| ...:::Glorioso Mester:::...
En Madrid |
A CUESTAS CON EL COCIDO
Comenta el populacho que las modas han resucitado el cocido, lo cierto que nunca murió, pero deben ser muy nuevas o la mía está tan pasada que sin ánimo de ser reiterativo lo comería prácticamente a diario, vuesas mercedes disculpen manías.
Servidor prefiere hacerlo en su casa, en olla o puchero de barro a buen fuego primero y lento después y si es posible en la casa del pueblo en la chimenea con carbón de encina muy resguardada para que no pierda calores, y con una salsa especial para los garbanzos que no tengan que escurrirse compuesta de tomate, ajo machacado al igual que los cominos y un trozo de guindilla seca, todo esto bien movido en el almirez y servido a voluntad desde la salsera.
El cocido es un plato que nadie lo come igual, hay quien machaca los garbanzos espachurrándolos con el tenedor el señor Morillas lo sigue haciendo, argumenta que lo aprendió siendo pequeño; otros le echan cebolla picada, otros muerden guindillas, hay quien añade aceite y otros mordedores de cebolletas también se apuntan al ceremonial; y servidor añade, al igual que unos pocos la mencionada Gloriosa salsa. En estos menesteres quien más curioso resulta, por lo particular, es el señor Contento, don Antonio, de profesión alquilador de carruajes; comienza con la sopa salpicada de garbanzos y sustituye el resto por dos tajadas de bacalao. Se dice del épico Andrés Torrejón, aquel alcalde de Móstoles que declaró la guerra al mismísimo Napoleón no firmó el bando hasta que no se dio un hartón a cocido madrileño, antes su aperitivo había consistido en unos soldadítos de Pavía regados con un buen tinto de Navalcarnero, después rubricó el famoso documento.
Lo del último plato, que en León y lugares aledaños de Castilla denominan vianda es normal su ingestión pero muchos se pierden el placer del “Pringue” que consiste en mojar pan comiendo el tocino, morcilla y chorizo, allá cada cual con sus costumbres. Cualquier modo es optimo para hacer los honores al plato rey capitalino por excelencia; ya a la realidad debo remitirme.
Y si nos piden consejo donde comer el cocido y cual es el mejor en serio aprieto me ponen; opino que como todo que es cuestión de gustos, y pasa lo mesmo que a los hombres con las mujeres, sin ánimo de insinuación machista. Hay quien las prefiere con tetas gordas y otros planas, otros con un buen culo y hay quien con carencia del mismo, los hay también que les gustan las bajitas y a otros las gansas y no sigamos por el tema que del mismo modo saldrían a relucir hasta los secretos pedos de los súbditos.
Conocí una cofradía que rendía todas las semanas el culto a un buen cocido madrileño, al mismo, y no es que fueran sarasas, tenían prohibido asistir a las mujeres tanto propias como prestadas, o arrimadas, algo parecido a un “Choco” vasco mas estos no guisaban.
Salió, en cuestión, la polémica de la prohibición en la sobremesa y claro está, el motivo que o se está comiendo o se está... en otra cosa, y se pierde concentración y no se deben decir palabrotas; la cosa es simple.
Con las guapas no hay quien se coma una rosca, como todos les demandan sus favores tendrían que repartirse, y si la susodicha se lo tiene creído jamás conocerá galán.
Las medianas, por estar en el fiel, son más accesibles y por tanto uno se arriesga al cincuenta por ciento a ser correspondido u hostiado por la proposición.
Y ya de las feas, demasiado, como están a la que salta se cargan mas galanes que la Charibdis, Circe, Mesalina e otras cachondillas de las que fabla la estoria. Lo cierto que todas nos placen, o por delgadas, gordas y algunas hasta por guarras, misterio fermoso aqueste. Y del embozo para abajo comunicación de bienes.
No puedo afirmar, por temor de equivocarme, de cual es el fogón madrileño que mejores cocidos preparan, pero como soy de estómago débil ante tentaciones en la próxima edición que me habrán invitado los que aquí no cito podré tener una mas cierta convicción de poder emitir un justo veredicto y elaborar un ranking de productores y restauradores de Gloriosos Cocidos.
Bueno el de Torres Bermejas, más andaluz que madrileño pero con un pequeño toque del foro, medianejamente abundante.
Malacatín, próximo a la Rivera de Curtidores, entre metopas militares y carteles de toros contribuye a un buen sabor taurino con el cocidito servido en puchero individual. También bueno es, y dicen de los mejores el de la Taberna de la Bola en la calle de la Idem, además los preparan al fuego.
No esta malo, y sigue mejorando, el del Rincón de Goya en la Cl Lagasca semiesquina a la del pintor siendo una de las especialidades de las muchas que nos sirve Antonio.
Goza de mis preferencias, y no solo por amistad, el que nos prepara a los Gloriosos el amigo Venancio, en el Restaurante Aymara en la calle de los Reyes, mejor dicho la sacrificada Luisa su consorte, es un verdadero cocido madrileño bien presentado y
No lejos de Gran Vía en la Calle de la Cruz Verde, Boñar que como su nombre indica tiene una afamada cocina leonesa y es sin duda quien sirve los cocidos más abundantes y pantagruélicos, hasta tal punto que Tino, su propietario invitaba a quien fuera capaz de comérselo en su totalidad dejando el plato limpio; no sabemos si últimamente seguirá con esa tradición caritativa de dar de comer al hambriento, mas que por otra cosa ahora proliferan cada vez mas los “Carpantas”.
En la calle General Pardiñas y próxima a la de Hermosilla, no ha mucho tiempo que abrió la Taberna de Daniela, donde además de buena cerveza de la de barril, te ponían un día a la semana un cocido nada despreciable y a precios no soberbios.
Siempre es mejor comerlo en verano, pues como hay menos sopistas, le añaden menos agua y la sopa está espesa y lucidora.
DE LAS GLORIOSAS ANDANZAS DEL GRAN MAESTRE DEL GLORIOSO Y SU CORTE CON DETALLE DE LUGARES DONDE MONTARON EL REAL Y DESOTRAS COSAS
l igual que en el sentir popular cuando se habla de bodas, siempre hay alguien que las tiene catalogadas y hasta numeradas por una cierta categoría; y no basándose precisamente en la ceremonia y en la elegancia, sino en el banquete. Al respecto recuerdo una de ellas en la iglesia madrileña de Los Jerónimos, investida de una gran solemnidad tocada con el contrapunto de una coral polifónica, frac o traje oscuro obligatorio en caballeros y traje corto y pamela las señoras. El ágape, por elegante proximidad, en el hotel Ritz con un menú digno de una cena en el Palacio Real. Una señora de Tomelloso, según me manifestó sentada a mi diestra, con gestos de disgusto afirmaba ser la peor boda a la que había asistido. Ella iba a muchas ya que al ser la esposa del guarda mayor de cierta afamada dehesa dedicada al deporte cinegético, conocía a todos los “señoritos” que iban a las cacerías y por tanto era asaz invitada; pero su opinión de ser la peor boda se debía a que no habían puesto langostinos ni gaseosa para mezclar con el vino que no era ni más ni menos que un Unico de Vega Sicilia, que muchos foráneos creen italiano, grave pecado a fe mía. Aunque alguien se resista a ello, algo similar ha ocurrido en las actividades Gloriosas, fuese cual fuere su contenido, este pasaba a un segundo lugar catalogando siempre en primer puesto el capitulo del yantar.
Corrían los fríos de diciembre del 89 en el Ventorro de Castrillo de la Vega, cabe Aranda de Duero, celebrábamos las I Jornadas Gastronómicas del Cerdo, y la verdad que nadie les puso ascos ¿acaso estuvimos un instante sin comer las marranas chichas? . Permiso nos dieron por eso que dicen de la digestión para tomar un vino en la capital de la Ribera, donde se toma una calle peatonal que se llama de Isilla la cual es muy buena para pasear, comprar y tomar vinos, y vamos que hicimos de todo.
Once años después, en otra andanza que acaesció con los primeros calores de mayo también tomaríamos el filo de esta rua; recorriendo la Ruta de la Ribera se llegó a Peñaranda de Duero. Tras el café con leche, sobados pasiegos y porras valió nuevamente la pena la visita al Palacio de los Zúñiga y Avellaneda, lugar idóneo para convertirlo en un Parador Nacional dicho sea de paso, esta vez algo le faltaba y eran las explicaciones de Ezequiel, el veterano guía del Palacio que le había llegado su jubilación. Tanto en la botica de Jiméno (una de las más antiguas de España, S-XVII) como en la antigua colegiata nos dieron con la puerta en las narices a pesar de haber concertado la visita con el boticario y señor cura respectivamente, a uno por lo visto se le pegaron las sábanas y el otro cambió de opinión y se fue a dar una vuelta por Madrid, posiblemente a ver a Lina Morgan.
Así que un paseo por la arandina calle Isilla, una de las mas variadas y virtuosas del lugar, rellenó el hueco vacío de estas dos visitas contrariadas por la seriedad de los anfitriones. Tomando esta rua al filo de la Iglesia de Santa María, encontraremos en esa misma esquina el bar que se llama Los Caracoles, nombre curioso al no conocerse desde su origen servir raciones de dicho gasterópodo; en su lugar te ponen un bacalao que nada envidia al que sirven en la madrileña Casa Labra, y unos pinchos de dos calamares fríos, y unas empanadillas caseras que hacen repetir, esto regado con cerveza de barril o vino de la zona, a precios asustadores.
Si seguimos calle arriba por esta peatonal, a veces, ya que suele colarse algún vehículo de la carga y descarga, dejaremos a la izquierda una charcutería que está siempre a rebosar de gentes, de nombre Vegas, donde dicen que es uno de los sitios que venden los mejores productos de la zona, según atestiguan unas placas en la puerta; y no precisamente por que la empresa tenga una gran plantilla de personal; el propietario realizó una pingue y multimillonaria inversión informatizada para no tener que pagar a empleados; Le deseo no tenga una avería que le borre el disco duro, ya que su único cliente sería IBM, si es que traga.
Por allí si tenemos suerte, veremos grupos folclóricos de la Ribera que suelen proliferar ciertos días.
No muy lejos el asador Florencio que ha ganado una buena fama por su calidad desde hace muchos años sirviendo productos autóctonos. Apenas diez metros le separan de un, relativamente, nuevo establecimiento: El Lagar, aparejado de típica bodega y lagar que aparenta museo rural mas que tasca, con sus canapés, pinchos, raciones, amén de su restauración tradicional de la que comienza a ganarse una, también, bien merecida fama: Buenos caldos de la Ribera a los precios soberbios que la zona nos tiene acostumbrados, a unas 350 pesetas una medida de vino. Los golosos del dulce lo tienen fácil, pues frente por frente Tudanca nos ofrece una exquisita repostería fina, y eso sí, también a precios de escándalo.
Tras este cultural paseo, de manos de un enólogo, realizamos una cata de vino en las bodegas Peñalosa de la Villa de Fuentelcésped. Siguió el capítulo gastronómico en la próxima localidad de Milagros en un nuevo asador de nombre El Lagar de Milagros, que dirige Ramón Berzosa, la persona que nos había dado la clase magistral de la mencionada cata. El yantar, en cuestión, que será recordado por ser uno de los más selectos y mejores que se nos han dado, consistió en las entradas de morcilla, chorizos al vino, ensalada, escabechados, revueltos y el plato estrella: el lechazo asado, regado con tinto del país, rematado con buen postre casero, café y el chupito que obsequia el establecimiento.
Por tanto y a tenor del comentario de la señora manchega, casi fuimos a una buena boda, pero sin langostinos ni gaseosa.
DE LA GASTRONOMIA DE LOS GLORIOSOS CONGRESOS EN PUCELA, TOLEDO Y SEGOVIA, Y DESOTROS SACROSANTOS LUGARES
o es que nos falle la memoria, pero sería difícil recordar plato a plato toda la serie de ellos que han pasado delante de nosotros, y si organizadamente recordábamos alguno era por identificación con el susodicho comedero: El salmón en papillote, que alguien lo rebautizó como pescado en sobre sin franqueo, que nos sirvieron en el Parador Conde de Orgaz de Toledo, la cena en el Hotel María Cristina: excelente crema de langosta y venado con un toque especial en su salsa, regado con el tinto manchego Estola reserva, el cava de elección gloriosa de San Sadurní d´Anoia de las cavas Torrallardona, elogiado hasta por la presencia catalana en el mismo.
De Pucela, no recordamos la cena, después del exceso de trago en las bodegas de Rueda, creo que ni alguno su nombre recordaba, pero si de las raciones de ibérico y el lechazo asado, que preparó el maestro Alvito al día siguiente, y eso si que era lechazo, ni manteca tuvo que untarle, tan bueno como el que nos preparó un año antes en el restaurante La Pedriza de la calle Colmenares. Para que digan que en los hoteles se come mal, que se tome nota de los judiones y el cochinillo asado en el restaurante del Hotel Los Arcos, en Segovia, de manos del jefe de cocina, el ya jubilado Tomas Iturralde que tras sus enormes bigotes nos hizo un brindis Glorioso al prepararnos el Hípocras segoviano. No estuvo mal el otro almuerzo, en la terraza del restaurante Narizotas, de un “solito tenedor”, al filo de la casa de los picos y yuso de la estatua de Juan Bravo, donde la visión de tanto románico hace abrir el apetito, palabras textuales de maese Fernández. Comer se hizo de tal modo que el comienzo del congreso fue concurrido de cabezadas y bostezos, por aquello que llaman digestión dormilona con ese sol tumbado del otoño segoviano. De los cocidos maragatos, y eso fuera de congresos, tuvimos el estreno en Castrillo de los Polvazares, donde la señora Maruja, nos puso como gochos, y la verdad mientras el cocido daba calores por dentro una estufa de carbón lo hacía por fuera; mientras en la calle un débil sol de noviembre en la tarde maragata auguraba próximos días de vientos fríos procedentes de la cumbre del Teleno, cuando este monte peina canas.
Y hablando de los mismos, como no todo el monte es orégano, muchas veces vale mas lo malo conocido que lo bueno por conocer, así que por ahorrarnos cincuenta duros por comensal, acudimos a otro comedero de este pueblo, donde aparte de no servirnos un vino de aperitivo presentaron la vianda entera, de tal modo que asqueaba al más aguantador, claro está que el truco debe de ser, al menos las mentes malintencionadas interpretaron, que de no ser ni tocado por los comensales, la misma vianda se sirve en diferentes cocidos. Tomen nota de este punto si es que realmente quieren comer en condiciones. Que culo más feo tenia el pollo: ¿Cuantas veces antes habrá presidido una mesa, por ser ya un “fósil?” El peor ODICOC maragato que he probado en mi vida.
Donde también nos pusimos hasta ahí, y por calidad y variación sería en la Ruta de los Caballeros, concretamente en Villanueva de los Infantes, en la Huerta de Jaraíz, un almuerzo de media mañana consistente en migas, pisto, queso y jamón de la zona, duelos y quebrantos, revueltos... y de postre un dulce de vino empalagoso que le llaman arrope, lástima que ese almuerzo informal y abundante de las 11 de la mañana desmereció el almuerzo formal contratado para las tres de la tarde. Ya no sabemos si allí el señor Quevedo moriría de viejo o de indigestión.
En la visita otoñal a Cabañeros, tampoco fueron parcos en despachar la mesa, entre guisos de jabalí y ciervo, como el chorizo de este último se dejaba acariciar, las judías con oreja regadas con un tinto de la zona, nos dejaron un buen sabor y calorías: El lugar es para recomendar, Restaurante el Boquerón de Estena, que cuenta con alojamiento rural, en la localidad ciudadrealense de Navas de Estena al píe de los Montes toledanos.
Y por no dejar nada olvidado, terminemos de tapas por la Villa y Corte, hermanas menores de la buena mesa. Si hay algo que sin apellido es madrileño son esas patatas adobadas en picante que se llaman bravas, en el madrileño Callejón de Alvarez Gato (vulgo, Callejón del Gato) una taberna que exhibe unos raros espejos que te puedes ver gordo o flaco; ostenta dentro en un cuadro la autenticidad y el número de patente de su salsa y elaboración. Tampoco el pulpo que sirven está malejo, pero la cerveza no es mejor que la de tiempos anteriores. Cerca de allí un bar de brebajes, potaciones y mixturas do acudían gentes de todo tipo y de algunos de esos del coleto gris, que se alicoraban y echaban pestes de su oficio.
Mas abajo, cabe la Plaza Santa Ana, en otro callejón La Trucha sirve una variedad de fritos y canapés dignos de elogio, y en la calle de la Cruz te ponías por tres duros ciego a pimientos de padrón, tan barato era que la taberna cerró, paresceme que de miserias. Bajando en prócura de la plaza Canalejas una tabernilla que prepara buenos callos y con la misma salsa asadura, mollejas y hasta chichas de morcillo; tuvo aqueste comedero unos pajarítos fritos que eran una gloria pero los ecologistas los denunciaron y nos quedamos sin ellos. Algo mas apartado en la rua del Cardenal Cisneros, una tasquilla que llaman La Ría de Vigo, te preparan entre otras cosas mejillones gallegos, hasta con diez salsas diferentes proclives a mojar pan, a pesar que el señor Contento afirma que le dan colitis y urticaria, posiblemente por eso lleve años cerrada según las malas lenguas.
Pasando por la cabecera del Rastro, al principio de la Rivera de Curtidores, cabe Cascorro, Casa Amadéo: los mejores caracoles de la Villa y no muy lejos casi esquina con el comienzo de Embajadores en la rua de Juanelo ponen unas gambas a la plancha que por necesidad hay que chuparse los salados y pringosos dedos.
Cabe esta había hace tiempo otra tasca con la desaparecida especialidad de los pajaritos fritos que se comían hasta sus huesos, pero primero los prohibieron y luego el comendador mandó cerrar el bar por ser nido, según decían las malas lenguas, de xentes de mala gallofa que se jugaban los maravedíes a los naipes.
Con una popularidad creciente el socorrido qutahambres conocido como bocadillo de calamares, gloria gastronómica menor de la Villa y Corte, tiene muchos especialistas por citar alguno nos situaremos en la glorieta conocida como de Atocha, sin ser ese su nombre, y cabe de la estación allí tenemos El Brillante de esos trasegaderos de toda la vida donde al pedir una medida de cerveza de ponen un pincho de langostillo (vulgo pichagato) rehogado en vinagre. Y en la Plaza Mayor, en una de sus esquinas despachaban dichos bocadillos, desde que los vendían a duro, por una ventanilla similar a las de los cines de antes. Pero no olvidemos que los mejores bocadillos de calamares de España se daban en el Bar Coruña, cabe la Catedral entre las ruas del Franco y el Villar de Santiago de Compostela, frente al restaurante Camilo en la Rua Raiña 17, cerca de la terminación del Rallye París - Dakar, que nadie puede finalizar. La explicación es sencilla, la Rua del Franco, con casi mas tascas que viviendas, su primera es el bar París y la última Dakar, de ahí tal comentario.
Volviendo a la Corte, lejos del centro y frente al mercado de abastos de Vallecas, una luminosa tasquilla de nombre Otér, ponía a precios soberbios unos buenos berberechos en conserva y mejillones gordos, bien se cuidaba de tapar el nombre de la marca que nunca pudimos adivinar, la cerveza al principio flojilla la cambió por la buena casi al final. También cerró pero no lo hicieron los alguaciles fue por que le llegó hace dos años la jubilación. Apenas a dos manzanas de allí, La Cervecera nos pone unas buenas tapas, tiene casi de todo, pero como todo lo bueno a precios asustadores.
Mas desconocido, y tomando rumbo sur antes de cruzar la vía del tren: Mesón del Tío Aquilino, tanto como para comer en serio o picotear es único en Madrid, es algo diferente y exquisitos en las artes del buen yantar muy elaborado de la capital y gloria de Vallecas. Cuando la noche se prolonga, los castizos churros en comunión con el chocolate son como un ritual en el pasadizo de San Ginés, entre las calles Mayor y Arenal.
METODO INFALIBLE PARA AGARRAR UN BUEN CABREO INCLUIDO POSIBLE CORTE DE DIGESTIÓN MOTIVADO POR LA NUEVA ENFERMEDAD DE MODA, CONOCIDA COMO CATETOFOTOFOBIA ESPONJIFORME EQUINA O LA AMENAZA FRECUENTE A LA GASTRONOMÍA FOTOGRÁFICA.
a transcurrido mucho tiempo desde que Roger Bacon, en el siglo XIII, descubriera la cámara oscura claro precedente de las cámaras fotográficas. Sería a mediados del XIX cuando se consigue la primera emulsión fotográfica sobre papel. Desde entonces y hasta principios del siglo XX, con la aportación de los hermanos Lumiere dicho arte sufre una importante evolución. Con la invención del flash por Ostermeyer, que sustituye las antorchas de magnesio, en 1929, casi simultaneo con la invención de la fotografía en color, adquiere este arte unas dimensiones y características diferentes a pesar que el color fotográfico ya en el siglo anterior dio sus primeros pasos; aunque en esos momentos colores muy artificiales van evolucionando con una verdadera calidad hasta llegar a nuestros días en que la tecnología digital, que crece con inusitada rapidez, pone al borde de la extinción la fotografía tradicional, máxime en el momento que se logre superar la calidad de esta última.
No podían imaginar nuestros antepasados que gracias a ese milagro de la ciencia podríamos admirar su imagen en nuestros días, como aspectos de pueblos, ciudades y monumentos, en épocas anteriores y poderlos confrontar con la actualidad. En absoluto supondrían que en el portal del siglo XXI una extraña tendencia que afecta sobre todo a profesionales de la información, estudiosos, enamorados del arte y sobre todo el turismo, industria básica de economía española que supone al menos el 10% del P.I.B. que de no tomar medidas al respecto podremos tener claras consecuencias derivadas de ciertas prácticas cada día más comunes sobre la actividad fotográfica negativa.
No era el único que sin ser profesional llevase casi todo el día la cámara en ristre, me refiero al emigrante español que venía de vacaciones a su pueblo o ciudad desde otro país europeo a gozar de sus merecidas vacaciones estivales, la cámara fotográfica iba siendo después de 1960 un objeto tan usual como el aparato de radio y por encima del televisor, dejando por tanto de ser privativo de clases pudientes. Algunos mas privilegiados podían disponer de ampliadora y todo lo necesario como para poder revelar sus trabajos en blanco y negro a imitación de los profesionales, a pesar en un principio de una mediana calidad; esa primera cámara que todos tuvimos fue la que consiguió esas fotos que ahora vemos con nostalgia y cariño y que nos acercan aún mas a esas épocas anteriores.
Un artilugio tan inocente y simple que actualmente, aparte del vídeo se ha convertido para muchos en algo inseparable, en desplazamientos, viajes, eventos familiares; amén de los japoneses que lo ostentan como si se tratase de una parte mas de su cuerpo y se comenta de ellos que fotografían hasta las moscas; razón no les falta, cuando llegan a nuestro país que visitarán en el récord maratoniano de siete días, de no ser por este aparato, su retentiva por muy alta que fuese no daría mas de sí para recordar lugares, monumentos, ciudades, gentes; con el inconveniente de ser un turista muy maltratado, a pesar de ser extrañamente disciplinado, de los mas educados que visitan nuestro país. A la llegada al aeropuerto en grupo, los recoge un guía y una vez en el autobús las primeras palabras que oyen de este en su idioma son: “Bienvenidos a Madrid, la ciudad más peligrosa de Europa...” A pesar de esta presunta exageración, estos turistas orientales los primeros consumidores de pescado del mundo (casi crudo) son muy por encima de los estadounidenses los visitantes que más dinero gastan, principalmente en recuerdos y regalos, en nuestro país en su corta estancia, se calcula una media de un millón de pesetas por viajero, eso sin incluir viaje, estancia, comidas, traslados y excursiones. En proporción directa son los mas timados, robados, engañados e inclusive en casos atracados, que estoicamente soportan, mayoritariamente, con una envidiable educación totalmente desconocida en occidente. Y por supuesto que esto tiene que ver con el tema de fotografía, cosa que ya hablaré ampliamente y de sus repercusiones mas adelante.
Con el transcurrir del tiempo se ha demostrado que la fotografía profesional se convierte en un próspero negocio en todas sus facetas, las de espía con micro cámara, las radiografías de utilidad médica, retratos de estudio, fotos de carné, reportajes varios, fotografía aérea. Pero hasta hace tiempo el profesional y el aficionado nunca se han molestado, ya que cada uno tenía su parcela, y mientras estos tenían su negocio los otros disfrutaban con su afición o estudio.
La maldición llega a partir de 1970 cuando se crea cierta tendencia que se supuso efímera y menos contagiosa que un estreñimiento, tornándose en todo lo contrario cuando al amparo de la ignorancia del ciudadano de a píe se cometen toda serie de abusos impositivos por clérigos, restauradores, hoteleros (no todos) que de algún modo instituyen el “fotógrafo oficial” del templo, restaurante etc. y bajo amenazas prohiben expresamente, que no legalmente, las fotografías de personas ajenas a estos “oficiales”, es decir, que si no podías elegir iglesia para boda, bautizo o comunión, menos al señor de los retratos; practica ilegal, decía, al violar los derechos de imagen que ejercían sin ninguna consideración contemplados en la legislación vigente, abusan de la ocasión que no es proclive para discusiones y campear por sus respetos con toda impunidad apoyados por el desaprensivo restaurador o clérigo, que ambos serán los que se lleven un sustancioso porcentaje de los reportajes. Tiempo se ha tardado en conocer en el ámbito general los derechos sobre la imagen de cada uno, ya que nadie puede ser fotografiado sin su consentimiento evitando que se vulnere su imagen o la presunción del uso ilícito de la misma; por suerte de esto ya hay jurisprudencia. Conocemos casos de no querer el celebrante oficiar un matrimonio por negarse estos a aceptar el fotógrafo impuesto, mas lamentablemente continúan estas discusiones, y lo más triste en el peor momento que es donde se puede coaccionar.
Otra cosa diferente constituye el acto de fotografiar cosas u objetos, que no personas, salvo en lugares donde la seguridad nacional pueda verse amenazada (instalaciones militares, etc. que para un amante del retrato o estudioso del arte carecen de interés.), El Patrimonio Nacional y algunos museos estatales donde no es difícil obtener un permiso a pesar de no ser a las vegadas algo largo el trámite, que no imposible; y en propiedades privadas sin el consentimiento de su propietario legalmente no está permitido ni el acceso, cuanto menos fotos que este no desea, pero no equivoquemos términos. Mientras no se demuestre lo contrario, y todavía no ha llegado ese momento, salvo en los supuestos anteriores, el fotografiar cosas es legal, y cuando hablamos de propiedad privada no hablamos de templos que no son siquiera de propiedad eclesiástica aunque exista similitud por la utilización religiosa del mismo. Son los obispados a través del presbítero o ecónomo correspondiente, que ejerce como administrador - gestor del mismo, que no propietario, al menos así nos lo transmite la historia desde que José Bonaparte en 1808 embargó los bienes eclesiásticos y restituiría cinco años después el nefasto Fernando VII aboliendo el decreto del rey invasor, hasta que definitivamente el ministro de hacienda y ex banquero (casi) inglés Juan Alvarez Mendizábal ordenó pasar de nuevo todas estas propiedades a las arcas del Estado poniéndose a la venta y adquiridas mayoritariamente por particulares. No hay noticias que la Iglesia jamás invirtiese un chavo en templos, que generalmente sufragaron cotizando pecuniariamente los oriundos de las ciudades donde se ubican, de eso la historia es clara, al igual que sus restauraciones, reconstrucciones, compra de ornamentos, imaginería, retablos. Por tanto no existe autoridad terrenal con capacidad de prohibir, salvo que se legisle lo contrario, a cualquier visitante, estudioso, investigador, turista efectuar fotografías a cosas, que no personas, repito, por muchas amenazas y pseudo reales decretos que quieran inventarse, la imagen del fotógrafo oficial no existe, o todos o ninguno; al menos la información oficial que recabé en su día así se me confirmó. Son apañejos, que suponemos de quien provienen, que enmascaran sucios intereses económicos como se ha demostrado a las personas que ejerce esta reprobable actitud y además con suma habilidad manejan, los que se dejen, a sus feligreses alertándoles del peligro para ellos de los foráneos que vienen allí a retratar. Solo faltaría que el Torquemada de turno, igual que se quemaron libros antaño, organizara grandes piras crematorias de cámaras de fotos que le son hostiles, en sus particulares cruzadas inquisitoriales.
Esta enfermedad que, gloriosamente, hemos bautizado como Cateto – foto - fobia esponjiforme equina (esto con perdón e los burros y asnos) entorpece la labor gráfica a investigadores, periodistas o escritores, y no es porque el permiso sea gratuito, nadie se niega a abonar un donativo en contraprestación, es por la rotunda negativa que nos convierte en furtivos de la imagen, demostrado está que a mayor incultura mayores prohibiciones, muchos creen que todavía les favorece la incultura del pueblo como ocurrió en el medievo.
Entre las mayores excusas, si es que te las dan, se oye que nuestro flash deteriora el pan de oro y la policromía de los retablos, cosa que ni creo ni dejo de creer, aun está por demostrar, mas no lo debo negar categóricamente ya que sabemos la acción que ejerce la luz directa sobre superficies pintadas; pero el flash del fotógrafo/os oficial/es con mas motivo lo haría con las reiteradas exposiciones y fogonazos que en comparación sería algo así como abrasar los retablos e imágenes. Hemos inclusive llevado material de 800 ASA con el inconveniente de tener un grano más grueso para el revelado y así no disparar con antorcha, o utilizar la cámara de vídeo con mayor sensibilidad pero ni con esas, lo cual ya demuestra que no es el flash la causa.
Hay entre otras una anécdota, que por lo positiva, no me cansaré de repetir: gracias a una foto efectuada hace algunos años, cuando al parecer no importaba hacerlas, pude hacer el descubrimiento a cierto párroco, actualmente intimo amigo, que tras la restauración extramuros del templo de una talla mariana del siglo XII le demostré por la citada fotografía comparada de otra posterior a la restauración, que se trataba de una burda copia, por lo que un perito se encargo de certificar. Gracias a eso puedo decir que soy uno de los pocos privilegiados, que en continuas visitas a esa ex colegiata, tiene bula para fotografiar a discreción y estar exento del pago del donativo de entrada al museo; claro está que debo mostrar por mi parte mutismo absoluto del templo y lugar para no poner en entredicho la seguridad de sus obras inclusive los cambiazos. Suerte tenemos, que todavía la “enfermedad” no ha contagiado muchas zonas ya que en ellas te animan a que te explayes en fotografías pidiéndote que las enseñes para animar a la gente que no les conoce les visite. Como se puede ver en este caso, todavía existen lugares normales y con visión turística de futuro.
El caso antes comentado del turismo japonés, teniendo en cuenta su idiosincrasia, gentes disciplinadas y educadas, prefiere ante tal prohibición no entrar a ver algo que le costará recordar, y al no ser persona proclive a la discusión preferirá evitarla, muy a su pesar, de ese modo. Por desgracia va en disminución este tráfico de turismo cosa que notaremos ante tales actitudes que nos harán reafirmar que nos estamos cargando el turismo interior cultural.
A las vegadas he llegado a pensar si al igual que me pasó en Africa al fotografiar una tribu de guerreros Masai casi me taladran a lanzazos al suponer que mi cámara atrapaba sus espíritus. Por lo que me planteo si algún clérigo pudiese pensar lo mismo a pesar de suponerles poseedores de una amplia y erudita cultura. Pero es evidente que los tiros van por otro lugar y después de 700 años poco ha cambiado, cuando un arcipreste, cargo jerárquico superior a párroco o presbítero, de nombre Juan Ruiz para mas datos el conocido Arcipreste de Hita, ya decía en el Libro de Buen Amor:
Si tuvieres dinero tendrás consolación placeres y alegrías y del Papa ración. comprarás Paraíso, ganaras salvación donde hay mucho dinero hay mucha bendición
Actualmente no pensemos, por suerte, que todo se mueve por el vil metal, tengo igualmente buenos ejemplos y anécdotas de gente sana, que todavía queda y mucha:
Santo Domingo de la Calzada; julio 1994, tras visitar el recinto catedralicio acompañado por el amable Florentino, que era la persona encargada de alimentar y cambiar en gallo y la gallina del gallinero de la catedral, que rememora el conocido milagro del ahorcado; conseguí gracias a él un excelente reportaje sin omitir detalle. Me encaminé para visitar el claustro donde se exponía despiezado el retablo mayor como otro conjunto de piezas que conformaba una excelente exposición. Al entrar encontré la sorpresa de la prohibición sobre el reiterado tema. Era difícil conseguir el permiso correspondiente al encontrarse don Tomas, el párroco, ausente y solo él lo podía otorgar. Por una de estas casualidades de la vida, pasó por delante de la puerta en un SEAT 127 de color verde; Buena carrera nos dimos tras él la joven encargada de la entrada y este que escribe hasta que se percató de nuestra presencia y detuvo el vehículo. Con el resuello encima, le explique la idea gloriosa del reportaje, además de no poner objeciones me regaló un CD de música medieval del Camino de Santiago.
Catedral de Santiago de Compostela, allí quien no puede fotografiar es quien no lleva cámara, recordemos que el monumento mas fotografiado del Camino, es el Pórtico de la Gloria circunscrito en dicho templo. Como si tomamos rumbo sur, nos pasará tres cuartos de lo mismo en la Mezquita cordobesa y en la Alhambra granadina, también declarada Patrimonio de la Humanidad.
Mientras el párroco de la iglesia arandina de Santa María, cuya fachada presuntamente es obra de Gil de Siloe clama a gritos una restauración, disfruta apagando las luces para impedir las fotografías y eso que íbamos provistos de película con una alta sensibilidad para evitar “los destellos”, reclama que hay que solicitar un permiso, que por cierto nunca otorga y ni tampoco indica como hay que solicitarlo. Curiosamente en la Semana Santa de 1991 realizando el vídeo de La Ribera del Duero, que casi todos los Gloriosos ya conocen, la mayoría lo ha visto al menos cinco veces, ha sido el único lugar que hemos visto a algún parroquiano enfrentarse con el párroco agrediéndole verbalmente, así como suena, por interferir en nuestra labor, con frases que invitaban a este señor de desistir de su actitud, ya que como decían estas gentes que el permiso lo tenían que dar ellos, ya que el pueblo es el dueño de aquello, y así quedó. Al poco tiempo, y aprovechando que salía la procesión, tomábamos en vídeo detalles del retablo y otras obras de imaginería, hasta que se apagó la luz, posiblemente alguien había dado un sombrerazo en el candil, luego escuchamos unos toques de tururús, atabales y atambores, pensábamos que algún cuartel había cerca, pero no, eran los toques que anunciaban de nuevo la entrada de los pasos al templo; la luz se hizo y pudimos continuar con nuestro trabajo.
En los monasterios próximos de la Ribera de Duero, de la Vid y la Aguilera, tanto los agustinos y los franciscanos te dan las mayores facilidades para documentarse a placer y mira que allí hay material.
En el riojano monasterio de Yuso, de San Millán de la Cogolla, a pesar del tradicional cartel, los agustinos hacen la vista gorda, ya te cobran trescientas pesetillas por la visita y según me manifestó un miembro de la comunidad, de modo coloquial, ya está el “permiso” incluido
Pocos kilómetros nos separan del Monasterio Cisterciense de Cañas, regido por religiosas, la visita es guiada por el capellán, que además de esforzarse en sus explicaciones, que no es nada parco, te puede dar una demostración del canto gregoriano frente a un cantoral, y ni que decir tiene puedes dejar un par de carretes impresionados, ya que sobran rincones para inmortalizar. Es de ser agradecido contribuir con la compra de objetos de cerámica que fabrican estas religiosas, a precios pagaderos, que constituye su fuente de ingresos.
Fuera del solar nacional en países totalmente diferentes, se nota la cultura de las personas y las ganas de mostrar la misma; jamas encontré objeciones en el país galo, ni la más mínima insinuación negativa en Toulouse en Saint Cernín y Saint Etienne; ni en el mismo París en Notre Dame, la basílica de Montmartre y otros lugares incluido el Louvre, donde curiosamente he observado varias veces a la Gioconda, que la mantienen encerrada en una especie de pecera blindada y colgada en la pared, bombardeada a golpes de flash por un ejercito de turistas japoneses, que le daban un aspecto a la sala mas de discoteca que de pinacoteca; por cierto este cuadro lo compró para instalarlo en su cuarto de baño el rey francés Francisco I, el gran derrotado de Pavía que estuvo prisionero en la madrileña Torre de los Lujanes. Tampoco en el londinense Museo Británico, la catedral de St. Paul, y la abadía de Westmister se preocupan por que el visitante ejercite el arte de la fotografía. Curiosamente en ningún museo griego, turco, búlgaro o tunecino encontraremos problemas, salvo en alguno que hay pagar una pequeña cuota por ello, además de la entrada al recinto.
De Italia, es otra cosa, solo les falta anunciarlo en las fuentes de sus calles, pero es fácil conseguir los permisos, Capilla Sixtina vaticana incluida; el precio es alto, pero no el económico, es la charla interrogatorio a la que uno es sometido al solicitarlo, y generalmente hablan en tono de voz tan alto que parece una regañina, y todo a una gran velocidad lingüística, a la vez el “interrogador” hace muecas con la mano poniéndola en la misma posición que cuando éramos colegiales nos golpeaban los dedos con la palmeta. En los últimos tiempos los avisos siguen en todas las iglesias, y como en todo buen país latino ya ni se pide permiso, al menos a la vista está, que sea el visitante de la nacionalidad que sea saca su cámara y a hacer fotos, esta es la realidad de lo que se ve recientemente.
Volviendo nuevamente a este país llamado España, diferente debía ser: Mayo de 1993, tras un almuerzo en San Esteban de Gormáz consistente en una exquisita ensaladilla rusa, de las mejores que he probado y un segundo plato de chuletas de lechal, especialidad del restaurante “El Bomba” nos dirigimos 10 Km al este donde visitamos El Burgo de Osma, patria chica del virrey Palafox, Jesús Gil y el ministro Juan J. Lucas, anterior presidente de la Junta de Castilla León. Llegamos a la catedral soriana, ya que la situada en la capital es la concatedral de San Pedro, que alberga esta villa la antigua Uxama romana. Templo de transición que oculta entre sus sillares el primitivo románico. Esta vez con permiso del Deán que nos había costado meses conseguir, para los menesteres fotográficos. El cura encargado de las visitas, y que por cierto no se le cuela ni uno, sea anciano, tierno infante o despistado, de nombre don Fernando, afirma que el permiso del Deán no le sirve para nada, y que el no autoriza lo de las fotos, (bravo por el respeto entre clérigos a la jerarquía) claro está que hubo que furtivearlas gracias al coro de toses que tapaban el ruido del disparo de las cortinillas y las fenomenales espaldas de maese Perona que ocultan a varios fotógrafos. Mientras la visita a dicho templo, que se me antoja cutre en cuanto las explicaciones del guía lugareño que nos asignaron, contaba algo de un ranking de catedrales de España, un descostrón que hizo San Pedro de Osma en un lienzo del muro con un candelabro que lanzó a un obispo simoniaco, y un Cristo al que pegó un sacristán una pedrada (seguro que por hacer fotos) y brotó sangre. Del resto de sandeces que nos contó ni nos enteramos pues mientras dos le distraían el resto a dar al disparador con flash incluido, solo nos enteramos de una boda que se celebraba en el altar mayor, eran dos oriundos que según nos relataba este paisano se les veía maduros pues habían estado mas de veinte años de relaciones como novios, bombardeaba el acto los flash de los “oficiales” del templo como si hubiese tormenta.
En 1989, catedral burgalesa, allí según les da, lo mismo te inflas a fotos que oyes a tu espalda un grito en forma de rebuzno y te dicen que está prohibido por que es Patrimonio de la Humanidad; Ni que servidor fuera extraterrestre. Que esperen, si es que hay una próxima restauración, otro generoso donativo del Glorioso Mester como el que dimos.
De la otra gótica famosa de Toledo, la prohibición es perceptible en los carteles tipo supermercado que ostenta por doquier, paradójicamente en la tienda donde se adquiere la entrada para la visita venden carretes de fotos; aquí el abuso principal está en el precio de la visita, la mas cara de todas (700 Ptas.), además no está guiada; el realizar fotografías sería de algunos cuantos detalles, incluido el “Transparente”, pero aconsejo un día que es gratuita la entrada, el domingo del mes de junio que se celebra el Corpus Christi, aparte que se pueden fotografiar mas cosas, custodia incluida, es tanta la aglomeración en el edificio que nadie se preocupa de que retrates o no, y el colorido de los trajes y uniformes de todas las personas de cofradías y ordenes militares auguran un buen reportaje, a pesar del sofocante calor que reina fuera del templo.
En otros monumentos toledanos, verbigracia: San Juan de los Reyes, aparte de abonar la entrada, no existe ninguna prohibición para impresionar negativos. Y del Entierro del Conde de Orgáz, obra del insigne Domenico Teotocopuli, alias el Greco, al estar tan fotografiado, sale mas barato adquirirla una foto que hacerla; pues no la distinguiría entre todas ni quien la hizo. En las sinagogas, Taller del Moro y en la mayoría de iglesias pierdan cuidado haciendo la visita tras el almuerzo que no les provocaran cortes de digestión.
De la Pulchra Leonína, caso curioso, no hace mas de un año después de haber fotografiado todas las vidrieras, que es la mayor joya a mi entender del edificio, y disponerme a salir al exterior, un clérigo se me acercó y me preguntó si llevaba negativo, ya que me estuvo acechando en todo momento esperando ver el primer golpe de flash para decirme algo, cosa que no se produjo; afortunadamente este buen hombre ignoraba que este artilugio no se utiliza para los contraluces.
Y esto si que es fuerte, parroquia de San Pedro ad Vincula, de la madrileña Villa de Vallecas, esa que tiene la torre herreriana ligeramente inclinada. Año 1980, el oficiante paró una veintena de veces la ceremonia bautismal para gritar a padres y familiares de las criaturas que pretendían el uso legítimo de fotografiar a las mismas en tal acto, ya que el único autorizado era el “fotógrafo oficial”, palabras textuales que presenciamos todos los asistentes. Lo más triste, que estuvo a punto de formarse un revuelo similar a la toma de la Bastilla, ocurrió cuando, por no funcionarle el flash, por descarga, el oficiante remojó cuatro veces al tierno infante hasta se que pudo realizar la “foto oficial”.
Hay un sacristán que siempre lleva una bata azul de Vergara, y vende las postales en la iglesia de San Nicolás (Burgos), cabe la catedral, tiene una especial habilidad para apagar la iluminación del retablo pétreo en el momento oportuno. No hay modo de convencerle, independientemente que le compremos las postales, que las mismas no las podemos publicar por estar protegidas por el derecho de autor.
Me retracto por el error que cometí creyéndole el párroco, siendo el sacristán de la iglesia de Santa María de Villalcazar de Sirga, tras haber degustado un lechazo en el mesón del amigo Pablo Payo, a la hora estabamos frente a un sepulcro policromado que a pesar de una extraña reja perimetral saldría una excelente fotografía, una vez efectuada me encuentro al individuo que desde mi espalda gritaba como un energúmeno: -Si haces una foto mas te voy a sacar de aquí a hostias. Comprendí por su agresividad que no se trataban de obleas si no de las "mecánicas", a lo que hubo que dar una respuesta contundente a pesar de los malos modos y la falta de respeto al lugar
Es para dejar perplejo a cualquiera, la cosa no llegó a mayores, ya que podía haber terminado como el Rosario de la Aurora, si llego a saber que no se trataba del párroco, por eso del "respeto".
Si nos referimos a acontecimientos mas recientes ahí tenemos el 5 de mayo de 2001, Teruel, en nuestro animo de promoción a demostrar que “Existe”. Y cierto es que sin problemas en ningún lugar, gente encantadora agora en restaurantes, hoteles, tascas y a lo largo y ancho de sus cortas calles que la mayoría parten o se entrecruzan en la Plaza del Toríco. La catedral no podía ser diferente a otras y por consiguiente a todo Teruel, en resumen otro mundo, a pesar de los cuarenta duros por barba y eso por ir en grupo; las explicaciones tipo grabación que nos ofrecía la guía era entrecortadas por el ensayo de órgano para una boda inminente que se iba a celebrar, dejaban asaz de desear, con claros gazapos de que fue incapaz de reconocer en ningún momento; Él más garrafal y que por un momento nos hizo sentir imbéciles fue cuando afirmo que la catedral había sido declarada Patrimonio de la Humanidad en la 2ª República; difícil lo vemos cuando la UNESCO, que estaba entonces en la bragueta de Adán, se crea después de 1946.
El lío surgió cuando maese Fernández disparó la primera foto intramuros, allí que según ellos han realizado un real decreto que prohiben hasta grabar la voz, cosa que no me extraña para no oír repetidas veces las mismas barbaridades. El caso que don José pudo dar gracias a su estatura y ser un buen mozo así evitó una tarascada en la cara por parte de esta señorita que tanto le molestan las fotos de no oficiales. Otros que con su actitud se están equivocando; pero el caso que en desagravio amenazó con volver en la boda, asistiéndole el mismo derecho que a los oficiales, pues en un estado de derecho nunca se puede discriminar a nadie. Como el que avisa no es traidor, puede ser traicionado, y hubiera sido mejor el factor sorpresa, pues la mala saña y el orgullo de esta catetofotofóbica dama puso en preaviso a los susodichos “oficiales” que tiempo les faltaron para colocar en la puerta a dos enormes ostiarios, de los de la h delante, que si maese Fernández no es pequeño estos le superaban en altura y corpulencia, unos 130 Kg en canal; a punto estuvo de ser linchado de no ser por la presencia próxima de la Santa Hermandad. Y allí se quedó la chivata con su mala leche dando palmas con las orejas.
Y ya el colmo, más reciente imposible, y aunque cueste creerlo sucedió según relato: 25 de agosto del año de Nuestro Señor de 2001, iglesia parroquial de Maderuelo (Segovia), semiruinosa ciudadela medieval resto de una encomienda templaria ubicada en un promontorio en la recula del Pantano de Linares, que fue vigilada desde la fortaleza de Castillejo de Robledo. En dicha iglesia años atrás realicé un completo reportaje fotográfico con diversas cosas de mediano interés artístico y general documentación y diversos datos incluida una momia que se encuentra en la nave sur, cerca del crucero. Curiosamente este día mi presencia en el templo obedecía a la necesidad de matar los ocios que te quedan después de visitar el mercadíllo y actuaciones medievales que en esos días celebra la localidad que francamente está discretamente bien logrado. Como al parecer debo de tener cara de “terrorista fotográfico”, a pesar de llevar la cámara, objetivo cubierto y, en bandolera, por tanto sin la mínima intención de efectuar ningún conato de disparo fotográfico, me vi abordado agresivamente a grandes voces por un lugareño que el párroco, arrancándolo de la gleba, había apostado en el recinto, con actitud vigilante para que ningún despabilado no distrajese ninguna imagen, copón, patena o cirio pascual, ante la gran afluencia que ese día tendría el pueblo, y de paso hacer cumplir los dictámenes que produce esta enfermedad esponjiforme.
Me sorprendió por tanto verme recriminado de una presunta actitud que no había pasado por mi mente, pues no deseo "cromos repes”; al paisano, le reconocí en unos instantes, era el mielero de la localidad que el presbítero, que habita en la localidad de Ayllón había comisionado para tal menester. Así que como este en su monólogo enardecido gritaba asaz se acercó a arrimar un capote una señora allí presente, que todo su argumento era que tuviese respeto, que ella era “hija del pueblo” y siguió con lo del respeto. Como servidor, a pesar de ser aguantador, ya no tiene edad para que le toquen las narices, la mandó a paseo con sus respetos; indicándole que el hijo de la señora Dominga tenía y tiene educación sobrada, de la que dimana el respeto, pues de ella la había mamado hace media centuria, y con amenaza de que si intentaba seguir por el mismo camino, invocando al falso respeto, si es que ella no se dignaba a acatar el de los demás, sacaría el flash y le estaría disparando fogonazos hasta que se agotasen las baterías. Vamos que venga Dios y lo vea, para una vez que trato de no hacer una puñetera foto, que por cierto, allí, muy pocas cosas valen la pena de ello; lo mejor que tiene el templo es la reconstrucción de la cubierta que efectuaron años atrás y encima, dale con la vara con lo del respeto como si no fuera una falta del mismo abordar a un pacífico escritor que quería descansar su retina en un lugar presuntamente sacro. Todavía hay quien sigue creyendo que esos “reales decretos” dictados por el señor cura es un dogma de fe cuyo incumplimiento acarrea excomunión. ¡Cuanto tenemos que cambiar para que nos llamen europeos¡ y olvidarnos que ya dejamos de ser la reserva espiritual de occidente, y lo dice este que si no le siguen dando la múrga, se sigue declarando católico y apostólico, pero no incongruente.
Parece mentira en este pueblo con una mayoría de gente encantadora tengamos un garbanzo de color.
Curiosamente no ocurrían estos abusos en el régimen del anterior Jefe de Estado, a pesar de que la relación Iglesia – Estado era mas patente.
Pero como servidor predica y practica el don y la virtud teologal de la caridad, ya que de fe y esperanza estoy sobrado, y mi predisposición lleva hasta a dar ideas: Ainsí que le sugerí al señor de las abejas, que transmita al presbítero prohibidór (que me han comentado que también es algo tolerante sí se le pide permiso) que a imitación de los frailes benitos de Silos, cobre ochocientos reales como ellos, que dan derecho a una especie de sambenito que se pega en el torso e identifica a los que han cotizado, te dejan pasar la cámara y te pones ciego de fotografiar capiteles, frisos, tumbas, el ciprés, hormigas de seis patas y cuernos de tanta xente; lo que dudo que el señor de la buena miel que también se enfada mucho de las cacas que hechan los "murciégalos" en el templo, tenga tan buen pico como para que el clero no desconfíe pensando intereses económicos del mismo.
Y en cuanto a la fe, debo decir o envían corchetes, alguaciles y perros pesquisidores, que servidor niega que es japonés y no suele fotografiar cosas superficiales, pero donde vea una foto, que de esto solo estamos dotados unos cuantos elegidos, y cámara en mi poder y a Dios pongo por testigo, que no me impedirá hacerla ni alguaciles del reino, ni perros pesquisidores, obispo, arzobispo, ni moza de buenos atributos... y que no ose tapar mi objetivo con insinuaciones del tetamen o similares, que recibirá un pistoletazo en el yerbero.
Otrosí: eviten entregar su cámara o negativo, salvo si por orden judicial fuera requerida, en ocasiones a algún manazas se le ha caído al suelo, o el negativo, ya que suelen velarse, y guárdese ante todo de ciertos corchetes de la vigilancia de seguridad privada que se otorgan ellos mismos privilegios de alguaciles de la Santa Hermandad. Y si van por Toro (Zamora) les dirán lo mesmo, pero en las visitas organizadas parece que la guía municipal que preconiza que no se use el flash, las acólitas/os del señor párroco o sacristán de turno avisan que ni una cosa ni la otra, claro está, pasamos de ellos, al igual que nuestros amigos de otra asociación afín, con el descaro de duplicar foto como castigo a la amonestación; más no fue por soberbia las causas eran de sacar mejor ángulo, mientras los cuadros de la Colegiata de Santa María soportan seis proyectores halógenos de 3000 W. Y curioso resulta que en todas las visitas cobran 20 duros de “donativo” a pesar que la que realiza el turismo municipal es gratuita. Recordaba la prohibición en la exposición de Las Edades del Hombre, CONTRAPUNTO, en la catedral de Salamanca, mientras un láser recorría a su capricho todas las calles y cuerpos del retablo mayor. Si la luz hace daño a la pintura, y el láser es luz, ahora estudiaremos el milagro del flash de los "oficiales retratistas de templos" que deben ser de una extraordinaria alquimia. Y así como juez y parte doy esta máxima, para que sea cumplida por quien sea de ley, para evitar el corte de digestión se lleve a cabo, de los clérigos ya se cuidarán ellos que durante toda su historia nos se les conocen hambres. Nosotros, los profesionales que vivimos del turismo no podemos aceptar que algunos engorden su bolsa a costa de la nuestra y nos fastidien el turismo interior y receptivo en este país que vivimos de él mas familias, numéricamente hablando, que clérigos despabilados (que por celibato no conocen ni pueden, ni deben directamente estar a la cabeza tal institución familiar) y fotógrafos desaprensivos confabulados con los primeros, del resto de clérigos y fotógrafos no tenemos nada contra ellos, por tener algo sería gratitud con otros muchos, que pensándolo rebuscadamente se ocurren ciertos supuestos como: ¿No habrá suplantación clerical por cátaros herejes? ¿Se quiere retroceder a antes del medievo, cuando la llave del saber y la cultura era monopolio eclesial? ¿Acaso creen en instrumentos malditos que se apoderan del alma de lo fotografiado? O, simplemente es una manifestación, ilógica, o alarde de su presunto poder. Y del asunto que nos concierne: Él haber perdido varias batallas no presupone perder la guerra, ya está ganada la de las exclusivas no otorgadas por el interesado sobre su derecho de imagen, gracias a la colaboración ciudadana afectada, lo que nos da muchos ánimos para seguir al píe del cañón; al fin y al cabo no hacemos daño a nadie, nos lo hacen a nosotros. Ahora amigos no malgastemos mas letras ni saliva y buen provecho y, sin vocación religiosa en este caso, me despido citando al Arcipreste de Hita de nombre Juan Ruiz:
Cualquier que lo escuche, si hacer versos supiere, Puede mas añadir y enmendar, si quisiere Ande de mano en mano, téngalo quien pidiere, Cual pelota entre niñas, tómelo quién pudiere.
Salutem plurinam et voyme.
POTUIT DECUIT ERGO FECIT.
Jesus Garcia y Jimenez Gran Maestre del Glorioso Madrid, 18 septiembre de 2001.
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