| Glorioso Mester
En Madrid es y son las |
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19 MAYO 2007
on un cambio sustancial en cuanto a ser actividad de fin de semana a dejarla solo en un día no podíamos hacer menos que realizarla de modo relajado para descanso de los participantes, lo cual invita a repetir de nuevo y seguir descubriendo nuevos sitios con el encanto que ello conlleva.
El desarrollo de esta, en todos sus aspectos, es en nuestra modesta opinión muy positivo, la participación fue la esperada, el tiempo meteorológico el anunciado y el programa se cumplió de acuerdo al horario previsto. Estuvo centrado en dos provincias y lugares concretos: En la de Zaragoza visitando el entorno del Monasterio de Piedra y el Parque Natural que se adhiere a este como la hiedra al muro y en la alcarreña ciudad de Sigüenza su catedral, poco tiempo más hubo para toda la cantidad de visitas que se necesitan efectuar que lleva más de una jornada; invitamos al incrédulo a comprobar.
Cruzando la línea imaginaria que separa La Comunidad de Madrid con Castilla La Mancha, allá por Guadalajara se perciben negros nubarrones en lontananza que nos acompañarían prácticamente toda la jornada. Rondando las 11 de la Mañana bajo la incesante melodía de los chubascos y ya a cubierto efectuamos la visita guiada al Monasterio, o mejor dicho lo que de él queda, visita demasiado masificada según costumbre en este lugar que juntan a grupos bastante dispares. El estado de conservación apenas ha variado en los últimos años y los herederos de los propietarios que se hicieron con ello, tras la Desamortización de Mendizábal, poco ha hecho por la restauración integral del mismo, ya que la única inversión demasiado bien amortizada es la que está a la vista, orientada más en el negocio que en los monumentos. Aparte del claustro, sala capitular, cocinas, la ruinosa basílica, el corredor románico, la sala de carruajes decimonónicos, el museo del vino con exclusiva de denominación de vino de Calatayud (por lo que no cabe duda quien es el mecenas) Alberga el antiguo cenobio un hotel de 3 estrellas (a precio de 4 superior), una tienda de compras “típicas”, la necesaria y primordial taquilla, y un amplio bar cafetería con terraza que ubica en su parte superior un espacioso restaurante que por su tamaño y presencia, que no su calidad, da un aspecto de comedero cuartelario. En cuanto al parque, las especies arborícolas y florísticas en general crecen de un modo anárquicamente salvajes sin ningún tipo de cuidado, si la limpieza del mismo a pesar de un día lluvioso, es ejemplar. Tras visitar toda serie de cascadas y juegos naturales de agua, me pongo a pensar como se puede privatizar un río, pero repito solo son especulaciones mías. El plato fuerte del paseo de unas dos horas de duración está en la cascada conocida como La Cola de Caballo, su gruta donde hay que ir provisto de buen paraguas e impermeable, y poner como colofón la piscifactoría truchera y los estanques de Los espejos., lugares en los que en su mayoría apenas ha intervenido la mano del hombre. Pero sigo pensando que más que facilitar el acceso al turista para su esparcimiento solo se logra atragantarse encontrándose con tener que pagar el exagerado precio de 10 € con 50 Céntimos la entrada, realmente pienso que es totalmente un abuso fuera de consonancia con la actualidad. Aparte de esas desaforadas críticas al comedero, se puede optar por hacerlo al triple de precio en el hotel ubicado cabe el Monasterio, e inclusive pernoctar a precios soberbios. No estuvo mal el capítulo gastronómico, y menos por los casi 17€ de costo, conformado por Migas a la aragonesa (con huevo frito y uvas) y un Entrecot con salsa de nata y papas fritas, el postre Natillas con bizcocho (en lugar de la galleta María) todo regado con vino de Calatayud y agua de los manantiales de Jaraba. Tal y como estaba previsto sobre las 18 horas llegamos a la puerta de la catedral de Sigüenza, con torres de corte militar y su estructura evolucionando desde el románico de los siglos XI y XII. Comenzamos la visita guiada con un excelente anfitrión que nos guía por este gélido espacio. Dicen que cuando las puertas de la catedral se abren, Sigüenza se enfría… La visita comienza en la capilla del Doncel, donde yacen los restos de este personaje en un bello sepulcro gótico; de Vázquez de Arce, El Doncel, hay dos versiones de su fallecimiento: La primera que murió heroicamente de las heridas que le ocasionaron en la Vega de Granada años antes de su conquista, y otras que en esa misma batalla cayo del caballo sobre un charco y al no poder levantarse por el peso de su armadura se ahogó, quédense con la versión que más les guste pero esta última no la cuenten en Sigüenza. La visita continúa por el coro, altar mayor, Sacristía, diversas capillas y el claustro gótico, en una hora de recorrido se puede adquirir una verdadera percepción de la grandiosidad, espacio y dimensiones de este edificio, reconstruido tras el bombardeo a que fue sometido en la Guerra Civil por parte de las tropas nacionales que combatían contra los republicanos que se habían hecho fuertes en su interior.
El calor se
agradece a la salida y que invita a degustar los dulces pasteleros de la
localidad. Si seguimos calle arriba, llegaremos al Parador Nacional ubicado
en este antiguo Alcázar, y recomendaríamos varios sitios para almorzar, ya
que el plato típico alcarreño por excelencia es el Cabrito asado,
aderezado con esa salsa que le quita su insipidez que se llama Breve
que consiste en una maceración durante más de una semana en vinagre con
veintitantas hierbas aromáticas. Otro lugar como antes comentaba que invita
a repetir visita.
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