en ello la extraordinaria porra que luce el buen señor, justo donde todos tenemos la nariz. (Algunos historiadores han querido ver en este regordete popular huellas claras del humor sangriento de los Quevedo, Goya y Solana, pero dicho sea de paso, sólo algunos historiadores, y muy burros). 

Durante más de un siglo, goza la taberna de próspera vida, sirviendo ricos caldos, los unos de la tierra, los otros de lejanos reynos de allende los mares, y es regentada por los descendientes y sucesores de Ámese Edgerton Driscol, siendo visitada por todos los reyes de Castilla y prohombres segovianos, y favorecida con Pragmáticas, Partidas, Motus, Bulas y Clementinas, gozando por ello de fuero propio, confirmado y acrecentado por nuestro buen rey Don Enrique, el cuarto de tal nombre, tan segoviano él, y que tanto amó a Segovia, que tuvo siempre su rincón, mesa y copa en estos sus aposentos, y que incluso fuese un día sin pagar y no acaeció nada.

No fue el caso nuestro y no por insistir, aunque la factura ha sido asustadora se ha disfrutado tanto del ambiente como de la comida, digna de una peregrinación jacobéa; de todas formas ha sido mejor idea la de aposentarse en una mesa que la tradicional de ir de vinos acompañando el tapéo como quita - hambres que al final resulta mas caro y se termina a la salida dando tumbos por las calles entonando himnos a Baco.

Deshaciendo el camino nos encontramos de nuevo en la Plaza del Azoguejo, en algún tejado próximo se destaca alguna humeante chimenea que impregna el ambiente solitario y nocturno de una agradable fragancia a leña de encina mezclada con mixtura de sabina. En algún tiempo el tamaño de las chimeneas denotaba la riqueza del propietario de la misma, por aquello de a tal despensa tal cocina, y a tal cocina tal señor. Bueno sería establecer un amplio relato de las chimeneas a través de la historia,  mas basta recordar solo que en épocas inquisitoriales los sábados en la tarde salían los alguaciles y corchetes del Santo Oficio de ronda buscando chimeneas apagadas; y no por que esperasen alguna bruja salir por ella montada en su escoba para acudir a su aquellarre; nada mas lejos y más serio que eso. Una chimenea apagada ponía en evidencia a sus moradores, bien moriscos o judíos, presuntamente conversos, y que celebrar el Sabat no era compatible con los trabajos de preparar guisos y potajes en dicho día; evidencia comparable a la dieta exenta de carnes de cerdo, de modo que, seguramente entonces, no podrían argumentar problemas de colesterol.

Negros episodios protagonizaron los alguaciles del Santo Oficio hasta entrado el siglo XIX, anómala fue la villa o ciudad que se libró de su presencia, todo bajo la oscura sombra de un enigmático personaje: Tomas de Torquemada, conocido en la historia por haber sido el primer Inquisidor General del Santo Oficio, que como es normal en resentidos, dada su carencia de "pureza de sangre", por su linaje de judío converso, se cebó del modo más ruin al poner a la firma de los Reyes Católicos el decreto de expulsión de los judíos y manteniendo continuas persecuciones, llevándolas a cabo a golpe de crucifijo, cuantos crímenes se cometerían en nombre de la cruz. Jamás se arrepintió de estas expulsiones ni de quemar herejes. Sabido es que enterrado en Avila,  su tumba fue profanada durante la Guerra de la Independencia y venteadas sus cenizas: Esta figura, fruto de la endiablada sociedad española del renacimiento, entorpeció de la forma más trágica la vida intelectual de su época.

Añado como dato curioso: los clérigos integrados en la inquisición jamás se "mancharon" las manos, quemando, torturando o asesinando herejes, ellos solo juzgaban firmando la pena de muerte, veredicto habitual, y con posterioridad entregaban el reo al brazo secular que se encargaba de ejecución de la sentencia.

 En alusión a este dominico se ha dicho que: Pocas veces la virtud ha causado tanto sufrimiento al aliarse con la intolerancia...

Las causas de la expulsión de los judíos, como también de los musulmanes, que lo remataría definitivamente mucho tiempo después Felipe III; mas que en otras causas deberemos buscarla en una política absolutista de unificación, por la máxima: Un rey, un estado, una religión... ya que tuvo peores consecuencias económicas, sociales y culturales la expulsión de estos españoles, creencias religiosas a un lado, que no haberla llevado a cabo, aunque prefiere el viajero reservarse este tipo de opiniones.

Del Marques de Villena, Juan Pacheco, personaje que aludirá posteriormente el viajero, a pesar de estar en las miras del Santo Oficio, jamás se atrevieron en vida de este en manifestar cualquier ataque o acusación; solo fue a su muerte cuando quemaron todos sus libros por considerarlos heréticos. Por otra parte siempre me ha dado que pensar que los tribunales que 150 años antes del nacimiento de la institución inquisitorial, los que formaron parte en los juicios contra la Orden Templaria hubieran servido de base para formar aquel endiablado instituto, tildado de católico y de santo; nunca hubo peor mentalidad conjugar el fanatismo con la religión, sea esta  del signo que sea.

Tras la despedida hasta el día siguiente, camina el viajero al paso que el frío impone hasta llegar al hotel, la casualidad de encontrar la cafetería abierta le invita a leer tardíamente la prensa sentado ante un placentero sillón que sirve como preludio a una noche reconfortable de sueño, que después imagina, camino de la habitación. Casualmente la cama es de la que tampoco el viajero tiene miedo de caerse, esta vez por su tamaño de ancho y largo habría que dar muchas vueltas para ello, yacija ideal para combatir el sueño y el cansancio del viajero en esta segunda jornada, tras la anterior noche prácticamente en vela.

 

Tercera jornada.

 

Las huellas templarias de Segovia.

Poco después de las ocho de la mañana un rayo de sol se introduce a través de los huecos de la persiana incidiendo sobre la almohada, un improvisado despertador ha sonado antes, sin duda algún grupo se alberga en el hotel puesto que al unísono comenzaron las armónicas sinfonías, ruidos de duchas, cisternas y desagües; sinfonías de agua que hubieran inspirado al mismo Smetana a componer la segunda parte de El Moldava, ruidos que animan a modo de toque diana a acudir al desayuno. De nada sirve la excelente insonorización de las habitaciones hoteleras con estas sinfonías de agua madrugadoras. Sin pensarlo dos veces se une el viajero a la masa filarmónica y, tras la ejecución, este viajero se pierde entre las mesas del bufete, llenando el plato de esas variedades que auguran un buen comienzo de día.

Efectuando el mismo recorrido del día anterior desde San Millán a una cafetería cabe la Plaza del Azoguejo, me reúno nuevamente con Juan Antonio Marrero para continuar con el café y churros comenzar así otro día más en Segovia ya que Compostela puede esperar. Ciertamente es un lujo contar con un anfitrión de la categoría de este buen amigo, gran conocedor de esta ciudad, su competencia le hace una autoridad por las rutas tanto de la capital como por la provincia siendo autor de varias e interesantes publicaciones. Casualmente a la salida saludamos a María Jesús, guía turística local de Segovia que comienza el temprano itinerario, desde este lugar, con un grupo de clientes, supuestamente jubilados por su apariencia.

Estas tempranas luces de un nuevo día confieren un aspecto distinto al acueducto al verlo a contraluz, máxime cuando apenas han pasado pocas horas, pero no lo han cambiado es el mismo de hace dos mil años; el frío del ambiente es el mismo del día anterior pero la ausencia de nubes aporta al azul del cielo una tonalidad que pasa del celeste al pastel azulón, mientras una brisa fresca del norte se hace notar en los presentes, brisa que invita a mantener las manos en los bolsillos.

La Plaza del Azoguejo es, estratégicamente, el lugar de partida para recorrer la ciudad, tanto intramuros como por su perímetro externo. Se impone comenzar por la calle Ruiz de Alda, denominada así en honor del aviador que en compañía de Ramón Franco y el mecánico Rada cruzaron el Atlántico en el hidroavión Plus Ultra allá por mil novecientos veintitantos. Siguiendo el curso meridional del Acueducto hasta su lugar de nacimiento, en cuanto a sus arcos se refiere, vemos la caseta de decantación, cuya utilidad, ya lo indica su nombre, al servir como filtro del agua transportada desde la sierra, en este recinto se depositaban los cantos y arena arrastrados desde su nacimiento, una genial obra de filtrado natural del cristalino elemento.

Hemos llegado a una plaza donde se encuentra el I.E.S Mariano Quintanilla, donde impartía clases de francés Antonio Machado como antes aludía, y el Convento de San Francisco, con claustro gótico, convertido con posterioridad en Academia de Artillería. Repentinamente el Acueducto gira casi 90º a nuestra izquierda dirigiéndose a levante, pasamos cerca de la iglesia románica  de El Salvador, modificada allá por el siglo XVI obra que supuso una notable ampliación del edificio. A nuestra izquierda, y bajando por la Calle Santa encontramos la iglesia románica mudéjar de San Justo, del siglo XII, posiblemente con las pinturas más relevantes de toda la ciudad; destaca el conocido Cristo Románico de Los Gascones, antigua talla articulada, sobre la que existe una curiosa leyenda:

En el siglo XIII, apreció la imagen de un Cristo entre la frontera de Francia y el Imperio Germánico; los soldados y autoridades de ambos países no llegaban a un acuerdo en cuanto a quien debería quedarse tal imagen. Resolvieron el conflicto colocando la imagen atada sobre la mula, dejando al animal caminara a su libre albedrío, y en el lugar donde el animal se detuviese indicaría donde se quedaría la imagen. Así lo hicieron y siguiendo a la mula, que no paró de andar  hasta llegar a la Iglesia de San Justo en Segovia donde caería desplomada de cansancio. Gracias a ello, la imagen se conserva en este templo.

Volviendo sobre nuestros pasos y por la Calle de Cañuelos nos encaminamos hasta el lugar donde nacen los Arcos, es donde el sifón aflora el agua que porta desde su origen, el resto de la conducción queda oculta a la vista del viajero.

Tras un alto en el recorrido, tomamos a manderecha la Calle Coronel Rexach llegando a lo que fue el Palacio de Caza y casa de recreo de Enrique IV cuando aún no era rey, enclavado en el paraje denominado El Campillo; sobre 1945 pasó a manos de los franciscanos para cederlo 33 años después a las monjas de Santa Clara, o clarisas. Es el conocido Monasterio de San Antonio el Real; fachada flanqueada por los escudos de este monarca, portada gótica isabelina con tres arcos, uno cronopial, otro en forma de trébol y el tercero rebajado, sorprende al viajero el interior de su iglesia, sin animo de exagerar afirmaría que es uno de los más llamativos de esta ciudad, del bello artesonado mudéjar nos relatan ser similar a los que fueron pasto del fuego en el incendio del Alcázar, la iluminación artificial es reciente y permite observar minuciosamente sus detalles, así como unas hermosas yeserías policromadas que conforman el friso.

 En la nave de la epístola un retablo flamenco del siglo XV. Pasando al claustro varios trípticos flamencos del siglo XV, de la escuela de Utrech, llaman la atención de los visitantes como su artesonado. Continúa la visita hasta el salón del trono donde penden lamparas rematadas con el escudo de la Casa de Austria, mejor dicho por el águila imperial, bajo otro majestuoso artesonado, al fondo el trono, y a la vista del viajero algunos libros antiguos, presuntamente incunables, decoran la estancia. Una imagen gótica de San Antonio en plata con dorados, que dicen que fue de Enrique IV, también del siglo XV.

Pone colofón a la sala capitular donde otro arrogante artesonado llama nuestra atención, cuatro lienzos en los que se distinguen a San Francisco y Santa Clara, como fundadores del convento y un Ecce Homo con columna incluida a la que, por supuesto, se encuentra amarrado.

A la salida nuevamente el viento fresco nos devuelve a la realidad segoviana y así caminando por la calle que toma el nombre del convento hasta desembocar a la antigua carretera de Madrid, en sentido inverso, denominada Padre Claret que nos lleva a la plaza contigua al Azoguejo que separa el Acueducto, más amplia y empinada que esta y discurre hacia el levante, aquí este tramo se denomina Plaza de la Artillería; tomamos la circunvalación al recinto amurallado por la Calle de Santo Domingo, antes un pequeño y moderno monumento donación de la ciudad de Roma con la Loba Capitolina que amamanta a Rómulo y Remo; a nuestra izquierda la muralla que construiría en el Siglo XI Alfonso VI tras reconquistar la ciudad a los árabes. Se cree que el artífice de la misma fue, el mismo que la de Ávila,  Raimundo de Borgoña, repoblador de la ciudad tras su reconquista; contó en principio con cinco puertas de las que en la actualidad sobreviven tres: San Cebrián, Santiago y San Andrés. Al poco de girar la muralla a poniente, se alza a la derecha un edificio renacentista levantado sobre la cueva que utilizaba el burgalés Santo Domingo de Guzmán como lugar de oración y penitencia,  sería sobre 1217 - 19 cuando utilizaría este eremitorio, puesto que coincide con los años que recorría España fundando conventos e impartiendo su doctrina, creando una Orden de Predicadores.

A partir de iglesias románicas, que han sido descubiertas en los últimos tiempos, los Reyes Católicos fundan este monasterio conocido como de la Santa Cruz, el aspecto actual data de la reconstrucción de mismo comenzada en 1480 finalizando diez años después, en ella  intervinieron arquitectos como, el prolífico, Juan Guas y Pedro de Brizuela, es obra del primero la portada gótica, que no plateresca, de la iglesia de enormes dimensiones; en el tímpano de dicha portada destaca una Piedad en bajorrelieve, y a ambos lados las imágenes orantes de los Reyes Católicos; a lo largo de su fachada se repite el Tanto Monta, lema tan conocido de los monarcas donantes del edificio, como demás simbología. La imaginería de la iglesia es obra de Sebastián de Almonacid. En 1809 el conjunto arquitectónico sufrió un terrible incendio en el que se perdió una cantidad ingente de obras de arte, posteriormente exclaustrado tras las leyes desamortizadoras de Juan Alvarez Mendizábal, las obras supervivientes pasaron a colecciones privadas, a iglesias y a otros centros religiosos; en el Museo del Prado madrileño puede contemplarse un flamante retablo atribuido Ambrosio Benson.

Tras la Desamortización y tras un tiempo de cierto abandono se utilizó como hospicio para ser después asilo de ancianos, actualmente tiene su sede la Universidad privada San Estanislao de Kostka (SEK).

Fuera del edificio, algo alejado y tomando el Este como referencia, destaca una magnifica torre mudéjar, cuyos vanos van creciendo en cada cuerpo hasta llegar a cuatro en cada lado en el último; adosado a una curiosa iglesia románica de tres ábsides, una sola nave y tres atrios, es la conocida iglesia de San Lorenzo. Mas lejos, en dirección norte y al otro lado del río Ciguiñuela, poco antes de perder su homogeneidad al fusionarse con el Eresma, se alza el Monasterio de San Vicente, edificado en 919, por tanto el más antiguo de Segovia, construido sobre las ruinas de un templo romano dedicado a Júpiter que fue pasto del fuego en el año 140.

Siguiendo el rumbo a poniente, caminando con la muralla de la ciudad a nuestra mano siniestra; unos quinceañeros, que con seguridad han hecho "pellas" en el instituto nos piden un cigarrillo y tras una dialéctica paternal con ellos perdemos la batalla accediendo a sus peticiones y continuamos nuestro instructivo paseo segoviano. Casi a orillas del río Eresma estamos frente a un edificio de portada neoclásica: La Casa de la Moneda, fundada en 1582 por Felipe II en esta ciudad la cual fue testigo de sus esponsales. Estuvo en funcionamiento hasta 1730; durante una cuaresma de siete años permanece cerrada hasta que se decide que vuelva a entrar en funcionamiento. Definitivamente allá por 1869 vuelve a quedar si servicio hasta la actualidad. Al parecer, una asociación segoviana, intenta recuperar tan emblemático edificio.

No se debe ignorar que en Segovia se acuñó moneda desde el año 30 A. de C., el primer documento sobre la industria de acuñación de moneda en la ciudad lo firma Alfonso VII en 1.136, en la actualidad se desconoce el lugar donde se encontraba este primitivo taller; si se sabe que al final del Acueducto, junto al Postigo del Consuelo. El rey Alfonso VII hace donación al Obispo Don Pedro Agen, monje Benedictino francés, y en 1123 el Papa Calixto II le confirmó en el cargo y señaló los límites que había de tener la diócesis. Al prelado le esperaba un enorme trabajo, pues se partía de nada y con un pueblo sumido en el analfabetismo y en la pobreza.

Una de las primeras actuaciones del nuevo prelado fue dar comienzo a la construcción de la catedral vieja de Santa María junto al Alcázar y en sus proximi­dades fue surgiendo el barrio de los canónigos, llamado la Claustra y actualmente Canonjías del que ya hizo mención el viajero en su recorrido. De la cuarta parte de la acuñación de la moneda que se realice, es donada a fin de sufragar los gastos de la también ya mencionada antigua Catedral de Santa María, que se estaba construyendo entonces en la ciudad. Enrique IV inauguró un nuevo taller, todavía acuñándose a golpe de martillo, técnica que hacía bastante difícil la redondez de la pieza; aprovechando esta circunstancia, y al estar construida con metales nobles, había demasiada picaresca para robar oro y plata de las piezas; se recortaban pequeños bordes de esta, causando por tanto un grave perjuicio a la hacienda del estado.

A mitad del siglo XVI serían los alemanes quienes con la invención de las máquinas de acuñación, aparte de lograr una redondez perfecta, obtienen un grosor uniforme mediante un laminador propulsado por la fuerza motriz del agua,  conseguida la deseada perfección de la pieza ya resulta imposible que puedan pellizcarla para conseguir de ellas la plata y el oro.

Ante tal invento Felipe II, monarca de turno en 1.580, es informado de tales artilugios por su primo, el Archiduque Fernando de Tiról que le regala un par de estos nuevos ingenios y así evitará principalmente, por la picara rapiña, el mencionado recorte del borde de las monedas.

La corte se moviliza y busca, con ayuda de técnicos alemanes, el lugar idóneo para instalar la Casa de la Moneda adaptada a las nuevas tecnologías. Se considera Madrid, Toledo y Sevilla, mas bien es candidata esta última ciudad por ser a la que llegaban los metales preciosos que procedían de América, siendo asimismo la cuidad que concentraba la mayor actividad comercial del Imperio.

Felipe II, a instancia de los técnicos alemanes, en junio de 1.583, decide comprar en Segovia un viejo molino de papel, a orillas del río Eresma, situado entre el Alcázar y el monasterio de El Parral, quedando por tanto desestimada la instalación de la ceca en las tres ciudades anteriores. El 1 de septiembre del mismo año se formaliza la compra del molino a su propietario, el segoviano Antonio de San Millán.

Las obras son encomendadas a Juan de Herrera que simultáneamente las lleva a cabo con las del monasterio de El Escorial.

El ayuntamiento segoviano aporta su óbolo para la construcción, regalando la madera necesaria de los pinares de Valsaín, de los mismos que se cortaron también pinos para la construcción de buques para la Armada Invencible. (Como para Casa Eraso y el Chalet de la Sociedad Peñalara del Valle de la Fuenfría, este último donación de S. M. Don Alfonso XIII.)

En marzo de 1.586 se inicia la actividad numismática acuñándose las primeras monedas. Gracias a la efectividad de este ingenio segoviano en 1.661 Felipe IV ordena construir más ingenios de este tipo en todas las casas de la moneda de la península, cesando oficialmente la acuñación manual excepto en la primitiva ceca segoviana.

Tres años después, una acuñación manual fraudulenta llevada a cabo por frailes en los monasterios, gozando de la inmunidad del santuario, trabajando oculta e impunemente el cobre y el martillo, obliga al estado a suspender la acuñación oficial. Tras este desastre ocasionado por los frailes, quedan en total abandono y ruina los ingenios, por este motivo con el paso del tiempo los que no se pudren son desmantelados.

La antigua Casa de la Moneda que en 1.455 creara Enrique IV y que acuñaba a martillo, conviviendo con la nueva, cierra sus puertas después de 226 años troquelando su última moneda; se decreta entonces la prohibición de que ninguna ceca pueda producir moneda mediante la técnica del martillo.

Carlos II en 1.682 vive, en cuanto a la economía del reino se refiere, muy malos tiempos y por decreto obliga a todos los nobles a entregar sus vajillas de plata para acuñar moneda.

Carlos III, el Rey Alcalde, decreta en 1.772 destinar los ingenios de Segovia, solo para la labor del laminado de las planchas, llevándose a cabo la grabación numismática mediante grandes prensas de volante.

Sería en 1.808 durante la conocida francesada, cuando el invasor imprime en la ceca segoviana la moneda con la efigie del rey intruso, José Bonaparte, durante 4 años, como importante símbolo de ocupación.

Años después ya en 1.855, Isabel II aprovechando nuevas tecnologías, como el caso de las máquinas de vapor, ordena edificar una gran Casa de la Moneda contigua a la madrileña Plaza de Colón. El costo es tan elevado, que para sufragarla debieron cerrarse y venderse las demás cecas de España.

Comenzó su producción en 1.861, siendo en 1.868 cuando la ceca segoviana imprimía su última moneda, una pieza conmemorativa de la revolución de septiembre del mismo año, por supuesto antes que el gobierno provisional clausurase la ceca el 5 de febrero de 1.869, fecha en la que se desmantelan los artilugios y se trasladan los enseres a la nueva fabrica madrileña.

Seis subastas celebradas entre los años 1.870 y 1.878 consiguen, al fin, vender el edificio de la ceca, siendo adquirido como fábrica de harinas comenzando su funcionamiento  en 1.879 finalizando su actividad molinera en 1.968. Sería entonces cuando el edificio cae en un completo abandono; 23 años después un convenio firmado entre el Ministerio de Fomento y la Junta de Castilla León, pretende mediante el mismo la rehabilitación de tan singular e histórico recinto como museo - taller. La ceca madrileña que Isabel II abriría en 1.861  cierra sus puertas y producción en 1.970 (siendo Alcalde de la Villa y Corte Carlos Arias Navarro, bastante antes de asumir la Presidencia del Gobierno) dando lugar a la actual Plaza del Descubrimiento, inaugurándola poco después por el entonces Alcalde de Madrid Juan de Arespacochaga. La actividad desde entonces quedó centralizada en la actual Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de la calle Doctor Esquerdo, también en la capital de España.

 

Tras esta pequeña historia del emblemático edificio, proseguimos por la Calle de la Moneda y cruzamos el puente, que lleva el mismo nombre, sobre el Río Eresma, posteriormente confluye por la derecha la Avenida de la Alameda del Parral que discurre paralela al río por su margen izquierdo aguas abajo, la Calle de la Moneda cambia su denominación por la de Marques de Villena que converge en el mayor monasterio segoviano, en cuanto a dimensiones se refiere: El Monasterio del Parral. Al parecer su apelativo procede de una antigua ermita románica, que yace bajo sus cimientos, donde se veneraba una imagen de Santa María del Parral y esta a su vez de una frondosa parra cuya sombra y protección albergaba dicha imagen. A mediados del siglo XV,  Don Juan Pacheco, Marques de Villena devoto, según se cuenta, de dicha imagen mariana a instancias del monarca Enrique IV adquiere la ermita para convertirla en Monasterio y donarlo a los frailes Jerónimos.

Hay otra versión que difiere acerca de los orígenes de tal adquisición: se cuenta que en una lid mantenida con dos rufianes, el Marques de Villena sale victorioso, en agradecimiento por lo que él cree una intercesión mariana y en señal de evidente agradecimiento promete levantar el Monasterio que tras su muerte sería su panteón. En una lápida a mitad de la subida leemos: "Traidor no te valdrá tu traición pues si uno de los que te acompañan me cumple lo prometido quedaremos iguales". Pero la  más creíble es la versión que cuentan sobre Enrique IV, amante de largas conversaciones con los Jerónimos sería razonable su particular intervención para la construcción de este cenobio, pero claro está a través de su valido, el mencionado Marques de Villena patrocinador de la misma. Sabido es que la mayoría de los grandes monasterios (El Escorial, Guadalupe...) están o estuvieron regidos en sus orígenes por dicha orden instituida por San Jerónimo. Tanto la iglesia como el resto de las dependencias monacales, se encuentran al resguardo de los vientos del norte por una muralla rocosa que se antepone. Las obras comenzaron a mediados del siglo XV a cargo del arquitecto Juan Gallego que llevó a cabo las canalizaciones de agua y la planta del templo. Sería en 1486 cuando se comienza la construcción de la iglesia finalizando en 1503 con el abovedamiento de la misma pero la torre no se terminaría hasta 26 años después. Sebastián de Almonacid y Juan Guas intervienen activamente en varios elementos decorativos de su construcción de estilo gótico, y la torre plateresca del siglo XVI es obra de Juan Campero.

El pavimento de canto rodado contiene una buena decoración típica de la época de su construcción y en buen estado de conservación.

Solo hemos podidos acceder al Patio de la Alberca, ya que el resto del conjunto lo tienen los frailes, de algún modo, vetado al visitante, quedándonos con las ganas de visitar los claustros gótico y mudéjar, bellas e interesantes piezas que alberga el conjunto monacal.

En sentido descendente y a nuestra izquierda el río, al fondo la muralla más distante. Nos encaminamos nuevamente por la calle que lleva el nombre del antiguo mecenas del cenobio, en sentido paralelo el Alcázar. Llegando a la Calle de San Marcos, del mismo nombre de este arrabal segoviano; en este barrio, escribía Machado que frecuentaba unas ventas muy tiradas al pie del Alcázar y dormía grandes curdas con meretrices de retirada. Dejando atrás la alameda que abriga al Eresma  vemos la pequeña torre de la iglesia de San Marcos, que da la bienvenida a estos viajeros; es románica, de portada sencilla con ábside pequeño, dice la leyenda que "la moza casadera que en su cerradura metiera el dedo anular de la mano diestra, el día de la festividad del santo patrón, no quedará soltera".

Junto a la iglesia, una casa con porche; es lo que fue el fielato, o fielazgo, u oficina para el pago de los derechos de consumo en la población, frente a la cual, sale, la carretera que sube a Zamarramala, antigua encomienda que algún día se denominó Miraflores. En menos de un minuto aparece ante nuestros ojos, aislada en el paisaje, la iglesia templaria de la Vera Cruz, catalogada como la más sugestiva, misteriosa y extraña de todo Segovia. La construyeron los freires en 1208, de un románico tardío y planta dodecagonal, sus tres ábsides orientados a levante, costumbre secular de las iglesias siempre "mirando" a Jerusalén, con una torre de una época posterior adosada al edificio compuesto de cuatro cuerpos. Curiosamente pocas iglesias en España son poligonales o circulares, entre estas excepciones tenemos las navarras de Eunate y Torres del Río en pleno Camino de Santiago y la salmantina de San Marcos, a esta última sin ningún fundamento se le ha querido asociar a la Orden del Temple no obstante está construida en la segunda mitad del siglo XII.

Hay quien otorga la primera pertenencia de este templo a los Caballeros del Santo Sepulcro, en detrimento de los Templarios, pienso que desde Campomanes y Colmenares, a Menéndez Pidal pasando por José María Avial, Pascual Madoz y otros estudiosos de este templo no hubiesen caído en semejante error de los que les acusan de "tópico templario" por no haberse parado en profundizar y aceptar "errores" de antecesores que habían estudiado el templo. Lo cierto que este viajero respetando a tan ilustres estudiosos se reafirma en aseverar el origen Templario de dicho edificio. Citando a Machado se le ocurre a este viajero que Los conceptos son de todos y se nos imponen desde fuera, las intuiciones siempre son nuestras.

Existe un documento que se conserva en sus archivos parroquiales de Zamarramala, cuya autenticidad es últimamente discutida, que el papa Honorio III mediante una epístola de fecha 13 de mayo de 1224 envía a los Caballeros del Temple de Jerusalén, en Segovia una reliquia de la cruz del Gólgota, según lo que nos dice el Secretario del Papa Honorio III, respecto a cómo el Santo Padre configuró el Lignum Crucis que envió a los templarios a Segovia: “El infrascripto Secretario de la Silla Apostólica da testimonio a todos y cada uno de los fieles cristianos que estas letras vieren que Honorio III siervo de Dios, tomó de un fragmento del brazo derecho de la Cruz del Salvador del que formó dos cruces y reunidas la una sobre la otra en forma de cruz patriarcal, las cerró en otra de oro, sumamente labrada por el estilo gótico y adornada de piedras preciosas. Que regalo para perpetuar su culto a los Caballeros Templarios al acto de su profesión como principal y glorioso trofeo de esta Militar Orden, a la iglesia del Sepulcro del Santísimo Cristo que está a Septentrión de Segovia. Dado en Roma y sellado con el sello del Pescador a 13 de mayo de 1.224.”

Esta cruz era usada por el Gran Maestre y otros altos dignatarios de la Orden, como distintivo sobre el resto de caballeros que utilizaban la cruz paté o céltica. Respecto a esta Cruz Godofredo de Bouillón, duque de Lorena y posterior rey de Jerusalén, utilizó esta cruz durante la primera cruzada en sus estandartes, curiosamente siempre se había utilizado por los cristianos de Oriente, que no por los de Occidente. Como suya la tomaron los Caballeros del Santo Sepulcro y que el mismo Godofredo se la arrebató en el 1.099 al crear la Orden de Nuestra Señora del Monte Sión de la cual saldría el brazo armado Templario en 1.114.

Sobre la misma existen dos versiones concerniente a su forma, la primera al tener cuatro brazos se supone que los superiores y más cortos conforman la cartela del INRI, y los más largos situados bajo estos son los brazos normales. Quien busca en ella cierta simbología y sincretismo religioso afirma que es la superposición de la cruz latina o griega en la parte superior con la cruz esotérica Tau en la parte inferior.

Externamente poca ornamentación conforma su fachada con excepción de las arquivoltas de su puerta principal y la sencillez de la otra puerta, más pequeña y orientada al mediodía, que es por la que se accede generalmente. Su interior mantiene el carácter dodecagonal de su fachada y la decoración mediante cruces Patés o Célticas y de la Orden de Malta en la mitad de sus lienzos; bóveda de crucería de influencia musulmana, cuyas nervaduras se soportan sobre cuatro columnas; en su centro un edículo a dos alturas cuya parte superior sobresale de la cubierta según se aprecia externamente, en esta parte superior, el edículo, según refieren comentarios, y en su soledad interior eran iniciados los novicios, teniendo en cuenta de lo angosto de la estancia, que no permite permanecer de pie. En el altar inferior, que está decorado con arcos entrecruzados y de herradura que de algún modo nos recuerda la arquería del claustro del monasterio soriano de San Juan de Duero, los novicios velaban armas y espuelas, acto previo a ser nombrados caballeros, otras exposiciones apuntan al edículo antes mencionado:

La estancia del piso inferior o pseudo cripta, correspondería al primer grado de los iniciados que iban a recibir instrucción. La cámara del segundo piso con su "arca" o "sarcófago", estaría reservada para el segundo grado, la meditación y el velado de armas. Por último, la pequeña cámara superior sería la cámara iniciática donde el novicio pararía al tercer grado del ritual: muerte - resurrección".

Aunque de menores dimensiones hay una cierta similitud con el Convento de Cristo templario de la portuguesa ciudad de Tomar, a pesar de que su girola goza de unas pinturas románicas, carentes en la Vera Cruz, entiendasé la similitud en cuanto a su conjunto. Posiblemente de su forma poligonal también podamos sacar cierto parecido a la iglesia San Vital en Rávena (Italia) aunque todas ellas se inspiran en la conocida mezquita que alberga el Templo del Santo Sepulcro de Jerusalén, del que parece que sirvió de modelo para esta y posteriores construcciones.

El Lignum Crucis que se veneraba en este templo, se albergaba en el retablo pétreo de estilo gótico florido, hojas de cardo y lobos destaca un escudo con  cruz de doble aspa similar a la patriarcal que antes lucía lo Orden del Santo Sepulcro, y que La Orden del Temple también la tuvo entre su simbología, que ahora la ha sustituido por la potenzada, lo sujetan unos leones rampantes, también se aprecian cinco flores de Lys, sobre el escudo aparece la inscripción: vincit leo de tribu juda la fecha de realización del mismo, según puede apreciarse es del año 1.520, al parecer una donación efectuada 13 años antes por la entonces Marquesa de Denia, María de Guzmán, cuyas pretensiones eran asegurar en dicha capilla su panteón mortuorio. Este retablo se conserva junto a la capilla absidal del lado de la epístola, o mejor dicho en una capilla bajo la torre ocupando los dos primeros cuerpos, de sencilla planta cuadrada cubierta por una bóveda con nervaduras. La reliquia en la actualidad se encuentra en la iglesia parroquial de Zamarramala, a escasos kilómetros del lugar, esta cruz fue entregada, como el viajero indicaba, a los Templarios por el Papa Honorio III en 1224.

Tras su fama, corrió a visitarlo entre otros Fernando III allá por 1.254, según crónicas, siguió venerándose en dicho templo hasta su traslado al lugar actual en 1.692.

Tras la Bula Vox in Excelso que abolía la Orden del Temple, la Vera Cruz es entregada en propiedad a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. No pasaría mucho tiempo cuando pasa a manos de la Orden de Malta hasta que a finales del siglo XVIII les es privada de propiedad. No se libró de la intervención desmortizadora del ministro Mendizábal, al abandonarlo los expropiados se convirtió el lugar en refugio de gitanos, arrieros y pastores trashumantes que lo utilizaban a modo de establo. Una recuperación de la misma en 1845 la devolvió a la Orden de Malta no sin pasar mucho tiempo ya que habría que esperar a 1951 para que con efectividad se hiciese de nuevo cargo dicha Orden.

Una leyenda templaria de la Vera Cruz, nos habla de muerte:

 Se cuenta que  caballeros templarios que custodiaban en Lignum Crucis en el templo, cayeron muertos en un ataque de los moros que habitaban el Alcázar donde una vez sustraída, a modo de botín, querían llevar la reliquia. Tras feroz y duro combate los sarracenos no consiguieron su objetivo, solo arrebatar la vida a varios caballeros. Sus compañeros trasladaron sus cuerpos inertes al interior del templo bajo el cuerpo central del templo, bajo el edículo, a la espera de su enterramiento, los caballeros supervivientes marchan ya anochecido a cenar y curar sus heridas a su encomienda de Zamarramala. Mientras penetraron en el templo unas bandadas de chovas y grajos, procedentes de sus nidos en las próximas Peñas Grajeras, que abrigan al templo de vientos septentrionales, y descarnaron los cadáveres de los templarios reduciéndolos a esqueletos. Al llegar el día siguiente al templo el Gran Maestre al frente de los  caballeros lanzó una maldición sobre las aves. Dicen que desde entonces las chovas y los grajos no han vuelto a acercarse a la Vera Cruz segoviana, solo se acercan las golondrinas que revolotean en torno al templo y anidan en sus aleros ya que una secular creencia popular cuenta que estas aves con sus picos quitaron las espinas de la corona de Cristo, en su agonía en la cruz.

No se conocen en la actualidad enterramientos de caballeros ni de maestres de la Orden dentro de la Vera Cruz, todas las losas sepulcrales son muy posteriores a la extinción de la Orden, al parecer son vecinos de Zamarramala fallecidos entre 1.679,  mayoritariamente, y 1.680 según figura en las mismas.

Otra leyenda contaba que tras la disolución de la Orden, eran muchos los que buscaban, bajo las losas de las sepulturas, los posible tesoros que hubieran podido esconder los Templarios, más no podían hacerlo al salir de las tumbas unos potentes rayos de luz que aniquilaban a los profanadores.

Cruzamos la carretera que une la capital de la provincia con Zamarramala, es esta una pequeña población que a pesar de la distancia puede considerarse un barrio periférico de Segovia, mas que por albergar la ya comentada reliquia, esta localidad es conocida en casi toda España por sus famosas Alcaldesas en el día de Aguedas que se celebra en la primera semana de febrero en honor a la santa del mismo nombre, es un día matriarcal que la mujer es la protagonista, festejos con nombre propio y originarios de esta localidad que muchos otros pueblos castellanos han adoptado, mas bien plagiado a su manera, si no como propios, indiferentes del origen de estos que no cabe la menor duda por su rancia anterioridad como nos refieren sus lugareños sobre su posible origen, aparentemente mas adobado de fantasía que de realidad: Se cuenta, según fuentes, que los hombres de Zamarramala tomaron el Alcázar segoviano, ocupado por los invasores árabes, ayudados por sus mujeres del modo más simple, mientras ellas danzaban, provocativamente, a la vista de los ocupantes, estos, distraídos, dejaron desprotegida la vigilancia y defensa de la fortaleza para observar con toda la lujuria que sus mentes les permitían, los compases de la población femenina, momento que aprovecharon los consortes de estas para acceder a la fortaleza, con mas o menos violencia, hasta hacerse con el control de la misma, desarmando y despeñando después a los ocupantes por el escarpado de las rocas yuso de las murallas septentrionales. Y me pregunto, actualmente, sobre estas circunstancias, de haber sido reales, con todos sus avatares si debiésemos de catalogarlas de feministas, o posiblemente machistas, ya que está tan en boga el tema; la respuesta meditada no es nada fácil, al menos este viajero no lo tiene claro.

La celebración de las Aguedas, poco ha cambiado desde sus comienzos: Muy de mañana dulzainas y tamboriles anuncian a la población en toque de diana floreada que es día de holganza y asueto. Reciben de manos del alcalde y primer teniente de alcalde, las alcaldesas por un día y ricamente ataviadas, las varas de mando y justicia. Investidas de toda autoridad que dicha vara representa. Los alcaldes, concejales, maridos y todos los varones quedan relegados, ni más ni menos como dicen en el pueblo: ¡ese día mandan ellas!

Muy metido en el folclore de tradiciones, con el nombramiento de Alcaldesas, matahombres… etc. y otros actos como la quema del pelele que simboliza al hombre. Hasta el punto que se han declarado Fiestas de Interés Turístico. Pero el motivo real de estas fiestas, cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, es al parecer que en una época remota que los hombres de Zamarramala fueron apresados por los moros del Alcázar, fueron las mujeres quienes tomando el mando hicieron frente al invasor.

Evitando un rodeo cruzamos unos pocos metros a campo traviesa, hasta el Convento de los Carmelitas Descalzos, precioso edificio edificado sobre otro anterior que perteneció a los Trinitarios, que encontramos cerrado, posiblemente por presunta clausura o autoprotección por visitas masivas. Fue fundado por San Juan de la Cruz como prior carmelita entre los años 1588 y 1591, piensa este viajero que pudo ser tras una Noche oscura del alma, en un lugar tan recoleto pero de indudable belleza.  Por una escalera de piedra, imitando la subida al Monte Carmelo, allí descansan en un lujoso mausoleo, contrastando con la austeridad en vida del santo, construido a principios del siglo XX los restos de este místico que fueron trasladados desde el municipio jienense de Úbeda, donde tuvo el lugar su óbito donde permanecieron un año in sepulto hasta el mencionado traslado a este lugar hace ahora cuatrocientos años.

Desde el lugar donde el Eresma recoge las aguas del Clamores, es majestuosa la visión del Alcázar sobre los escarpados riscos, el torreón más pequeño le confiere el aspecto del mascarón de proa de una gran nave que pone rumbo a occidente. Mas abajo tomando un desvío a la derecha de la carretera que conduce a  Arévalo llegamos al Santuario de Nª Sra. de la Fuencisla, patrona de Segovia y de su Comunidad de Villa y Tierra. Edificio construido por Pedro de Brizuega, de planta de cruz latina del siglo XVI, del mismo siglo es la talla de la imagen de la Virgen que allí se venera. Mas tarde el Gremio de cardar y apartar lana hace donación de la verja de acceso que es dorada en el siglo XVIII.

En este mismo lugar existe una leyenda, pero por la época que relatan es algunos  siglos anteriores a la construcción del templo:

Ocurrió reinando Fernando III el Santo, cuando vivía en Segovia una joven, de familia judía, llamada Esther, la cual se sentía atraída por la religión de Cristo. Fue descubierta su fe por algunos judíos que no dudaron, ni descansaron en ello hasta buscar un motivo o excusa por la que la joven pudiese ser castigada. Estos consiguieron con la complicidad de la mujer de un hidalgo, mediante dinero, y falsos testigos de elaborar una acusación que la hacía amante de su esposo. Al estar castigado por la ley judía este pecado, a modo de delito, con la muerte, fue prendida  y llevada hasta lo alto de unas peñas de donde sería arrojada.

Al ser empujada, se cuenta, que Esther se encomendó a la Virgen de la Fuencisla. En el momento que se precipitaba al vacío apareció una paloma que ayudándola a descender lentamente la depositó ilesa en el suelo.

Tas aquel prodigio, considerado milagro por los presentes, Esther recibió el nombre de María del Salto, quedando a partir de ese momento al cuidado de la imagen de la Virgen de la Fuencisla.

Al filo del mediodía traspasando el Arco de la Fuencisla donde un relieve nos relata la efemérides, el viajero descubre junto al río las ruinas del Molino de los Señores y lo que queda de la iglesia de San Juan de Requisada, ahora convertida en establecimiento restaurador, de hambres, claro está.

Iniciamos el regreso con un rodeo extramuros por la muralla meridional, subiendo por la cuesta de los Hoyos, y tras rebasar la fachada sur del Alcázar, se distingue la conocida Casa del Sol, situada en la parte occidental de la antigua judería, casa construida aprovechando tres lienzos de la muralla; actual museo y antiguo matadero que Francisco de Quevedo cita en el Buscón don Pablos. Llegamos a la plaza del Sancti Spiritu donde en sus proximidades se conserva un edificio que en el siglo XVI, fue asilo de ancianos, encomienda de niños desamparados y posteriormente hospital dedicado "a la curación de bubas, resfriados y sudores de pelaires y corambreros de las tenerías, enfermos por agua de las fábricas de curtidos próximas a este sitio", llamado antiguo hospital de los constipados, como denominaban a la enfermedad laboral de los operarios de la industria de la lana. En estas proximidades se encontraba el antiguo cementerio judío, ahora es un pinar frente al colegio de los Maristas.

El viajero accede intramuros, por la Puerta de San Andrés, una de las tres que superviven, llamada también Arco del Socorro por la imagen de la virgen del mismo nombre que alberga una hornacina sobre su arco.

De nuevo frente a los jardines que flanquean la entrada al Alcázar, con las estatuas de los Héroes de la Independencia, Daoíz y Velarde, obra del escultor Aniceto Marinas.

Volviendo por la calle Daoíz cruzando las Canonjías y cuesta arriba hasta la Plaza Mayor, que hoy concentra una parada militar; el Arma de Artillería celebra Santa Bárbara, patrona de artilleros, también de mineros y canteros.

Dicen los artilleros, que jamás cae un proyectil en el mismo agujero (embudo) que hizo el anterior. Estos viajeros, por si las moscas, no se irán de Segovia sin un décimo de lotería de Navidad comprado donde el pasado año cayó el premio Gordo, no sea que fallen las teorías artilleras, además la administración número dos está en nuestro camino tomando la calle Infanta Isabel y máxime cuando el azar ha querido que este viajero distraído, mientras contemplaba el inmenso andamiaje de la torre catedralicia, pisase algo escatológicamente blando, léase deyección canina, que la superstición augura buena suerte en el juego.

Haciendo los honores que Segovia y su gastronomía merecen, y puesto que siempre hay que probar las especialidades de cada lugar, el cochinillo es en Segovia como la fabada en Asturias, la paella en Valencia o el cocido en Madrid, a cada cual lo suyo y si no se tienen problemas de azucares, colesteroles y demás cosas que los médicos se empeñan con preocuparnos, no hay porque despreciar los platos típicos, máxime cuando la tarde es corta conviene comenzar  pronto en cualquiera de los afamados lugares de los que no falta el protocolo ceremonial de trocear el lechón con un plato de cerámica y su posterior rotura contra el enlosado; por recomendación generalizada de los segovianos elegimos José María, que goza fama de su buena cocina entre la población, ubicado a pocos metros del teatro Juan Bravo, en la calle Cronista Lecéa.

A primera hora de la tarde y terminada la placida sobremesa nos sorprende una luz ambiental inusual del exterior, la niebla poco a poco se ha ido adueñando de la ciudad, cerrada y húmeda de tal modo que se hace difícil ver la silueta del difuminado acueducto a mas de cien metros.

Hay unas costumbres que no deberían morir nunca, una de ellas son nuestras nacionales siestas de la que este viajero es devoto incondicional, y debo admitir que la mayoría de los que profesamos esta religión, de ser culpables de algo, jamas se nos puede imputar como vicio tal practica;  sí de costumbre adquirida por imposición, ya que desde nuestra más tierna infancia nos obligaban nuestros progenitores, muy a nuestro pesar, a llevar a cabo tal menester. Por tanto aprovechando que el ambiente es propicio, habrá que ejercitar tal deporte en detrimento de perder el disfrute de unas horas de luz solar,  que en esos momentos no podríamos llamarlo así.

Salía del hotel cuando se encendían las primeras luces artificiales de la ciudad. La invitación de una paseo nocturno por La Granja de San Ildefonso, puede tener un atractivo especial máxime en esta estación cuando la llegada oficial del invierno está próxima, se apartaría mucho de nuestra ruta planeada al día siguiente, pero a fin de cuentas en menos de media hora de automóvil nos situamos en ese precioso paraje segoviano. E insisto que vale la pena visitar este lugar, máxime por haber elegido el paso por Revenga a Segovia en lugar de este real sitio, por cuyo desvío en la llegada a Segovia habíamos omitido.

La llegada del primer Rey Borbón, Felipe V, Duque de Anjou, trajo un importante cambio a España, y digo cambios por que ni los Trastámara ni los Austrias, apenas aportaron nuevas corrientes europeas destacadas, en cuanto a los temas peninsulares se refiere. Recuperó dicho monarca allá por 1720 las tierras que los Reyes Católicos donaron en el 1476 a los Jerónimos del Monasterio del Parral, el lugar donde en los calores del verano estos buenos frailes se entregaban, en el frescor del lugar, a la meditación y a la contemplación de tan bella naturaleza serrana. Estas tierras estaban situadas en el actual emplazamiento de La Granja y de la ermita de San Ildefonso, que todavía se conserva, y gozando el entorno de todos los parabienes del monarca, que estaba, como es sabido, educado en Francia, se puso manos a la obra y tres años después terminó, su pequeño Versalles donde pasaría los veranos huyendo de los calores de los veranos de la Corte. Pero pocas noticias de estancias prolongadas, de los monarcas, en este Real Sitio nos constan en temporada invernal. Reales Fábricas, Palacio, Fuentes, hasta el número de 27, la Real Colegiata obra de Teodoro Ardemans cuya capilla de las reliquias alberga un monumento funerario con los restos de Felipe V e Isabel de Farnesio, se construyen edificios anejos para alojar al séquito real: ministros, chambelanes, palafreneros. Sería su viuda, Isabel de Farnesio, al haber fallecido su hijo Luis I en quien había abdicado el monarca y su siguiente hermano Felipe VI coincidentemente el mismo año de 1724, quien concluye las obras palaciegas; con su hijo Carlos III el lugar concentra una población aristocrática alrededor de la residencia veraniega del rey; mas la población que creció alrededor y sigue aumentando ha dado lugar a lo que actualmente es La Granja de San Ildefonso.

El viajero nota que paulatinamente la niebla aumenta en su espesor y cree oportuno retirarse teniendo la gran suerte de poder localizar un taxi y regresar al hotel, trayecto que se hace interminable por el ritmo lento que impone el evento meteorológico adverso, hasta que al fin paramos junto a los arcos donde la amarillenta iluminación da un aspecto fantasmagórico a la plaza. A paso vivo y por la calle peatonal recorre el viajero el trecho que le separa del hotel, es prudente retirarse temprano y poder proseguir el Camino al día siguiente que se antoja un largo tramo del mismo.

 

            Cuarta jornada.

            Por la vertiente norte de la sierra segoviana

El clarear de este nuevo día el viento arrastró, a la vez con la oscuridad, la tupida niebla que durante horas otorgaba un aspecto tenebroso a la ciudad. La humedad del ambiente antes del alba se ha tornado en un panorama glacial que hace mella en los madrugadores transeúntes en este día que se saborea por ser víspera de festivo.

Al no haber ninguna prisa, hemos dedicado dos días enteros a un peregrinaje exhaustivo por esta bella ciudad castellana, primera capital de provincia de nuestra ruta tras abandonar la Comunidad de Madrid, y no volveremos a cruzar otra capital de provincia hasta llegar a León; Valladolid queda cerca pero algunos kilómetros apartada de nuestra ruta y además, concretamente esta no pasa por Palencia; las próximas jornadas se antojan algo más largas que las habituales del Camino, simplemente motivado por hacer coincidir el fin de cada etapa con un lugar para pernoctar con una cierta decencia, que son lugares contados, pues o quedan muy cerca o  muy distanciados.

Desde la Plaza de San Esteban, bajamos nuevamente por el Paseo de San Juan de la Cruz. Rebasado el barrio de San Marcos y dejando a nuestra derecha la Vera Cruz, Zamarramala está a tiro de piedra, apenas dista tres kilómetros desde el acueducto; nos recibe un perro cojo y escorado que huye ante nuestra presencia. Adquirimos un buen pan de hogaza y chorizo de matanza para evitar desmayos en el peregrinaje y un buen tinto riojano para llenar la bota, al fin y al cabo los peregrinos a pie estamos exentos del soplido etílico de alguaciles y de la Benemérita, y  así no tememos como ocurrió en una jornada anterior que se hiele el agua en la cantimplora.

Poco más que lo relatado con anterioridad podemos referir de Zamarramala, solo que merece una visita, al menos por el calor que nos demuestran sus vecinos. Sellamos la credencial en el Ayuntamiento, y cruzando la villa un indicador casi borrado nos muestra los  kilómetros que nos separan de Santa María la Real de Nieva, algo así como 29, lo que luego el podómetro añadiría dos más a la llegada.

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