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En Madrid
 es y son las

La primera chuleria de un madrileño que recoge la historia.                Recuerde que si quiere sugerir una idea, pregunta o comentario sobre nuestra página web o nuestra Asociación tiene a su disposición los siguientes apartados: "Ntro Contacto Multimedia/Contacta con nosotros" y "Ntro Contacto Multimedia/Libro de Visitas". Muchas gracias
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      A continuación vino el banquete que Clavijo comenta con una minuciosa descripción. Un detalle del jefe mongol hacia nuestro personaje fue el de no ofrecerle vino ante de las comidas en respeto a la condición de abstemio del madrileño. Según la costumbre de los mongoles, una comida no podía empezarse a no ser que los invitados estuvieran completamente borrachos ya que en caso contrario podría considerarse una ofensa hacia los anfitriones.

      El propio Tamerlán se encargó de enseñarle los más bellos palacios, las más altas torres y todo lo mejor de su capital Samarkanda. Pero ya a punto de regresar se produjo la anécdota recogida en el extenso relato de Clavijo y que ha dado título a esta pequeña historia. En el momento en que le mostraban uno de los mejores palacios de la ciudad, Clavijo, demostrado una vez más, su buen sentido del humor y no pudiendo resistirse mas dijo a Tamerlán lo siguiente:

      “No te admires, ¡Oh gran Señor! de lo que me has mostrado, porque el gran León (rey) de Castilla tiene una ciudad que se llama Madrid, la antigua Ursaria, mucho mas fuerte que ésta por estar cercada de fuego y construida sobre agua”.

      Si nos imaginamos a la ciudad fea, sucia, oscura y minúscula que era el Madrid de principios del siglo XV respecto a las impresionantes ciudades que describió Clavijo la comparación parece odiosa, pero había, por encima de todo un claro deseo de no retroceder ante nada de no dejarse achantar por mucho que el tártaro quisiera presumir de sus dominios. ¿Cabe mayor chulería?. Con Ruy González de Clavijo se inicia, al menos documentalmente, la rancia costumbre madrileña de no echarse nunca atrás ante nada ni ante nadie que trate de presumir de tener algo mejor ó más bonito de lo que tenemos en la Villa y Corte. Solo le faltó añadir aquello de “De Madrid al Cielo” y la cosa hubiera quedado completa.

 

      En esta maqueta conservada en el Museo de San Isidro, se reconstruye como sería Madrid a principios del siglo XV con el Alcázar a la izquierda, en el centro la ciudad amurallada, a continuación el barranco natural del arroyo de San Pedro, hoy calle de Segovia y a la derecha la Morería, ó barrio habitado por la minoría mudéjar que, dentro de sus limitaciones, seguía conservado su religión y costumbres.

      Hay de explicar la leyenda del fuego y del agua. Lo del fuego viene como consecuencia que la primera muralla que tuvo la ciudad, es decir, la que levantaron los árabes en los siglos X y XI era de granito y cubierta exteriormente de pedernal por lo que al impactar contra ella piedras o cualquier objeto metálico saltaban chispas. Por otra parte, hay que citar que la ciudad está construida sobre los numerosos arroyos subterráneos que llevan sus aguas al Manzanares y además los árabes construyeron un buen número de canales que recogían el agua de los acuíferos y los dirigían para su aprovechamiento en los regadíos.

      Precisamente el nombre árabe de Madrid, Mayrit ó Machrit, significa lugar donde hay abundancia de agua. Finalmente indicar que Ursaria es el legendario primitivo de la ciudad y está relacionado por la abundancia de osos en sus inmediaciones (ursus en latín).

      Por fin llegó el momento de la despedida y tras el enésimo intercambio de presentes se inició el viaje de regreso siguiendo el mismo itinerario terrestre que a la venida. En Constantinopla embarcaron y tras realizar escalas en los puertos italianos de Gaeta y Génova llegaron al Puerto de Santa María en primero de marzo de 1406.

      Rápidamente, Clavijo se puso en marcha hacia Alcalá de Henares donde estaba el Rey para darle cuentas de su largo periplo y para hacerle entrega de los regalos ofrecidos por el Gran Tamerlán.

      El rey Enrique III, que había patrocinado el viaje, falleció en Toledo el 12 de diciembre de 1406, es decir, pocos meses después del regreso de la expedición y fue como consecuencia de la tuberculosis que sufría lo que le hacía tener numerosos achaques y que le ha hecho pasar a la historia con el sobrenombre del Doliente. Fue un magnífico monarca que tuvo que luchar duramente con la nobleza que continuamente trataba de reducir el poder real en propio beneficio. Además, fue el iniciador de los viajes ultramarinos al igual que hacían los portugueses. Durante su breve reinado una expedición por él financiada y comandada por el normando Juan de Betencourt iniciaba la conquista de las islas Canarias y ponía la primera piedra del que en siglos venideros sería el gran imperio español allende los mares.

      Sus miras hacia una política de futuro relacionándose con pueblos de otras culturas no fueron seguidas por sus sucesores y pese a la reconquista del reino Nazarita el peligro de una invasión turca se mantuvo hasta mediados del siglo XVIII cuando el Imperio Otomano empezó a decaer.

      De la posterior vida de nuestro protagonista no se conservan demasiados datos. Se sabe que se reintegró a su puesto de Camarero Mayor, que fue testigo del testamento de Enrique III y que vivió hasta su fallecimiento en el palacio familiar donde había nacido. Con su propio patrimonio reconstruyó la capilla mayor del cercano monasterio de San Francisco y allí fue enterrado.

      La desaparición del viejo monasterio durante el siglo XVIII para la construcción del que hoy conocemos como San Francisco el Grande hizo que se perdieran los restos de este personaje al que algún historiador ha denominado “Primer madrileño universal”

      Texto y fotografías:

      José Fernández Palacios

 
 
 
 
   
 

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