El cuadro tiene en su centro una figura femenina ó matrona con corona que representa a la Villa de Madrid. Como siempre ocurre en la obra de Goya tiene muy poco de diosa del Olimpo y mucho de chulapa madrileña de la Paloma ó de Lavapiés y que recuerda claramente a las majas pintadas en la cúpula madrileña de San Antonio de la Florida. Su brazo derecho se apoya en un escudo que lleva pintados los símbolos de la Villa y Corte con el Oso y el Madroño y las 7 estrellas de la Osa Menor que le rodean. Este escudo está situado sobre un rico almohadón de terciopelo azul.
A sus pies hay un perro echado símbolo de la fidelidad mientras que su mano izquierda hace llamar la atención al tantas veces citado óvalo que es sujetado por dos ángeles tan típicos en la obra de Goya como tan poco religiosos. En la parte superior aparecen dos figuras, una es la de la Fama que lleva una trompeta y la otra es la Gloria que está poniendo una corona de laurel sobre el óvalo. Tanto esas figuras como las de los ángeles que portan el óvalo recuerdan claramente a otras goyescas como por ejemplo a los que rodean a la Virgen de la Asunción que se conserva en la Iglesia parroquial de Chinchón que el genial pintor aragonés realizaría en 1812.
Para finalizar, hay que decir que está magnífica obra que desde su creación pertenece al Ayuntamiento de Madrid fue llevada en depósito al Museo Municipal para así poder facilitar su contemplación y del cual es la joya mas valorada.
Esta es la breve historia de una extraordinaria pintura mas valorada por la anécdota que por su calidad artística.
Texto y fotografías
José Fernández Palacios